El
Modelo Bioanalítico corresponde a una particular visión acerca
de la conducta humana, surgida de las revisiones del pensamiento
de Sigmund Freud elaboradas por Sandor Ferenczi y que han dado
origen a las teorías de las Relaciones Objetales, a la Psicología
del Yo, al psicoanálisis biológico y psicosomático y a los desarrollos
bioenergéticos de Reich, Lowen y los terapeutas corporales en
general.
Como
marco conceptual el trabajo desarrollado en INDEPSI se sustenta
en la continuación del pensamiento Ferencziano, del cual surge
el concepto de lo BIOANALÍTICO, a partir del principio Ferencziano
del "Utraquismo". Lo Bioanalítico se refiere a "la
integración del discurso de lo biológico con el discurso de
lo psicológico, uno, el otro o ambos", concepto que permite
ligar tres dimensiones básicas del fenómeno de la conducta humana:
(1) la Fenomenología, de la cual rescata el modo como
el dato observable se presenta a la conciencia, su presencia,
los modos de aprehensibilidad posibles y los intentos por situar
las cualidades del "hecho" en un orden cognoscitivo,
esto es, como son estudiados desde la perspectiva del sujeto
de conocimiento; (2) la Bio-Psicología, de donde se recoge el
orden de la ciencia natural, los aportes de la medicina psicosomática,
neurología, fisiología, y el conjunto de disciplinas que, -a
través de una metodología experimental- describen los procesos
mecánicos, físicos o químicos que fundan o se correlacionan
con determinadas expresiones conductuales (genética, etología,
psicofisiología, etc.); y (3) el Modelo Psicoanalítico del cual
recoge un conjunto de conceptos fundamentales, tales como: inconsciente
dinámico, estructura del aparato psíquico, desarrollo psicosexual,
concepto de energía, proceso primario y proceso secundario,
relaciones objetales tempranas y en general gran parte del acervo
psicoanalítico que conserva sus relaciones con aspectos biológicos
y neurológicos, así como con las descripciones clínicas y dinámicas
de los seres humanos.
Así,
a partir de estos tres pilares fundamentales el MODELO BIOANALÍTICO
pretende un desarrollo integrativo de manera tal de abarcar
una comprensión holística de la conducta humana.
Esta
concepción deriva, en una primera aproximación, en el encuadre
eminentemente clínico denominado por Sandor Ferenczi "técnica
activa" o "análisis mutual", la que en la actualidad
y tal como es entendida en INDEPSI enfatiza la función diagnóstica
como variable fundamental para el ejercicio psicoterapéutico,
desde la perspectiva de que es el diagnóstico clínico lo que
determina la estrategia de enfrentamiento de un caso, y que
los distintos enfoques técnicos se acercan con mayor o menor
propiedad a una clínica eficiente, debiendo ajustar el parámetro
técnico de intervención a las características diagnósticas específicas.
En este sentido, el Modelo Bioanalítico se adscribe a una visión
paradigmática e integradora del quehacer clínico.
Epistemológicamente
este modelo está organizado en relación a dos conceptos centrales:
"Principio de Realidad" y "Materialidad",
en torno a los cuales se construye un discurso que intenta dar
cuenta de una serie de eventos propios del ámbito de la psicología
clínica tomando como concepción básica el principio del "Paralelismo
Psico-físico" y del "Isomorfismo Funcional".
Usamos
el concepto de "Paralelismo Psico-físico" para designar
una relación de correspondencia biunívoca entre dominios aparentemente
distintos: lo "somático", la materialidad física del
cuerpo humano y el conjunto de producciones o representaciones
que se engloban bajo el concepto de "psíquico".
El
Principio de Realidad es un concepto que apunta a establecer
un continuo de desarrollo en las estructuras del pensamiento,
que opera desde un tipo de pensamiento llamado "primario"
a otro "secundario", que permite hablar del modo específico
en que el mencionado organismo aprehende la realidad.
La
Materialidad alude a la existencia de los objetos o "entes"
de la realidad, cuya existencia en una última instancia guardaría
cierta independencia con respecto al ser que los conoce; de
este axioma y dentro de un marco de "constructivismo dialéctico",
se aspira a la posibilidad de comprender la cualidad y dominio
de la existencia de estos objetos, sus propiedades, principios
y constantes que los definen, explican y determinan.
DIAGNÓSTICO CORPORAL Y MATRIZ DIAGNÓSTICA
De
los distintos pasos o momentos en que se puede descomponer el
accionar en clínica, tal vez sea el diagnóstico el pilar indispensable
desde el cual poder orientar la acción psicoterapéutica propiamente
tal. A pesar de que ha sido criticado -fundamentalmente por
el riesgo de "cosificar" aquello que es clasificado-,
y de que existen distintas concepciones de éste (reproducir
literalmente la queja del cliente, establecer los síntomas,
establecer los mecanismos subyacentes a la conducta, etc.),
es posible afirmar que todos los enfoques técnicos en psicoterapia
contemplan un primer momento en el encuentro con el paciente
dedicado a conocer qué es lo que lo lleva a consultar y qué
está aquejándole.
Dentro
del Modelo Bioanalítico se enfatizan aspectos fundamentales
en relación a la acción diagnóstica: el Continuo Normalidad-Anormalidad,
la Matriz diagnóstica Bioanalítica y la función de los Parámetros
Corporales como elementos coadyudantes al diagnóstico clínico.
De este modo se enfatiza la importancia de la acción diagnóstica
como antecedente fundamental en la acción de la cura psicológica,
puesto que se parte de la base que es desde el conocimiento
de la naturaleza de aquello psicopatológico que acontece en
el paciente que es posible determinar la estrategia de intervención
específica para tal condición particular. Esto quiere decir
que los requerimientos de cada caso particular -y su diagnóstico-
son los que determinan la técnica de intervención del clínico.

Resumiendo,
la perspectiva Bioanalítica sostiene la existencia de distintos
niveles de patología psicológica, sintomática y estructural
(neurosis de carácter, cuadros limítrofes y psicosis funcionales),
postulando que el debate en cuanto a la efectividad de las distintas
técnicas psicoterapéuticas existentes se resuelve en el nivel
del diagnóstico, existiendo técnicas que se adecuan a los distintos
diagnósticos, en su rango de efectividad, lo que permite establecer
las indicaciones y contraindicaciones para su implementación.
En
el diagnóstico planteado por el modelo Bioanalítico, se busca
la integración de distintos elementos. Por un lado existe un
plano fenomenológico, en que se busca la descripción acuciosa
del acontecer vivencial del paciente en sus distintas áreas
vitales, en una mirada etológica, psicológica y socio-cultural
del organismo humano. En el plano semiológico se busca identificar
distintos signos y síntomas como posibles indicadores de condiciones
psicopatológicas ya descritas y estudiadas. Por otro lado existe
un plano dinámico-estructural, en el que se significa la conducta
descrita, y se determina la estructura psíquica al modo propuesto
en la Entrevista Estructural de Otto Kernberg (grado de estructuración
del yo y el superyo, los mecanismos de defensa preponderantes,
los conflictos esenciales, nivel de desarrollo de las relaciones
objetales, etc.) además de otros indicadores dinámicos tales
como el nivel de logro y goce creativo, y finalmente un plano
corporal que sirve como elemento coadyudante en tanto desde
el paralelismo psico-físico se postula que todo fenómeno del
orden de lo corporal tiene un correlato unívoco en el de lo
psicológico y viceversa.
Este
ultimo plano, refiere a que en el modelo Bioanalítico se plantea
un diagnóstico basado en la lectura del cuerpo, en que se observan
y registran elementos tanto de gestualidad y morfología superficial
como elementos del desarrollo y funcionamiento a nivel muscular,
articulatorio, óseo, neurovegetativo, etc... los que - en el
entendido de que el ser psicológico se funda en una materialidad
biológica- nos permiten tener un referente más fidedigno (observable
y contrastable) del funcionamiento del sujeto. Este postulado
-la correspondencia biunívoca entre los substratos psíquico
y biológico- es planteado por el modelo Bioanalítico como eje
cardinal en los intentos por develar la naturaleza del objeto
de estudio en psicología.
La
perspectiva Bioanalítica sostiene una particular postura en
cuanto a la definición del objeto de estudio en psicología clínica.
Siguiendo los esfuerzos pioneros (Kretchmer, Sheldon, Freud,
Reich, Abraham) por establecer correlaciones psicosomáticas,
se sostiene que la dificultad de definición del objeto de estudio
en psicología se debe al mantenimiento de una disociación básica
mente-cuerpo, donde los fenómenos psicológicos han sido referidos
sin consideración de la materialidad neurofisiológica que los
funda.
Esta
disociación no permitiría establecer claramente el dominio en
que se da lo psicológico, postulando la necesidad de contemplar
la indisolubilidad del nivel psicológico, biológico y el etológico
como forma de conocer el organismo humano. El concepto de "paralelismo
psicofísico" es de singular importancia en tanto de él
se desprende la noción de diagnóstico estructural, basado -dentro
del Modelo Bioanalítico- en la utilización de parámetros corporales.
El
Modelo Bioanalítico pretende establecer los fundamentos de la
correspondencia biunívoca entre dos dominios aparentemente disímiles:
lo "somático" y lo "psíquico". De esta correspondencia
se deriva la noción de la existencia de una indivisible ligazón
entre la manifestación de un dominio y su sistemática representación
en el otro, de tal modo que la manifestación en el dominio somático
se corresponde en el psíquico. De tal forma es posible acceder
a un dominio mediante la observación rigurosa del otro, es decir,
que si fuera posible distinguir, descifrar y organizar claves
y parámetros corporales específicos, equivalentes para todos
los sujetos, se estaría en pie para poder inferir en base a
ellos la estructura mental de cada sujeto.
Un
organismo puede presentar distintos grados o niveles de patología
caracterológica, según el estado de desarrollo en que la resolución
de las tareas propias de tal etapa hayan marcado al organismo
por haber implicado conflicto o montantes de angustia severos
en tal proceso.
Así
también se contempla la posibilidad de procesos óptimos o normales
de desarrollo, que implican la resolución exitosa de las tareas
de desarrollo planteadas por cada etapa, resultando en el devenir
de la siguiente etapa sin que se hayan establecido marcas o
troquelaciones orgánicas. Es así que las categorías diagnósticas
planteadas conforman un continuo, donde el lugar en que un organismo
puede ser ubicado depende de las condiciones de su desarrollo,
en tanto existe una secuencia de desarrollo y maduración bio-psíquica
determinada filogenéticamente, cuya realización está ontológicamente
determinada.
La
Matriz Diagnóstica Bioanalítica es el intento de dar cuenta
del paralelismo psicosomático a través de un instrumento diagnóstico
de uso clínico que utilizando parámetros corporales como unidad
básica contrastable, permite establecer el tipo de organización
caracterológica de determinado sujeto, accediendo de esta manera
a su dinámica y funcionamiento psíquico.
La
matriz diagnóstica intenta ser un aporte que recoge elementos
estructurales, semiológico, conductuales y biológicos, de tal
forma de apuntar al objeto de estudio desde distintos ángulos,
pretendiendo así acotarlo cabalmente. Se pretende incorporar,
en un intento de síntesis, elementos rescatados desde los distintos
sistemas diagnósticos de la psiquiatría tradicional, comprensiva
y fenomenológica; elementos de diagnóstico psicoanalítico clásico
y elementos del diagnóstico estructural de Otto Kernberg; elementos
de la Bioenergética de A. Lowen; como también elementos de la
caracterología constitucional y de la psicosomática.
Resumidamente,
la matriz Bioanalítica es concebida como una herramienta diagnóstica
de triple entrada, compuesta por tres ejes, los que se han denominado
"X", "Y" y "Z".
En
el eje "X" y en el "Y" se describen determinadas
fijaciones a las etapas del desarrollo psicosexual del organismo:
una primaria que corresponde a la estructura caracterológica
general y una secundaria que corresponde al principal rasgo
adjetivante de dicha estructura.
Las
estructuras de carácter que forman estos ejes son diez:
- 1)
estructura esquizoide
- 2)
estructura oral
- 3)
estructura oral psicopática
- 4)
estructura masoquista
- 5)
estructura obsesiva
- 6)
estructura narcisista-uretral
- 7)
estructura histérica-fálica
- 8)
estructura histérica-gonadal
- 9)
estructura pasivo-femenina
- 10)
estructura genital
El
tercer eje, llamado eje "Z", corresponde a la determinación
de la organización de signos y síntomas, la estructura y características
corporales, relacionados con cada organización caracterológica.
En este eje se distingue el nivel de patología (neurótica, limítrofe
o psicótica) y los síntomas y signos, tanto a nivel psicológico
como somático. Se organizan distintos indicadores semiológicos,
conductuales y corporales, definidos nominal y operacionalmente,
de modo tal que faciliten la utilidad práctica y la clara contrastabilidad
del diagnóstico psicopatológico.
LA PSICOTERAPIA DESDE EL MODELO BIOANALÍTICO
Tal
como se menciona anteriormente, la psicoterapia desde el modelo
bioanalítico pone especial énfasis en la función diagnóstica
ya que de ella depende la elección de herramientas terapéuticas
en cada caso. En este sentido, los distintos cuadros psicopatológicos
dictan requerimientos técnicos distintos, existiendo un espectro
que transcurre desde los trastornos sintomáticos, neurosis de
carácter, neurosis de carácter crónico, y trastornos limítrofes
hasta las psicosis funcionales. Las características del cuadro
clínico indicarán qué técnica será la más adecuada siendo, por
ejemplo, lo indicado tratar un disfunción sexual secundaria
a un mal aprendizaje -en ausencia de indicadores de otra patología
mayor- con un tratamiento conductual o cognitivo conductual,
mientras que en el caso de una disfunción sexual en un cuadro
limítrofe, la eficacia de la misma técnica disminuiría notablemente
o podría tener inclusive efectos adversos, siendo lo indicado
para tal caso un tratamiento orientado a la estructuración del
aparato psíquico del paciente. Desde esta particular visión,
se propone que un posible eje integrador de la amplia y diversa
batería de herramientas técnicas que se han desarrollado y conceptuado
desde distintos paradigmas teóricos sea justamente el diagnóstico,
en términos de que una posible solución a la controversia en
torno a la eficacia de las distintas técnicas psicoterapéuticas
pueda resolverse en el espacio de determinar qué técnicas son
mejores para qué cuadros clínicos, en un cuerpo teórico que
pueda explicar porqué es que es mejor determinada técnica para
determinado problema (explicación con capacidad predictiva).
Es
distintivo además en la aplicación clínica del Modelo Bioanalítico
la recurrencia permanente a la lectura de parámetros corporales.
En este sentido se apoya teóricamente en el Psicoanálisis Biológico
en tanto ser la corriente dentro del psicoanálisis que intenta
sistematizar los principios estructural, dinámico y económico,
en relación con los fenómenos biológicos y de orden psicosomático,
enfatizando la aplicación de los conceptos psicoanalíticos al
acontecer del cuerpo, y la consideración de las relaciones anatómicas,
neurológicas y funcionales del organismo y el aparato mental".
Esta corriente concibe los procesos mentales como manifestación
de la liberación y transformación de energía psicofísica.
Por
otra parte, el Modelo Bioanalítico, propende en su aplicación
clínica psicoterapéutica, hacia las llamadas "psicoterapias
de orientación dinámica o psicoanalítica", pero con énfasis
en los principios de la "Técnica Activa" y "Análisis
Mutuo" de Sandor Ferenczi. Este tipo de Psicoterapia deriva
de lo "psicoanalítico" puesto que posee como marco
teórico principal la teoría psicoanalítica, y se le denomina
"de orientación" principalmente porque difiere en
forma substancial con el psicoanálisis clásico u ortodoxo, en
su técnica psicoterapéutica, objetivos y énfasis curativo.
La
Psicoterapia Bioanalítica permite mayor flexibilidad, puesto
que una vez hecho el diagnóstico, el quehacer psicoterapéutico
queda subordinado a la solución del motivo de consulta del paciente
por una parte y a los objetivos planteados en conjunto entre
el paciente y el terapeuta, por otra. Es así como se utilizan
según la necesidad técnicas desarrolladas en otros marcos teóricos,
como por ejemplo, el conductismo, el modelo cognitivo-conductual,
el humanismo, la gestalt y ejercicios bioenergéticos.
En
tanto el diagnóstico, como primera fase dentro de este modelo,
adquiere especial importancia, se realiza siguiendo una serie
de pasos preestablecidos, abarcando un lapso de tiempo de alrededor
de cuatro sesiones de 50 minutos.
- En
términos generales los pasos que sigue la evaluación de un
paciente dentro del marco Bioanalítico son:
- 1.
Establecimiento del motivo de consulta, el que se realiza
dentro de la primera sesión
- 2.
Realización de una completa anamnesis y biografía de la persona
- 3.
Revisión detallada y evaluación de las áreas vitales del paciente
(laboral, familiar, social, pareja y sexual, mental y corporal)
en función de la presencia o ausencia de logro y goce creativo
en cada una de ellas
- 4.
Identificación de la organización caracteriológica en la matriz
diagnóstica Bioanalítica, en conjunto con el diagnóstico de
la estructura corporal
- 5.
Evaluación de la función de identidad y los mecanismos de
defensa preponderantes, según los lineamientos de la entrevista
estructural de O. Kernberg
- 6.
Evaluación psicométrica a cargo de un especialista en esa
área (Rorschach, Phillipson, WISC, Bender, etc.).
- 7.
Devolución y establecimiento del contrato terapéutico
- 8.
Tratamiento propiamente tal según cuadro clínico
- Este
procedimiento diagnóstico general puede ser readecuado, en
caso de ser necesario, según criterios de edad, condiciones
de examinación, etc.
Estrategias de Abordamiento Clínico:
En
el caso de las Neurosis Sintomáticas, es decir, la Neurosis
de Angustia, de Histeria, las Fóbicas, las Obsesivo-Compulsivas,
la Neurosis Depresiva y la Psicosomática, el espectro de técnicas
a utilizar incluye el análisis de los factores inconscientes
determinantes de los síntomas, así como también la batería de
técnicas provenientes del modelo conductual, desde el ortodoxo
hasta el modelo cognitivo - conductual.
En
el caso de las Neurosis de Carácter y las neurosis de Carácter
Crónicas, el modelo Bioanalítico contempla como herramienta
fundamental psicoterapéutica para la disolución de la estructura
de carácter y/o los rasgos adjetivantes de ésta, el Análisis
del Carácter de Wilhem Reich, en primer lugar, siendo complementado
de manera más activa con la batería de ejercicios bioenergéticos
de Alexander Lowen, según sea el caso. En el Análisis del Carácter
se utiliza un enfoque psicoanalítico en el que el rasgo debe
hacerse para el paciente, primero, egosintónico, para luego
proceder a su disolución a través de su análisis, del mismo
modo se enfrentan las resistencias y mecanismos de defensa.
Además, en torno a este objetivo central y los ejercicios bioenergéticos,
es posible establecer la misma gama de herramientas psicoterapéuticas
que en el caso de las neurosis sintomáticas, pero en forma supeditada
al proceso de análisis y según sea necesario en su evolución.
Como criterio principal de avance terapéutico está la evaluación
y consiguientes reevaluaciones del proceso terapéutico llevado
a cabo, según los objetivos propuestos en un inicio, esto permite
además de un seguimiento al proceso, redireccionar la terapia
en la medida que se presenta nuevo material en la sesión y las
vicisitudes de la vida del paciente así lo requiera. Por ejemplo,
en el caso de una neurosis de carácter crónica masoquista, el
objetivo central es la disolución de la estructura anal retentiva
del paciente, objetivo que se enfrenta con su análisis en términos
dinámicos, y en forma subsidiaria a él, mediante la realización
de ejercicios bioenergéticos de descarga corporal de la emoción
de la rabia y de el uso de la sugerencia de la práctica de deportes
de roce físico moderado; sin embargo, pudiera suceder en este
proceso terapéutico que al paciente le ocurriera la muerte de
un familiar cercano que obviamente impactará en su persona de
forma profunda, la terapia podría tomar un giro hacia formas
de Psicoterapia más por la línea del acompañamiento, la empatía
y contención, hasta que el duelo fuere realizado por el paciente,
para posteriormente retomar la línea original. Esto por supuesto
no significa necesariamente un giro de 180 grados, pero sí el
abandono transitorio de la línea y objetivos originales, aún
cuando pudiera seguir siendo trabajado el rasgo retentivo (por
ejemplo el no poder expresar la amargura que el hecho le produce),
el énfasis general debe variar necesariamente.
En
el caso de los diagnósticos de Estructura Fronteriza de Personalidad,
el Bioanálisis contempla un enfoque técnico que básicamente
es el propuesto en la Psicoterapia de expresión, variando sensiblemente
en el entendido de la contratransferencia como un fenómeno aún
más interaccional que el considerado por el autor, en la línea
de las propuestas en este sentido por Sandor Ferenczi como es
el "análisis mutuo" y la "terapia activa".
El objetivo central de la terapia Bioanalítica para este rango
diagnóstico es la reestructuración del aparato psíquico, sirviendo
el terapeuta a su paciente ya no como un superyó auxiliar -como
en el caso de las neurosis- sino como un yo auxiliar. De modo
que la patología de las relaciones objetales de estos pacientes
se revierta, trabajando las defensas primitivas en torno a la
escisión para impedir su devastadora influencia en el anormal
establecimiento del yo y superyó del paciente, además de las
consiguientes tendencias al acting out, que en ocasiones pueden
ser de riesgo mortal, y la distorsión de la realidad objetiva
(episodios micropsicóticos por una parte y alteraciones en la
relación con la realidad y su experiencia subjetiva por otra).
En
este sentido la contratransferencia, es decir, su diagnóstico
y uso como técnica psicoterapéutica, cobra especial importancia.
El modelo Bioanalítico la conceptualiza como una experiencia
en que el terapeuta forma parte de la misma, no en el sentido
clásico, sino en el sentido relacional humano básico, concepto
que proviene de la idea de S. Ferenczi de que la terapia es
una experiencia afectiva intensa que implica el contacto del
terapeuta con su paciente en forma global y no parcial, sólo
como terapeuta, en que es el contacto humano el que finalmente
se constituye en la experiencia afectiva correctiva, sanadora.
El
énfasis técnico no es rígido en el diagnóstico fronterizo por
cuanto el modelo Bioanalítico contempla dentro de este tipo
de estructuras la clasificación creada por Grinker, quien distingue
cuatro subtipos fronterizos: el borde psicótico; el borderline
propiamente tal; el fronterizo "como si" ; y finalmente
el fronterizo en borde neurótico. En este continuo psicopatológico
las diferencias son cuantitativas, por tanto un paciente fronterizo
clásico tenderá inevitablemente al uso preponderante de mecanismos
en torno a la escisión y muy raramente utilizará alguno en torno
a la represión, en cambio esta proporción no aparecerá igual
en el caso de un fronterizo borde neurótico, en el que se apreciarán
la existencia de mecanismos en torno a la represión, que se
equilibrarán con el uso de la escisión como esquema defensivo
del paciente.
Debido
a este hecho la implementación de la Psicoterapia incluye en
el caso precedente además de la disolución de la patología de
las relaciones objetales, en forma secundaria y según los objetivos
propuestos, el análisis de los rasgos caracterológicos y la
batería de técnicas posibles de utilizar en las neurosis.