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EDITORIAL
 

Y… ¿si las esquizofrenias fuesen tratables?

No deja de ser curioso que recorriendo las modalidades de intervención desarrolladas a lo largo del tiempo, situando su origen en las tempranas intervenciones terapéuticas del “Hombre de los lobos” (Freud), y el “Pequeño Arpad” (Ferenczi), pasando por las modalidades de la Antipsiquiatría, las terapias familiares y los tratamientos médicos: electroshock, lobotomía y comas insulínicos incluidos, hasta las intervenciones farmacológicas de primera y segunda generación, estos esfuerzos –de mayor o menor penetración social–, reflejen cierta dosis de esterilidad a la hora abordar el tema de la cura en esquizofrenia y psicosis funcionales en general.

Mas curioso es aun que los reportes de tratamientos llevados a cabo con relativo éxito, descansen olvidados en viejos estantes o en libros descontinuados que muy pocos leen y con los cuales uno se topa solo después de arduas búsquedas no exentas de dificultades; y más curioso aun que durante esas búsquedas uno tropiece con que la mayoría de las referencias hacia esos textos -donde ciertos procesos curativos resultaron en curas terapéuticas- generalmente desmientan su valor terapéutico, habitualmente negando la condición clínica original del paciente y/o cuestionando la integridad e idoneidad del tratante.

Así un cierto discurso oficial continua cosificando el trabajo con pacientes extremadamente perturbados, considerándolos incurables, atribuyendo a un supuesto factor genético la condición anómala –con la consecuente negación de cualquier posibilidad de cura, y una curiosa y encubierta validación de la intervención farmacológica- restringiendo el dominio de la intervención clínica solo al control sintomático, y secundariamente a un cierto factor de apoyo a través de medidas de educación, intervenciones psicosociales, y rehabilitación social de dudoso impacto terapéutico.

Así la psicosis, como entidad mórbida se enquista en torno a un extraño terreno donde la incurabilidad pareciera ser su destino, y en consecuencia la aminoración de su sintomatología el unico norte. Y, por esta vía el estudio y la reflexión sobre el tema se restringen, y la investigación se circunscribe cada vez más en torno a la intervención farmacológica con todo lo de desconocido que aun ofrece ese dominio, y con su peligrosa dependencia del mercado farmacéutico.

Por ello no es de extrañar la aludida esterilidad que rodea a la terapeutica de las psicosis como estado general, ni de que de ella solo se desprenda la afirmación de la imposibilidad de cura y/o una cierta esperanza de cura surgida a partir del conocimiento que del proyecto Genoma se pueda derivar. Sin embargo, no es un despropósito postular que dicho proyecto lo primero que deberá dilucidar es la vieja dicotomía Darwin-Lamarck, en relación a si las estructuras genéticas son constantes o mutables en la ontogenia, y si fuera el caso de lo segundo -algo aparentemente silenciado como tema de estudio a través del tiempo- en que medida los fármacos en tanto agente intrusivo altamente sofistificado participan en ello.

Sin embargo lo anterior no ha logrado acallar otras voces subterráneas que tenazmente sobreviven y se transmiten de generación en generación, ofreciendo una mirada diferente sobre las psicosis, generando hipótesis distintas y articulando sobre ella una praxis en torno a la cual se asientan curas terapéuticas. Discursos que hablan de complejas conductas con sentidos, de un trabajo de hipersimbólización en un marco de comunicación complejo, de pautas especificas de organización de la mente a partir de experiencias criticas en momentos únicos de su organización; de ciertas particulares dinámicas del acontecer psíquico –con su concomitante impacto en el orden de lo somático-; y particularmente de específicos factores intersubjetivos tanto en su instauración como en su erradicación, y en consecuencia a ello de una particular metodología propendiente a la “cura” terapeutica”, donde el factor vincular e intersubjetivo aparece como fundamental.

Por ello es menester invitar a la consideración de los aportes de los pioneros y precursores olvidados, rezagados y marginados a lo largo del tiempo; reconocer y rescatar sus intuiciones, hipótesis y desarrollos teóricos considerándolas a la luz del saber actual. Continuar la investigación mas silenciosa, casi marginal de aquellas directrices originales que desde Freud; Ferenczi, Abraham y Groddeck inauguraron un dominio que ha seguido derroteros más criticados que cualquier otra vertiente del conocimiento en Salud Mental, y reencontrar la senda trazada por continuadores, tales como F. Fromm Reichmann, H. Rosenfeld, H. S. Sullivan, J. Rosen; K Meninger E. Pichón Riviére, G. Pankow, y tantos otros.

Conocer y explorar los desarrollos emergentes pero aun inconexos que exploran el tema de las psicosis en nuestro tiempo, a la luz de los reportes asociados a intervenciones clínicas que revelan relativos grados de éxito, y así explorar los determinantes subyacentes a estas intervenciones. Distinguir entre la teorización y las implicancias prácticas: técnicas y paramétricas de dicho quehacer para acercarnos a una clínica eficaz de los trastornos más severos en el dominio de la Salud Mental. Tal vez por esta vía logremos reconciliar la brecha abierta hace casi ya un siglo, entre un Freud, soberbio teorizador del acontecer psíquico, y un Ferenczi vehemente adalid de la búsqueda de los factores curativos del padecer psíquico -brecha que transversalmente recorre el dominio de la Salud Mental comprendiendo también el mundo de lo psicótico y sus manifestaciones-.

Es probable que por esa vía, lleguemos a fundamentar una respuesta aun pendiente a esta interrogante legítimamente formulada, acerca de la tratabilidad de las esquizofrenias y psicosis funcionales en general. También es probable que en ese lugar se juegue un aspecto nuclear de todo ejercicio psicoterapéutico, cual sería que la personalidad del psicoterapeuta en una variable fundamental en el proceso de la cura, y que dentro de ello su nivel de maduración emocional un aspecto nuclear. Mas particularmente aun, es posible hipotetizar que será en ese lugar donde entendamos que la intersubjetividad necesaria para llevar adelante ese proceso se sitúa en uno de esos pocos lugares que la falseabilidad del lenguaje y de la sensorialidad no pueden alcanzar, y donde recién empecemos a entender las reales vicisitudes de la naturaleza del encuentro vincular infalsificable, antesala de la experiencia de Amar.

 

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