Roberto Opazo C.,
Psicólogo Clínico
Quien
inicia una "reflexión" suele buscar un pretexto, un punto
de partida. A veces es un acontecimiento. Otras, una fecha, un
cambio de década, de siglo, pronto incluso de milenio.
Yo
elegiré arbitrariamente los más de cien años transcurridos desde
los primeros trabajos psicoterapéuticos de Freud. Y partiré con
una pregunta aún más arbitraria: Hacemos hoy en día psicoterapias
mejores que las que hacían Freud y sus colaboradores.
La
respuesta de algunos clínicos será un rotundo ¡Sí! A algunos les
parecerá un tanto absurda la pregunta. A otros, quizás ofensiva.
Quienes
así piensan no dejan de tener sus fundamentos. Es un hecho que en
estos anos son muchos los terapeutas talentosos que han desplegado
esfuerzos muy abnegados. Son muchos también los conceptos y las técnicas
terapéuticas que se han desarrollado. Finalmente, no son pocos los
pacientes que se han visto beneficiados por técnicas específicas
aplicadas por terapeutas muy comprometidos con su quehacer
profesional.
A
lo anterior, es necesario agregar que el trabajo en psicoterapia
constituye realmente una tarea difícil. Se trabaja con mil
variables, difíciles de precisar y de investigar, todo lo cual
dificulta el progreso. Por otra parte, el cambio terapéutico limita
con fronteras biológicas y ambientales de difícil modificación.
No resulta extraño, entonces, que los denodados esfuerzos de los
terapeutas no rindan los frutos esperados. De este modo, si alguna
lentitud ha habido en el progreso de la psicoterapia, una cuota de
atribución externa" resulta totalmente procedente; las cosas
no han andado mejor porque la tarea ha sido sumamente difícil.
A
riesgo de ser un tanto mezquino, voy a dejar hasta aquí la
consideración de la "cara positiva" de la psicoterapia y
de los psicoterapeutas. Considero de la mayor importancia otorgar
también espacio a la otra cara".
Aunque
parezca increíble, sin embargo, algunos clínicos sostienen que
desde los tiempos de Freud se ha trabajado mucho, pero se ha
avanzado poco. ¿Qué fundamento tiene esta posición?
Un
fundamento deriva de la falta de acuerdos conceptuales y clínicos.
Es posible argumentar que las disciplinas científicas que avanzan
van logrando acuerdos, que a su vez conducen a nuevos desacuerdos.
Pero estos nuevos desacuerdos se presentan sobre la base de un
cuerpo de conocimientos compartidos. En psicoterapia tal terreno
consensual seria escaso, a veces incluso inexistente.
Así,
para unos los cuadros clínicos existen, para otros no. Para unos el
inconsciente es fundamental, para otros no. Para unos existen los
rasgos de carácter, para otros no. Para unos existe la
esquizofrenia, para otros no. Para unos existen las enfermedades
mentales, para otros no. Se podría seguir casi ad infinitum. Baste
señalar que para unos es posible el acceso a la
"realidad" y para otros no. De este amplio espectro cada
terapeuta toma lo que quiere, según su le saber
y entender. Más democrático, ¿dónde?
Las
investigaciones aportan lo suyo a esta postura crítica. De las
miles de investigaciones realizadas no se extraen conclusiones muy
claras. Y las que se extraen no son muy alentadoras. Si bien la
psicoterapia, como proceso general, suele ser mejor que el no
tratamiento, las investigaciones muestran que no suele ser
significativamente mejor que los "tratamientos" placebo.
Y
el modesto cambio producido por la psicoterapia parece depender en
gran medida de las expectativas del paciente y de variables inespecíficas
del terapeuta y de la relación. El aporte de la teoría parece ser
pobre. El aporte de las estrategias clínicas parece ser pobre también.
De hecho, no existen hoy en día fundamentos serios para sostener
que un enfoque clínico tiende a ser superior a otros. El panorama
por lo tanto pareciera ser muy ambiguo.
El
panorama es ambiguo y parcialmente deprimente. Miles de teorías de
validez no demostrada, dan origen a miles de estrategias clínicas
de eficiencia no demostrada, que son aplicadas a millones de
pacientes de paciencia más que demostrada.
En
psicoterapia los pacientes se han ganado su nombre. Tratamientos
extensos, costosos y con alguna frecuencia poco efectivos, cuentan
con el beneplácito e incluso el entusiasmo de los afectados. Más aún,
las técnicas más "osadas" han contado siempre con múltiples
candidatos a experimentarlas. En los hechos, los terapeutas hemos
tenido una especie de "luz verde" para ensayar todo tipo
de técnicas; y para todas ha habido más de algún aplauso. Muchos
pacientes han sido verdaderos "cómplices" en la aplicación
de técnicas casi "descabelladas", las que afortunadamente
no han constituido la tónica predominante. En suma, en más de un
sentido me atrevería a sostener que la obsecuencia y la paciencia
de nuestros pacientes ha resultado perjudicial para el desarrollo de
la psicoterapia.
Desgraciadamente
no todos los terapeutas han tomado conciencia de esta especie de
"encrucijada clínica" a la que estamos abocados. La
cantidad de conceptos nuevos y de técnicas nuevas logran ocultar en
gran medida el problema de fondo. No siempre se asume que lo nuevo
no garantiza la precisión de un concepto ni las bondades de una técnica.
Tras tanta cosa "nueva", el progreso real de la
psicoterapia pareciera ser escaso, lo cual debería ser fuente de
inquietud para los psicoterapeutas.
En
la excelente revista Psicología, editada recientemente por el
Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, aparece un
artículo del psicoterapeuta Jeffrey Masson el que sostiene que la
psicoterapia no se ha ganado un sitial como especialidad
profesional. El título de su libro del cual se extractó el artículo
resulta más que sugerente: Against Therapy. Lo más sugerente de
todo es que su autor es un psicoterapeuta con una vasta experiencia
clínica y de una reconocida trayectoria profesional.
Pareciera
urgente que "alguien haga algo" o que todos aportemos
algo. Pareciera estar llegando la hora de hacer un alto en el
camino. Tal vez para meditar. Quizás para decantar. Algunos
consideran que ha llegado el momento de integrar. Sólo resta por
establecer: qué, por qué, para qué y cómo. Casi nada.
El
cambio de milenio puede aportamos un buen pretexto para que hagamos
algo al respecto. Sería un buen pretexto para preocuparnos.
Roberto
Opazo C., Psicólogo Clínico
Psicólogo,
titulado en la Universidad Católica de Chile (1 969).
E n la Universidad de Chile, Departamento de Psicología, ha
sido profesor de la Cátedra de Psicología General.
En la Escuela de Medicina de esa Universidad ha sido profesor
de la Cátedra de Psicología Médica. En la Facultad de Economía de la Universidad Católica ha
sido profesor de la Cátedra de Psicología Social.
En el CECIDEP ha sido Director y profesor de diversos Cursos
de Postítulo.
Ha
sido miembro fundador y primer
Director de la revista Terapia Psicológica.
Es el fundador y, actual
Director del Centro Científico de Desarrollo Psicológico
(CECIDEP).
Ha presentado diversos trabajos en Congresos tanto de psicólogos como
de psiquiatras. Ha
publicado numerosos artículos en la Revista Chilena de Psicología,
en la Revista de Psiquiatría, en la Revista Terapia Psicológica y
en la Revista de Análisis del Comportamiento editada en Bogotá,
Colombia.
Es
el autor del Modelo Integrativo Multicausal, base del trabajo clínico
del CECIDEP. Fue el
Director de las 1" Jornadas Clínicas del CECIDEP y el editor
del libro Los Afectos en la Práctica Clínica (1988).
Ha presentado trabajos científicos en el III Congreso
Mundial de Terapia Conductual (Washington, DIC., 1983) Y en el IV
Congreso Mundial de Terapia Conductual (Edimburgo, 1988).
Sus
actividades más recientes han sido la dirección de los Cursos
"Emoción y Cambio Terapéutico" (en el CECIDEP, Santiago,
1989) y "Terapia Cognitivo Conductual: aspectos conceptuales y
clínicos" (en la Universidad Nacional de San Luis, República
Argentina, 1989). En el
80 Congreso Nacional de Psicólogos Clínicos (1989) participó como
Conferencista invitado con el tema "Terapia Conductual en
Desajustes Psicofisiológicos ". En enero de 1990 participó
como Conferencista y Panelista invitado a las IV Jornadas de
Psicoterapia organizadas por la Sociedad de Neurología, Psiquiatría
y Neurocirugía.
Por
sus aportes al desarrollo de la psicología clínica, en 1987 le fue
otorgado el "Premio Sergio Yulis", distinción máxima que
entrega la Sociedad Chilena de Psicología Clínica.
Volver al correo Nº 5 |