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EDITORIAL
 
ACERCA DE LOS ELEMENTOS ALFAS

Uno de los puntos llamativos en la concepción de los elementos "alfa", está en la comprensión de que es lo que determina que estos cumplan con los requerimientos para ser lo que son. Puesto de otra manera: cuales son, como se constituyen, como analizan o se determinan los elementos que constituyen un alfa.

No obstante podemos descomplejizar lo anterior simplemente definiendo un Alfa como el representante psíquico de "lo que es", definición que nos abre automáticamente una ventana hacia dos orientaciones, la primera la afirmación de la existencia de elementos épsilon (como pertenecientes al dominio de lo Ecológico y por tanto de la Realidad en su dimensión mas estrictamente etológica), y la segunda hacia todo aquello que sería "lo que no es alfa", para de cierta manera facilitar ciertas comprensiones de los fenómenos y estados de lo alfa, y sus relaciones con los elementos beta.

Uno de los golpes más fuertes a la existencia de los elementos Alfa como los concebimos por siglos tuvo lugar en 1920 cuando Albert Einstein hizo su más popular y revolucionario planteamiento. E=MC2. Formula que no sólo significa una correlación entre materia y energía. E=MC2 es una de las implicancias de que las leyes de la física se cumplen de igual manera para distintos observadores aún estando estos en distintos estados de movimiento. Es decir la lógica de las velocidades y del tiempo absoluto dejan de tener sentido en la manera en que fueron concebidas porque de pronto el tiempo (y esto es un hecho fáctico y medible) es distinto para cada observador. El Alfa del tiempo dejaba de ser ley. ¡La física probaba que el alfa del tiempo dejaba de ser ley!

En efecto lo que ocurría es que la creencia de que el tiempo era un absoluto nunca fue un Alfa, sino una suposición de Alfa (pseudo-alfa) basado en lo que parecía más lógico, o dicho de otra forma una representación (alfa, beta) que se consideró (alfa, beta=0), y que sólo en la medida en que se dejó de tomar este supuesto como lógico es que se llegó a entender la realidad tras las implicancias de la velocidad en los cuerpos.

Cuando Albert Einstein recibió su premio Nóbel en 1921, ya era considerando uno de los descubridores más importantes de todos los tiempos. No obstante el título de su diploma no hablaba de relatividad especial ni de aspectos relativos a este hallazgo, (muy probablemente el más importante en lo últimos cien años). Einstein fue galardonado por aportes a la física en temáticas que tenían mayor relación con el movimiento browniano y su interpretación del efecto fotoeléctrico, una de las bases iniciales de la mecánica cuántica. Y es que las implicancias de la relatividad parecían amenazadoras para un importante y poderoso grupo de la sociedad de aquel entonces. Al parecer a este grupo le inquietaba que la noción de un universo con tiempo subjetivo fuese a generar una conmoción tal en las personas que significara una especie de caos social en torno al hipe-relativismo. Más allá de lo anecdótico lo importante de lo anterior es que uno de los Alfas más estables e importantes dejaba de serlo y con él la concepción de un mundo absoluto per se.

La relatividad no plantea que los pollos son patos. Tampoco habla de pollos que ante determinadas circunstancias son patos. No obstante es uno de los ejemplos más poderosos de que sabemos poco de lo que realmente son las cosas y que la predeterminación de que algo es un elemento alfa por lógicas supuestas, por más convincentes que estas sean, es un riesgo no tan peligroso como la ignorancia o el predominio de los elementos betas, pero peligroso al fin y al cabo, lo que nos obliga a permanecer abierto a la reflexión sobre la naturaleza, cualidad y complejidades de los elementos alfas, y a la sustentación de la tesis de que todo acto de representación resulta de la atención a la existencia de pares ordenados (alfa, beta) y su relación con los elementos épsilon, comprendida bajo la experiencia emocional de la tolerancia al principio de incertidumbre.

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