|
Acerca de la Realidad
"La ciencia se perdería si no siguiese
apoyándose en la creencia trascendental de que existen la Verdad Y
la Realidad, si renunciase a la interacción fundamental entre los
hechos y las construcciones que se dan aquí y, el reino de las
ideas intuidas por allá" (Philosophy of Matematics and Natural
Science, Princeton, prólogo IV).
Hemos querido encabezar esta editorial de este
modo, pues nos parece que tras esta frase se sintetiza uno de los
aspectos más relevantes y críticos en relación al desarrollo de
la Salud Mental, esto es, el modo en que el concepto de Realidad se
presenta en ella. "Realidad" mas específicamente Realidad
Objetiva surgen como uno de los obstáculos más significativos a la
hora de cotejar, evaluar, comparar e integrar distintos modelos
teóricos en Salud Mental. Realidad que, constituida como un
problema meta-psicológico, nos confronta a distintos paradigmas
epistemológicos que aún no logran resolver dicha cuestión y
compiten entre sí.
En Salud Mental, por lo general, hemos
considerado esta noción, sin definir ni especificar mayormente qué
es lo aludido en ello, ti¡ cuáles son los límites y alcances que
tras la Realidad subyacen; y hemos dejado al dominio de la
Filosofía, y más cercanamente, a la Epistemología el contestar
qué existe, en definitiva, tras este concepto. Sin embargo, hoy por
hoy, pareciera en el decir de K. Lorenz que "aún cuando no le
interese a uno la teoría del conocimiento como epistemólogo, está
uno obligado a hacerlo como biólogo", - -agregamos- también
como especialistas en Salud Mental. Así, esta obligación por
especificar lo que cada uno está entendiendo por Realidad, nos
remite a interesarnos por los fundamentos del discurso del otro Y
del nuestro, por la búsqueda del rigor en el discurso, el método y
la praxis, y por distinguir cuánto de ideología cuánto de real
conocimiento posee nuestro propio saber.
Tal vez entonces Objetivo y Subjetivo podrán ser
un par antitético sintetizable en la noción de Realidad; y de ahí
resultará que plantearse la validez en Salud Mental como un
problema de la primera persona (Fenomenología), de la segunda (el
sujeto simbólico), o de la tercera (conductismo), parecerá un sin
sentido; más aún cuando la posibilidad de enfocar conjuntamente a
estas tres personas comience a ser posible, en virtud de reinstaurar
en la dimensión genética -como lo ha desarrollado Piaget, en la
imagen del "Círculo de las Ciencias" - el punto de
integración de estas tres personas.
De un modo u otro el interés manifestado por
considerar aspectos epistemológicos de distintos enfoques
psicológicos: psicoanalíticos, conductistas, psicofisiológicos,
psicología genética entre otros, augura -junto al interés cada
vez más creciente por la autocrítica Y el reconocimiento de otros
paradigmas- que posiblemente desde el nivel de lo epistemológico
surjan las estrategias que nos permitan sustraernos a la disputa de
una psicología válida en primera, segunda o tercera persona, para
situarnos en un lugar donde una base epistemológica única nos
acerque al conocimiento de lo Real, desde donde fundar un paradigma
común en Salud Mental.
Volver al correo Nº
7
|