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EDITORIAL
 

La Verdad como parámetro clínico.

 

El diccionario de la Real Academia Española define "Verdad" como "la conformidad de las cosas con el concepto que de ellas se forma la mente", y por esta vía nos presenta un "concepto relacional" que refiere directamente a la existencia de dos ordenes de sucederes: uno, el del orden de las cosas; otro, el del dominio de las representaciones que de ellas se realiza. Al mismo tiempo define una "creencia" como la conformidad, asentimiento y completo crédito que se le presta a una cosa, hecho o noticia como segura o cierta, aludiendo de esta manera en este segundo concepto a una cualidad subjetiva, que otorga un valor agregado, consumado en la experiencia de "convicción de verdad", pero independiente de la verdad. Ambos conceptos "Verdad" y "Creencia" se ligan necesariamente con el de Realidad, y en consecuencia con el de Lenguaje, pero en otra deriva, y en la medida en que se conectan con alguna concepción ética o moral con las nociones del Bien y el Mal.

Por vía de asociaciones, el sentido común rápidamente ligará lo "verdadero" a lo "bueno" desplazando el foco de un concepto relacional a uno valórico, y posteriormente homologará verdad y creencia, haciendo que la expresión "mi creencia" se haga sinónimo de "mi verdad" inaugurando así un error lógico de fatales consecuencias, y oscureciendo mas aún la naturaleza de esos dos ordenes en cuestión así como las posibles relaciones entre ambos. Correspondería por tanto a la Filosofía, la dilucidación de los alcances y limites de tales fundamentales conceptos, incluyendo la posibilidad del tiempo presente de acotar dicha cuestión, pero acaso la excesiva pretensión de aprehender tantos y variados asuntos de dicha disciplina, tanto como su dificultad para contextualizar su saber dentro del continuo histórico del que es parte, atentan a un criterio unívoco de dicho concepto, y por el contrario han dado forma a las mas variadas acepciones del concepto de verdad, y dado origen a una ilusoria distinción entre Ciencia y Filosofía, y sumado infinitos y variados discursos en nuestra pretensión de saber.

No es de extrañar pues, que los problemas de la verdad, de la mentira y de la falsedad sigan siendo uno de las cuestiones nucleares de filósofos, epistemólogos, científicos, analistas, etc... contemporáneos, y que aun subsistan tantas indefiniciones al respecto.

Al psicoanálisis, evidentemente, el tema no le es ajeno, ya tempranamente Freud nos advertía sobre la falta de finura del entendimiento humano hacia la verdad, tanto como del hecho de que la mente no tenga una particular tendencia a aceptarla, y de como ilusiones y deseos interfieren sobre ella, privilegiando las creencias. Para él, la aspiración de alcanzar esa coincidencia con el mundo exterior real y que llamó, la verdad, consistía en entender aquello que existe fuera e independientemente de cada cual, y que es decisivo para el cumplimiento o fracaso de nuestros deseos. Más particularmente, él aspiraba a entender la "verdad histórica" que subyacía a todo mecanismo mental, primeramente en tanto recuerdos reprimidos, encubiertos, criptomnésicos, y posteriormente en tanto eventos acaecidos fundantes de las derivas y dinamismos de lo psíquico. Por esta vía, finalmente llegó a postular un nuevo tipo de relación, la relación psicoanalítica basada en el amor a la verdad, - esto es el reconocimiento de la realidad - excluyente de cualquier posibilidad de impostura o autoengaño.

Sin embargo, el cambio de posición freudiana en relación a la teoría del trauma, sintetizado en su famosa expresión "ya no creo más en mi neurótica", sugiere sutiles variaciones en concordancia a su concepción de verdad, pues éste, habiendo postulado que al no existir en lo inconsciente un signo de realidad que marque un límite preciso entre una verdad objetiva y una verdad ficcional, pareciera haber reorientado la cura analítica, ya no hacia la primacía del principio de realidad, sino que más bien, hacia las comprensión de las vicisitudes del Complejo de Edipo y, en consecuencia, de la dinámica del mecanismo del Deseo. Freud, inaugura otros espacios de reflexión, hermenéuticos sin duda, pero el costo es que su concepción de verdad, parecerá desdibujarse en este periplo.

En este escenario, al igual que en muchos otros, será precisamente Sandor Ferenczi quien curiosamente hará de este concepto uno de los ejes conceptuales en sus desarrollos teóricos, inicialmente en tanto imperativo valórico, pero posteriormente como parámetro técnico en relación a una función de lo psíquico en tanto labor de integración de las estructuras mentales. Décadas después este tema alcanzará con Wilfred Bion, la estatura teórica que permita explorar y entender la importancia de la función de verdad, como manera de ligar elementos del Aparato Mental, como función protectora de los objetos internos, y como instauración del "principio de realidad", y con quien se alcanzará una nueva comprensión de la función de mentira como uno de los modos de "ataque al vincular" cuya consecuencia final, es desvincular, y eventualmente atacar y destruir tanto los objetos externos como internos.

Con Bion, el tema parece definitivamente independizarse de sus connotaciones valóricas, para empezar a adquirir un valor de parámetro técnico, sus postulados acerca del Vinculo K, (Conocimiento) asociado a la experiencia emocional de la duda, sus reflexiones sobre la Verdad, Falsedad y Mentira, tanto como su propuesta de la Verdad Absoluta como "un pensamiento sin pensador" parecen aportar una perspectiva novedosa sobre estos temas, a la vez que suficientemente desapasionada y desmemoriada, como para liberar a dichos conceptos de sus connotaciones hegemónicas ("quien posee la verdad tiene mayor capacidad de control sobre el otro") por un lado, y compensatorias por otro ("la verdad independiente del deseo, y de su signo de dolor o placer"), que permitan en última instancia los esfuerzos por integrar coherentemente los conceptos de Realidad y Verdad, otorgándole al Lenguaje el lugar que le corresponde, y fundando la conciencia de que somos seres en la transitoriedad de un saber que se construye progresivamente, pero capaces de distinguir entre verdad y creencia.

 

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