Contacto - Portal Indepsi  Nº 5 -1991
REFLEXIONES SOBRE SALUD MENTAL

Roberto Opazo C., Psicólogo Clínico

Quien inicia una "reflexión" suele buscar un pretexto, un punto de partida. A veces es un acontecimiento. Otras, una fecha, un cambio de década, de siglo, pronto incluso de milenio.

Yo elegiré arbitrariamente los más de cien años transcurridos desde los primeros trabajos psicoterapéuticos de Freud. Y partiré con una pregunta aún más arbitraria: Hacemos hoy en día psicoterapias mejores que las que hacían Freud y sus colaboradores.

La respuesta de algunos clínicos será un rotundo ¡Sí! A algunos les parecerá un tanto absurda la pregunta. A otros, quizás ofensiva.

Quienes así piensan no dejan de tener sus fundamentos. Es un hecho que en estos anos son muchos los terapeutas talentosos que han desplegado esfuerzos muy abnegados. Son muchos también los conceptos y las técnicas terapéuticas que se han desarrollado. Finalmente, no son pocos los pacientes que se han visto beneficiados por técnicas específicas aplicadas por terapeutas muy comprometidos con su quehacer profesional.

A lo anterior, es necesario agregar que el trabajo en psicoterapia constituye realmente una tarea difícil. Se trabaja con mil variables, difíciles de precisar y de investigar, todo lo cual dificulta el progreso. Por otra parte, el cambio terapéutico limita con fronteras biológicas y ambientales de difícil modificación. No resulta extraño, entonces, que los denodados esfuerzos de los terapeutas no rindan los frutos esperados. De este modo, si alguna lentitud ha habido en el progreso de la psicoterapia, una cuota de atribución externa" resulta totalmente procedente; las cosas no han andado mejor porque la tarea ha sido sumamente difícil.

A riesgo de ser un tanto mezquino, voy a dejar hasta aquí la consideración de la "cara positiva" de la psicoterapia y de los psicoterapeutas. Considero de la mayor importancia otorgar también espacio a la otra cara".

Aunque parezca increíble, sin embargo, algunos clínicos sostienen que desde los tiempos de Freud se ha trabajado mucho, pero se ha avanzado poco. ¿Qué fundamento tiene esta posición?

Un fundamento deriva de la falta de acuerdos conceptuales y clínicos. Es posible argumentar que las disciplinas científicas que avanzan van logrando acuerdos, que a su vez conducen a nuevos desacuerdos. Pero estos nuevos desacuerdos se presentan sobre la base de un cuerpo de conocimientos compartidos. En psicoterapia tal terreno consensual seria escaso, a veces incluso inexistente.

Así, para unos los cuadros clínicos existen, para otros no. Para unos el inconsciente es fundamental, para otros no. Para unos existen los rasgos de carácter, para otros no. Para unos existe la esquizofrenia, para otros no. Para unos existen las enfermedades mentales, para otros no. Se podría seguir casi ad infinitum. Baste señalar que para unos es posible el acceso a la "realidad" y para otros no. De este amplio espectro cada terapeuta toma lo que quiere, según su le saber y entender. Más democrático, ¿dónde?

Las investigaciones aportan lo suyo a esta postura crítica. De las miles de investigaciones realizadas no se extraen conclusiones muy claras. Y las que se extraen no son muy alentadoras. Si bien la psicoterapia, como proceso general, suele ser mejor que el no tratamiento, las investigaciones muestran que no suele ser significativamente mejor que los "tratamientos" placebo.

Y el modesto cambio producido por la psicoterapia parece depender en gran medida de las expectativas del paciente y de variables inespecíficas del terapeuta y de la relación. El aporte de la teoría parece ser pobre. El aporte de las estrategias clínicas parece ser pobre también. De hecho, no existen hoy en día fundamentos serios para sostener que un enfoque clínico tiende a ser superior a otros. El panorama por lo tanto pareciera ser muy ambiguo.

El panorama es ambiguo y parcialmente deprimente. Miles de teorías de validez no demostrada, dan origen a miles de estrategias clínicas de eficiencia no demostrada, que son aplicadas a millones de pacientes de paciencia más que demostrada.

En psicoterapia los pacientes se han ganado su nombre. Tratamientos extensos, costosos y con alguna frecuencia poco efectivos, cuentan con el beneplácito e incluso el entusiasmo de los afectados. Más aún, las técnicas más "osadas" han contado siempre con múltiples candidatos a experimentarlas. En los hechos, los terapeutas hemos tenido una especie de "luz verde" para ensayar todo tipo de técnicas; y para todas ha habido más de algún aplauso. Muchos pacientes han sido verdaderos "cómplices" en la aplicación de técnicas casi "descabelladas", las que afortunadamente no han constituido la tónica predominante. En suma, en más de un sentido me atrevería a sostener que la obsecuencia y la paciencia de nuestros pacientes ha resultado perjudicial para el desarrollo de la psicoterapia.

Desgraciadamente no todos los terapeutas han tomado conciencia de esta especie de "encrucijada clínica" a la que estamos abocados. La cantidad de conceptos nuevos y de técnicas nuevas logran ocultar en gran medida el problema de fondo. No siempre se asume que lo nuevo no garantiza la precisión de un concepto ni las bondades de una técnica. Tras tanta cosa "nueva", el progreso real de la psicoterapia pareciera ser escaso, lo cual debería ser fuente de inquietud para los psicoterapeutas.

En la excelente revista Psicología, editada recientemente por el Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, aparece un artículo del psicoterapeuta Jeffrey Masson el que sostiene que la psicoterapia no se ha ganado un sitial como especialidad profesional. El título de su libro del cual se extractó el artículo resulta más que sugerente: Against Therapy. Lo más sugerente de todo es que su autor es un psicoterapeuta con una vasta experiencia clínica y de una reconocida trayectoria profesional.

Pareciera urgente que "alguien haga algo" o que todos aportemos algo. Pareciera estar llegando la hora de hacer un alto en el camino. Tal vez para meditar. Quizás para decantar. Algunos consideran que ha llegado el momento de integrar. Sólo resta por establecer: qué, por qué, para qué y cómo. Casi nada.

El cambio de milenio puede aportamos un buen pretexto para que hagamos algo al respecto. Sería un buen pretexto para preocuparnos.

Roberto Opazo C., Psicólogo Clínico

Psicólogo, titulado en la Universidad Católica de Chile (1 969).  E n la Universidad de Chile, Departamento de Psicología, ha sido profesor de la Cátedra de Psicología General.  En la Escuela de Medicina de esa Universidad ha sido profesor de la Cátedra de Psicología Médica.  En la Facultad de Economía de la Universidad Católica ha sido profesor de la Cátedra de Psicología Social.  En el CECIDEP ha sido Director y profesor de diversos Cursos de Postítulo.

Ha sido miembro fundador y primer Director de la revista Terapia Psicológica.  Es el fundador y, actual Director del Centro Científico de Desarrollo Psicológico (CECIDEP).

Ha presentado diversos trabajos en Congresos tanto de psicólogos como de psiquiatras.  Ha publicado numerosos artículos en la Revista Chilena de Psicología, en la Revista de Psiquiatría, en la Revista Terapia Psicológica y en la Revista de Análisis del Comportamiento editada en Bogotá, Colombia.

Es el autor del Modelo Integrativo Multicausal, base del trabajo clínico del CECIDEP.  Fue el Director de las 1" Jornadas Clínicas del CECIDEP y el editor del libro Los Afectos en la Práctica Clínica (1988).  Ha presentado trabajos científicos en el III Congreso Mundial de Terapia Conductual (Washington, DIC., 1983) Y en el IV Congreso Mundial de Terapia Conductual (Edimburgo, 1988).

Sus actividades más recientes han sido la dirección de los Cursos "Emoción y Cambio Terapéutico" (en el CECIDEP, Santiago, 1989) y "Terapia Cognitivo Conductual: aspectos conceptuales y clínicos" (en la Universidad Nacional de San Luis, República Argentina, 1989).  En el 80 Congreso Nacional de Psicólogos Clínicos (1989) participó como Conferencista invitado con el tema "Terapia Conductual en Desajustes Psicofisiológicos ". En enero de 1990 participó como Conferencista y Panelista invitado a las IV Jornadas de Psicoterapia organizadas por la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía.

Por sus aportes al desarrollo de la psicología clínica, en 1987 le fue otorgado el "Premio Sergio Yulis", distinción máxima que entrega la Sociedad Chilena de Psicología Clínica.

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