Contacto - Portal Indepsi  Nº 7 -1991
REFLEXIONES SOBRE SALUD MENTAL

Dr. Fernando Lolas Stepke

Es notable la ambigüedad -por no decir contradicción- implícita en el término "Salud Mental". Como las buenas frases hechas, todo el mundo parece emplearla en un contexto apropiado. Pero pocas personas meditan sobre las antinomias que esconde.

¿Qué es, por ejemplo, "Mental"? Obviamente, con fines analíticos, puede decidirse llamar mental a unos fenómenos y no a otros. Como convención terminológica, muchos aceptarían que reservásemos el apelativo "Mental" para fenómenos cuya causación parece ser de orden intencional y que parecen corresponder a los aludidos bajo palabras tales como imaginación, deseo, emociones, memoria.

Pero quienes emplean el vocablo a menudo insinúan que éste alude a una causalidad de cosas, procesos y estados, definidos por exclusión. No son por ejemplo, "corporales" o "somáticos". No son, por otro lado, tangibles. ¿Es que es esto posible? Como convención terminológica, "Mental" es término apropiado. Pero requeriría  aceptar toda una epistemología constructivista reducirlo sólo a convención. No es ésa la postura de quienes lo emplean ingenuamente, o con propósitos didácticos. Especialmente contradictoria resulta así la construcción "salud mental". Aquí salud definitivamente adquiere el rango de un substantivo y mental el de un adjetivo. Los substantivos son "cosas", materiales o inmateriales, pero cosas, de las que se puede predicar un atributo básico: existen o no existen. La Salud, cosificada, es algo que se tiene o no se tiene, que se pierde, se recupera o se compra. Como los anillos.

La existencia o inexistencia de "Salud" en un contexto dado la deciden personas -expertos- que poseen la potestad de rotular: llaman "enfermos' quienes han perdido la salud.

Mas, sin perder la salud, puede alguien sentirse menoscabado, limitado, incapaz de vivir o, lo que también acontece, ser considerado "insano" por los demás. Salud tiene tanto de construcción y ritual personal como de objeto. Cuando se decide priorizar el segundo aspecto, se delega el poder de nominar en un técnico que no necesariamente considerará las dimensiones personal y societaria. Como proceso de construcción personal, es obvio que la salud no es ni mental ni somática ni social. Es, diríamos, salud "sin más".

Adjetivarla en un sentido o en otro fragmenta, innecesariamente, lo que es una percepción indivisa de bien-estar de contentamiento con la "calidad" de vivir. Mas es menester no olvidar que por muy didáctico que sea el uso de un vocablo, o aun por muy apropiado que parezca, siempre esconderá inéditas y contradictorias resonancias. No menos crítica debe ser la consideración de la denominación "profesionales" de o en "Salud Mental" con que algunos, inspirados por un igualitarismo atávico, confunden igualdad de derechos civiles con igualdad de competencia profesional. El modelo de un experto indiferenciado, totipotencial, no es sostenible en las condiciones actuales de diversificación de las sociedades postmodernas, aquellas surgidas después de la Segunda Guerra Mundial. Médicos, enfermeras, terapeutas ocupacionales, tecnólogos, asistentes sociales, tienen identidades insustituibles y roles diferenciados, sin perjuicio de que sus destrezas puedan ser complementariamente armonizadas en una concepción integradora. La única pregunta que debe responderse -pues aún no lo ha sido- es quién debe asumir la responsabilidad de la ,Organización Sistemática" del conjunto. ¿Qué decir de los abogados, de cuyo trabajo depende en ocasiones la tranquilidad de toda una vida? ¿Y de los arquitectos, que estructuran el ambiente, y con él, las personas que lo habitan, poseen o sufren? ¿o de los ingenieros de tránsito, de cuyas concepciones teóricas depende la supervivencia de más de alguna ciudad? Y finalmente, ¿qué decir de los economistas, cuyas prioridades influyen tan decisivamente sobre el bienestar de las poblaciones? Se ha creído que el individuo, en general en términos biológicos, es el fundamento de todo discurso relativo a la salud. Las alternativas de hacer de la familia, del grupo primario o secundario, de la díada, han sido ensayadas sin vulnerar, en principio, los fundamentos de tal discurso y sólo cambiando la óptica. Cambio no radical, puesto que siempre se está en busca de una unidad (individuo) que sea portadora de o poseedora de la salud (y por ende, de la Salud Mental). No se ha superado, en estas aproximaciones, el lastre ideológico de un substancialismo cosificador que hace de la salud un Objeto y no un proceso de Interdependencias entre entidades. (Comportamiento, "portarse con", es siempre fenómeno de internases, y su valor más elevado es la armonía. Ya el término debiera advertirnos que no es atributo "de" sino realidad "entre").

De esta postura individualista básica deriva, tal vez, la predilección por llamar, acotadamente, profesionales de la salud a aquellos que tratan de la integridad y preservación de individuos orgánicos, primordialmente biológicos. Explicaría en parte la tardía aceptación de la dimensión simbólica y psicosocial ' en el seno de la biomedicina de cuño positivista del novecientos. El intersticio entre individuos, el plexo de relaciones que constituye strictusenso lo social, sólo tardíamente -y, como sugerimos, de modo incompleto- implica que el locus de todo proceso y el asiento de todo predicado no necesariamente debe ser un "objeto individual" (sea ésta la persona, la díada, el grupo la sociedad). Las disciplinas que tienen que ver con la salud son, en un sentido etimológico profundo, "interesadas". Se basan en "interés", Inte-Esse, lo que está "entre" las cosas, los seres, las personas. Pues salud no es un atributo de una cosa, ni cosa ella misma, sino justamente armonía entre, discurso y transcurso, flujo perpetuo de avances, retrocesos, opciones y cambios.

Si la salud "sin más" queda así definida. ¿Puede haber profesionales "de" o "en" salud? ¿Son acaso comparables a los profesionales del átomo, de la leche, de la tierra? Examinar el modo en que hablamos de esto es inmensamente instructivo.

Nos enseña, por de pronto, que una profesión se configura cuando un grupo de personas "cosifica" un proceso, una relación, un método y lo convierte en propiedad más o menos exclusiva. A partir de esta "invención cosificadora" puede distinguirse entre los que son "de dentro" y los que son "de fuera" y proponer criterios para ello: a menudo educación formal, requisitos éticos ("ética" y "etiqueta"), pertenencia a grupos, rituales iniciáticos.

Mas lo paradójico persiste cuando comprobamos que esas "cosas" inventadas para poder "operar" con ellas se revelan huidizas y de ambigua contextura ' La célula del citólogo no es la célula del médico ni la del poeta. La "salud" del psicólogo no es la del profesor ni la del médico ni la del funcionario publico.

Cada "objeto" fundante de profesiones se revela así como una serie infinita de "miradas" que lo inventan, cada una desde una perspectiva diferente, con connotaciones distintas y consecuencias incomparables.

La "Salud Mental" es algo así como una utopía, la asíntota de una curva que se aproxima a una entidad sólo realizable en aspectos parciales y fragmentarios, ninguno de los cuales, por la forma de su génesis, puede reflejar a cabalidad (esto es, exhaustivamente) lo que designa.

Esta segunda paradoja, la de que "profesionales en salud mental" es, cuando menos, designación dudosa, también debiera estimularnos a desembocar la inercia de lo cotidiano.

DR. FERNANDO LOLAS STEPKE

 Recibió el título de Médico-Cirujano de la Universidad de Chile en 1973: tras un programa de formación mixta (Fisiología-Psiquiatría) fue becario del Servicio Alemán de Intercambio Académico en el Departamento de Medicina Clínica General (Psicosomática) que fundara Victor von Weizsáker en la Universidad de Heidelberg, Alemania Federal, y trabajó con el profesor Paul Christian en psicosomática clínica Y experimental.  Se incorporó también a la Clínica Psicosomática de la misma Universidad y continuó con los estudios de Historia iniciados en Chile.  Luego fue Temporary Lecturer en Psiquiatría en la Universidad de Sheffield, Gran Bretaña.  Postdoctoral Fellow de los National Institutes of Health en Chicago, USA, v Profesor Visitante de las Universidades de Heidelberg, Ulm. Barcelona, Alabama Y Buenos Aires, entre otras.

Actualmente es Profesor Titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, D ¡rector de la Clínica Psiquiátrica Universitaria, v Vicepresidente de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría, y Neurocirugía.  Integra por designación del Presidente de la República, el Consejo Superior de Desarrollo Tecnológico del Fondo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (FONDECYT), diversas Comisiones Asesoras en la Universidades Chile.  En el plano internacional, es Vicepresidente del Colegio Internacional de Medicina Psicosomática v miembro de la Sociedad de Investigación en Psicoterapia, de la Sociedad de Investigación Psicofisiológica v de la International Brain Research Organization (IBRO), entre otras sociedades científicas.

Fernando Lolas ha escrito o editado libros en castellano, inglés y alemán en psiquiatría, psicosomática y ciencias de la conducta, más de cincuenta capítulos en monografías y sobre doscientos artículos en publicaciones científica en neurociencias y ciencias de la conducta.  Su nombre aparece en el "Who is Who in Biobehavioral Sciences" y en el "International Book of honor", publicaciones internacionales de biografías.

En 1991 fue elegido Miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua, Correspondiente Real Española.

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