Ser Mujer después de Freud
Annie Anzieu*.
"[...] Pero ella era del mundo en el que las más bellas cosas tienen el peor destino"
Malherbe, Consuelo a Dupérier
Introducción y recaudos (necesarios)
Soy mujer y no seré otra cosa jamás (1).
Vanidad de ser mujer. Vanidad de saberse mujer. Vanidad de mi investigación de mí misma en el pozo agitado por el sufrimiento del prójimo. ¿Mi escritura va a parecerse verdaderamente a mí? ¿Qué secreto mío va a aparecer que yo no conozca? ¿El inconsciente o lo femenino? Esta feminidad que se me discute como un derecho puesto en duda. "¿Cómo se puede ser Persa?"(2) o ¿cómo se puede ser mujer? La misma pregunta. La misma ignorancia.
Sin duda alguna y desde la filosofía griega, el problema de la denominación no está resuelto. "Mujer" no significa una totalidad de la persona, sino una "conjunción constante" que "implica una cualidad de negación inseparable de esta 'significancia"(3).
La noción de feminidad representa para mí un fenómeno heurístico.
No obstante: "Se dice muy bien que si los triángulos hicieran a un dios, le darían tres lados"(4). Los hombres piensan en la mujer, y encuentran sencillo quitarle un pene. Después esta perspectiva sugiere posibilidades inquietantes: contrariados, se defienden a disgusto con una construcción teórica -reivindicación, castración, falta. Como si el ser mujer fuera un defecto, una enfermedad, una tendencia a no-ser. "No sé qué hacer con la +++ femenina", escribía Freud a Fliess, el 5 de noviembre de 1899(5).
Felizmente, Freud soñó: con su joven madre, con sus hermanas, cuñadas, amigas y otras primas, con la bonita Gradiva. Más vivo en él, sin ninguna duda, fue el sentimiento de otra existencia en la mujer distinta de la ausencia de pene . Ausencia eminente de la que se reviste la preocupación histérica. Otra forma distinta de existencia de la cual va a encontrarse cerca; tan preocupado, él mismo, por la seducción y por la satisfacción amorosa. Estuvo muy presente, en él, la bisexualidad universal que percibió en sus propias amistades, y cuyas desesperanzas pronto tuvo que compensar por sus investigaciones sobre la obsesionalidad. Sería injusto no reconocer, más allá de los descontentos y de los sobresaltos de rebelión que pueden levantar los límites que plantea a la mujer, cuán vasta es la amplitud de su comprensión, de sus identificaciones, así como la solidez y la utilidad de sus defensas. El misterio del deseo femenino, promotor de angustia en los dos sexos ¿estaría tan próximo de la depresión? ¿La cocaína sería el artificio que permite escapar de lo natural femenino?.
Algunos, sin embargo, han intentado seguir a Freud en el dédalo de este continente negro. Con el riesgo de encontrarse con la astucia en la que hablar de la feminidad se convierte en un desafío a la verdad. Pero la verdad sólo está en el inconsciente: la palabra infiel y reductora, ya que es símbolo, limita al ser únicamente a sus partes codificadas.
Invención incongruente, por parte de las mujeres, este intento de hablar de sí misma en cuanto mujeres. Balbuceo en el umbral de una existencia atrofiada para siempre. Tal es el palimpsesto desesperadamente disimulado bajo las innumerables correcciones de la vida. Traducción incierta. Interpretación sin partitura. Deslizamiento de la palabra, como en la pintura de Escher se deslizan las formas de la una a la otra. Surrealismo del verbo desplazado en la imagen de la vivencia solidificada en el hombre. Ni lo visto ni lo oído son suficientes para nombrar a la mujer. Ella es. Y busca nombrarse. Un ser sin palabras. Inconsistencia de la feminidad frente a la falicidad. "[...] ¿ Y este arcano en usted se sorprendería del mío?"(6).
Índice discreto de lo despreciable, esta e "muda"(7) del femenino que en nuestra lengua (el francés) es un algo más con lo que no se sabe qué hacer. Traicionada por las palabras en su misma naturaleza, e incluso por el poeta cuya envidia sufre por no ser más que un hombre. ¿Cómo salvar la belleza, la voluptuosidad de ser, si el cuerpo limita al alma? "[...] Si todo lo que es natural es legítimo..."(8),
la roca de la naturaleza con la que choca el ideal gobierna también lo bello en la efímera armonía entre el cuerpo y el pensamiento. "Soy negra, pero soy bella "(9)
Y el poeta enmaraña los hilos de la belleza, como el analista los de la feminidad. "la mujer es natural, por ello abominable"(10*). Miedo y temblor en el reencuentro de la palabra y de la cosa. Naturaleza de la mujer, alteridad de lo sexuado. Extremo de la diferencia entre el hombre, estable en su persistencia fálica, y la mujer, siempre idéntica en su doble alteridad: distinta al hombre en su totalidad, distinta a sí misma en sus cambios propios. Distinta en lo mismo, signo del tiempo, de la vida que pasa, del Eros vencedor de Thanatos.
Freud se lamentaba por la estrechez con la que pensaba lo femenino. Verdaderamente parecía esperar de las mujeres analistas un esclarecimiento más apropiado a su teoría de la libido ya sus hipótesis sobre la sexualidad femenina: como un levantamiento de la censura y de la Verneinung en la que se sentía encerrado, como un desgarramiento en "el velo espeso". No obstante, la confesión clara y valerosa de sus incertidumbres sobre la vida psíquica de las mujeres (11) no le permitía recuperar las ideas de Lou Andreas, Mari Bonaparte o H. Deutch, aunque ocasionalmente alababa sus escritos. Jamás superó la medida del respeto a la alteridad como Lacan osó: "[...] nuestras colegas, las damas analistas [...] No han hecho avanza nada la cuestión de la sexualidad femenina"(12)
La supremacía de la sexualidad estaría pues reservada a los señores, ¿Qué sentido se puede atribuir al término de "damas" en su relación con el de "mujeres"? ¿Propiedad conyugal?, ¿o simplemente dominio reivindicativo de la virilidad del pensamiento?, ¿o incluso miedo de que no sea tomado en consideración un modo de pensamiento distinto del masculino?.
La pensada modestia de Ferenczi y de Bion sobre el tema de la interioridad propone quizás a las "damas" el permiso de pensar a su manera. ¿Sería pues el modelo fálico el único del pensamiento? ¿Cómo puede entonces culminar en el saber de la identidad de mujer, ya que excluye sus componentes y el disfrute? Sólo se conoce esta identidad en el ser-mujer.
Se trata, nada menos, que de la totalidad de una experiencia vivida. El modelo de la interioridad femenina, incluso si hasta ahora no ha sido objeto de teorías, puede, de acuerdo con mi forma de pensar, ofrecer una posible respuesta a algunas cuestiones planteadas por la esencia de la feminidad. Mi finalidad, en el presente trabajo no es la de oponer falicidad a interioridad. Sino la de modificar la representación de sus relaciones por el reconocimiento de una especificidad de lo femenino, que no es, realidad, más que una categoría de pensamiento derivada de la existencia de la mujer. Cuestión importante, ya que esas diferenciaciones estructuran el aparato psíquico desde la edad más precoz.
Este modelo no debe llevar consigo la idea de que todo se limita al substrato matricial. El interior femenino no es un simple útero. No más que el pene para la mujer, este interior no es verdaderamente extraño para la vivencia y el ser del hombre. Pero no: está todo tan zanjado. Si Freud, con la ayuda de Fliess, ha introducido en la construcción del aparato y del funcionamiento psíquicos la noción, no obstante biológica, de la sexualidad, es porque él ya había abordado en su autoanálisis y después en sus experiencias terapéuticas.
La feminidad puede ser considerada como una modalidad del psiquismo de la mujer. Modalidad esencial si se admite que la anatomía es determinante del sentimiento corporal, por el cual somos remitidos a nuestro destino sexual. Modalidad que se encuentra parcialmente en el hombre, ya sea porque sus indecisiones persisten en el determinismo biológico, ya porque la construcción del aparato psíquico se funda en las intrincaciones identificatorias de los objetos de amor materno y paterno. La feminidad no es más que el hecho de haber nacido con un sexo de mujer. Es un concepto que reviste un conjunto de afectos, de modos emocionales, vinculados a las representaciones del espacio del cuerpo interno, con el deseo de gestación y con el placer narcisista de ser poseída como objeto de amor.
Los escritos de Freud sobre la sexualidad femenina bien merecen su rehabilitación ante las mujeres. Sus ideas han llevado a Melanie Klein a distinguir claramente la evolución psíquica de la niña de la del niño a partir de las primeras situaciones ansiógenas. Entre sus sucesores, Bion es el que mejor integra la experiencia del sentimiento corporal en un intento de teorización psicoanalítica de la vida psíquica y de la construcción del pensamiento. Ambos, hay que ponerlo de relieve, han tomado ampliamente en consideración las observaciones que proceden de la psicosis y del desarrollo precoz del individuo.
¿Querría esto decir que la puesta en marcha de lo femenino llevaría consigo la construcción del yo en su aspecto de la incertidumbre de sus límites, de la lucha contra la megalomanía y de la dificultad esencial de los procesos de separación? El sentimiento de sí mismo establece poco a poco lo que se han convenido en llamar la identidad, sexuada y sexual(13) Experiencia que toma sentido a partir de los datos sensoriales, proporcionados por el entorno, de las capacidades constitucionales del niño que el lenguaje va a autentificar.
Para representar los primeros momentos de la vida psíquica, Frances Tustin propone las descripciones y la teoría de la indiferenciación autística. Equivalente a una "posición", en el sentido kleiniano del término, antecedente de las posiciones kleinianas que puede también incluirse en una de ellas. En esta perspectiva, lo indistinto de la experiencia inicial podría, desde mi punto de vista, apoyarse en la experiencia corporal investida gracias al sentido que proporciona el entorno. El juego dinámico de las proyecciones, identificaciones e interiorizaciones va a conducir, poco a poco, a la diferenciación sexual.
Curiosamente, siguiendo unas vías de pensamiento que parecen muy alejadas, Frances Tustin coincide con Francois Dolto en la noción primordial de imagen del cuerpo, como fundamento de la identidad sexual. Lo que F. Dolto llama "encuentros de la fase oral, anal y cloacal con el objeto libidinal del momento" es evidentemente mucho más tardío en la evolución psicofisológica que las "sensations sharpes" que constituyen las primeras huellas de identidad corporal para F. Tustin, y que le parecen el fundamento de la identidad psíquica: la sensación toma forma. La identidad sexual tanto si se trata, pues, del destino libidinal como de las huellas dejadas por las primeras percepciones sensoriales, reposa en la imagen del cuerpo.
Esta noción que nos ha proporcionado Paul Schilder, aparece, a la partir de él, sobre todo en los escritos de las analistas. Consecuencia de la relación estrecha que la mujer establece entre la envoltura transformable de su cuerpo visible y la experiencia del contenido: ¿ sentimiento de una densidad interna disimulada y/o revelada por la imagen especular? El punto de autismo, más interior, más mudo, más ignorado, es quizás aquel en el que se inicia lo femenino. La neurosis aparece cuando este factor esencial de la personalidad " no se construye como una obra " (P. Fedida), según el sentido que a ello da el entorno familiar instaurador de las condiciones de las condiciones de la diferenciación sexual.
Si, como indica Bion después de Freud, el comportamiento es la expresión del ser que, él mismo, es la fuente del hacer, hace falta reconocer que el hombre, por su determinismo anatómico, está orientado hacia la acción, la efracción, el afuera. Su angustia es la de poder actuar. Por oposición, si se limita la perspectiva a la relación sexual, la mujer se convierte en el objeto de placer del hombre, de su necesaria satisfacción para sentir y afirmar su identidad viril. A pesar de las protestas que esta imagen de la "mujer-objeto" puede consigo en su sentido restrictivo, no es sola una valorización machista. Es una imagen parcial y superficial de la mujer-cosa, que participa de su propio deseo narcisista de atracción. La mujer destinada a seducir, sin por ello llegar a la de satisfacción amorosa.
Por comparación con la expresividad muscular del hombre, tan notable en la adolescencia cuando se mezcla con la búsqueda sexual, es decir que en la chica "las cosas se realizan por sí mismas",en el interior, bajo una envoltura corporal cuyas modificaciones visibles son suficientes para llamarla mujer, a veces a pesar de ella, cuando su evolución afectiva no resulta lógica.
Está del lado de lo oscuro, del mantenimiento de la vida, del hacer que no se ve. La percepción que desencadena es la de la envoltura atrayente de un contenido indeterminado, o de un espacio de espera. Clasificada desde el aspecto de la producción carnal, de la materialidad de la vida, de la carga nutricia y de las fuentes del disfrute, su angustia es el no-reconocimiento de la capacidad de contener, tanto un pensamiento inmaterial y la actividad psíquica que el deseo suscita como un hijo deseado. Lo femenino sería entonces una reducción de la feminidad. Reducción mantenida por la capacidad de pensar abstractamente, más propia de lo masculino, ya que se aleja de la materia. Sublimación del hacer apuntalado por el ser, de la que la mujer está relativamente excluida por la imagen social que se mantiene de ella. Esta imagen reduce la sexualidad de la mujer limitándola a dos formas extremas: la reproducción, que hace inútil la noción de su placer sexual, y la prostitución, que deprava y anula este placer.
El hombre conquista su potencia poseyendo y fecundando a la mujer. Pero la organización femenina no asegura a este conquistador el éxito de la comunicación de su placer. Pasar de esto al desprecio de este reparto, hay que admitir que es breve y fácil. La incompleción del acuerdo sexual lleva en sí misma más consecuencias pesadas para la realización libidinal de la mujer, que son fuente o consecuencia de su patología mental. En esta circunstancia, el no poder controlar su placer y el encontrarse en él, más a menudo pasiva que activa, desencadena una forma de ansiedad más específicamente femenina. Un matiz de esta ansiedad es que la mujer, por su misma esencia interna, está más próxima a sus rechazos y sus ineptitudes. Las dificultades que contrarían su evolución libidinal y desencadenan una patología de la sexualidad, revelan muy claramente esta proximidad de sí misma.
La mujer es así conducida a dejar disminuir las formas agradables de su vida sexual y el disfrute orgásmico en beneficio de las funciones complementarias de la maternidad. La evidencia de la gestación toma por cierto tiempo el lugar de los deseos insatisfechos por el hombre. El narcisismo genital engloba y atenúa las lagunas experimentadas al nivel del narcisismo propiamente sexual. A falta de sentirse amada, y a veces de amar a un hombre, la futura madre va a amar a un niño y a sentirse amada por él. Los medios científicos actuales puestos a disposición de procreadoras megalómanas le dan incluso la ilusión de que han podido eliminar al hombre de su deseo.
Numerosas son las mujeres que escapan así por cierto tiempo a la depresión que las persigue. El niño que tienen y el niño que son están destinados, uno y otro, a una separación demasiado dolorosa. Las ocupaciones familiares y nutriciales del mantenimiento del hogar, incluso reducido, participan también de esta forma de amor que contribuye a procurar ya mantener la vida. Pero la procreación no es la felicidad de la mujer, es el de la madre, y es la prueba de una nueva diferencia.
Si es muy evidente que la feminidad no se reduce ni a la maternidad, ni a la reproducción (lo que Christian David llama "condición de hembra"), ni al orgasmo vaginal, no lo es menos que lo femenino incluye la feminidad. Si se acuerda, como he dicho anteriormente, que la feminidad no es más que una modalidad del ser-mujer, la mujer sería un ser cuyo concepto engloba feminidad, condición de hembra y maternidad.
La hembridad evoca, a la vez, imágenes de penetrabilidad y de continencia. No se desprende tampoco de sus fantasías de inclusión, de posesión, de asfixia y de poder tanto mortífero como generador. Noción, pues, que se acerca a la de bisexualidad por la evocación de omnipotencia que suscita. El misterio de la gestación puede ser fuente del atractivo de esta omnipotencia o del terror de este "vacío ilimitado" que, según J. Mac Dougall, la madre comunica a la futura histérica.
El instante
Mujer. Ser mujer. Simplemente mujer. No tan simple. Madre, seguro, y ¿si no qué? Entre todo esto, la niña, que nace hija y cuyo cuerpo se transforma. La niñita que desea ya sin saber qué. La adolescente que se descubre nueva, que se siente en evolución, que osa amar. Que espera la vida de otro. La vida que contiene en su grácil forma, la vida que brota de su envoltura de piel.
Convertirse en mujer. Paso al amor, paso del hombre deseado. Del hombre que sólo será verdaderamente amado si este paso es fuente de placer, aunque sólo sea un poco.
Instante frágil. Suspensión total de la feminidad. Éxito incierto del mantenimiento de una llama. Todo lo anterior, todo lo posterior anudados en este instante. Bienestar de ser hija, y felicidad de ser madre.
Notas
*. "Ser mujer después de Freud".
En: Annie Anzieu, La mujer sin cualidad, resumen psicoanalítico de la feminidad, Madrid, Biblioteca Nueva, Madrid 1993, pp. 21-28. 1.- Lacordaire, "Soy sacerdote y no seré otra cosa jamás.
2.- Montesquieu, Considérations sur les causes de Úl grandeur des Romains et leur décadence. 30.
3.- W.R. Bion, 1965.
4.- Montesquieu, op. cit.
5.- In O. Anzieu, 1987, p. 437.
6.- P. Valéry, Lajeune Parque, Prologue, Paris, Gallimard, 1936.
7.- N de la T: la "e" final, signo del femenino en francés, es muda, no se pronuncia.
8.- Ch. Baudelaire, "Mon coeur mis a nu", Oeuvres complétes, Paris, Gallirnard, "La Plélade", p. 679.
9.- Cantar de los Cantares Antiguo Testamento.
10.-
Ch. Baudelaire, op. cit.
11.-
Cf. algunas citas de Freud in Francois Dolto, "La libido génitale et son destin fémenin ", 1960, Societé francaise de psychanalyse (no publicado).
12.-
Citado o por L. Irlgaray, 1977.
13.- Cf. Stoller, traducido por J. MacDougall, 1983.
http://www.laneta.apc.org/cidhal/lectura/identidad/texto7a.htm
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