Contacto - Portal Indepsi                                                                                  Nº 8 - 1992

REFLEXIONES SOBRE SALUD MENTAL

Luis Gomberoff Judorkousky, Médico Psiquiatra

Nunca podré olvidar los comentarios posteriores a un programa de televisión en que se reporteó a fondo el entonces Hospital Psiquiátrico (hoy Instituto).  Algunos, los menos, expresaban su desconsuelo por las pésimas condiciones de sus instalaciones.  Otros, los más, manifestaron que se trataba de un reporte maquillado para mostrar a los televidentes una realidad mejor cuyo único objetivo era obtener dividendos de tipo político (se trataba de un reportaje realizado por el canal estatal).  Intemamente se acusó a la dirección del establecimiento de favorecer a determinados sectores, grupos o servicios.  La realidad es que en dicho reportaje la dirección del Hospital sólo participó intentando resguardar la identidad de los participantes y ofreció a los periodistas toda la ayuda que requirieran.

El recuerdo me surge a propósito de que pienso que una de las batallas más importantes que debemos librar quienes trabajamos en Salud Mental, es aquella que debemos dirigir en contra del prejuicio que inunda todos los campos relacionados con nuestras disciplinas, prejuicio que además está radicado en las mismas personal que trabajan en el campo de la Salud Mental.

Es claro que el programa que he recordado fue visto, por las personas que tuvieron la oportunidad de observarlo, con sus sentimientos y con sus prejuicios más que con un criterio racional de observación de lo conocido (para algunos) o de lo desconocido (para muchos otros).

La respuesta que este programa tuvo en los telespectadores pudo haber sido prevista ya que surgiría inevitablemente del prejuicio existente frente a los Hospitales Psiquiátricos y a los pacientes mentales.

El prejuicio es uno de los procesos de elaboración con los que el ser humano enfrenta las angustias frente a lo desconocido, lo diferente o lo no previsto de su experiencia cotidiana.  Es una respuesta saturada e inmóvil, una actitud de rechazo que es la expresión de un inadecuado proceso de aceptación e incorporación de la realidad en función de rasgos personales en el marco sociocultural.  Podemos comprender desde su definición las dificultades existentes para superarlo.

Si el ejemplo anterior no fuera suficiente para estar seguros de la existencia de un prejuicio frente a nuestro campo de trabajo, pensemos por un momento en la relación existente entre la prensa y nuestras disciplinas. ¿Qué es lo que más interesa?  En mi experiencia aquello que es más impactante, espectacular o chocante.  Lo sórdido y lo sangriento.  Lo bizarro y lo criminal.  Nunca faltaron periodistas en el hospital cuando hubo fugas o algún acto violento.  Siempre fallaron cuando quisimos mostrar lo positivo o cuando quisimos educar a través de nuestros congresos y seminarios.

Pareciera como que el prejuicio habría que mantenerlo, dejando claramente establecida a través de él la disociación: locura adentro, cordura afuera.

En el campo de la Salud Mental pensamos que son los pacientes crónicos los que llevan lejos la delantera en cuanto a ser objeto de estas actitudes prejuiciosas tanto por parte de la comunidad que se resiste al cambio, desconociendo los avances en cuanto a la atención y organización de servicios para su rehabilitación, como por parte de quienes trabajan en salud mental ya que el crónico es un paciente que les impone desafíos tremendos y que tiende a no mostrar mejorías espectaculares en su sintomatología y funcionamiento.

Esto es grave ya que ha hecho que en la práctica estos pacientes hayan sido abandonados durante largos periodos en instituciones de un carácter casi puramente custodial.

Por otro lado, se desarrollan nuevas ideas en el campo de la salud mental, que siendo magníficas en su origen e intenciones, como son la desinstitucionalización, la psiquiatría y psicología comunitarias, la psiquiatría en el hospital general y otras, toman muchas veces un carácter generalizador y mesiánico que contribuye (no por sus filosofías en sí mismas sino que muchas veces por el apasionamiento de sus cultores) a la intensificación del prejuicio satisfaciendo en forma importante el rechazo médico y social que provocan estos pacientes, los que finalmente quedan sin un lugar ni en los servicios psiquiátricos ni en la sociedad.

Hay que revertir esta situación y creo que para eso es imprescindible no hacemos cargo del prejuicio de la sociedad frente al enfermo mental que nos dice que es una persona sin destino ni lugar social posible.

Frente a los críticos (portaestandartes del prejuicio) que dicen que no vale la pena invertir en camas psiquiátricas, pienso que deben meditar muy profundamente en estas ideas ya que seguir en la negación de la locura como realidad social irá provocando que los pacientes no se rehabiliten y que nuestros sistemas asistenciales sean incapaces de abordar las tareas en forma coherente y efectiva.

Otro punto interesante y que complica más el panorama, intensificando aún más los prejuicios frente a nosotros, lo planteaba un expositor de algunos de los simposios de crónicos.  Decía: "toda la patología psiquiátrica es crónica.  Una adicción como el alcoholismo, ¿cuándo se mejorará?  Cuando exista la abstinencia. 0 sea, el sujeto no puede recuperar el beber normal.  La enfermedad estará presente siempre.  En la enfermedad afectiva no podemos garantizar que no habrá un nuevo ciclo.  Vale lo mismo para la esquizofrenia que evoluciona por brotes.  No sabemos qué formas podrá tomar mañana una epilepsia yugulada hoy.  Tenemos tratamientos que apagan lo productivo, que disminuyen su ocurrencia, que mejoran pero no curan definitivamente a la mayoría de las enfermedades mentales.  El retardo mental es crónico por definición.  En un servicio de urgencia psiquiátrico resolvemos los problemas agudos, pero casi siempre queda para una segunda etapa el tratamiento de la patología de base, que es generalmente crónica".

Con estos comentarios queremos enfatizar que vemos en toda la psiquiatría la cronicidad, empapándola.  Negar esto es como negamos a nosotros mismos.

He querido puntualizar en las reflexiones anteriores que existe el peligro para las disciplinas de la salud mental de ser penetradas profundamente por prejuicios que las atacan desde afuera y desde su mismo seno.  El prejuicio frente al enfermo mental crónico puede fácilmente traspasarse a la totalidad de la enfermedad mental ya que toda ella es de alguna manera crónica.  Tal vez incluso ya ha penetrado.  Pensamos sólo en la negación de la enfermedad mental (cualquiera que ella sea) que hacen las ISAPRES (en su gran mayoría, para no ser injustos con algunas que todavía la contemplan).

No debemos permitir que lo anterior suceda y la lucha debe comenzar por tomar conciencia de la situación partiendo por nosotros mismos.  Es más difícil erradicar la intolerancia externa.

Los prejuicios que existen en relación al paciente mental, a la enfermedad mental y los centros de tratamiento impiden que la comunidad entera sea partícipe en la rehabilitación de sus pacientes mentales.  Los profesionales de la salud mental nos hacemos de esta forma guardadores de ella, a sabiendas de que no podemos ser más que eso sin el concurso de toda la comunidad.  Nos transformamos de esa forma, como profesionales, en una adaptación a los requerimientos sociales y de ese modo perdemos nuestra identidad y nos ponemos en peligro de terminar perdiendo la función para la cual hemos sido preparados.

Sabemos que en todos los países, incluyendo los desarrollados, los recursos para salud mental son escasos y es muy probable que siempre lo serán.  Una respuesta frente a esto es la incorporación de la comunidad a la preocupación por el paciente mental.  Para lograr eso tenemos que vencer primero los prejuicios ya mencionados.

Debemos educar, clarificar, desmitificar la enfermedad mental.

La lucha es algo que debe caracterizarnos y pensamos que unidos todos los que trabajamos en este campo la podemos dar mejor y más efectivamente.  Esa es la razón por la que hemos sido siempre partidarios de la solidificación del equipo de Salud Mental en cada uno de los campos de batalla donde se da la lucha.  Esto, que de verdad ha sido muy difícil, esperamos que algún día se logre.

La Sociedad Chilena de Salud Mental es una de las herramientas que hemos propuesto para lograr este fin.

LUIS GOMBEROFF JUDORKOUSKY

Médico Psiquiatra

Graduado como Médico Cirujano en la Universidad de Chile en 1969, es Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Chilena.  Debido a una larga y destacada trayectoria profesional, es nombrado Director del Hospital Psiquiátrico "Dr.  Jose Horwitz B." (hoy Instituto) desde 1979 hasta 1989, fechas durante las cuales se impulsa una profunda transformación en dicha institución. Paralelamente a esta función, participa como fundador en 1985 de la Sociedad Chilena de Salud Mental, de la que fue su Presidente desde su fundación hasta 1990, y como Editor de la "Revista de Psiquiatría" desde su primer número (1 984), hasta junio de 1989.

Como docente ha participado realizando cátedras en las Facultades de Medicina en Psiquiatría de la Universidad de Chile y Psicología de la Universidad Católica, a la vez que como organizador de numerosos Congresos y Simposios psiquiátricos.

Ha publicado capítulos sobre Neurosis de Angustia, Fobias e Histeria en el texto "Psiquiatría" Gomberoff-Jiménez, y más recientemente participó como co-editor del libro "Manual de Psiquiatría" (1986) de Publicaciones Técnicas Mediterráneo, junto al Dr. P. Olivos.  

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