Este relato, que Margaret I. Little nos ofrece sobre su análisis con Winnicott en el presente libro, es a estas alturas ya casi un texto paradigmático; primero por que dada las escasas referencias de Winnicott a sus procedimientos clínicos con adultos, este corresponde a una descripción de primera línea de la terapéutica winnicotiana; segundo por que testimonia experiencialmente lo contingente del actual debate entre rememorar-reeditar, como un elemento sustantivo en el desarrollo de ciertos procesos terapéuticos; tercero aunque mas subrepticiamente, por que el texto mas que reflejar el curso de un paciente en un proceso psicopatológico, y que muchos llamarían “fronterizo o borderline” testimonia –a nuestro juicio- el derrotero recorrido por una mente singular, que a la par que desarrolla una existencia con sentido regulada por el logro y el goce creativo: terapeuta en ejercicio, vinculada a grupos de referencia, llevando adelante una existencia en sus respectivas áreas vitales: trabajo, familia, pareja, social; paralelamente abre una dimensión a su propio proceso curativo, buscando hasta encontrar el lugar y el actor con quien iniciar un proceso regresivo que permita a las memorias: las escritas en el cerebro, las grabadas en el cuerpo, recorrer el camino vía compulsión a la repetición y retorno de lo reprimido, para finalmente alcanzar la regresión, que le ofrezca la oportunidad de acceder a las experiencias traumáticas, tramitarlas, elaborarlas y metabolizarlas para generar el aprendizaje de la experiencia necesaria a toda existencia real; y finalmente por que en una particular lectura, el testimonio de Little conjuga de un modo único los conceptos tanto de Groddeck sobre los alcances del Ello, y la relación de éste con la función del Yo -un “Ello viviéndose a través de un Yo”-, y del modelo del desarrollo de la mente ferencziano, sus mecanismos, estadios y configuraciones, por un lado y su propuesta clinica, como quiera que se la llame: activa, de relajación, mutual, relacional, intersubjetiva, bioanalítica o cualquier otro calificativo, por otro.
Difícil será a estas alturas, realizar distingos entre Winnicott y Ferenczi; el primero lideró un cambio paradigmático en psicoanálisis y no reconoció particular afinidad hacia Ferenczi; el segundo solo recién empieza a ser leído con mayor detención, y sus conceptos de autotomía, utraquismo, bioanálisis, amfimixismo y otros aun son desconocidos por la mayoría. Quienes hemos estudiando en profundidad a Ferenczi nos cuesta a veces encontrar la originalidad paradigmática de posturas posteriores, -exceptuando a Bion, en quien si encontramos algo inédito a cualquier otro pensador- no obstante reconocemos y aprendemos de la ampliación de su línea de pensamiento y del surgimiento de aportes específicos que han profundizado mas aun el saber ferencziano; y creemos que ello no es para nada un mérito menor.
Así, el libro de Little, nos ofrece un testimonio de primera línea de la aproximación winnicotiana a la clinica psicológica, y traza un puente aun por recorrer en la exploración de este nuevo paradigma, que abriéndose a la dimensión de los estructurantes del aparato psíquico encuentra en la configuración de los objetos internos a partir de su interacción con el ambiente los fundamentos del desarrollo de lo psíquico, y da paso la promulgación de una forma de hacer clinica, que ya latamente venia desarrollándose desde Ferenczi en adelante, pasando por Groddeck, Sullivan, Fromm Reichmann, Pankow, Sechehaye, Balint y otros, que en lo sustantivo habían incorporado los parámetros de la técnica activa y del mutualismo ferencziano.
Ferenczi, formuló como segunda ley de un psicoanálisis, que ningún terapeuta podría acompañar a su paciente a un nivel de desarrollo mayor que el que él poseyera; y por esa vía entendió la necesidad del autoanálisis como trabajo personal; la personalidad del terapeuta como una dimensión vital en el acto curativo, y la autenticidad, honestidad, amor a la verdad como parámetros técnicos de lo curativo; y en consecuencia el reconocimiento de la propia humanidad, -dejando entrever dos conceptos como el espíritu y el alma con su aun pendiente roca de lo biológico- como factor fundamental de la cura.
Este libro de Little, es en ultima instancia, no solo un retrato casuístico-didáctico del ejercicio clínico de Winnicott y del locus del conflicto de lo fronterizo, sino particularmente un reflejo vivido de dos espíritus, uno capaz de crear las condiciones y acompañar por los vericuetos de la sanación; y otro, con la valentía, fortaleza e inteligencia de cumplir con el precepto griego de “conócete a ti mismo” para lograr por esa vía encarnar una existencia. Una comparación con el texto de Izette de Forest “La catalización del Amor” vendrá a enriquecer mas aun la mirada que estos notables terapeutas, y también notables pacientes, nos ofrecen sobre la naturaleza ultima del acto clínico a partir de sus propios testimonios experienciales.
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