CRITICA
EPISTEMOLOGICA DE LA NOCION DE PULSION
Revista
de Psicoanálisis
Abril
1999 - No.1
Eduardo
Colombo
"Les
pulsions les plus fortes de la nature, qui représentent
une force invisible dirigeant le genre humaine selon
une raison supérieure et veillant au bien
physique du monde en général (...)
sans que la raison humaine ait à intervenir,
sont l'amour de la vie et l'amour sexuel; le premier
doit conserver l'individu, le second l'espèce".
Enmanuel
Kant
Las
ideas generales que forman parte de lo que podríamos
llamar la armazón de una construcción
teórica son frecuentemente utilizadas
y transmitidas de manera acrítica, se
transforman en hábitos de pensamiento,
funcionan como una creencia. Peirce suponía «lo
que nos determina a partir de ciertas premisas
para llegar a una consecuencia más bien
que a otra es un cierto hábito»,
un estado de "creencia". «Este,
agregaba, es un estado de calma y de satisfaccion
que uno no quiere abandonar ni cambiar para
adoptar otra creencia. Por el contrario, uno
se empeña con tenacidad no solamente
en creer, sino en creer precisamente lo que
uno cree.»(1).
Muchos
de los conceptos que Freud agrupó bajo la denominación
de metapsicología, en tanto proposiciones teóricas
y explicativas del funcionamiento del “aparato” psíquico
se integran delicadamente y sin ruido, durante los largos
años de formación del psicoanalista, a
estos hábitos del espíritu, o estados de
creencia. Llegados allí, las contradicciones se
desvanecen, la crítica se adormece(2). Un
obstáculo epistemológico
acaba de nacer.
La
dificultad en criticar la noción
de pulsión
no está en encontrar los argumentos, ellos son
conocidos. La dificultad está en incluirlos dentro
de un contexto en el que aparezcan como pertinentes y
despierten el espíritu crítico. Algunos
de esos argumentos son antiguos y vienen de objeciones
levantadas por las teorías instintualistas. Adjuntar
la palabra instinto a un comportamiento no lo explica
ni lo aclara si no sabemos lo que es “un instinto”, pero
la palabra reificada da la ilusión de un conocimiento.
La etimología de instinto reenvía al latín
instigare : “excitar”. Insting(u)er : reconocido solamente
como participio instintus ,“aiguillonné”, de donde
viene instinctu : “excitación”, “impulsión”.
La palabra de origen germánico Trieb -como todos
los analistas lo saben- significa poussée (empuje)
y viene del verbo treiben: pujar. Un analista, reconocido
por sus importantes aportes a la teoría psicoanalítica,
piensa (o por lo menos piensa que Freud pensaba) que "lo
esencial en la organización humana (es) la fuerza ´pujante´ del
Trieb" (3). Lo que viene a querer
decir: la fuerza pujante de una fuerza que puja, o
la fuerza pujante de la acción de pujar. Se oye el
eco de la virtus dormitiva , causa y razón de
que el opio haga dormir, como decía "Le malade
imaginaire" de Molière. Pero, ¿quién
puja? Respuesta : la Pulsión. He aquí la
fuerza o la energía transformadas en
una entidad.
Luego
retomaremos el tema de la hipóstasis de la fuerza,
pero antes quisiera señalar que la crítica
de los conceptos económicos, o cuantitativos
en sentido amplio, no es ni rara ni aislada en el campo
psicoanalítico. Citaré solamente aquellas
fuentes que han tenido una influencia directa en mi
propia manera de pensar a lo largo de mi formación
y de mis lecturas, o que me resultan actualmente útiles.
En la década del cuarenta Ronald D. Fairbairn
escribió que «la clásica teoría
de la libido debiera ser transformada en una teoría
del desarrollo, basada esencialmente en las relaciones
de objeto. La mayor limitación de la actual
teoría de la libido, como sistema explicativo,
reside en el hecho de que confiere el status de actitudes
libidinales a varias manifestaciones que sólo
son técnicas del yo, para regular las relaciones
de objeto.»(4) -Como lo reconoce
Freud explícitamente a partir de 1926 (Inhibición,
síntoma y angustia.)-(5).
En otro artículo más tardío (1951),
Fairbairn afirma que "los impulsos deben ser considerados
como representando simplemente el aspecto dinámico
de las estructuras yoicas"(6) (Argumento
crítico de la exterioridad
de la fuerza).
Harry
Guntrip se sitúa en la continuación
directa del pensamiento de Fairbairn al señalar
el aspecto biologizante de la teoría pulsional
freudiana. (Crítica al arraigue biológico
de la pulsión que desarrollará recientemente
Jean Laplanche).
Más
cercanos a mi formación psicoanalítica,
en primer lugar Enrique Pichon Rivière
por su influencia fundamental en el psicoanálisis
rioplatense, y José Blejer, también
privilegiaron las relaciones objetales e interpersonales,
la vida fantasmática. Blejer publicó un
artículo en la Revista de Psicoanálisis,(7) firmado
por ambos, en 1956, donde considera que Freud
al tomar de la física mecanicista de su época
los conceptos de fuerza y movimiento, aisló del
contexto psicológico las fuerzas actuantes
bajo la forma de instintos; concibiendo estas
fuerza como (Crítica que señala
la contradicción
entre una teoría pulsional y una teoría
objetal o estructural de la psiquis).
En
el mismo sentido, Willy Baranger escribió al
final de los años sesenta una crítica
del “enfoque económico en psicoanálisis
de Freud a Melanie Klein”. A partir de un análisis
minucioso de las diversas etapas del pensamiento
freudiano, Baranger muestra como «Freud
mientras descubre una ciencia no cuantitativa
(los aspectos dinámico-estructurales
de la teoría) y abre un campo tras otro
al conocimiento del hombre, tiene que luchar
constantemente contra el imperativo de la cantidad
(el principio cuantitativo-energético),
que mantiene como idea hasta el fin, aunque
paulatinamente lo vaya vaciando de contenido.»(8) Refiriéndose
a los comentarios de Laplanche y Pontalis sobre "investissement" y
carga, Baranger hace notar la heterogeneidad
de nociones a las que se aplica la misma palabra
como el "investissement" de una representación
o de la huella mnésica y el "investissement" de
un objeto.El
pasaje "de l´investissement´ de
un objeto real al "l'investissement de
un objeto imaginario intrapsíquico pone
bien en evidencia tal ambigüedad" (Laplanche
y Pontalis)(9) también
Daniel Widlöcher piensa que el concepto
de pulsión «viene a ocultar ciertos
problemas fundamentales aportándoles
una solución puramente verbal. Sabemos
que tenemos que describir el acontecimiento
inconsciente, según el modo de funcionamiento
propio del sistema inconsciente, como la expresión
de una intencionalidad que le es específica.
(...) La teoría de la pulsión
postula la existencia de una energía
psíquica que vendría a animar
la representación y que le sería
exterior.» Uno se encuentra con "un
juego de fuerzas hipotéticas. Esas fuerzas
no tienen más ninguna relación
con sus representantes psíquicos." (10) La crítica de Widlöcher apunta
también a la exterioridad de la fuerza,
pero va más lejos y toca el problema
mayor que subyace implícitamente en
el malestar intelectual del que nacen todas
las posiciones críticas: la percepción
de las dificultades de "la proyección
del sentido sobre la extensión de la
materia"(11).
El
estatus epistémico de la pulsión.
En
general, cuando hablamos, decimos algo con respecto
a algo. El contenido proposicional de un enunciado
tiene una función referencial -¿de qué estamos
hablando?-; designa un ser o un estado del ser (en
realidad uno designa siempre un signo por otro signo,
no se sale del proceso semiótico, histórico.
Pero esto es otro problema). Y tiene, además,
una función predicativa : describe características
o relaciones de lo que designa.
¿Qué designa
la palabra pulsión? ¿Y cómo
entra lo que ella designa en la clínica?
Cuando
Freud toma la palabra de origen germánico
Trieb, privilegiándola por el uso a la
palabra Instinkt, Trieb tiene ya una larga tradición
científica, romántica y literaria.
Lo importante del concepto, (Nietzsche, por ejemplo,
lo utiliza en este sentido), es que reenvía
a una dinámica y a una energética
natural, física, material. En la obra
freudiana la palabra Trieb (1905) es introducida
por una referencia a la biología :"En
biología
uno se da cuenta de la existencia de las necesidades
sexuales...por intermedio de la hipótesis
de una 'pulsión sexual'".
De
entrada aparecen dos fuentes de dificultades
que se irán acentuando con el desarrollo
del conocimiento teórico. La primera es
la definición energética de la
pulsión como fuerza constante que tiene "un
origen en fuentes de excitación en el
interior del organismo" y que se diferencia
en dos grupos de "pulsiones originarias
insécables" ; ambos grupos pulsionales
son producto de una energía somática
corporal y no se distinguen entre ellos por “cualidades
diferentes”, basta con " admitir simplemente
que las pulsiones son todas semejantes cuantitativamente
y deben su efecto únicamente a las cantidades
de excitación". Es solamente la diferencia
de las “fuentes pulsionales” la que va a determinar
sus “efectos psíquicos”.(12) Antes de
continuar hagamos notar que la frase anteriormente
citada que se refiere a las "cantidades
de excitación” debe ser completada con
la expresión "cantidades de excitación
que ellas (las pulsiones) transportan",
ergo las pulsiones no son una cantidad de fuerza
o energía, ellas transportan la cantidad
: las pulsiones se convierten en entidades, y
las entidades van a cumplir una finalidad, una
al sevicio del individuo, otra al servicio de
la especie.
La
segunda dificultad, y dificultad mayor, es
que todos esos "presupuestos" deben
cambiar de registro y servirnos como guías
en "la elaboración del mundo de
los fenómenos psicológicos" .
Y es a nivel de la psiquis que los “objetos” son
tomados en consideración. La fuente
somática de la excitación "está representada
en la vida psíquica por la pulsión",
y la pulsión "no la conocemos en
la vida psíquica, más que por
sus fines."(13) Pero “el
fin” es la satisfacción y no depende
del “objeto”. La noción se sostiene
mientras “el fin” y la “descarga” sean equiparables,
lo que depende de la asimilación del
principio de placer al principio de constancia
(o desde otro punto de vista, a la reducción
a cero de la excitación). El principio
económico-energético del placer
no será más sostenible; Freud
lo reconoce de manera explícita aunque
con reticencias(14) ,
a partir de 1924.
En
un texto tardío Freud escribe : «La
fuente es un estado de excitacion en el
soma; el fin, la cesación de esta excitación
; y en el camino de la fuente al fin, la
pulsión se vuelve psíquicamente
activa. La representamos como un cierto
quantum de energía, que empuja en
una determinada dirección . Es de
este empuje que le viene su nombre de pulsión.»(15) Esta
concepción fisicalista y mecanicista
hace del psiquismo un “aparato” necesario
para efectuar un trabajo. Un “aparato” es
un conjunto de piezas, de útiles,
o de instrumentos apropiados para realizar
una operación, es decir, un intermediario
entre el sujeto de la acción
y el acto.
Este “aparato” es
concebido primeramente como un modelo
analógico
isomorfo del sistema nervioso, (combinando
la "noción fundamental de
cantidad" ,
la teoría de las neuronas, el
principio d'inercia, las barreras de
contacto y la descarga. Los afectos y
los estados de deseo implican la tensión
cuantitativa -"l'investissement"-
en un tipo de neuronas. "En el caso
de los afectos, hay liberación
inmediata [de la tensión]; en
el caso del deseo, acumulación.")(16) Más tarde el fisicalismo neuro-psicológico
es definitivamente abandonado por un
modelo teorético de la psiquis
(heurístico-fictivo
diríamos nosotros), al que son
trasladados los conceptos básicos
de cantidad de excitación, principio
de constancia, placer y descarga, más
una tópica
en la que van a inscribirse representaciones
y deseos. (Cap. VII de La interpretación
de los sueños).
El “lugar” donde
la pulsión deviene psíquicamente
activa (la Psiquis), es irreductible
a una descripción corporal,
física
o biológica. Como escribe Freud
en El inconsciente : «La actividad
psíquica está ligada
a la función del cerebro (...)
este es un resultado irrefutable de
la investigación.
(...) Pero ... todos los esfuerzos
para pensar las representaciones como
almacenadas en células nerviosas
y para hacer viajar las excitaciones
por las fibras nerviosas han fracasado
totalmente.» Y
agrega: "...nuestras hipótesis
no pueden pretender tener otro valor
que el de una representación figurada."(17)
La
demarcación entre los dos
modelos -fisicalista uno, mentalista
podríamos
llamar al otro- es neta. Pero Freud
no se resigna a abandonar la metáfora
analógica organicista que “transporta” la
ilusión de un conocimiento
que integra lo corporal, lo biológico
y lo mental (“anímico”), vía
la teoría de la evolución
de las especies y la idea de la recapitulación
y herencia de los caracteres adquiridos
(según Haeckel : "la
ontogenia es una recapitulación
abreviada e imperfecta de la filogenia",
según Freud : "cada individuo
reproduce de manera abreviada, en
el curso de su infancia, todo el
desarrollo de la especie humana,
la prehistoria filogenética.")(18)
En
El yo y el ello (1922), por ejemplo,
Freud retoma de manera realística
la descripción espacial
de la psiquis : "la consciencia
es la superficie del aparato anímico" y
forma parte, como función,
de "un sistema que espacialmente,
es el primero partiendo del mundo
exterior. Espacialmente, no sólo
en el sentido de la función,
sino, esta vez, también
en el sentido de la organización
anatómica." Y unas
pocas páginas más
adelante encontramos el clásico
dibujo del Ello, el Yo y lo reprimido
(refoulé) "cuyos
contornos no sirven más
que para la presentación
y no deben pretender a ninguna
interpretación
particular", pero que es
seguido por una frase sorprendente
:"Agreguemos
eventualmente que el Yo lleva una
'calota acústica`, según
el testimonio de la anatomía
cerebral, solamente de un
lado."(19)
Sin
embargo, es necesario tener claro
que el modelo psicoanalítico
de la psiquis es un modelo teorético,
heurístico, ficticio (en
el sentido de fictum: creación
de la mente, o "simulación),
no reductible a un estado del
cerebro. Nadie supone que las
instancias del “aparato psíquico”,
ni en la primera ni en la segunda
tópica, tengan localización
corporal, anatómica.
La
Pulsión pasa de uno al
otro modelo, o mejor dicho, en
el espíritu de Freud,
ambos modelos permanecen firmemente
anclados en el terreno corporal,
biológico.
La "carga
energética, factor de
motricidad", fuerza, "que
ataca al organismo desde el
interior y lo empuja a realizar
ciertas acciones" tiene
su fuente en lo biológico
-dice el Vocabulaire de la
psychanalyse-. En 1914, cuando
fracasa la primera dualidad
pulsional, se nos recuerda
que "todas nuestras concepciones
provisorias, en psicología,
deberán un día
tener una base orgánica." Son "substancias
determinadas y procesos químicos
los que producen los efectos
de la sexualidad...Tenemos
en cuenta esta evidencia reemplazando
dichas substancias químicas
determinadas por fuerzas psíquicas
determinadas."(20) (El
subrayado es nuestro).
Reemplazar substancias
por fuerzas psíquicas
determinadas no es ni tan simple
ni tan inocente como parece.
Substancia y fuerza, materia
y forma. Disociar la fuerza
de la materia lleva -para quedarnos
en el campo psicoanalítico-
a substancializar la fuerza
(teoría
pulsional), y a materializar
el signo (teoría de
la preeminencia del significante).
Fuerza,
movimiento y materia son
conceptos que están en discusión
desde el origen de la ciencia
moderna. Parece que la palabra "materialista" aparece
por primera vez en 1675 bajo
la pluma de Boyle. Robert
Boyle sostenía que,
en filosofía
natural, sólo los
hechos -esta variedad de
conocimientos que uno llama
los “hechos” (matters
of fact )- salidos de la
experiencia pueden servir
a un conocimiento verdadero,
diferente de la opinión.
La naturaleza, creía
Boyle, no puede hacer nada
por sí misma
; es inanimada “bruta y estúpida”;
no debe ser considerada como
un agente. El movimiento
no pertenece a la materia
: ninguna parcela de materia,
como la naturaleza toda ,
es capaz de moverse por si
misma. La razón última
de esta afirmación
es de orden teológico,
pero eso no le impidió a
Boyle construir la ciencia
experimental sobre una base
mecánica, ni sostener
en sus trabajos sobre la
bomba neumática la
realidad del “resorte (o
elasticidad) del aire”. Boyle
quería
eliminar de la nueva ciencia
experimental la concepción
vitalista de la física
escolástica y sus
falsas nociones de “horror
vacui”, “formas
substanciales” o “espíritu
de la naturaleza”.
Thomas
Hobbes (1588-1679), crítico
de Descartes como de Boyle,
compartía con este último
el rechazo por los “absurdos
aristotélicos” de
las “formas substanciales “ o
de las “substancias inmateriales”.
Hobbes pensaba que el alma
no tiene ninguna existencia
separada del cuerpo y desconfiaba
de la tendencia a las explicaciones
teleológicas de
los fenómenos físicos
("La finalidad de
la gravedad es la disminución
de la distancia al centro
de la tierra"). El
Léviathan propone
una filosofía de
la naturaleza materialista
y monista.(21)
Con
Newton, algunos años
menor que Boyle, la
fuerza motriz cesa
de ser una entidad
exterior para devenir
una dimensión
calculable, idéntica
a la gravedad y determinada
por la masa y la aceleración.
La inercia -que Freud
retoma en el Proyecto
como principio de inercia
de las neuronas y que
le será de gran
importancia en la conceptualización
del control de la excitación
interna al organismo-
Newton la llamaba también
vis insita, es decir
fuerza que reside en
la materia. (Ver nota
al final del artículo).
La
física se integra
bien al materialismo
mecanicista pero la
biología, ya
antes de ser nombrada
como tal, presentó serias
resistencias. Las nociones
de vida y de animación
se asociaron desde
hace mucho tiempo :
alma, principio de
vida, dice el Littré,
o principio inmaterial
de la vida. La etimología
de la palabra viene
del sánscrito
ana = respirar; anima
= soplo. Animal, ser
vivo. Se puede observar
en los naturalistas
una antigua propensión
a percibir las formas
vivientes como los
productos de un poder
plástico.
Adversario
de las teorías
mecanicistas, Georg
Ernst Stahl (1660-1734)
que desarrolló la
noción del “phlogisto” de
Becker, trató de
explicar la actividad
del organismo humano
por la acción
de un “alma inconsciente”,
suerte de fuerza
vital. Lo que confiere
la vida, pensaba,
es decir, el movimiento
dirigido, finalizado,
sin el cual la máquina
corporal se descompone,
es
el alma.
A
principios de 1800 el término "biología" es
utilizado por primera
vez en Francia
por Lamarck que
consideraba el
estado de pasividad
como propio de
los cuerpos brutos.
El primer “acto
de vitalización” fue
efecto del calor, "esta
alma material de
los cuerpos vivos"(22).
El alma abandona
la “forma substancial” o/u “esencia
separada” y se
vuelve materia.
Por
la misma época
Cuvier, como
antes Bichat,
habla de fuerzas
vitales, y
es como si,
insidiosamente,
la idea de
fuerza pujara
para independizarse
y volver a
su “forma
substancial”(23) (al
nivel de las
ideas, qué demoníaca
tendencia a
la repetición!). «...
la materia
actual del
cuerpo vivo
pronto no existirá más,
-escribió Cuvier
en la Histoire
du progrès
des sciences
naturelles(24)-
y sin embargo
es la depositaria
de la fuerza
que obligará a
la materia
futura a marchar
en el mismo
sentido que
ella.»
Poco
después
de la mitad
del siglo
XIX, más
o menos en
los primeros
años
de la vida
de Freud,
Pasteur mantuvo
una resonante
polémica
con Félix
Pouchet sobre
la generación
espontánea.
Pouchet defendía
la idea de
una “fuerza
plástica” que "concentra
en un órgano
especial
(el huevo)
los elementos
primitivos
del organismo." La
heterogeneidad
de las formas
vivientes
supone que «bajo
la influencia
de fuerzas
...aún
inexplicadas
...se produce,
ya sea en
los animales,
ya sea en
otro lado,
una manifestación
plástica
que tiende
a agrupar
moléculas
; a imponerles
un modo especial
de vitalidad
cuyo resultado
final es
un ser nuevo.»(25)
En
los dos
filósofos
más
próximos
al pensamiento
freudiano,
la idea de
una fuerza
obscura e
inconsciente,
actuante,
portadora
de una direccionalidad,
finalidad
o “designio” es
un elemento
pregnante
de la visión
del mundo
que proponen.
Cuando Freud
introduce
la noción
de Ello,
la referencia
a Groddeck " que
no cesa de
repetir (...)
que, para
utilizar
su expresión,
somos vividos
por fuerzas
desconocidas
que escapan
a nuestro
control",
va seguida
de una nota
que toma
a Nietzsche
como inspirador
de la forma
gramatical
que sirve "para
designar
lo que
hay de
impersonal,
de sometido
a las necesidades
naturales
en nuestro
ser."(26)
Para
Schopenhauer
(1788-1860) "la
fuerza
vital
emplea
y utiliza
indudablemente
las fuerzas
de la
naturaleza
inorgánica",
pero «en
el grado
más
bajo,
la voluntad
se nos
presenta,
como
una fuerza
ciega,
como
un esfuerzo
misterioso
y sordo,
alejada
de toda
consciencia
inmediata.
(...)
En tanto
fuerza
ciega
y esfuerzo
inconsciente,
ella
se manifiesta
en toda
la naturaleza
inorgánica,...».
El mundo
era solamente
voluntad,
pero
en una
segunda
fase,
deviene
también
representación,
objeto
del sujeto
conociente. "Aquí termina
la infalible
seguridad
de la
voluntad.
El animal
esta
ya expuesto
a la
ilusión,
a la
apariencia."(27)
Nietzsche
(1844-1900)
utiliza
a profusión
las palabras
instinto
y Trieb
-con
matices
que los
traductores
encuentran
difíciles
de transportar
a otra
lengua-.
El Trieb
está asociado
a una
fuerza
que trabaja
de manera
subterránea
en el
inconsciente
de los
pueblos.
La teoría
dualista
de los
instintos,
que Nietzsche
formula
en términos
de apolíneo
y dionisiaco,
los hace
surgir
de la
naturaleza
misma
["qui
jaillissent
de la
nature
elle-même- (28)-].(29)
La
formalización
de
la “primera
teoría
pulsional” en
la
Metapsicología
de
1915(30) es
posterior
al
abandono
del
paralelismo
neuro-psicológico,
pero,
aún
siendo
un
modelo
teorético,
mantiene
como
ya
dijimos,
la
metáfora
analógica
fisicalista
de
tipo
mecanicista
fundada
sobre
la
cantidad
y
el
principio
de
inercia,
que,
sin
abandonar
el
terreno
biológico
es
expresión
de
un
monismo
materialista.
Podríamos
dar
como
ejemplo
de
lo
que
acabamos
de
afirmar
las
dos
frases
siguientes
: "Descubrimos
entonces
la
esencia
de
la
pulsión
en
sus
caracteres
principales:
origen
en
fuentes
de
excitación
en
el
interior
del
organismo.
manifestación
como
fuerza
constante",
y "las
pulsiones
en
sí mismas,
al
menos
en
parte,
son
sedimentaciones
de
efectos
de
la
excitación
externa
que,
en
el
curso
de
la
filogenia,
han
actuado
sobre
la
substancia
viva
y
la
han
modificado".(31) La
posición
anti-finalista
es
perceptible
pero
se
ve
también
que
es
difícil
de
mantener.
En
una
nota
agregada
en
esta época
-1915-
a
los
Tres
ensayos
sobre
la
teoría
sexual,
hablando
de
una
impresión
perceptual
que "sigue
siendo
la
vía
más
frecuente
para
despertar
la
excitación
libidinal,
y
la
selección
natural
cuenta
con
la
practicabilidad
de
dicha
vía",
Freud
siente
la
necesidad
de
aclarar
: "siempre
y
cuando
esta
manera
teleológica
de
ver
las
cosas
sea aceptable".(32)
Después
de la
reformulación
teórica,
en 1920,
de la
metapsicología,
que la
introducción
del narcisismo
hizo necesaria,
como ha
sido tantas
veces señalado,
el esquema
mecanicista y
las precauciones
anti-teleológicas
se retiran
y el
vitalismo biologista,
montado sobre
la autonomización
de la
fuerza, hace
una presentación relevante.
Como
es habitual, al independizarse
la fuerza reivindica, sin falsos
pudores, intencionalidad o finalidad.
Algunas frases del Más
allá del
principio del placer bastarán
para activar la memoria : «En
un momento dado una fuerza, de la cual no
podemos tener aún
ninguna representación
despierta en la materia inanimada las
propiedades de la vida (...) Durante mucho
tiempo, la substancia
vital debía
así nacer
y renacer... hasta llegar al objetivo final,
es decir la muerte.» (pgs.48
y 49) "Los instintos que velan sobre
el
destino de esos organismos elementales...forman
el grupo de los instintos sexuales;" (p.51) "Pero
aunque la sexualidad y las diferencias
sexuales no existen sin duda en el origen
de la vida, no es imposible que los instintos
que,
en una fase ulterior sean sexuales, hayan
existido desde el comienzo..."(p.52) "Con
respecto a nosotros, hemos tenido en cuenta,
no la substancia viva, sino las fuerzas
que actúan
en ella..." (p.58) "Las
fuerzas que empujan la vida hacia la
muerte pueden muy bien, en ellos también
(los portozoarios en los que la muerte
natural se puede o no demostrar), estar
en actividad
desde el comienzo." (p.62).(33) Las pulsiones, que eran la expresión
en el psiquismo de las excitaciones internas
del organismo, se han transformado en los
suppôts de dos entidades, dos fuerzas
míticas que luchan entre sí desde
los orígenes del tiempo : Eros,
para ligar y mantener la cohesión
de lo viviente, la otra, fuerza de muerte
o destrucción, para separar y llevar
la materia a la nada.
Entre
la actividad sexual descripta en los
Tres ensayos y Eros, pulsión de vida,
forma ampliamente especulativa postulada
en Más allá del principio
del placer no hay solamente diferencias
de detalle, hay una oposición
punto por punto, como lo hace notar Laplanche:
en el primer caso la actividad sexual "es
auto-erótica, morcelée
et morcelante" (fragmentada y fragmentante),
su único fin es la satisfacción
por la vía más corta",
el objeto le es contingente; en el segundo
caso el fin no es más la descarga
sino una finalidad precisa, una acción
finalizada y dirigida, el objeto se vuelve
absoluto, cualitativo, y coincide con
el fin.
Si
evaluáramos las llamadas primera
y segunda teoría pulsional con
el criterio de la causalidad aristotélica
diríamos que la primera teoría
privilegia la “causa eficiente” : es
mecanicista y positivista ; la segunda
privilegia la “causa final” : es finalista
y vitalista. Sin olvidar que a pesar
del cambio de enfoque y de tono, Freud
mantiene el paradigma substancialita
de base.
Volviendo
a nuestra pregunta inicial, ¿qué designa
la palabra “pulsión”? Evidentemente,
designa la noción de pulsión
tal como dicha noción ha sido
construida en la teoría. El
referente de la pulsión es
la representación imaginaria
que nos hacemos de la pulsión.
Freud,
consciente de la dificultad, sabe
que aunque "el comienzo de
toda actividad científica
consiste más bien en la
descripción
de fenómenos" , dicha
descripción no puede evitar
contener ciertas ideas abstractas "que
uno toma aquí y allá" .
Tales ideas serán luego
los conceptos fundamentales de
la ciencia y "uno se pone
de acuerdo sobre su significación
multiplicando las referencias al
material de la experiencia, del
cual parecen haber sido tomadas
pero que en realidad depende de ellas."(34)
La
Pulsión, como toda idea
general, especulativa, depende
enteramente del épistémè de
su época. Freud contribuyó de
manera primordial a descentrar,
o mejor a desmitificar, el lugar
del hombre en el cosmos y a crear
un nuevo épistémè post-iluminista
en ciencias humanas. Pero, como
se puede decir de manera alegórica,
el descubridor de un nuevo mundo
pertenece necesariamente al viejo,
y no puede dejar de trabajar con
el material teórico que
le procura su época. La
Pulsión no es un “observable” (sin
entrar a discutir por el momento
qué es “un observable” en
clínica psicoanalítica),
es un artefacto explicativo, inadecuado
para dar cuenta de la dinámica
semántica inconsciente,
impertinente al paradigma relacional
propio de una teoría de
la Psyché (de la mente).(35).
Los
argumentos críticos
¿Porqué la
pulsión es un artefacto
inadecuado y no pertinente
en una teoría psicoanalítica
del psiquismo humano? Formalizaremos
la crítica en torno
a tres argumentos mayores:
primero, la hipóstasis
de la fuerza ; segundo la exterioridad
de la fuerza, y tercero las
relaciones entre la extensión
y la significación.
Desde
su aparición en
la escena teórica
freudiana la “pulsión” tiene
una cierta tendencia a
ser hipostasiada, a convertirse
en una entidad.(36) A los filósofos
o a los científicos,
les ocurre habitualmente
-para decirlo parafraseando
a Malebranche-, que al
observar, organizar o pensar
las cosas de una manera
diferente obtienen efectos
nuevos e inmediatamente
imaginan una entidad nueva
como habiéndolos producido.
Las
ganas de comer se explican
por una pulsión
de alimentación,
y las necesidades sexuales
por una “pulsión
sexual”. Si hay una pulsión
debe haber una fuerza
y una energía,
de lo que se desprende
naturalmente el deseo
de darles un nombre,
el acto de nominación
: la libido. Entonces
ella, la libido, comienza
a hacer una cantidad
de cosas, cambia de objeto
como de camisa, de activa
se transforma en pasiva,
fundamentalmente sexual
puede desexualizarse
sin perder su identidad,
en cuanto a su fuente,
puede encontrarla en
distintas zonas erógenas
que casualmente son erógenas
por que ella pasó por
allí. Reflexiones
y observaciones "conducen
a atribuir a todas las
partes del cuerpo y a
todos los órganos
internos la cualidad
de zona erógena." [Nota
de 1915 agregada a los
Tres ensayos(37)].
Aunque nazca en el
cuerpo de la mujer,
ella es masculina puesto
que es activa, según
una ley superior. ("La
libido es, de manera
regular y conforma a
leyes, de naturaleza
masculina, ya se manifieste
en el hombre o en la
mujer, y haciendo abstracción
de su objeto, ya sea éste
un hombre o bien una
mujer." -Ibid., p.161-).
Además,
la libido es una y
compuesta. «Lo
que llamábamos
pulsión sexual,
escribe Freud en 1922
(Teoría de la
libido ), era altamente
compuesto y podía
disociarse nuevamente
en sus pulsiones parciales.
(...) las pulsiones
tomadas individualmente
podían permanecer
independientes unas
de otras, (...) las
unas tomar el lugar
de las otras, transferir
las unas a las otras
su carga libidinal,
de modo que la satisfacción
de una venía
en lugar de la satisfacción
de la otra.»(38) Quisiéramos
llamar la atención
sobre la separación
de la pulsión
de su carga energética
: ¿la “pulsión” sigue
siendo la pulsión
sin su carga energética
(sin "l'ivestissement" libidinal)?"
Es
difícil
dar una definición
satisfactoria de
la libido",
dicen Laplanche
et Pontalis, pero
hay dos características
de la libido que
Freud siempre mantuvo:
1) Ella es siempre
cualitativamente
sexual y en conflicto
con un antagonista.
2) Es también
un elemento " cuantitativamente
variable que permite
medir los procesos
y las transformaciones
en el terreno de
la excitación
sexual".(39)
La
teoría de
la pulsión
está pensada
desde el origen
como un conflicto
entre pares opuestos,
dualismo de fuerzas
que se enfrentan
en el terreno psíquico.
Fuerzas o energías
que son vistas
primeramente como
formando parte
de elementos cualitativamente
dispares del funcionamiento
biológico,
apoyándose
en el cuerpo y
sirviendo las grandes
necesidades del
hambre y del sexo,
cargando ("investissant")
el yo y los objetos,
para transformarse
más tarde
en “seres míticos” en
lucha eterna, trans-corporales
y trans-individuales,
verdaderos principios
comandando a un
fin, arché y
télos de la materia.
La
Pulsión
hipostasiada
se carga de
una intencionalidad
propia, intencionalidad
que está ya
presente en
el uso pre-analítico
de la noción
de Trieb, y
que se insinúa,
aunque más
no sea en la “manera
de hablar”,
desde las primeras
formulaciones
freudianas
del concepto.
La Pulsión
busca, desea,
aspira a algo."(:::)
la pulsión
sexual, que
haciendo esto
(la extensión
de la sexualidad
otras regiones
del cuerpo)
anuncia su
intención
de controlar
el objeto sexual
en todas las
direcciones."(40) "(...)
pulsiones de
agresión,
cuyo fin es
la destrucción."(41) "(...)
una aspiración
que tiene como
fin la autodestrucción."(42)
La
fuerza y
la energía,
convertidas
en una entidad,
intervienen
para poner
en movimiento
las estructuras,
o más
bien los contenidos,
del psiquismo.
Separar la
fuerza de los
contenidos
objetales -
o desde otro
punto de vista,
proposicionales
- de la psiquis
es una de las
consecuencias
desgraciadas
de la teoría
pulsional.
Como escribió Fairbairn,
el “instinto” o
Trieb, «no
es el estímulo
de la actividad
psíquica,
sino que él
mismo consiste
en una actividad
característica
por parte de
una estructura
psíquica.
El “impulso” (Trieb)
no es, por
así decirlo
un puntapié caído
del cielo a
un yo sorprendido
(...) sino
una estructura
psíquica
en acción».(43) Para Fairbairn “una
estructura
psíquica
dinámica” es
la internalización
de una relación de
objeto.
La “fuerza
pujante
de la Pulsión” es
vista habitualmente,
entonces,
como “atacando”,
o viniendo
a investir,
las estructuras
psíquicas
-instancias,
huellas
mnémicas,
representaciones,
fantasmas,
objetos
(afectos?)-
desde el
exterior
de las
mismas.
Pero ¿exterior
a qué sistema? ¿Al “aparato” psíquico,
o a las
estructuras
endopsíquicas? ¿Se
trata de
una fuerza
somática
o de una
energía
psíquica?
Un psicoanalista
normalmente
sale del
paso diciendo “la
pulsión
es un concepto-límite” y
se remite
a Freud
: "La
pulsión
es entonces
uno de
los conceptos
de la demarcación
entre lo
psíquico
y lo somático."(44) Pero,
evidentemente,
esa no
es la solución
sino el
problema.
Si
nos quedamos
a nivel
del modelo
biológico-analógico
freudiano
la continuidad
entre el
soma y
la psiquis
está postulada
de entrada,
sin embargo
esta continuidad
no hace
más
que acentuar
las dificultades.
La biología
y fisiología
del cuerpo
componen
un conocimiento
integrado
en un modelo
existencial
(empírico),
medible
y experimentable,
la energía
recorre
la neurona
como electricidad,
hay un
potencial
de acción
en la membrana
celular
y péptidos
que hacen
de neuromediadores.
Nadie ha
visto en
un sistema
neuronal
ni una
imagen
interna,
ni una
huella
mnémica,
ni una
representación,
ni un dolor,
ni una
creencia.
La psiquis
es un modelo
heurístico-fictivo,
la pulsión,
sea lo
que sea
a nivel
orgánico,
debe ser
transformada
en otro
tipo de
energía
que no
es físico-química,
precisamente
en “energía
psíquica” (sea
lo que
sea la
energía
psíquica)
y además,
si esa
energía
es cualitativamente
diferenciable
-o libido/
Eros, o
conservación
/ pulsión
de muerte-,
ella debe
contener
algo que
distinga
un tipo
de energía
psíquica
de otro
tipo de
energía
psíquica.
En otros
términos, ¿en
el psiquismo
la pulsión
se presenta
o se hace
representar?
según
los párrafos
de Pulsions
et destin
de pulsions
que citamos
al comienzo
de este
artículo,
ella se
presenta
por sí misma
como “cantidad
de excitación” (y
tal vez “como
funciones
de esta
cantidad” -¿periodicidad,
ritmo?-).
según
el inconsciente
la pulsión
debe ser
representada,
una especie
de mandatario
o delegado
debe ser
enviado
al psiquismo
para que
ella se
vuelva
activa: "Si
la pulsión
no estuviera
ligada
a una representación
o no apareciera
bajo la
forma de
estado
afectivo,
no podríamos
saber nada
de ella."
A
esta
altura
de
la reflexión
debería
ser
claro
que
estamos
a punto
de
caer
en
la
trampa
de
un
juego
de
ilusionismo,
la
energía
psíquica
es
metafórica,
no
es
del
mismo
orden
que
la
energía
físico-química,
y la
representación
no
es
sensación,
ni “percepto”,
no
es
una
impresión
sensorial,
es
una
organización
de
sentido,
tiene
un
significado
intencional.
Como
dice
Freud,
una “moción
pulsional
reprimida”,
-por
ejemplo- " es
una
moción
hostil
hacia
el
padre"(45):
es
decir,
lo
que
esta
reprimido
es
un
sentimiento
de
hostilidad
del
sujeto
hacia
su
padre,
la
pulsión
reprimida
tiene
un
contenido
proposicional.
Entre
los
dos
modelos,
biológico
y psíquico
(un
fragmento
de
res
extensa
articulado
espacialmente
a un
fragmento
de
res
cogitans,
diría
Rorty)
hay
inconmensurabilidad.
Si,
en
otro
esquema,
utilizamos
la
moción
pulsional
como
una
manera
de
hablar
del
movimiento
o de
la
dinámica
de
los
objetos
internos,
o del
fantasma,
la
pulsión
no
será diferenciable
del
deseo.
Lo
que cambia
en el
pasaje de
un modelo
fisicalista a
un modelo
mentalista es
fundamentalmente la
explicación
causal.
Por
ejemplo,
si
decimos
que
Juan
no
tiene
ganas
de
comenzar
por
segunda
vez
el
juego
del
amor,
podemos
dar
como
explicación
la
liberación
masiva
de
endorfina
después
del
coito,
que
sería
responsable
de
la
inhibición
temporaria
de
ciertas
células
del
hipotálamo
;
podemos
decir
también
que
es
un
comportamiento
habitual
en
Juan
por
una
debilidad
constitucional
o
adquirida
de
la
libido
;
o
podemos
decir
que,
conociendo
el
contexto
situacional
de
la
relación
de
Juan
a
María
(su
partenaire
sexual
en
esa
ocasión),
y
el
fantasma
inconsciente
que
podemos
suponer
presente
en
ese
momento
en
función
de
la
historia
de
Juan
y
de
su
relato,
la
inhibición
temporaria
de
Juan
tiene
una
explicación
comprensible.
(Lo
que
es,
además,
psicoanalíticamente interpretable).
En
el primer caso tenemos una explicación
causal de tipo fisicalista por
la cual lo que ocurre en un nivel
(acontecimientos mentales o interaccionales)
es explicado por elementos físicos
(acontecimientos fisiológicos)
; en el segundo caso tenemos
una explicación
causal mágica
por que no conocemos nada de
las relaciones que postulamos
; en el tercer caso tenemos una
explicación
relacional en la que la relación
causal es interna al nivel intencional,
o de significación,
propio de la psiquis humana.
Si en este tercer modo explicativo
introducimos el concepto de fuerza,
-si introducimos la fuerza en
un escenario significativo-,
ella será la
expresión
de las relaciones que ocurren
en ese mismo escenario, y no
su causa.(46)
Todo
lo que es naturaleza, physis,
extensión,
debe ser reconstruido por
un trabajo de significación,
de “mise
en sens”,
et de “mise
en scène”.
La “representación”,
diferenciándola
como hace Freud de la percepción,
es una manera de significar
algo del mundo. El fantasma,
la imagen in absentia del
objeto sensible, en la medida
en que es articulable con
el reenvío
de una cosa a otra cosa, de
un signo a otro signo, es
la clave del pasaje del “placer
de órgano” al “placer
de representación”,
y por ende de la constitución
de la psiquis. Todo lo que
es intencionalidad, significación,
semantismo, exige una mediación
simbólica.
La singularidad de “la
cosa” no
posee significación
propia, inmanente ; la adquiere
por su inclusión
en una unidad de significación,
en un sistema signitivo, y
el signo es una relación
triádica.
El tercero simbólico,
la estructura trina del signo
es irreductible al par, a
une relación
dual. Como dice Peirce "no
se puede analizar una tríada
en díadas".
La acción
física,
natural, la acción
de la materia “bruta”,
se ejerce en su singularidad única
hic et nunc, es analizable
con la categoría
de la segundidad ("secondéité").
La tierceidad ("tiercéité")
es la categoría
del pensamiento mediador,
de la significación.
Volvamos
a la pulsión.
Después
de los cambios teóricos
de 1924 y 1926, el modelo
energético
ha sido vaciado de su substancia
mecanicista. "Hasta
me creí autorizado
a decir -escribió Freud
en 1932- que esta libido
insatisfecha (la libido
desviada de su utilización
sexual) se transforma directamente
en angustia." Pero
hay que reconocer que "no
es la represión
que crea la angustia, es
la angustia que está allí primero,
es la angustia que produce
la represión." Cuando
el varón
frente a "una
reinvidicación
de su libido",
en el amor que siente por
su madre, experimenta angustia
es porque presiente un peligro
: "el
castigo de la castracción,
la pérdida
de su miembro."
Prestemos
atención
a lo que sigue :"una
situación
pulsional temida remota
(se remite), en el fondo
a una situación
de peligro exterior." El "yo
se da cuenta que la satisfacción
de una reivindicación
pulsional emergente provocaría
una de las situaciones
de peligro que recuerda
bien." Es
preciso, entonces que la
carga pulsional sea reprimida,
abolida. "El
yo se ayuda entonces con
una técnica
que en el fondo es idéntica
a la del pensamiento normal" (...) "El
yo anticipa la satisfacción..." "Es
así como
se pone en marcha el automatismo
del principio de placer-desplacer
que realiza entonces la
represión
de la moción
pulsional peligrosa"(47)
La
inversión
con respecto a las primeras
postulaciones energéticas
es notable. La mecánica
de la materia está puesta
al servicio de una situación
interaccional, social
-la interdicción
del incesto-, pensada
como peligrosa. Lo que
pone en marcha el automatismo
del principio del placer
(constancia) es una “idea”,
un fantasma, un recuerdo:
la significación
de un fantasma infantil
anclado filogenéticamente
en un acontecimiento
real.
Otro
ejemplo, -entre aquellos que
no son traducibles
en términos
de fuerza-, lo tomamos
de las fases de la
organización
libidinal, es decir
de las relaciones
que se establecen
entre los objetos
y las zonas oral,
anal y uretral, tal
como Freud las describe
en el resumen teórico
de la Conferencia
XXXII.
De
los objetos que pueden ser
dados como regalo el primero para
el bebé,
es su propia basura,
sus excrementos.
Despreciados “por
el sujeto” al
comienzo, cambian
luego de “significación” (en
realidad de valor),
y se crean una
serie de analogías
entre dinero, niño,
pene (separable),
pezón. "Es
imposible de ubicarse
en los fantasmas,
las ideas súbitas
influenciadas por
el inconsciente
y en el lenguaje
sintomático
del individuo,
si uno no conoce
esas relaciones
situadas en las
profundidades."(48) Evidentemente
todas esas “cosas” diferentes
no se relacionan
entre ellas ni
por la forma, ni
por el color, ni
por el olor, sino
por el sentido,
por la significación.
Aunque “regalo” sea
puesto entre las
equivalencias en
la misma línea
que los objetos
(-basura, en realidad
excremento, -dinero-regalo-niño-pene-),
hacer un regalo
es una acción,
y el ejemplo mismo
de la relación
trina, o triádica,
que no puede ser
descompuesta en
díadas.
Hacer un regalo,
(como "alquilar” o
prestar la vagina
al recto), es una
acción
intencional, que
no puede ser analizada
en términos
de fuerza o de
energía,
sino, solamente,
en términos
de significación.
En esta dimensión
de la psiquis la
teoría
no puede ser construida
más
que en términos
de la dinámica
intencional inconsciente
de una escena fantasmática.
Freud
es plenamente
consciente de
estas dificultades
en la medida
en que cada
referencia global a la teoría
de las pulsiones y a su fundamento
biológico
va envuelta por consideraciones
cautelosas sobre la incertidumbre
de tal procedimiento, lo poco que se
sabe en ese dominio, la necesidad
de suplantar en el futuro
dichas reflexiones por conocimientos
fisiológicos.
Nosotros pensamos que además
de las dificultades propias a toda
teoría
que trate de dar cuenta de
la articulación
entre “estados
del cerebro”,
o del cuerpo y las acciones
humanas comprensivas, que “tienen
sentido”,
hay en la evolución
del pensamiento freudiano dos “obstáculos” que
nacen del épistémè de
su época.
El
primero es la utilización de un paradigma
substancialita-mecanicista para dar cuenta de
la intencionalidad, de la relación de
objeto, del fantasma, de las relaciones histórico-sociales,
triádicas, tanto externas como interiorizadas,
en su dimensión inconsciente.
El
segundo es que el esquema del “aparato psíquico” está construido
sobre el modelo perceptualista-asociacionista
(representativo/cartesiano), teniendo que
dar cuenta de lo “observable” de un acto
discursivo, en su dimensión interaccional
(contexto transfero-contratransferencial),
referencial e histórico (clínica psicoanalítica).
Como
la Pulsión, “inobservable” en la
clínica, es una entidad teorética,
dicha noción vehiculiza postulados
y “leyes” de un campo heterogéneo
e impertinente al semantismo de la psiquis.
Persistir en el empleo de energías
y fuerzas como entidades explicativas produce
múltiples efectos negativos, entre
ellos, uno es la ilusión de creer
que uno comprende algo cuando utiliza el
término “pulsión”, otro,
en el fondo el más grave, es el
de amarrar sólidamente el psicoanálisis
a un pasado caduco.
Nota
sobre los conceptos de la física
Es
necesario tener en cuenta que,
de una manera un tanto peculiar, Freud utiliza,
en algunos casos, los conceptos
de la física y de la mecánica
dándoles una “torsión” que
aumenta las dificultades de comprensión
de una explicación “económica” del
psiquismo.
Por
ejemplo, el concepto de inercia, como es sabido, está en
los orígenes de la descomposición
del movimiento que efectúa
Galileo. El movimiento que es “como
nulo”, el movimiento uniforme,
no tiene necesidad de “motor” para
perdurar. Galileo comprueba "que
un grado de velocidad, una vez
comunicado a un móvil,
se imprimirá de manera
indeleble por el sólo
hecho de su naturaleza, a condición
que sean suprimidas las causas
anteriores de aceleración
o de lentificación." Lo
que más tarde será la
primera ley de Newton, o “ley
de inercia”: "Todo cuerpo
persevera en el estado de reposo
y de movimiento uniforme en línea
recta en el que se encuentra,
salvo si una fuerza actúa
sobre él
y lo obliga a cambiar de estado." Como
lo aprendimos en el liceo.
Sin
embargo, cuando Freud postula el principio de inercia
de las neuronas, lo define como la tendencia fundamental
de la función neurónica “a desembarazarse
de las cantidades (Q)”, a descargarse, “y así mantenerse
en estado de no-exitación." [...] "Por
consiguiente el sistema neurónico se ve obligado
a renunciar a su tendencia original a la inercia,
es decir a su tendencia al nivel = 0. Debe aprender
a soportar una cantidad almacenada ...etc.”(49)
La
inercia no es más, según
esta definición de Freud,
una propiedad del móvil
, sino una función o tendencia
del sistema (Sin entrar a considerar
que, además, el sistema
debe hacer esfuerzos para aprender
a soportar una carga). En este
universo el principio de Newton
es un pariente muy alejado.
Probablemente
la idea que se pretende explicar es la que corresponde
al proceso primario, es decir la libre circulación de la energía
(en realidad del sentido o de la significación según
el desplazamiento o la condensación).
Y
aquí nos encontramos con otra “torsión” de
la energía física. La utilización
de las mismas palabras da la ilusión de pasar sin
escollos de un dominio al otro : por ejemplo “energía
libre”. Freud dice tomar de Breuer el concepto de “dos
estados distintos de la energía de 'investissement',
un estado tónicamente ligado y un estado libremente
móvil, tendiendo a la descarga.”(50) Pero Breuer se mantiene en los limites de la física
al distinguir dos estados de la energía mecánica,
una “fuerza” potencial (que no se ejerce en el momento)
y “una fuerza” en acto, o cinética. Separación
conceptual que Helmholtz (1821-1894) llamaba “fuerzas de
tensión” y “fuerzas vivas”, y otros llamaron “energía
actual” y "energía potencial", o "energía
cinética” y "energía estática";
Breuer las denomina “énergie cinetique” y “énergie
quiescent” (o “tonique”). En termodinámica y en
bioenergética, la energía libre es otra cosa
que se refiere a las conversiones o transformaciones de
la energía en energía química, o en
calor, o en electricidad, o en luz, o en trabajo, en relación
con la entropía. Energie libre de Helmhotz, o energía
libre (ou enthalpie) de Gibbs.
La
energía libre y la energía ligada de Freud
son conceptos sui generis que corresponden exclusivamente
a su propia concepción del inconsciente, y que
si abandonan su connotación económica,
analógica al sistema neuronal, se acomodan sin
gran distorsión, bajo la denominación de
liaison y déliaison, a las relaciones semánticas
de los contenidos mentales.
Bibliografía
(1) Peirce,
Charles S.: Comment se fixe la
croyance. (Noviembre 1877. En: Textes anticartésiens.
Ed. Aubier, Paris, 1984. pp. 271-274
(2) Bachelard,
Gaston: La formation de l'esprit scientifique.
Vrin, Paris, 1980. p. 14. [Traducción castellana
: Ed. Argos, Buenos Aires, 1948. p.6]. Bachelard
agrega : «De una manera muy visible, puede
reconocerse que la idea cientifica demasiado familiar
se carga con un concreto psicológico demasiado
pesado, que ella amasa un número excesivo
de analogias, imágenes, metáforas,
y que poco a poco pierde su vector de abstracción,
su afilada punta abstracta.» p.17 [Edic.francesa:
p. 15].
(3) Green,
André: Pulsing. Encyclopaedia
Universalis France, 1995.
(4) Fairbairn,
W. Ronald D,: Psychoanalytic studies
of the personality. Tavistock Publications,
Londres, 1952 ( cito de la versión en
castellano: Estudios psicoanalíticos
de la personalidad. Hormé, Buenos Aires,
1962,p.44.)
(5) Cf.
por ejemplo: Nouvelles conférences
d'introduction à la psychanalyse.
Gallimard, Paris, 1984. XXXII Conf. p.122
(6) Fairbairn,
R.: Op.cit., p.162
(7) Buenos
Aires, Tomo XIII, N°4
(8) Baranger,Willy: Problemas
del campo psicoanalitico. Ed.Kargieman,
Buenos Aires, 1969, p.16
(9) Vocabulaire
de la psychanalyse. P.U.F.,
Paris, 1967, p.214
(10) Widlöcher,
Daniel: Métapsychologie
du sens. P.U.F., Paris 1986. p.44
(11) Widlöcher,
D.: Lois-ponts et niveaux
d'observation . In: Le cerveau
et l'esprit. CNRS éditions,
Paris, 1992. p.19
(12) Freud,
Sigmund: Métapsychologie
. Gallimard, Paris, 1968. pp.20-21
(13) Ibid.
(14) Por
ejemplo, ver la referencia al "ritmo" (Le
problème économique du masochisme. Oeuvres
complètes. P.U.F., Paris, 1992. Vol. XVII, p.12).
Pero en 1924, la referencia "temporal" ligada à la
cualidad que en L'Esquisse (el Proyecto) de1895 concernía
solamente a las sensaciones conscientes, se vuelve
fundamental, y el carácter cualitativo se extiende
hasta alcanzar al mismo" principio de placer".
La equivalencia entre "principio de constancia" y "principio
de placer" desaparece.
(15) Nouvelles
conférences d'introduction à la psychanalyse.
Op.cit., p.130
(16) Esquisse
d'une psychologie scientifique. In: La
naissance de la psychanalyse. P.U.F., Paris, 1979.
p.339
(17) Métapsychologie. Op.
cit., pp.78-79
(18) Introduction à la
psychanalyse. 1915-1917. Payot, Paris,
1922-1961. p.184. Cf. Ritvo, Lucille B.: L'ascendant
de Darwin sur Freud . Gallimard, Paris, 1992.
p.152
(19) Oeuvres
complètes. PUF, Paris, 1991.
Vol. XVI , pp.263 et 269
(20) Pour
introduire le narcissisme. PUF,
Paris, 1969-1972. p.86
(21) Cf.
por ejemplo el capítulo XLVI: De
las Tinieblas, del Leviatán. Fondo
de Cultura Económica, México,
1940. p. 553. [Des ténèbres,
du Léviathan. Ed.
Sirey, Paris, 1971. p.683]. Las
posiciones respectivas de Boyle y Hobbes
son tratadas en détalle en el
libro de Steven Shapin et Simon Schaffer
: Léviathan
et la pompe à air. Ed. La découverte,
Paris, 1993.
(22) Citado
por Georges Canguilhem en
el artículo Vie de la Encyclopaedia
Universalis, 1995. Vol. 23, 546.
(23) Para
contradecir a Voltaire que anotó en
su Dictionnaire Philosophique: "Les âmes
des bêtes sont des formes substantielles,
a dit Aristote, et, après
Aristote, l'école arabe, et,
après
l'école arabe, l'école
angélique, et, après
l'école angélique,
la Sorbonne, et, après la
Sorbonne, personne au monde." Art.:
Bêtes.
(24) En
Canguilhem, op. cit.
(25) Farley,
John et Geison, Gerald L.: Le
débat entre Pasteur et Pouchet
: science, politique et génération
spontanée au XIXème
siècle en France. En
: La science telle qu'elle se fait.
Ed. La découverte, Paris,
1991, p.99
(26) Le
Moi et le Ca.En: Essais de Psychanalyse. P.B.Payot,
Paris, 1972. p.192
(27) Schopenhauer,
Arthur: Le monde comme
volonté et comme représentation.
PUF., Paris, 1966. Livre deuxième,
p.27.
(28) Nietzsche,
Friedrich: La naissance
de la tragédie . Gallimard
(folio), Paris, 1977. p.32
(29) Cf.
el capítulo sobre
Instinct et pulsión dans
Freud et Nietzsche de Paul-Laurent
Assoun. PUF, Paris, 1980.
(30) Es
interesante subrayar que
la tentativa de sistematización
de 1915 es dependiente
del modelo organicista-energético,
y que no tiene en cuenta
las nociones que la contradicen
explicitadas, una en "Introducción
al Narcisismo" (fracaso
del primer dualismo pulsional)
y otra escrita casi simultáneamente,
en Deuil et mélancolie
( la construcción
del objeto interno).
(31) Métapsychologie. Op.
cit. pp.15 et 17
(32) Gallimard,
Paris, 1987. p.66.
(33) Essais
de psychanalyse. P.B.Payot
Paris, 1972
(34) Pulsión
et destin des pulsions. In
Métapsychologie.
Op.cit.,p.12
(35) Diecisiete
años después
de la Métapsychologie
-Freud tiene
entonces 76 años-
la referencia
a la relación
entre la "observación" y
las "ideas
generales" présente
en la XXXIIè.
Conférence
ha perdido la
agudeza del propósito
: Freud llama
a las "ideas
abastractas" nuestra
concepción,
y las define
como las "representaciones
abstractas correctas" que
deben ser aplicadas "a
la materia bruta
de la observación".
Pero, nos parece
claro hoy en
dia que la dicotomía
hecho/valor debe
ser abandonada
después
del último
ensayo infructuoso
del positivismo
lógico.
Como dice Putnam
: «el vocabulario
que se utiliza
para describir
los fenómenos
es lo que recorta
los fenómenos
en eso que se
llama en consecuencia
los objetos.» [«le
vocabulaire que
l'on utilise
pour décrire
les phénomènes
est ce qui découpe
les phénomènes
en ce que l'on
appelle ensuite
des objets.»]Définitions.
Ed. de l'éclat,
Combas, 1992. p.57
(36) El
término
hipóstasis
debe ser comprendido
en su sentido
habitual peyorativo.
En ese sentido
la hipóstasis
désigna
una entidad,
une abstraction,
fictiva pero
substantificada
y presentada
como existiendo
en la realidad.
El Vocabulaire
de Lalande
dice del verbo
hypostasier
: "transformer
une relation
logique en
une substance,
au sens ontologique
de ce mot." (transformar
una relación
lógica
en una sustancia,
en el sentido
ontológio
de este término)
(37) Trois
essais sur
la théorie
sexuelle. Gallimard,
Paris, 1987.
p.108
(38) "Psychanalyse" et "Théorie
de la libido".
In: Oeuvres
Complètes.Op.cit.,
Vol.XVI,
pp.205-206
(39) Trois
essais
sur la
théorie
sexuelle.
Op.cit.,
p.158
(40) Ibid.
p. 1
(41) Nouvelles
conférences. Op.cit., p.139
(42) Ibid.,
p. 142
(43) Citado
por Harry Guntrip in: Estructura de
la personalidad e interacción humana. Paidos,
Buenos Aires, 1965. p.252 (Original inglés éditado
por The Hogarth Press, Londres.)
(44) Trois
essais. Op.cit., p.83
(45) Inhibition,
symptôme et angoisse. PUF, Paris,
1951/1975. p.24.
(46) Tengo
que excusarme por presentar tan simplificadamente
las relaciones entre los "estados cerebrales" y
los "estados mentales", problema que
suscita actualmente una discusión apasionante
y compleja. Sobre la "causalidad" en
esta problemática
bien difícil, propongo la bibliografía
siguiente, que contiene posicions divergentes:
el artículo ya citado de Widlöcher
sobre las Lois-ponts; Pascal Engel: Causalité mentale
et niveaux de causalité. In
Revue Philosophique. PUF, 1995, N°1; John R.Searle:
L'Intentionalité. Ed.
de Minuit, Paris, 1985 ; Vincent Descombes: La
denrée
mentale. Ed. de Minuit, Paris, 1995 et Les institutions
du sens, même éditeur, 1996.
(47) Nouvelles
conférences d'introduction à la psychanalyse. Op.
cit. pp; 118 et 122,
(48) Ibid., pp.
136-137
"APERTURAS
PSICOANALITICAS": Revista de Psicoanálisis.
Diego
de León 44 "3 izq."
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Autorizada
publicación por: Dr. Hugo Bleichmar
Director “Aperturas
Psicoanalíticas”