Contacto - Portal Indepsi  Nº 4 -1990
REFLEXIONES SOBRE SALUD MENTAL

Rafael Parada Allendes, Médico Psiquiatra

Salud Mental es -desde el punto de vista semántico-, una secuencia de dos significantes que, como tales, son polisémicos y desplazables. Se pueden definir con significados concretos que intenten apresar los objetos o situaciones por ellos señaladas. Como corolario de cada definición propuesta crecen implementaciones, planes y acciones concretas, medibles o simplemente registrabas, que percibimos como ideologías variadas, entre las cuales se desplazan y transitan, imperceptiblemente, los significados.

Salud es una expresión que sólo debiera señalar un horizonte de aspiración. Cuando el objetivo de la salud es la mente, en primer lugar debemos abocarnos a especificar qué es lo mental, su naturaleza y sus límites. Sólo después es dable hablar de salud, desorden, enfermedad o disfunción-, esas categorías serán, por tanto, predicadas de un acto previamente mostrado, señalado, o como algunos lo exigen -no sin pretensión-, definido.

Ser mentalmente sano es, desde distintas culturas a lo largo de la historia, y desde diversos sistemas políticos, algo tan variado y en muchos casos contradictorio, pues lo que está en juego es la naturaleza de lo mental, su despliegue y sus modos de entenderla. El hombre elabora, para captar o ilusionarse en ello, múltiples formas de enmarcar lo mental en conceptos administrables.

Pero hay un aspecto serio: y es cuando se pasa a la praxis, en que no sólo se trata de modificar conductas, aliviar o justificar penas; la problemática se extiende "subcutáneamente" en los modos de educar, de trabajar, de mandar u obedecer o en cualquier institución que suponga convivencia, en todo el quehacer humano.

La forma como ha sido concebida la locura a través de las distintas épocas de la humanidad, da cuenta de estas vicisitudes y así emerge como el indicador más manifiesto y elocuente de teorías que se han dado sobre la mente, en el afán de hurgar su naturaleza, su sentido y así pretender su manipulación.

Aunque muchos prefieran desconocerlo, postergándolo, el asunto Salud Mental tiene carácter de urgente y fundamental. Cada vez que la desviación de una conducta traspasa los límites de lo "encapsulable" y se vuelve masiva, extendiéndose con rapidez a muchos y variados individuos en una sociedad, como por ejemplo al abuso de drogas en los adolescentes, es necesario replantear el tema "mente y salud". En estos casos, lo típico es que surjan comisiones triministeriales (salud-educación-justicia) que intentan corregir la anomalía social a manotazos, pasando por alto que lo fundamental es la reflexión encaminada a discernir qué es la mente, evaluando los PREJUICIOS que cada cual tiene en este tema.

Para decidir e intervenir, poniendo pie o partiendo de un espacio firme, hoy es apremiante conocer el lugar desde donde emerjan los enunciados que precisan o definan lo que es Salud Mental. A fin de cuentas, toda implementación señala bordes que podrán ser los entendidos como la salud o sus distorsiones y sus respectivas expectativas. El asunto "enunciados definitorios" o "precisadores" no debe ser clausurado o pasado por alto por el usuario de la búsqueda de lo mental para sí o para el otro, con la prisa del que desea la eficacia, y para el cual este momento previo, que se ocupe en definiciones, es un estorbo sin sentido; al contrario, debe ver en él el germen inevitable de lo que ocurrirá por variadas que sean nuestras intervenciones.

Cada definición de Salud Mental o su mera aspiración a tal, quiéralo o no, establece un marco ideológico o religioso en sentido amplio. Posterguemos por el momento el hecho siempre formulado que es un marco ideológico el que genera tales aspiraciones con sus correspondientes definiciones y acciones y vayamos al análisis del suceso (salud mental, desórdenes, enfermedad o disyunción o como quiera llamársele), que es previo a su definición y acciones derivadas de ella.

Será, pues, en este nivel donde calza la meditación seria, profunda y crítica que señala el suceso, que entrega como primer momento no la magnitud del problema como habitualmente se piensa (pensando en los recursos disponibles o exigibles), sino en la naturaleza que lo configura, vale decir, en la malla que se conecta con múltiples disciplinas que, inadvertidamente, se nutren de ella, en sus quehaceres cotidianos, burocráticos y prácticos.

Entre la gran variedad de las concepciones de la mente, desde materialistas a espiritualistas, desde esotéricas a las que presumen de científicas, hay algo en común, pues todas ellas son formalmente concepciones de la mente.

Desde otro lado, una misma concepción de la mente es sólo válida para un solo individuo; en otro acto vivirá como otra que puede ser diametralmente opuesta, por rígidos que sean los rituales con que se aplique una de ellas.

Hagamos por el momento una afirmación que bien pudiera ser una herejía para los sectores que de un modo u otro son cualquier grupo humano que presume administrar la salud. Lo urgente no necesariamente es prioritario. La pregunta que sigue a esta afirmación sugiere: ¿Qué es, entonces, lo prioritario? ¿De dónde le surge su prioridad o movimiento primero? ¿,Quién la estipula y cuáles son las consecuencias de esta designación? ¿,A qué obliga como acciones o reflexiones?

Una prioridad es un referente que determina costumbres, sanciones, discursos políticos, afanes de acción, programas factibles, programas de eficacia discutida o contradictoria; es, al fin de cuentas, un remitente de significaciones para usos variados. Curiosamente lo prioritario, al no resolverse, permanece siempre prioritario (por ej. la pobreza, el smog, la injusticia); divorciado de lo urgente, mantiene su autonomía. Lo urgente es lo que se hace de inmediato, sin importar su contenido y completamente ajeno a la prioridad; sólo a veces coincidiendo, pero sin consecuencia predictible, aun cuando se ampara en ese contubernio.

Los programas y las vidas desfilan juntas pero no mezcladas, cada una en lo suyo, en profitaciones recíprocas. Se delega en el programa lo que no se hace en la vida. y la vida excluye, en aras de una libertad escondida. su adscripción al programa. La mente se la conoce por sus tropiezos. la locura la gráfica, pero no la entrega en sus esencialidades; por el contrario, la esconde en el asombro y el desafío.

Hay locuras mayores y menores-. el loco grande es recibido en el podio que la sociedad le asigna, como santo o demonio; o en un manicomio; o en el liderazgo de ciertos modos del desamparo colectivo. o en la meticulosidad de una burocracia ensalzada; en el "divertimento" de un arte omnipotente en cualquier cosa que sea un orden marginal frente a lo establecido. Es por eso que la palabra escogida para este tema es: desorden. Desorden de personalidad, de afecto, de cogniciones variadas, de desarrollo, tropiezos múltiples en el curso de la vida. La palabra desorden es eficaz: inofensiva en apariencia y saca al acto loco de la genética, de la bioquímica, del maltrato cuando niño, la injusticia laboral, y lo refiere simplemente a un orden que nadie conoce cabalmente.

¿,No será que este desorden pertenece a otro orden más abarcador, desde el cual el orden es también su hermano complementario?

La salud mental, aparte de ser una necesidad como acción, meditación y recurso, es también un juego de teorías y utopías. Es ofrecer las soluciones y prevenciones de problemas reales o imaginarios; es creer que esta, esa o aquella forma de vida es mejor para algo que no siempre se explicita. ¿Será confort? ¿,Supresión de represiones? ¿Vocación de petroglifo? ¿Justificación del afán de un salubrista?

Serán más valiosas las intenciones de acciones para la Salud Mental cuando incorporen en su prefacio este tipo de cuestiones. Así, todos, sanos y enfermos. con mente o sin ésta, se enfrenten y confronten en sus recíprocas ignorancias y aspiraciones para mejorar la calidad de vida humana, es porque además contendrá la historia de teorías elocuentes, que hemos visto combatir y competir en este tema; la cuestión quién es sano mentalmente; cómo lo consiguió y lo adquirió y cuál fue el costo en sufrimiento en placeres prohibidos o meramente en el dinero que produce el trabajo propio o el ajeno (y no hay explotación en todo esto sino oportunismo vital de los unos con los otros).

Rafael Parada Allendes, Médico Psiquiatra

Médico Psiquiatra de la Universidad de Chile y Licenciado en Filosofía con un postgrado en Alemania.  Se ha dedicado a la epistemología en psicopatología y a la docencia en distintas Universidades Chilenas (U. de Chile, Central). Profesor Titular de la Facultad de Medicina en la U. de Chile la, Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Chile.

Ha dictado cursos sobre Lacan; Introducción a la Filosofía en Psicología; Postgrado para becados en la Escuela de Medicina de la Univ. de Chile, y talleres de Análisis y Estudios de pre y, postgrado.  Como asimismo, cursos y conferencias en el extranjero: U.S.A., Alemania, Inglaterra, y Francia.

En su trayectoria profesional ha ocupado diferentes cargos; siendo uno de ellos Director de la Revista de Neurología y Psiquiatría entre los años 67 80.

A través del ejercicio de su profesión como docente, en la Cátedra de Psiquiatría, fundamentalmente, Rafael Parada A. ha contribuido a la formación y, enseñanza de innumerables profesionales de la Salud Mental, entregando su particular visión reflexiva, tal como se nos presta en estas reflexiones.

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