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Dr.
Fernando Lolas Stepke
Es
notable la ambigüedad -por no decir contradicción- implícita en
el término "Salud Mental". Como las buenas frases hechas,
todo el mundo parece emplearla en un contexto apropiado. Pero pocas
personas meditan sobre las antinomias que esconde.
¿Qué
es, por ejemplo, "Mental"? Obviamente, con fines analíticos,
puede decidirse llamar mental a unos fenómenos y no a otros. Como
convención terminológica, muchos aceptarían que reservásemos el
apelativo "Mental" para fenómenos cuya causación parece
ser de orden intencional y que parecen corresponder a los aludidos
bajo palabras tales como imaginación, deseo, emociones, memoria.
Pero
quienes emplean el vocablo a menudo insinúan que éste alude a una
causalidad de cosas, procesos y estados, definidos por exclusión.
No son por ejemplo, "corporales" o "somáticos".
No son, por otro lado, tangibles. ¿Es que es esto posible? Como
convención terminológica, "Mental" es término
apropiado. Pero requeriría aceptar
toda una epistemología constructivista reducirlo sólo a convención.
No es ésa la postura de quienes lo emplean ingenuamente, o con propósitos
didácticos. Especialmente contradictoria resulta así la construcción
"salud mental". Aquí salud definitivamente adquiere el
rango de un substantivo y mental el de un adjetivo. Los substantivos
son "cosas", materiales o inmateriales, pero cosas, de las
que se puede predicar un atributo básico: existen o no existen. La
Salud, cosificada, es algo que se tiene o no se tiene, que se
pierde, se recupera o se compra. Como los anillos.
La
existencia o inexistencia de "Salud" en un contexto dado
la deciden personas -expertos- que poseen la potestad de rotular:
llaman "enfermos' quienes han perdido la salud.
Mas,
sin perder la salud, puede alguien sentirse menoscabado, limitado,
incapaz de vivir o, lo que también acontece, ser considerado
"insano" por los demás. Salud tiene tanto de construcción
y ritual personal como de objeto. Cuando se decide priorizar el
segundo aspecto, se delega el poder de nominar en un técnico que no
necesariamente considerará las dimensiones personal y societaria.
Como proceso de construcción personal, es obvio que la salud no es
ni mental ni somática ni social. Es, diríamos, salud "sin más".
Adjetivarla
en un sentido o en otro fragmenta, innecesariamente, lo que es una
percepción indivisa de bien-estar de contentamiento con la
"calidad" de vivir. Mas es menester no olvidar que por muy
didáctico que sea el uso de un vocablo, o aun por muy apropiado que
parezca, siempre esconderá inéditas y contradictorias resonancias.
No menos crítica debe ser la consideración de la denominación
"profesionales" de o en "Salud Mental" con que
algunos, inspirados por un igualitarismo atávico, confunden
igualdad de derechos civiles con igualdad de competencia
profesional. El modelo de un experto indiferenciado, totipotencial,
no es sostenible en las condiciones actuales de diversificación de
las sociedades postmodernas, aquellas surgidas después de la
Segunda Guerra Mundial. Médicos, enfermeras, terapeutas
ocupacionales, tecnólogos, asistentes sociales, tienen identidades
insustituibles y roles diferenciados, sin perjuicio de que sus
destrezas puedan ser complementariamente armonizadas en una concepción
integradora. La única pregunta que debe responderse -pues aún no
lo ha sido- es quién debe asumir la responsabilidad de la
,Organización Sistemática" del conjunto. ¿Qué decir de los
abogados, de cuyo trabajo depende en ocasiones la tranquilidad de
toda una vida? ¿Y de los arquitectos, que estructuran el ambiente,
y con él, las personas que lo habitan, poseen o sufren? ¿o de los
ingenieros de tránsito, de cuyas concepciones teóricas depende la
supervivencia de más de alguna ciudad? Y finalmente, ¿qué decir
de los economistas, cuyas prioridades influyen tan decisivamente
sobre el bienestar de las poblaciones? Se ha creído que el
individuo, en general en términos biológicos, es el fundamento de
todo discurso relativo a la salud. Las alternativas de hacer de la
familia, del grupo primario o secundario, de la díada, han sido
ensayadas sin vulnerar, en principio, los fundamentos de tal
discurso y sólo cambiando la óptica. Cambio no radical, puesto que
siempre se está en busca de una unidad (individuo) que sea
portadora de o poseedora de la salud (y por ende, de la Salud
Mental). No se ha superado, en estas aproximaciones, el lastre ideológico
de un substancialismo cosificador que hace de la salud un Objeto y
no un proceso de Interdependencias entre entidades. (Comportamiento,
"portarse con", es siempre fenómeno de internases, y su
valor más elevado es la armonía. Ya el término debiera
advertirnos que no es atributo "de" sino realidad
"entre").
De
esta postura individualista básica deriva, tal vez, la predilección
por llamar, acotadamente, profesionales de la salud a aquellos que
tratan de la integridad y preservación de individuos orgánicos,
primordialmente biológicos. Explicaría en parte la tardía
aceptación de la dimensión simbólica y psicosocial ' en el seno
de la biomedicina de cuño positivista del novecientos. El
intersticio entre individuos, el plexo de relaciones que constituye
strictusenso lo social, sólo tardíamente -y, como sugerimos, de
modo incompleto- implica que el locus de todo proceso y el asiento
de todo predicado no necesariamente debe ser un "objeto
individual" (sea ésta la persona, la díada, el grupo la
sociedad). Las disciplinas que tienen que ver con la salud son, en
un sentido etimológico profundo, "interesadas". Se basan
en "interés", Inte-Esse, lo que está "entre"
las cosas, los seres, las personas. Pues salud no es un atributo de
una cosa, ni cosa ella misma, sino justamente armonía entre,
discurso y transcurso, flujo perpetuo de avances, retrocesos,
opciones y cambios.
Si
la salud "sin más" queda así definida. ¿Puede haber
profesionales "de" o "en" salud? ¿Son acaso
comparables a los profesionales del átomo, de la leche, de la
tierra? Examinar el modo en que hablamos de esto es inmensamente
instructivo.
Nos
enseña, por de pronto, que una profesión se configura cuando un
grupo de personas "cosifica" un proceso, una relación, un
método y lo convierte en propiedad más o menos exclusiva. A partir
de esta "invención cosificadora" puede distinguirse entre
los que son "de dentro" y los que son "de fuera"
y proponer criterios para ello: a menudo educación formal,
requisitos éticos ("ética" y "etiqueta"),
pertenencia a grupos, rituales iniciáticos.
Mas
lo paradójico persiste cuando comprobamos que esas
"cosas" inventadas para poder "operar" con ellas
se revelan huidizas y de ambigua contextura ' La célula del citólogo
no es la célula del médico ni la del poeta. La "salud"
del psicólogo no es la del profesor ni la del médico ni la del
funcionario publico.
Cada
"objeto" fundante de profesiones se revela así como una
serie infinita de "miradas" que lo inventan, cada una
desde una perspectiva diferente, con connotaciones distintas y
consecuencias incomparables.
La
"Salud Mental" es algo así como una utopía, la asíntota
de una curva que se aproxima a una entidad sólo realizable en
aspectos parciales y fragmentarios, ninguno de los cuales, por la
forma de su génesis, puede reflejar a cabalidad (esto es,
exhaustivamente) lo que designa.
Esta
segunda paradoja, la de que "profesionales en salud
mental" es, cuando menos, designación dudosa, también debiera
estimularnos a desembocar la inercia de lo cotidiano.
DR.
FERNANDO LOLAS STEPKE
Recibió
el título de Médico-Cirujano de la Universidad de Chile en 1973:
tras un programa de formación mixta (Fisiología-Psiquiatría) fue
becario del Servicio Alemán de Intercambio Académico en el
Departamento de Medicina Clínica General (Psicosomática) que
fundara Victor von Weizsáker en la Universidad de Heidelberg,
Alemania Federal, y trabajó con el profesor Paul Christian en
psicosomática clínica Y experimental.
Se incorporó también a la Clínica Psicosomática de la
misma Universidad y continuó con los estudios de Historia iniciados
en Chile. Luego fue Temporary Lecturer en Psiquiatría en la
Universidad de Sheffield, Gran Bretaña.
Postdoctoral Fellow de los National Institutes of Health en
Chicago, USA, v Profesor Visitante de las Universidades de
Heidelberg, Ulm. Barcelona, Alabama Y Buenos Aires, entre otras.
Actualmente
es Profesor Titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de
Chile, D ¡rector de la Clínica Psiquiátrica Universitaria, v
Vicepresidente de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría, y
Neurocirugía. Integra por designación del Presidente de la República, el
Consejo Superior de Desarrollo Tecnológico del Fondo Nacional de
Investigación Científica y Tecnológica (FONDECYT), diversas
Comisiones Asesoras en la Universidades Chile.
En el plano internacional, es Vicepresidente del Colegio
Internacional de Medicina Psicosomática v miembro de la Sociedad de
Investigación en Psicoterapia, de la Sociedad de Investigación
Psicofisiológica v de la International Brain Research Organization
(IBRO), entre otras sociedades científicas.
Fernando Lolas ha escrito o editado libros en
castellano, inglés y alemán en psiquiatría, psicosomática y
ciencias de la conducta, más de cincuenta capítulos en monografías
y sobre doscientos artículos en publicaciones científica en
neurociencias y ciencias de la conducta.
Su nombre aparece en el "Who is Who in Biobehavioral
Sciences" y en el "International Book of honor",
publicaciones internacionales de biografías.
En 1991 fue elegido Miembro de Número
de la Academia Chilena de la Lengua, Correspondiente Real Española.
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