Contacto ·  Portal Indepsi  Nº 9 -1992
REFLEXIONES SOBRE SALUD MENTAL

César Rodolfo Ojeda Figueroa

Médico Psiquiatra

Aunque el concepto de "Salud Mental" se haga acreedor de numerosas y justificadas críticas, en su sentido más general parece entenderse sin dificultad: se trata, más o menos, de aceptar que las personas y los grupos sociales pueden padecer desadaptaciones y sufrimientos de muy variada naturaleza, entre los que la "enfermedad" en sentido médico y biológico, ocupa un lugar más bien reducido.  Entonces, el estado de "salud" requiere la ausencia de enfermedad, pero este requisito no es suficiente: se precisa además de una cierta "calidad de vida", y ésta no depende sólo de los azares biológicos, sino de innumerables otros factores, entre los que se incluyen desde los niveles de riqueza (o pobreza) de un grupo humano, los entrenamientos culturales, el entorno sanitario, la calidad del aire y del agua, los sistemas de transportes, el acceso a los servicios básicos de salud, los sistemas provisionales. la calidad forzada o vocacional de trabajo. etc., hasta las capacidades personales de relacionarse, solidarizar. aceptar, respetar. liberar, poner límites. depender, etc., respecto de los demás.

Como de hecho esos factores también participan en algún grado en el desencadenamiento, mantención y resolución de la mayoría de los desequilibrados que habitualmente designamos como enfermedad, la ponderación de ellos en tanto áreas de actividad se hace muy difícil. Si el foco de la reflexión se sitúa, por ejemplo, en la prevención de la enfermedad, con naturalidad podría decirse que todas esas materias son campo de las disciplinas médicas. Pero, si la atención se dirige hacia la búsqueda de maneras más nobles y estimulantes para la vida del hombre, muchas otras actividades podrían reclamar para sí su estudio y la acción que de ellas se desprende.

Sin embargo, al incluir en la denominación de este complejo de situaciones la palabra "Salud", se abre un flanco que pone en riesgo la inspiración fundamental del esfuerzo que se realiza: en materias de "salud" los médicos reclaman para sí un liderazgo que estiman indiscutible. Sin embargo, llevando esta argumentación a su extremo, resultaría sin ninguna violencia lógica, que los profesionales médicos debieran hacerse cargo de organizar la sociedad entera.  Salta a la vista que este resultado es lógico, pero al mismo tiempo absurdo. Por esta razón. históricamente se han delimitado zonas de competencia atendiendo a la preparación y adiestramiento predominante en cada profesión.

Pero también se hace patente que esas delimitaciones no se corresponden con realidades subsistentes, independientes, que pudieran dar a las profesiones campos nítidos de definición. Pretender una definición a partir de allí requiere sostener que la realidad está de suyo diferente en clases, especies, tipos u otras categorías semejantes.  Por el otro extremo, y en sentido contrario, a pensarse que la determinación de los límites profesionales está sometida a una arbitrariedad absoluta: bastaría como se ha sostenido- que un grupo de personas detengan, en un corte antojadizo, relaciones y procesos, y que se apropien del resultado como el aventurero que clava la bandera de su reino en un territorio recién descubierto, y que sólo por ese hecho considera que le pertenece de modo indiscutible. Eso es confundir la perspectiva con el paisaje, y luego, también absurdo.

Mas, si se suma a lo dicho sobre salud el adjetivo "mental" lo que ya era un problema limitado en ambos extremos por lo absurdo, se transforma en la oscuridad misma, en la medida en que "lo mental" resulta perfectamente inasible, y por lo tanto todo y nada al unísono.

Todo, porque se supone que lo mental hace de una estructura biológica, humanidad.  Nada, porque en el momento de dar coherencia ha dicha afirmación, las dificultades son innumerables.

Pero además, tratándose de "enfermedad" y "mental" (como el lado oscuro de la "salud" y "mental"), los psiquiatras se sienten apelados por su nombre propio a -digámoslo brevemente- hacerse cargo.

Desde allí, no resulta sorprendente que los psiquiatras frecuentemente se inclinen hacia disciplinas conexas, pero limítrofes, como la administración, la psicología social, laboral y educacional, la sociología, la antropología filosófica, la publicidad, la comunicación social, el diseño gráfico, la arquitectura, y muchas más.

Posiblemente lo que determina que estas aficiones de pronto se transformen en acciones profesionales indebidamente apropiadas, es la confusión entre la región temática de una disciplina y la acción profesional.

Pongamos un ejemplo: ¿a quién pertenecen las neuronas dopaminérgicas de los núcleos de la base del cerebro'?

Pertenecen a la neuroanatomía, a la neurofisiología, a la patología, a la neurocirugía, a la neurología, a la bioquímica, a la psiquiatría, por nombrar sólo algunas (y sin contar que pertenecen, en otro sentido, a todos quienes tengan cerebro).

La delimitación de todas esas disciplinas no depende sólo de una región acotada de la realidad, necesariamente borrosa en sus bordes, sino de lo que se hace respecto de ella, y cómo se lo hace.  Simplificando, el neuroanatomista describirá la "estructura", el neurofisiólogo el "funcionamiento", el patólogo las "anomalías", el neurólogo y el neurocirujano integrarán ese coto en la explicación de la enfermedad extrapiramidal que afecta a sus pacientes, el bioquímico investigará allí las estructuras moleculares que conforman los sistemas de receptores, membranas. neurotransmisores, etc., y el psiquiatra la considera una base probable para el desbalance dopaminérgico propuesto como correlación biológica de los pacientes esquizofrénicos que atiende y a los cuales administran neurolépticos.

Si se observa lo que hacen, es prácticamente imposible confundir a un neurocirujano con un neurofisiólogo, o a un psiquiatra con un bioquímico.  Por eso, las profesiones no sólo se definen por "crear" una región de la realidad como "objeto epistémico", sino por la acción que denominamos ejercicio y que es consustancial a ellas.

La confusión de los planos mencionados explica que investigadores básicos a veces presenten tardías conversiones hacia la psiquiatría, sobre la base de que su campo es la "neurociencia" o, simplemente, la biología humana.  Y me refiero a la psiquiatría porque pertenezco a ella, aunque creo percibir que se trata de un problema mucho más extendido.

Pero, las consecuencias de lo que señalamos se extienden aún más allá y afectan lo que denominamos "identidad profesional", es decir, el que una actividad (entidad) sea igual a sí misma.  Y ésta no es una cuestión baladí.  La identidad profesional, al igual que la personal, no puede tomarse a la ligera sin correr el riesgo de perderla, y todos tenemos una idea de la forma en que eso se expresa en la vida de los hombres.

CESAR RODOLFO OJEDA FIGUEROA

Médico-Psiquiatra

Graduado como Médico Cirujano en la Universidad de Chile en 1979, es Miembro de la Sociedad Chilena de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía 983) y de la Asociación Mundial de Psiquiatría (1983), entre otras organizaciones.  En su trayectoria profesional ha realizado estudios de perfeccionamiento en la Universidad Complutense de Madrid, España, y numerosos cursos de Filosofía Moderna y Medieval, de Psiquiatría Clínica, de Psicología y de Psicoterapia.

Ha llevado a cabo una extensa labor académica, dictando diversos cursos en el instituto de Filosofía y Escuela de Psicología de la U. Católica, y en las Escuelas de Medicina y Terapia Ocupacional en la U. de Chile, a la vez que haber participado como expositor invitado en diversos congresos y conferencias.

En este mismo sentido, junto a la labor clínica, ha desarrollado una interesante labor como Subdirector de la "Revista Chilena de Neuropsiquiatría" y como Editor General de la "Revista Vida Médica".  Autor de múltiples artículos en distintas revistas especializadas, tanto nacionales como internacionales, ha participado en varios textos de Psiquiatría tanto como autor como coautor. Actualmente es Profesor Asistente de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

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