Este libro traducido al español del original The White Hotel, en una traducción de Jaime Zulaika, y que ha llegado a ser considerado uno de las mejores novelas del siglo XX -a pesar de su desconocimiento general- en tanto una interesante mirada postmoderna de nuestra sociedad, resulta ser una obra curiosa y a la vez inquietante. Ella es una novela sobre una paciente de Freud, que comienza con una serie de cartas de éste -falsas, por supuesto-, y termina con una descripción minuciosa de una matanza en un ghetto ruso. Todos los relatos, aparentemente, tienen vinculación con los hechos históricos reales, aunque la novela, en cambio, en tanto desbordando el género, no corresponde a una novela histórica.
A partir de un caso clínico comentado por Sigmund Freud en su epistolario -ficción tan verosímil como la realidad misma- D. M. Thomas nos propone una conmovedora trama en la que confluyen el más desbordado lirismo y la marcha inexorable de la historia. Vida privada y vida colectiva se integran, de esta forma, en la misteriosa imagen del Hotel Blanco, metáfora recurrente en las fantasías eróticas de la protagonista. El relato arranca del período posterior a la primera guerra mundial: la cantante judía Lisa Erdman (que Freud menciona bajo el nombre supuesto de Anna B.) expresa por escrito sus más íntimos conflictos en el curso de la terapia, a medida que va superando los dolores histéricos que la aquejan, llegando incluso a conseguir reconstruir su vida afectiva en una nueva unión que la llevará a Kiev, donde quedará envuelta en la vasta tragedia de la segunda guerra mundial. En una descarnada descripción de la bárbara matanza de Babi Yar, la patética figura de Lisa se enriquecerá con perturbadores matices al evidenciarse la naturaleza premonitoria de sus antiguos sufrimientos.
Esta notable recreación histórica e ingeniosa creación, da paso a un refinado análisis y libre exaltación erótica, donde su autor plasma en un texto de sólido virtuosismo poético: humor y ternura, ironía y vigor narrativo encadenando a lo largo de sus páginas una visión que en tanto ficción verdadera, es decir, exploración de la casi imperceptible franja que separa ficción de realidad, o imaginación de certidumbre -cuyo precursor remoto es Stendhal y su precursor más cercano Borges-, impregnan esta gran novela contemporánea.
La celebridad de D.M. Thomas, considerado uno de los más imaginativos, humanos y mejor dotados autores de la literatura británica actual, alcanza con esta novela una intensidad, que hace comprensible el impacto del holocausto a su particular sensibilidad, tal como lo reflejara su autor en España en 1981 al presentar la primera edición de esta versión castellana, cuando comentó: “De algún modo –dice- todos vivimos en el hotel blanco, y siempre hay un holocausto personal. De todas maneras, la muerte es irremediable y viene a significar, a nivel individual, la metáfora de lo que fue el holocausto a nivel histórico”, agregando luego “En contraste con él, el análisis de Freud significa, el cuidado por los seres humanos. En veinte o treinta años, el hombre se movió del mundo humanizado de Freud al deshumanizado de Hitler”, y eso es precisamente lo que refleja en esta novela.
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