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Dra.
Andrea Bahamondes, Médico Psiquiatra
1.
¿Qué opinión le merece el Diagnóstico de Neurosis de Carácter?
Entiendo
por Neurosis de Carácter, a aquel tipo de neurosis en la que el
conflicto, no se traduce en la formación de síntomas claramente
aislables, sino en rasgos de carácter, se trata entonces de modos
de comportamiento relacionados con una organización patológica del
conjunto de la personalidad. Este término, de uso corriente en el
Psicoanálisis, no ha recibido nunca un sentido bien preciso, razón
por la que paulatinamente lo he abandonado, prefiero, y me parece más
operativo, el concepto de Scheider: personalidad normal.
Es
mi opinión el uso del término Neurosis de Carácter tiene dos
desventajas en relación a otros que apuntan al mismo problema: -la
noción permanece mal delimitada lo que conlleva a problemas nosológicos.
¿Es posible diferenciar una neurosis de carácter? También se hace
evidente un problema psicológico como es definir el origen,
fundamento y función de aquello que la psicología llama carácter.
Desde
el punto de vista técnico (psicoanalítico) se hace necesario
precisar qué lugar debemos darle al análisis de las defensas
llamadas “del carácter”.
2.
¿Qué función cumple este diagnóstico?
Varios
autores han requerido designar con el término neurosis del carácter
a una estructura psicopatológica determinada. Henry Sauguet reserva
el término de neurosis del carácter, para los casos en los cuales
la infiltración del yo es tan importante que ella determina la
organización de una estructura prepsicótica.
Una
concepción de este orden proviene de una serie de trabajos
psicoanalíticos (Alexander, Ferenczi, Glover) quienes han buscado
situar las anomalías caractereológicas entre los síntomas neuróticos
y las afecciones psicóticas.
3.
¿Qué incidencia le atribuye y cómo enfrenta estos Cuadros?
Debido
a la gran confusión determinada por la ausencia de una adecuada
definición y clasificación, es muy difícil cuantificar la
incidencia de este cuadro clínico. Además no es claro que esta
entidad sea reconocida por todos como enfermedad, o como una
desviación de la normalidad, en cuyo caso no sería incluida en los
estudios de incidencia de las enfermedades mentales.
La
prevalencia en EE.UU. (estudio realizado en 3 ciudades), es de 2,1 a
3,3% de la población general.
En
su enfrentamiento, creo, es necesario tener presente que las
expectativas acerca de la mejoría debe ser modesta y que
probablemente el trabajo tomará un tiempo prolongado.
Las
drogas no serán de gran ayuda; sólo en caso de stress inusualmente
elevado podrán indicarse, recordando que en estos pacientes la
tendencia a desarrollar dependencia, es mayor. La psicoterapia tendrá
más posibilidades de ayudar a pacientes jóvenes con deterioro de
la autoconfianza, problemas para establecer un contacto social
adecuado y desorientador respecto de su futuro. La existencia de
conductas antisociales hará aún más reservado el pronóstico. El
terapeuta deberá aceptar que algunos pacientes no se beneficiaran
del tratamiento a pesar de lo capacitado que el sea.
El
tratamiento deberá considerarse exitoso cuando se logre conseguir
cambios en las circunstancias del paciente para que reconozcan más
fácilmente las situaciones que provocan sus dificultades, y al
mismo tiempo aumente aquellas situaciones que fomentan las partes
sanas de su personalidad elevándolas a través de la mejoría en la
adaptación social.
4.
¿Y, en el ámbito de lo Comunitario?
Este
cuadro clínico se expresará de modo diferente y polimorfo para
cada grupo social.
Es
muy difícil entonces proponer un plan general de Salud Mental. La
mejor aproximación intentada de Salud Mental. La mejor aproximación
intentada es la comunidad terapéutica de Maxwell Jones que usa los
4 principios establecidos por Rapaport (1960), que se han demostrado
beneficiosos para producir cambios y que son:
-
El permiso para actuar lo que el paciente siente sin las
restricciones sociales.
-
Compartir tareas y responsabilidades.
-
Tomar decisiones grupales acerca de reglamentos.
-
Confrontación de cada persona con los efectos de sus acciones.
Con
estos criterios el seguimiento de 1-2 años muestra una tasa de
mejoría del 40 al 60%, dependiendo del criterio de mejoría
utilizado (funcionamiento social general, tener y mantener un
empleo, etc.).
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