Considerando que un alto porcentaje de la población en general atribuye el origen de muchos malestares al órgano del hígado, Luis Chiozza desde su condición de medico y psicoanalistas aborda la exploración de estas patologías desde lo psicosomático, con elaboraciones que de tan revolucionarias han abarcado consideraciones del acontecer psíquico que alcanzan una original perspectiva histórica-genética del psiquismo fetal.
En el presente libro, el autor comienza planteando como los procesos de desarrollo y patológicos del yo, interactuarían dinámicamente con “lo hepático” contribuyendo a la “materialización” de las “ideas”, postulando una ampliación del concepto de fijación a niveles fetales, abarcando estado tales como el letargo, la melancolía, la manía y el duelo, y formulando novedosas hipótesis sobre el origen de ciertas fantasías específicas acerca de los órganos y sus funciones.
Esta línea de pensamiento nutrida de las obras de Freud, Barilari, Seguín, Rof Carballo, Mira y López, Racker, y otros, pero por sobre todos de Von Weizsaëcker, desarrolla una concepción psicosomática, matizada con una gran variedad de enfoques, los que se ven reflejados en esta publicación dividida en cuatro partes: una primera que desarrolla algunos aspectos teóricos donde se explicitan los contenidos “psicológicos” de los trastornos hepáticos, proponiendo algunos postulados básicos, sin los cuales, -el autor plantea- cambiaría el objetivo principal de esta obra, a saber: que el pensamiento o la emoción conciente constituye una mínima parte de lo psíquico, ya que en un sentido amplio, todo lo que “anima” a todos los seres vivos, es lo inconsciente, representado como una “totalidad” contenida en los genes, constituyendo este aspecto la “interioridad”. En este sentido, el estar “enfermo” o el hablar del hígado, convertiría a éste (hígado) en un objeto interno segregado, disociado, convirtiéndose en un personaje, con el cual el sujeto dialoga consciente o inconscientemente, y además quedando en ese inconsciente una asociación hacia los padres (en una fijación a la imago madre-mala en una regresión oral-digestiva), hecho que produciría una fractura al yo.
En la segunda parte, el autor explora notablemente el significado del hígado en el mito de Prometeo, considerando que los simbolismos constituirían órganos de la realidad, mediante los cuales “lo real” puede llegar a convertirse en un objeto de captación intelectual y, como tal, resultar visible para nosotros. El mito en sí relata la historia de Prometeo, un titán el cual le roba fuego a Zeus (rey de los dioses), para dárselo a los hombres, obteniendo así éstos, una chispa del fuego divino. La pena aplicada por Zeus a causa del robo, fue la de ser encadenado a una montaña en donde un águila que sobrevenía cada día, le devoraba el hígado el cual le volvía a crecer cada noche. En la tercera parte delimita las nociones del concepto “interioridad”, definiéndola en primera instancia como una profundidad no espacial, que denominaría lo singular, lo subjetivo y que hace de todo ser vivo “lo que es”. Desde una perspectiva cualitativa, el autor plantea la necesidad de sustituir los métodos adquiridos por los investigadores que de paso a un tipo de recolección de información que contemple el reino del sentido profundo de las cosas, de un modo crítico y depurado. Para él, los trastornos hepáticos existirían siempre como resultado de algo que ocurriría en el cuerpo, pero también como representantes o equivalentes corporales de algo que ocurre en lo psíquico.
La cuarta y última parte, la dedica el autor a ubicar “lo hepático” en un esquema teórico estructural, destacando en primer lugar los postulados de la posición esquizo-paranoide de Klein, que plantean que: “la proyección del instinto de muerte por el yo del recién nacido, proporciona la base y el motivo, para una disociación sobre el modelo prototípico de la relación con el pecho, como objeto malo y otro bueno idealizado”, sucesos que constituirían el núcleo primitivo del superyó, además de contribuir a la inclusión de un concepto clave: la disociación. En este sentido Chiozza plantea que Freud en los artículos “Introducción al Narcisismo” y en “Sobre algunos mecanismos neuróticos…”, proporcionaría las bases suficientes para pensar la existencia de una etapa anterior a la descrita por Klein, denominada disociación primaria, ya que Freud al hablar de los orígenes del superyó en el ello, planteando que: “el niño se identificaría “directamente” -filogenéticamente condicionado- con las imagos primitivas de ambos padres, previo a toda catexis de objeto externo”, suceso es sí, que configuraría un mundo exclusivamente ideal, mágico y omnipotente, donde reinaría el principio del placer de manera absoluta, negando la realidad después del nacimiento. Finalmente desde este marco teórico Chiozza aborda interesantes consideraciones acerca de la Protomelancolía, y lo que él denomina Carácter Hepático, así como su fijación regresión.
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