LA RENOVACION DE LA INFORMACIÓN.
Ps. Juan V. Gallardo Cuneo
El siglo XXI aparece con un inminente nuevo desafío, que jamás imaginamos. En los siglos pasados uno de nuestros problemas fundamentales era la generación de información, y los modos de validar los progresos alcanzados en tal tarea, por ejemplo distinguiendo lo imaginario de lo simbólico, lo discursivo de lo sustantivo, y lo delirante de lo real. En esa empresa, no sin altos y bajos, entremezclando aciertos y desaciertos nuestro conocimiento avanzó sustantivamente -si bien a tropezones- en tal dirección, permitiéndonos conocer y entender un sinfín de fenómenos haciéndolos comprensibles a nuestra razón, y permitiéndonos ampliar el conocimiento, control y operatividad de nuestro entorno.
Así, es como durante el período de la Ilustración también llamado el “siglo de las luces” -aludiendo a las luces de la lógica, de la inteligencia, que debía iluminarlo todo-, se impuso el “racionalismo” y la tesis de que el hombre podía comprender la realidad a través de su inteligencia; y que lo real era susceptible de ser comprendido por la razón, inaugurando la búsqueda racional de una Ciencia universal, y sustituyendo así el saber dogmático emanado de los grupos de poder de la época. A partir de ello, la filosofía cartesiana, interpretada no como un conjunto de doctrinas, sino como un método de razonamiento, ha dominado e impregnado todo el pensamiento contemporáneo permitiendo distinguir -al menos parcialmente- entre entendimiento e imaginación, y entre pensamiento lógico puro y confusa asociación.
A partir de ello, el conocimiento ha crecido sostenidamente hasta la fecha actual, si bien no exento de conflictos, ni ausente de ideología, al menos ha privilegiado un conocer fundando en la búsqueda de principios y leyes que dieran forma a un saber científico y una praxis tecnológica.
Cuatro siglos después, nos enfrentamos a un escenario radicalmente opuesto. El cúmulo de información, la globalización del planeta ha generado un superávit informativo tal, que en los últimos 30 años, se ha producido más información que en los 500 anteriores, y el volumen total de información científico-técnica se está duplicando cada 5 años, así como la información existente; y para el año 2010 se estima que lo hará cada 72 días, y que dicho caudal amenazará con hacerse cada vez más inmanejable.
Parece pues que frente a este estado de cosas, se abrirán diferentes opciones para lidiar con este acontecer: una, sería el atender a la cualidad del estilo y sentido de la búsqueda de la información -por lo demás, ésta estará cada vez mas disponible a todo publico-, junto a un mayor énfasis en la habilidad para la administración de la misma. Lo anterior, además, sugiere que no será tan necesario saber más de tal o cual materia, sino saber como organizar y operar con datos tan dispares, opuestos y/o radicalmente distintos. Otra opción, pareciera ser, un replanteamiento conceptual que permita construir nuevos discursos que cancelen, anulen y desmientan miles y miles de unidades de información construidas bajo la apariencia de la ciencia, pero sustentada por su funcionalidad a los poderes hegemónicos, y en estricto rigor de naturaleza pseudo científica e ideológica.
Finalmente, también es posible, hipotetizar la opción de construir un Nuevo Discurso, ya no articulado sobre el implícito de los Multiversos, como aquel paradigma bajo el cual proliferó el incremento desproporcionado de información -pero que a su vez había sido la única reacción posible al evento de haber tomado las Protociencias por Ciencias-, sino mas bien como un esfuerzo por diferenciar real, simbólico e imaginario, en una nueva aproximación teórica que integren las distintas miradas existentes a la fecha en un discurso diferente.
Conscientes de que la coexistencia de discursos disímiles prolifera hacia el punto de lo insostenible, de que el esfuerzo por el trabajo interdisciplinario no ha dado los frutos esperados y, también de que la expectativa del Paradigma Unificador no ha alcanzado la consistencia deseada, nos enfrentamos a un punto crucial en el desarrollo del conocimiento humano, y las decisiones tomadas no serán triviales, apareciendo como soluciones posibles, el reto de la administración de la información, o un cambio revolucionario en la naturaleza de la generación de conocimiento.
Así, si en los inicios el hombre era un naufrago buscando algún dato de información sobre lo que acontecía allende los mares, hoy es un ciudadano encerrado en un cuarto con miles y miles de periódicos informándose desde las mas diversas ópticas sobre aquello que acontece aquí y allá, incapaz de discriminar entre los eventos y la intención del comunicador. Talvez si entendiendo el conocimiento como un punto dentro de un continuo de lo que fue, lo que es y lo que será, encontremos una guía para avanzar en nuestra comprensión de la realidad. Quizás si entendiendo la mirada de quienes nos antecedieron y revolucionaron el espacio del pensamiento subvirtiendo el orden establecido, construyendo hipótesis radicales y originales podríamos avizorar un camino a seguir.
¿Será que abrazando el pensamiento de Groddeck, el pensamiento de Ferenczi, pudieran asomar desde sus perspectivas una luz que ilumine las nuevas sendas aun por recorrer en esta dirección?
INDEPSI.
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