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Rafael Parada Allendes, Médico
Psiquiatra
Salud Mental es -desde el
punto de vista semántico-, una secuencia de dos significantes que,
como tales, son polisémicos y desplazables. Se pueden definir con
significados concretos que intenten apresar los objetos o
situaciones por ellos señaladas. Como corolario de cada definición
propuesta crecen implementaciones, planes y acciones concretas,
medibles o simplemente registrabas, que percibimos como ideologías
variadas, entre las cuales se desplazan y transitan,
imperceptiblemente, los significados.
Salud es una expresión que sólo
debiera señalar un horizonte de aspiración. Cuando el objetivo de
la salud es la mente, en primer lugar debemos abocarnos a
especificar qué es lo mental, su naturaleza y sus límites. Sólo
después es dable hablar de salud, desorden, enfermedad o disfunción-,
esas categorías serán, por tanto, predicadas de un acto
previamente mostrado, señalado, o como algunos lo exigen -no sin
pretensión-, definido.
Ser mentalmente sano es, desde
distintas culturas a lo largo de la historia, y desde diversos
sistemas políticos, algo tan variado y en muchos casos
contradictorio, pues lo que está en juego es la naturaleza de lo
mental, su despliegue y sus modos de entenderla. El hombre elabora,
para captar o ilusionarse en ello, múltiples formas de enmarcar lo
mental en conceptos administrables.
Pero hay un aspecto serio: y es
cuando se pasa a la praxis, en que no sólo se trata de modificar
conductas, aliviar o justificar penas; la problemática se extiende
"subcutáneamente" en los modos de educar, de trabajar, de
mandar u obedecer o en cualquier institución que suponga
convivencia, en todo el quehacer humano.
La forma como ha sido concebida
la locura a través de las distintas épocas de la humanidad, da
cuenta de estas vicisitudes y así emerge como el indicador más
manifiesto y elocuente de teorías que se han dado sobre la mente,
en el afán de hurgar su naturaleza, su sentido y así pretender su
manipulación.
Aunque muchos prefieran
desconocerlo, postergándolo, el asunto Salud Mental tiene carácter
de urgente y fundamental. Cada vez que la desviación de una
conducta traspasa los límites de lo "encapsulable" y se
vuelve masiva, extendiéndose con rapidez a muchos y variados
individuos en una sociedad, como por ejemplo al abuso de drogas en
los adolescentes, es necesario replantear el tema "mente y
salud". En estos casos, lo típico es que surjan comisiones
triministeriales (salud-educación-justicia) que intentan corregir
la anomalía social a manotazos, pasando por alto que lo fundamental
es la reflexión encaminada a discernir qué es la mente, evaluando
los PREJUICIOS que cada cual tiene en este tema.
Para decidir e intervenir,
poniendo pie o partiendo de un espacio firme, hoy es apremiante
conocer el lugar desde donde emerjan los enunciados que precisan o
definan lo que es Salud Mental. A fin de cuentas, toda implementación
señala bordes que podrán ser los entendidos como la salud o sus
distorsiones y sus respectivas expectativas. El asunto
"enunciados definitorios" o "precisadores" no
debe ser clausurado o pasado por alto por el usuario de la búsqueda
de lo mental para sí o para el otro, con la prisa del que desea la
eficacia, y para el cual este momento previo, que se ocupe en
definiciones, es un estorbo sin sentido; al contrario, debe ver en
él el germen inevitable de lo que ocurrirá por variadas que sean
nuestras intervenciones.
Cada definición de Salud
Mental o su mera aspiración a tal, quiéralo o no, establece un
marco ideológico o religioso en sentido amplio. Posterguemos por el
momento el hecho siempre formulado que es un marco ideológico el
que genera tales aspiraciones con sus correspondientes definiciones
y acciones y vayamos al análisis del suceso (salud mental, desórdenes,
enfermedad o disyunción o como quiera llamársele), que es previo a
su definición y acciones derivadas de ella.
Será, pues, en este nivel
donde calza la meditación seria, profunda y crítica que señala el
suceso, que entrega como primer momento no la magnitud del problema
como habitualmente se piensa (pensando en los recursos disponibles o
exigibles), sino en la naturaleza que lo configura, vale decir, en
la malla que se conecta con múltiples disciplinas que,
inadvertidamente, se nutren de ella, en sus quehaceres cotidianos,
burocráticos y prácticos.
Entre la gran variedad de las
concepciones de la mente, desde materialistas a espiritualistas,
desde esotéricas a las que presumen de científicas, hay algo en
común, pues todas ellas son formalmente concepciones de la mente.
Desde otro lado, una misma
concepción de la mente es sólo válida para un solo individuo; en
otro acto vivirá como otra que puede ser diametralmente opuesta,
por rígidos que sean los rituales con que se aplique una de ellas.
Hagamos por el momento una
afirmación que bien pudiera ser una herejía para los sectores que
de un modo u otro son cualquier grupo humano que presume administrar
la salud. Lo urgente no necesariamente es prioritario. La pregunta
que sigue a esta afirmación sugiere: ¿Qué es, entonces, lo
prioritario? ¿De dónde le surge su prioridad o movimiento primero?
¿,Quién la estipula y cuáles son las consecuencias de esta
designación? ¿,A qué obliga como acciones o reflexiones?
Una prioridad es un referente
que determina costumbres, sanciones, discursos políticos, afanes de
acción, programas factibles, programas de eficacia discutida o
contradictoria; es, al fin de cuentas, un remitente de
significaciones para usos variados. Curiosamente lo prioritario, al
no resolverse, permanece siempre prioritario (por ej. la pobreza, el
smog, la injusticia); divorciado de lo urgente, mantiene su autonomía.
Lo urgente es lo que se hace de inmediato, sin importar su contenido
y completamente ajeno a la prioridad; sólo a veces coincidiendo,
pero sin consecuencia predictible, aun cuando se ampara en ese
contubernio.
Los programas y las vidas
desfilan juntas pero no mezcladas, cada una en lo suyo, en
profitaciones recíprocas. Se delega en el programa lo que no se
hace en la vida. y la vida excluye, en aras de una libertad
escondida. su adscripción al programa. La mente se la conoce por
sus tropiezos. la locura la gráfica, pero no la entrega en sus
esencialidades; por el contrario, la esconde en el asombro y el
desafío.
Hay locuras mayores y menores-.
el loco grande es recibido en el podio que la sociedad le asigna,
como santo o demonio; o en un manicomio; o en el liderazgo de
ciertos modos del desamparo colectivo. o en la meticulosidad de una
burocracia ensalzada; en el "divertimento" de un arte
omnipotente en cualquier cosa que sea un orden marginal frente a lo
establecido. Es por eso que la palabra escogida para este tema es:
desorden. Desorden de personalidad, de afecto, de cogniciones
variadas, de desarrollo, tropiezos múltiples en el curso de la
vida. La palabra desorden es eficaz: inofensiva en apariencia y saca
al acto loco de la genética, de la bioquímica, del maltrato cuando
niño, la injusticia laboral, y lo refiere simplemente a un orden
que nadie conoce cabalmente.
¿,No será que este desorden
pertenece a otro orden más abarcador, desde el cual el orden es
también su hermano complementario?
La salud mental, aparte de ser
una necesidad como acción, meditación y recurso, es también un
juego de teorías y utopías. Es ofrecer las soluciones y
prevenciones de problemas reales o imaginarios; es creer que esta,
esa o aquella forma de vida es mejor para algo que no siempre se
explicita. ¿Será confort? ¿,Supresión de represiones? ¿Vocación
de petroglifo? ¿Justificación del afán de un salubrista?
Serán más valiosas las
intenciones de acciones para la Salud Mental cuando incorporen en su
prefacio este tipo de cuestiones. Así, todos, sanos y enfermos. con
mente o sin ésta, se enfrenten y confronten en sus recíprocas
ignorancias y aspiraciones para mejorar la calidad de vida humana,
es porque además contendrá la historia de teorías elocuentes, que
hemos visto combatir y competir en este tema; la cuestión quién es
sano mentalmente; cómo lo consiguió y lo adquirió y cuál fue el
costo en sufrimiento en placeres prohibidos o meramente en el dinero
que produce el trabajo propio o el ajeno (y no hay explotación en
todo esto sino oportunismo vital de los unos con los otros).
Rafael
Parada Allendes, Médico Psiquiatra
Médico
Psiquiatra de la Universidad de Chile y Licenciado en Filosofía con
un postgrado en Alemania. Se
ha dedicado a la epistemología en psicopatología y a la docencia
en distintas Universidades Chilenas (U. de Chile, Central). Profesor
Titular de la Facultad de Medicina en la U. de Chile la, Facultad de
Ciencias Sociales en la Universidad de Chile.
Ha
dictado cursos sobre Lacan; Introducción a la Filosofía en
Psicología; Postgrado para becados en la Escuela de Medicina de la
Univ. de Chile, y talleres de Análisis y Estudios de pre y,
postgrado. Como
asimismo, cursos y conferencias en el extranjero: U.S.A., Alemania,
Inglaterra, y Francia.
En
su trayectoria profesional ha ocupado diferentes cargos; siendo uno
de ellos Director de la Revista de Neurología y Psiquiatría entre
los años 67 80.
A
través del ejercicio de su profesión como docente, en la Cátedra
de Psiquiatría, fundamentalmente, Rafael Parada A. ha contribuido a
la formación y, enseñanza de innumerables profesionales de la
Salud Mental, entregando su particular visión reflexiva, tal como
se nos presta en estas reflexiones.
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