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Reflexiones
acerca de la Contratransferencia
Psa.
Yemma Castelli Flores
Psicóloga
Clínica
Es
difícil especificar en palabras el significado real de la
contratransferencia. Sin embargo podríamos buscarlo a través de
una serie de preguntas que nos permitieran acercarnos a su
comprensión, ¿qué es?, ¿cómo se identifica?, ¿cuanto de esto
es consciente y cuanto es inconsciente?, ¿cuándo se hace
consciente?, ¿cuáles son los efectos sobre el terapeuta y sobre
el paciente?, ¿estará ligada a lo psicosomático?, ¿se podría
explicar a través de otros conceptos?, ¿estará unida a otros
mecanismos implícitos -observación de lo no verbal- del hacer
psicoterapia?.
Preguntas,
cuyas respuestas sólo pueden surgir de las complejidades del
auto-conocimiento, de la auto-percepción del inconsciente del
terapeuta, de una profunda reflexión de la realidad y la verdad,
y la confrontación con el dolor de los propios errores, todo lo
cual lleva a reconocer la culpa, la amargura y la necesidad de
reparación del sí mismo del terapeuta. Cabe por tanto
preguntarse si éste ¿no será también un proceso de
automaternaje?.
¿Qué
es entonces la contratransferencia?. Como concepto, en la mayoría
de la literatura, particularmente en la literatura psicoanalítica,
el término se encuentra ligado tanto al "ser" del
psicoterapeuta como a lo que ocurriría en el "quehacer"
de la psicoterapia. Freud (1910) define contratransferencia como
"un afecto que surge en el analista como consecuencia
"de la influencia del paciente en los sentimientos
inconscientes" del primero."
A
partir de esta definición, la pregunta que cabe hacerse en el
marco de la práctica clínica es ¿cómo se identifica la
contratransferencia?. Al respecto, creo que una de las
dificultades del analista para identificar este complejo fenómeno
puede devenir de sus propias resistencias a no registrar, no
reconocer, no identificar, ni significar verbalmente sus propias
sensaciones -en un proceso de reconocimiento yo-no/yo- desde lo
cenestésico y lo inconsciente.
En
tanto las sensaciones elicitadas se encuentran a nivel
inconsciente, se genera en el terapeuta un estado angustioso y de
negación de una serie de fenómenos ocurridos en distintos
planos: fenómenos físicos -tales como somnolencia, estados
excitatorios, sensaciones olfatorias, molestias corporales-; y
fenómenos funcionales -proyección e introyección de imágenes,
estados alterados de conciencia, autogratificación y sensación
de omnipotencia- que resultan molestos y/o anormalmente agradables
dependiendo de la relación a determinadas circunstancias
ocurridas en el "aquí y ahora" del proceso
terapéutico.
En
mi opinión, la posibilidad del terapeuta de observar estos
fenómenos, su registro y descripción, permiten al terapeuta una
mayor conciencia de ellos y, por esta vía, el inicio de un
proceso de autoanálisis con el objeto de hacerlos conscientes.
Hacerse consciente de lo propio ayuda a despejar las propias
áreas de conflicto, ampliando la función del yo observador al
espacio del "quehacer" técnico en el proceso
terapeútico. La vía del autoanálisis entonces, podría ser un
punto de partida para profundizar el conocimiento del ser del
terapeuta.
Al
respecto, Freud (1910) afirma que "el analista tiene que
reconocer en si mismo esta contratransferencia y dominarla",
pues "ningún psicoanalista puede llegar más lejos de lo que
le permitan sus propios complejos y resistencias internas".
Desde
un punto de vista teórico, ha existido históricamente una
controversia acerca del tema de la contratransferencia entre las
posturas de dos líderes del psicoanálisis, Freud y Ferenczi.
Por
un lado Freud, desde su rol de pater, y figura superyoica
predominante comprendió, guió, limitó, y contuvo con
ecuanimidad y reserva las incursiones tanto teóricas como
técnicas de sus discípulos, mostrando desde su propio
auto-criticismo y auto-análisis los errores, costos y
consecuencias del "análisis salvaje" y/o del
apasionamiento por los nuevos descubrimientos de sus seguidores.
Su intención era guiar hacia la cura a través del cauteloso uso
de sus propias propuestas teóricas y técnicas, preservando así
la naturaleza intacta del análisis ortodoxo.
Ferenczi
por su parte, como madre del psicoanálisis, principal discípulo
de Freud, aparece como un hombre intuitivo, emocional, apasionado,
tierno, acogedor, nutriente y ávido de nutrición, quien fue
innovador hasta el punto de flexibilizar las máximas superyoicas
del psicoanálisis freudiano, para acceder al dolor y al trauma y
guiar hacia la cura a los pacientes más difíciles de tratar (hoy
por hoy, los pacientes borderline, narcisistas, psicóticos).
Ferenczi,
en este contexto, fue uno de los principales analistas dedicados
al estudio de la contratransferencia y fue el primero en variar el
concepto negativo que se tenía de los fenómenos
contratransferenciales, para plantear una noción positiva, donde
la contratransferencia es utilizada en beneficio del paciente,
como forma de acceso a los niveles más profundos del psiquismo y
del trauma.
Esta
técnica no sólo representó una forma distinta de plantear la
psicoterapia en su tiempo, sino que constituyó un avance teórico
revolucionario para el psicoanálisis entre los años 1924 a 1933.
Este
uso y manejo de la contratransferencia en el método clínico de
Ferenczi, requiere por parte del analista una actitud esencial de
apertura y autocrítica respecto a los propios errores, una
focalización en la observación de las claves no verbales con el
objeto de interpretar los procesos inconscientes, y el desarrollo
de habilidades emocionales y de funcionamiento empático.
¿Cuáles
son los efectos de este nuevo método sobre el terapeuta, el
paciente y el proceso terapéutico?. En cuanto al proceso, este
método implicaría una noción de psicoterapia entre
dos-personas, con un cambio en el clima emocional relacionado con
los componentes no verbales, corporales fisiológicos, psíquicos,
subjetivos y lógicos, de inconsciente a inconsciente. En este
sentido, el método se sustenta en lo psicosomático y en otros
mecanismos implícitos tales como la identificación adhesiva, la
identificación con el agresor, etc.
El
uso de la contratransferencia como herramienta clínica
primordial, se sustenta en una serie de reglas fundamentales
implícitas que deberían estar presentes en un psicoterapeuta,
como son el concepto de "empatía"
("Einfühlung"), de indulgencia, de maternaje, de
sintonización emocional, de tacto, de silencio, de honestidad, de
humildad, y de amorosidad.
Como
se ha mencionado, desde el punto de vista teórico, el concepto de
contratransferencia se puede ligar a distintos preceptos. La
principal dificultad para el terapeuta es la necesidad de estar
atento a su "yo observador", a su inconsciente, a sus
raíces primitivas y algunas veces fragmentadas por efecto del
superyo, al significado de las sensaciones psicosomáticas, al
propio psiquísmo que se conecta energéticamente con psiquísmo
de un otro.
En
esta psicología de dos-personas, suelen suceder fenómenos no
verbales, que el terapeuta podría, por error, no observar como
parte de la contratransferencia, siendo vulnerable a 1a
exoactuación de tales contenidos dentro del proceso terapéutico,
sobre todo si el psicoterapeuta no es capaz de reconocer sus
propios códigos los niega o rechaza.
Tal
situación podría hacer que el paciente volviera a repetir la
experiencia de no ser comprendido emocionalmente; sin embargo lo
opuesto -estar demasiado atento y no tener timing ni tacto- nos
hace perder humildad y aparecer como omnipotentes,
gratificándonos con un "poder", que no es tal.
Esta
difícil situación reclama la necesidad de un trabajo árido,
duro, y doloroso de autoanálisis y autocrítica. Una de las
maneras de superar este déficit en nuestro trabajo
clínico-psicoterapéutico, es a través de un análisis
didáctico profundo, el estudio permanente y la posibilidad de
compartir con otros clínicos la experiencia acumulada.
La
enseñanza que nos deja el legado de Ferenczi, es que en la
mayoría de los casos dificiles (borderline, narcisistas y
psicoticos) lo que se esconde es la existencia de un trauma sexual
o emocional de la infancia, en la que el paciente/niño ha sido
seducido por la figura adulta/parental, quien confunde su demanda
de ternura con la pasión sexual adulta, generando una confusión
de lenguas entre el adulto y el niño.
En
este sentido, el método clínico ferencziano, el uso de la
contratransferencia como herramienta para develar las
interacciones patógenas de la infancia, que en este tipo de
pacientes es tal vez la única herramienta para develar el pasado
traumático, requiere de un terapeuta genuino y empático, que
cure y no repita las interacciones traumáticas del pasado, para
ayudar en realidad a recuperar el trauma sexual de la infancia y
el abuso de la seducción emocional.
De
tal suerte una última reflexión nos lleva a preguntarnos... ¿Y
quién mejor preparado está para acompañar a otros, más que
aquel que ha sido capaz de caminar por su propio y doloroso caos e
intentar rescatar el verdadero ser escondido y develar su propia
confusión de lenguas?.
http://www.ycastellif.cl/index.htm
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