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EDITORIAL
 

Un Modelo Psicobiológico en Medicina.

 

La Real Academia Española, RAE define Medicina, como “Ciencia y arte de precaver y curar las enfermedades del cuerpo humano”, y con ello abarca un amplio rango que contempla todas aquellas intervenciones orientadas a identificar, prevenir y tratar con las enfermedades. En consecuencia, su punto de partida es una praxis, y en estricto rigor un acto único cuyo sentido se acota por su propósito, esto es la función de curar –ya quedará para más adelante la metodología del acto de la cura- e implica, en consecuencia un par antitético funcional anómalo: la iatrogenia, que es decir toda alteración dañina del estado de un paciente producida por un curador.

De naturaleza monista, este acto único de índole originalmente órfica cuyos recalculamientos a nivel del cerebelo incluían conductas tales como lamer, soplar, succionar, apretar, incluso hasta golpear en casos extremos, y que se combinaban con otras acciones tales como dar calor o enfriar, dar líquidos, alimentos o hacer ayunar, provocar vómito y purgas, inmovilizar, etc., gradualmente fueron incluyendo el uso de recursos naturales: plantas, hierbas y excremento permitiendo así elaborar aceites, salsas, emplastos y cataplasmas que cumpliesen funciones antipiréticas, laxante, emética, analgésica, sedativas y antisépticas, entre otras. Simultáneamente, este acto incluía aspectos relacionales entre el curandero (médico primitivo, mago, chamán) y el enfermo, que incluían olores, tacto y sonidos, juegos de luces y sombras, movimientos y la personalidad del curador con el propósito de intervenir directamente sobre la noxa o de potenciar los propios recursos de salud del paciente, especialmente –eso sabemos ahora- el fortalecimiento del sistema autonómico e inmunológico y/o la activación de mecanismos órficos anatomoneurofisiológicos (tema casi desconocido en el mundo de la Salud, y que incluye aspectos tales como reacciones asintomáticas, anestesias autogeneradas, teratomas, vasoconstricciones sanguíneas totales, ovulaciones espontaneas o anovulación, entre otros).

Durante su evolución se distinguieron dos ámbitos: el bios y la psiques originándose dos dominios: la somatología y la psicología, ahí donde la primera en tanto somatoterapia se abocaba a la atención de los aspectos orgánicos: anatómicos, fisiológicos de primer orden, sistémicos de primer orden, y las interrelaciones más inmediatas y directas de sus órganos; léase cirugía, posología, odontología, kinesiología, y toda la lista de logías que conocemos en la actualidad; en tanto que la segunda, se orientaba a los aspectos psicológicos aunque en sus distintos momentos se llamase magia, religión o mitología, las que en tanto psicoterapia combinaban elementos que hoy en día definiríamos como cognitivos conductuales, sistémico, representacionales y/o lingüísticos, también de primer orden. Huelga decir que la forma que estas intervenciones adoptaban más o menos “científicas”, más o menos “chamánicas”, guardaban una relación solo tangencial con el acto curativo toda vez, que ellas eran parte de un sincretismo médico rara vez estudiado.

Ahora, ¿cómo este acto curativo dio origen a una sistema “dualista”?, es algo si bien latamente documentado en la amplia bibliografía filosófica, histórica, científica y epistemológica existente resulta ser una interrogante aun no resuelta: la utilidad de dicho dualismo es sin duda indiscutible, su perversidad también lo es; y en consecuencia muchos de los supuestos surgidos de esta primera división mente-cuerpo son más propio del dominio de la religión o de la filosofía en su dimensión conjetural que de la ciencia. El pensamiento dualista de la materia y el espíritu se ha fundado en una creencia: el pensamiento lógico (1 y 0) y no tetralógico (1, 0, f(1)=0, f(0)=1) y se ha ido convirtiendo en un “principio” que a través del tiempo (considerando generalmente un tiempo “secuencial” que no “consecuencial”, o lo que es lo mismo sin vox temporare) bajo diferentes argumentaciones, racionalizaciones e intelectualizaciones ha logrado insertarse en la estructura de pensamiento contemporánea cual un juicio tautológico, que de tanto repetirse hubiese adquirido el estatus de verdad.

Algo que debe reconocerse, no obstante, es que la presunción de este “dualismo” marcó una distinción no menor entre la macro-materia, es decir todo aquello que podía ser percibido y conocido a partir de los sentidos exteroceptivos: tacto, visión, oído, olfacción, gusto; y la micro-materia, es decir de todo aquello que pertenecía al dominio de los sentidos interoceptivos: sensaciones, dolor, temperatura, emociones y, también, de aquello que estaba por encima o debajo de los umbrales exteroceptivos; e inauguró de paso la distinción entre lo objetivo y lo subjetivo. Adicionalmente si consideramos que la Realidad, es decir el conjunto de las “cosas” para el humano es cognoscible a partir del conocimiento de la particular “conjunción constante de datos y del hecho significativo” de una “cosa”, y que ésta, a su vez, es susceptible de ser conocida a partir del uso de un mismo sentido por diferentes organismos, o por el uso de varios sentidos simultáneamente en un mismo organismo (Bion W.), la Medicina ya por el hecho de ser una “cosa-acción”, expresada como “función” encontraría en dicho dualismo un terreno propicio para la construcción tanto de conocimiento valido como de ilusiones pseudocientíficas.

La expresión máxima de este dualismo ha sido el desarrollo de un modelo biológico-mecanicista, por un lado y de un mundo religioso, que es decir mágico-simbólico, por otro; el primero para la cura del cuerpo y el segundo, la del espíritu. Que dicho dualismo hubiese permitido cumplir con el propósito de curar y generar conocimiento pertinente es un punto indiscutible, que paralelamente esto ocurriese en un marco plagado de engaño, ilusión, abuso e iatrogenia, también. El conocimiento de la función curativa de las plantas, del fortalecimiento del sistema inmunológico, de la neutralización de los elementos patógenos, ha ido a la par con intervenciones médicas placebos, auto sugestivas e inclusos punitivas, como lo testimonian las trepanaciones, las sangrías, los electroshocks, la lobotomía, la hemiesferectomía por citar algunos casos emblemáticos; al igual como el temor a las penas del infierno como consecuencia de los “pecados” asociados al descontrol sexual, fue un gran regulador de la proliferación de las enfermedades venéreas, del abuso de la conducta autoestimulatoria para otros fines no psicosexuales: abandono, frio, hambre, etc.; o de la sexualización precoz de los vínculos humanos, aunque miles de personas vivieran enclaustradas en conventos como modo de preservación de su virginidad, se les hiciera una clitoridectomía o infibulación, o vivieran aterrorizadas por el simple hecho de sentir pulsiones eróticas genitalizadas.

En la actualidad este doble estándar aún se conserva solo que enmascarado en narrativas que tal como ha ocurrido en cada momento histórico, se hacen parte del “aire del tiempo” como por ejemplo ciertos tratamientos farmacoterapéuticos, electroconvulsivos, o la misma cirugía plástica para la somatoterapia, o los discursos homofóbicos, antiabortivos o antieutanásicos para la dimensión del espíritu, alma o psiquis. En concomitancia, el discurso medico biologicista pareciera estar alcanzando un punto crítico tras un reduccionismo mecánico que agotado en la premisa de evitar el dolor, desatiende significativamente las repercusiones iatrogénicas subyacentes a sus modalidades de intervención, desestimando el impacto y significado de los efectos colaterales -o efectos secundarios- o abordándolo con la misma metodología: un fármaco para cada síntoma. De tal suerte la función del síntoma como reacción defensiva del organismo a la hora de lidiar con un patógeno, se enajena tras la ilusión espacial de que la ausencia de síntoma es sinónimo de sanidad. En su paralela, el discurso psicológico se ha atomizado en corrientes que exacerban una dimensión de análisis por sobre otra, intentado coexistir pacíficamente unas con otras, cuando no de reducir toda manifestación psicológica a su propia visión tras una narrativa sobresaturada de abstracciones híperelaboradas o intentado en un pie forzado ajustarla con un modelo científico convertido en un instrumento hegemónico.

Sandor Ferenczi y Georg Groddeck desde vertientes complementarias de pensamiento visualizaron principios del suceder organísmico que dan fundamento de un nuevo Marco Psicobiológico en Medicina, el Bioanálisis o Modelo Bioanalítico. De raigambre profundamente monista la consideración de una unidad indivisible soma-psique, de un sistema de organización de niveles jerarquizados, y la inclusión de un tercer estrato somatopsíquico: el cerebelo o cerebro-reptilíneo, base del funcionamiento órfico -y que estamos investigando en torno al Modelo Triuno del Cerebro-, son algunas de las derivaciones que surgen de la profundización de ambos autores.

El marco conceptual del Bioanálisis, viene a aportar una mirada diferente toda vez que de él deriva un conocimiento que aspira a restituir la condición originaria de la medicina: somatológica y psicológica; y de su praxis: terapia y psicoterapia, tanto en su dimensión preponderantemente biológica, psíquica y/o psicosomática, toda vez que considera los grados y modos de presentización clínica de uno u otro factor. Entendemos que bajo este nuevo modelo psicobiologico en Medicina subyacen originales relaciones entre las teorías psicológicas y las biológicas, que contribuirán a sentar las bases para el desarrollo de un punto de vista holístico que supere la división cartesiana cuerpo-mente, anticipando el cambio de paradigma que regulará el conocimiento de la Salud del futuro, enriqueciendo el diagnóstico y los métodos de tratamiento, toda vez que permita, además, identificar las diferentes proporciones en que interactúan ambas dimensiones en todas y cada uno de las injurias y noxas humanas.   

Freud, Groddeck y Ferenczi fueron sujetos órficos; no obstante el primero declinó dicha condición para siendo “el hombre de su siglo” construir un modelo conceptual que durante décadas iluminó el acontecer de lo psíquico: su mérito es indiscutible, su pensamiento –seguidores más, detractores menos- archiconocido. Los otros dos, si bien han sido considerados como los pioneros de la Salud del siglo XXI, no hipotecaron dicha condición sino la buscaron incansablemente: el primero en el concepto del “Ello”, y el segundo “atomizando el alma” hasta llegar al “wise baby” y “Orfa”. No obstante, sus pensamientos en lo más hermenéutico y revolucionario siguen siendo desconocido y generalmente mal reflexionados, más allá de eso, un eco surca en el devenir de los tiempos en el cual parece resonar el comentario freudiano: “Es demasiado para una sola vez, lo releeré pasado un tiempo”, y para luego susurrar: “es probable que efectivamente llegue a existir un “bioanálisis” como Ferenczi lo anuncio. Y el tiempo llega..

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