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El futuro de la Salud Mental
Una visión sinóptico del
estado actual del conocimiento en Salud Mental, nos enfrenta a una
peculiar situación. Esto es, la constatación de la presencia
permanente en este dominio de un "doble discurso" acerca
de la Salud Mental y, de su estudio, un doble estándar en el
desarrollo del conocimiento psicológico: uno, que se consolida
lentamente, Y en torno al cual se organizan cuerpos teóricos sólidos
estables, modelos que van conformando "cosmovisiones"
(psicoanálisis, conductismo, fenomenología) en la medida que
aspiran a dar cuenta de las grandes interrogantes de lo humano; y
otro, contemporáneo, propio del "aire de su tiempo",
coyuntural v transitorio que intenta ofrecer una alternativa a las
necesidades específicas de la época en que surgen.
Así, si la década del 70 se
caracterizó por el auge de las corrientes humanistas, expansivas de
la conciencia, experiencialistas (Berne, Perls, Rogers, Reich, v
otros); y la de los 80 por la búsqueda pragmática del éxito terapéutico,
del logro, operacional y expedito. (M. Erickson, Grinder, Bandler Y
otros), esto ha ocurrido, necesariamente como respuesta a las
demandas y urgencias que dichos tiempos conllevaron.
Por eso, el inicio de una nueva
década nos ofrece un conjunto de interrogantes: ¿Cuál es el
futuro de la Salud Mental? ¿Cómo se manifestará este doble estándar,
en los años venideros? ¿Qué necesidades onto y filogenéticas,
intentarán satisfacerse y de qué modo? ¿Cómo evolucionará este
Objeto de estudio, sus modelos, teorías y práctica?, en fin,
cuestiones todas que demandan por el futuro de la Salud Mental
Intentando abordar algunas de
estas preguntas, nos surge la necesidad de considerar estos dos
discursos, la función y estructura que los funda y el sentido que
ellos tienen en la evolución de un pensamiento psicológico estable
v duradero, Y -junto a ellos- una reflexión que aluda a la
propuesta de articularlos y, a la necesidad de la fusión, de la
convergencia y de la integración, de sus contenidos
Integración, en tanto
reconocer los fragmentos de la realidad que subyacen a todas y cada
una de las distintas alternativas que sobre el Objeto "Salud
Mental" ha existido, que discrimine estos enfoques en sus
puntos de fusión y convergencia.
Integración que demande el
esfuerzo común de hacer Ciencia -en un sentido riguroso, pero no
estrecho-, que ofrezca criterios v estatutos consensuales, que
posibilite el establecimiento de leyes y principios, y que
vehiculize el paso de una pluralidad de modelos a un cuerpo único,
amplio, abarcativo con una epistemología lúcida y que siente los
fundamentos de una praxi . s común.
Nos surge, entonces, la
comprensión de que esta nueva década nos demanda el esfuerzo por
encontrar la IDENTIDAD de la Salud Mental -no por crearla-, sino por
empezar a descubrir en el mundo de lo real, aquello que es
consustancial a lo que llamamos Salud Mental.
Una década de reflexión, de
cuestionamiento, de renuncia y aceptación, de búsqueda y esfuerzo,
que logre poner entre paréntesis nuestro actual conocimiento para
luego encontrar, en él mismo, aquello que surja como los contenidos
propios originales, "el sí mismo" que es la Salud Mental.
Es en esta perspectiva que este
primer Correo, del año, constituye una invitación a reflexionar y
sumar esfuerzos en esta dirección.
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