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Un encuentro paradigmatico...
Desde Octubre a la fecha, hemos estado decantando el cúmulo de experiencias vividas durante nuestra participación en la Séptima Conferencia Internacional Sandor Ferenczi en Buenos Aires durante el 2009, titulada "Introyección, Transferencia, y el Analista en el mundo contemporáneo”. Comenzamos con el reconocimiento de la meritoria puesta en escena y sus ingentes esfuerzos plasmados en una impecable realización logística, enriquecida con aquel clima humano y personal que suele impregnar estos eventos, y que en esta ocasión no lo fue menos; continuamos con la sustantiva calidad de las presentaciones, tanto en su globalidad como singularidad abarcando temáticas muy contingentes e hilvanadas con sutil inteligencia, hasta recordar algunas presentaciones que por si sola justificaban la estadía en el Congreso; nos detuvimos en cuatro interesantes eventos: la muy querible intervención de Horacio Etchegoyen frente a la comunidad de asistentes que en una cantidad de casi doscientos personas pudieron honrar su inagotable, y también fructífera misión de preservar el pensamiento ferencziano en la Argentina; la proyección de un video realizado para la televisión húngara sobre Ferenczi con la participación de destacados miembros de la sociedad húngara ferencziano y una entrañable y fugaz aparición del analista; la presentación oficial de la Asociación Cultural Sandor Ferenczi, presidida por Pedro Boschan, la que si bien había sido constituida hace ya más de un año, formalizaba, de esta manera, oficialmente su constitución como una entidad llamada a liderar la presencia de Ferenczi por estas latitudes y, finalmente, la constatación de la presencia de los estimables trabajos de Franco Borgogno en numerosas ponencias y disertaciones.
El encuentro contó con representantes venidos desde distintos países, con más de 42 presentaciones, organizadas en paneles y grupos pequeños de discusión que durante esos días nutrieron y enriquecieron las lecturas, trabajos e investigaciones que muchos veníamos desarrollando desde nuestros ejercicios profesionales; y devino en una fructífera oportunidad de encontrarnos, conocernos, compartir conocimientos y experiencias, y de avanzar en la senda de profundizar novedosas líneas de pensamiento. Fue a su vez, un refrescante reencuentro con los originales y visionarios planteamientos ferenczianos, tanto en la teoría como en la praxis clínica, presentizado en la insoslayable conclusión de que una clínica psicológica y psicoanalítica del siglo XXI es impensable fuera del marco ferencziano, y de que en algún momento, más temprano que tarde, se instaurará definitivamente la noción de que el fundamento último de toda terapéutica atinge a la relacionalidad de dos personas, y que en consecuencia el tema-eje de la real comprensión de las vicisitudes de la naturaleza del encuentro humano parecerá ser algo que lentamente se instaura desde el crisol de las intelecciones ferenczianas.
Su visión monista, sustentada en un marco dentro del cual más que un determinante último, único y absoluto, se despliega un modelo de niveles múltiples, estratificados y jerarquizados desde lo etológico, lo relacional, lo vincular, y lo intrapsíquico, que permite levantar numerosas interrogantes, así como sus respuesta tentativas –tal como él lo testimoniaría a lo largo de toda su vida- se vio articulada a través de originales propuestas que muchas presentaciones encarnaron en una notable amalgama de elaboraciones teóricas matizadas con pertinente casuística clínica. En consecuencia que dichas exposiciones logren plasmarse en un texto parecería una consecuencia natural, y que por esta vía dicho material se pueda poner al alcance de quienes no saben de ello, un anhelo inevitable.
Finalizamos estas evocaciones, desde la conciencia del siglo transcurrido desde que la pluma del analista húngaro empezara a concebir ciertas ideas –desde, para, con y a pesar de Freud- que subvierten el orden de lo psicoterapéutico y lo psicológico, pues ahí donde en última instancia, sus conceptos representan una estructura sustantiva y popularmente sabida a lo largo de los tiempos, como aquella de que el amor es posible; Ferenczi nos viene a hablar entre líneas sobre la diferencia entre el Amor en tanto retórica de control y dominio al servicio del abuso y la explotación, o en tanto experiencia emocional genuina organizadora del aparato mental; del Amor como grandilocuencia engañosa en tanto formación reactiva de la furia y del odio, y del Amor en cuanto experiencia afectiva de la capacidad de cuidar al otro y del propio autocuidado, y finalmente, de lo ilusorio del Amor como acto de voluntad, y del valor del mismo como experiencia emocional genuina congruente con una historia consistente o con el aprendizaje que su ausencia es capaz de generar.
Por todo lo anterior y en consonancia con las consideraciones antes delineadas, huelga decir que el Congreso no solo fue un notable evento para quienes participamos en él, si no que también fue participar en la construcción de un nuevo quantum, de una nueva momento en un continuo histórico que se viene construyendo a partir de este Renacimiento de Ferenczi, tras el cual intuimos la maduración y asentamiento de una mirada integradora que considere dentro de un revolucionario marco clínico no solo una nueva clarificación, clasificación y organización dentro de un continuo diagnóstico y terapéutico, sino también la consideración de la propia presencia y la tormenta de emociones que participan del acto curativo que es ese acto del encuentro entre dos, tres o mas seres humanos.
INDEPSI
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al News 19-45
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