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Luis
Gomberoff Judorkousky,
Médico Psiquiatra
Nunca
podré olvidar los comentarios posteriores a un programa de televisión
en que se reporteó a fondo el entonces Hospital Psiquiátrico (hoy
Instituto). Algunos, los menos, expresaban su desconsuelo por las pésimas
condiciones de sus instalaciones.
Otros, los más, manifestaron que se trataba de un reporte
maquillado para mostrar a los televidentes una realidad mejor cuyo
único objetivo era obtener dividendos de tipo político (se trataba
de un reportaje realizado por el canal estatal).
Intemamente se acusó a la dirección del establecimiento de
favorecer a determinados sectores, grupos o servicios.
La realidad es que en dicho reportaje la dirección del
Hospital sólo participó intentando resguardar la identidad de los
participantes y ofreció a los periodistas toda la ayuda que
requirieran.
El
recuerdo me surge a propósito de que pienso que una de las batallas
más importantes que debemos librar quienes trabajamos en Salud
Mental, es aquella que debemos dirigir en contra del prejuicio que
inunda todos los campos relacionados con nuestras disciplinas,
prejuicio que además está radicado en las mismas personal que
trabajan en el campo de la Salud Mental.
Es
claro que el programa que he recordado fue visto, por las personas
que tuvieron la oportunidad de observarlo, con sus sentimientos y
con sus prejuicios más que con un criterio racional de observación
de lo conocido (para algunos) o de lo desconocido (para muchos
otros).
La
respuesta que este programa tuvo en los telespectadores pudo haber
sido prevista ya que surgiría inevitablemente del prejuicio
existente frente a los Hospitales Psiquiátricos y a los pacientes
mentales.
El
prejuicio es uno de los procesos de elaboración con los que el ser
humano enfrenta las angustias frente a lo desconocido, lo diferente
o lo no previsto de su experiencia cotidiana.
Es una respuesta saturada e inmóvil, una actitud de rechazo
que es la expresión de un inadecuado proceso de aceptación e
incorporación de la realidad en función de rasgos personales en el
marco sociocultural. Podemos
comprender desde su definición las dificultades existentes para
superarlo.
Si
el ejemplo anterior no fuera suficiente para estar seguros de la
existencia de un prejuicio frente a nuestro campo de trabajo,
pensemos por un momento en la relación existente entre la prensa y
nuestras disciplinas. ¿Qué es lo que más interesa?
En mi experiencia aquello que es más impactante,
espectacular o chocante. Lo
sórdido y lo sangriento. Lo
bizarro y lo criminal. Nunca
faltaron periodistas en el hospital cuando hubo fugas o algún acto
violento. Siempre
fallaron cuando quisimos mostrar lo positivo o cuando quisimos
educar a través de nuestros congresos y seminarios.
Pareciera
como que el prejuicio habría que mantenerlo, dejando claramente
establecida a través de él la disociación: locura adentro,
cordura afuera.
En
el campo de la Salud Mental pensamos que son los pacientes crónicos
los que llevan lejos la delantera en cuanto a ser objeto de estas
actitudes prejuiciosas tanto por parte de la comunidad que se
resiste al cambio, desconociendo los avances en cuanto a la atención
y organización de servicios para su rehabilitación, como por parte
de quienes trabajan en salud mental ya que el crónico es un
paciente que les impone desafíos tremendos y que tiende a no
mostrar mejorías espectaculares en su sintomatología y
funcionamiento.
Esto
es grave ya que ha hecho que en la práctica estos pacientes hayan
sido abandonados durante largos periodos en instituciones de un carácter
casi puramente custodial.
Por
otro lado, se desarrollan nuevas ideas en el campo de la salud
mental, que siendo magníficas en su origen e intenciones, como son
la desinstitucionalización, la psiquiatría y psicología
comunitarias, la psiquiatría en el hospital general y otras, toman
muchas veces un carácter generalizador y mesiánico que contribuye
(no por sus filosofías en sí mismas sino que muchas veces por el
apasionamiento de sus cultores) a la intensificación del prejuicio
satisfaciendo en forma importante el rechazo médico y social que
provocan estos pacientes, los que finalmente quedan sin un lugar ni
en los servicios psiquiátricos ni en la sociedad.
Hay
que revertir esta situación y creo que para eso es imprescindible
no hacemos cargo del prejuicio de la sociedad frente al enfermo
mental que nos dice que es una persona sin destino ni lugar social
posible.
Frente
a los críticos (portaestandartes del prejuicio) que dicen que no
vale la pena invertir en camas psiquiátricas, pienso que deben
meditar muy profundamente en estas ideas ya que seguir en la negación
de la locura como realidad social irá provocando que los pacientes
no se rehabiliten y que nuestros sistemas asistenciales sean
incapaces de abordar las tareas en forma coherente y efectiva.
Otro
punto interesante y que complica más el panorama, intensificando aún
más los prejuicios frente a nosotros, lo planteaba un expositor de
algunos de los simposios de crónicos.
Decía: "toda la patología psiquiátrica es crónica.
Una adicción como el alcoholismo, ¿cuándo se mejorará? Cuando exista la abstinencia. 0 sea, el sujeto no puede
recuperar el beber normal. La
enfermedad estará presente siempre.
En la enfermedad afectiva no podemos garantizar que no habrá
un nuevo ciclo. Vale lo
mismo para la esquizofrenia que evoluciona por brotes.
No sabemos qué formas podrá tomar mañana una epilepsia
yugulada hoy. Tenemos tratamientos que apagan lo productivo, que disminuyen
su ocurrencia, que mejoran pero no curan definitivamente a la mayoría
de las enfermedades mentales. El
retardo mental es crónico por definición.
En un servicio de urgencia psiquiátrico resolvemos los
problemas agudos, pero casi siempre queda para una segunda etapa el
tratamiento de la patología de base, que es generalmente crónica".
Con
estos comentarios queremos enfatizar que vemos en toda la psiquiatría
la cronicidad, empapándola. Negar
esto es como negamos a nosotros mismos.
He
querido puntualizar en las reflexiones anteriores que existe el
peligro para las disciplinas de la salud mental de ser penetradas
profundamente por prejuicios que las atacan desde afuera y desde su
mismo seno. El
prejuicio frente al enfermo mental crónico puede fácilmente
traspasarse a la totalidad de la enfermedad mental ya que toda ella
es de alguna manera crónica. Tal
vez incluso ya ha penetrado. Pensamos
sólo en la negación de la enfermedad mental (cualquiera que ella
sea) que hacen las ISAPRES (en su gran mayoría, para no ser
injustos con algunas que todavía la contemplan).
No
debemos permitir que lo anterior suceda y la lucha debe comenzar por
tomar conciencia de la situación partiendo por nosotros mismos.
Es más difícil erradicar la intolerancia externa.
Los
prejuicios que existen en relación al paciente mental, a la
enfermedad mental y los centros de tratamiento impiden que la
comunidad entera sea partícipe en la rehabilitación de sus
pacientes mentales. Los
profesionales de la salud mental nos hacemos de esta forma
guardadores de ella, a sabiendas de que no podemos ser más que eso
sin el concurso de toda la comunidad.
Nos transformamos de esa forma, como profesionales, en una
adaptación a los requerimientos sociales y de ese modo perdemos
nuestra identidad y nos ponemos en peligro de terminar perdiendo la
función para la cual hemos sido preparados.
Sabemos
que en todos los países, incluyendo los desarrollados, los recursos
para salud mental son escasos y es muy probable que siempre lo serán.
Una respuesta frente a esto es la incorporación de la
comunidad a la preocupación por el paciente mental.
Para lograr eso tenemos que vencer primero los prejuicios ya
mencionados.
Debemos
educar, clarificar, desmitificar la enfermedad mental.
La
lucha es algo que debe caracterizarnos y pensamos que unidos todos
los que trabajamos en este campo la podemos dar mejor y más
efectivamente. Esa es
la razón por la que hemos sido siempre partidarios de la
solidificación del equipo de Salud Mental en cada uno de los campos
de batalla donde se da la lucha.
Esto, que de verdad ha sido muy difícil, esperamos que algún
día se logre.
La
Sociedad Chilena de Salud Mental es una de las herramientas que
hemos propuesto para lograr este fin.
LUIS
GOMBEROFF JUDORKOUSKY
Médico
Psiquiatra
Graduado
como Médico Cirujano en la Universidad de Chile en 1969, es Miembro
Titular de la Asociación Psicoanalítica Chilena.
Debido a una larga y destacada trayectoria profesional, es
nombrado Director del Hospital Psiquiátrico "Dr.
Jose Horwitz B." (hoy Instituto) desde 1979 hasta 1989,
fechas durante las cuales se impulsa una profunda transformación en
dicha institución. Paralelamente a esta función, participa como
fundador en 1985 de la Sociedad Chilena de Salud Mental, de la que
fue su Presidente desde su fundación hasta 1990, y como Editor de
la "Revista de Psiquiatría" desde su primer número (1
984), hasta junio de 1989.
Como
docente ha participado realizando cátedras en las Facultades de
Medicina en Psiquiatría de la Universidad de Chile y Psicología de
la Universidad Católica, a la vez que como organizador de numerosos
Congresos y Simposios psiquiátricos.
Ha
publicado capítulos sobre Neurosis de Angustia, Fobias e Histeria
en el texto "Psiquiatría" Gomberoff-Jiménez, y más
recientemente participó como co-editor del libro "Manual de
Psiquiatría" (1986) de Publicaciones Técnicas Mediterráneo,
junto al Dr. P. Olivos.
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