Contacto ·  Portal Indepsi  Nº 26 -1999
EDITORIAL

Una Correspondencia Tardía

 

En esta última década del milenio, asistimos a una revolución en el mundo psicoanalítico. Aquello que se afirmaba tan vehementemente, que por décadas fue dado por cierto, se ha convulsionado con la aparición de una serie de nuevos materiales, materiales inéditos, materiales proscritos.

 

Largamente confinados al silencio, marginados, en una historia que no alude solo al ámbito de lo psicoanalítico, sino también al de la psicología y psicoterapia en general; esta revolución viene a señalar los riesgos de hacer del campo de la Salud Mental, un terreno de «juegos de poder», de «poderes fácticos». También, alude a la coherencia del paso del tiempo, y al retorno del orden natural; lo que no obstante no anula los costos implícitos, los desvaríos de la razón, ni los asesinatos de carácter, que tan frecuentemente nos ha sido dado observar.

 

La aparición de los dos volúmenes de la Correspondencia Freud-Ferenczi 1908-1914; 1914-1919; aparecen como el bastión de esta revolución. Cambio de perspectiva, sin duda, resignificación de la historia, a no dudar, pero más profundamente, testimonio de un proceso intelectual, atravesado por juegos hegemónicos, luchas fratricidas y colusiones estratégicas. No obstante, la lectura de estas cartas nos permiten asistir a la real naturaleza de la relación de Freud y Ferenczi, observar los hechos históricos desde fuentes fidedignas, atisbar la humana cotidianeidad de sus actores y percibir el origen de los conceptos surgidos de las mentes de ambos, amén de los implícitos interpretativos que ellas nos ofrecen acercándonos un poco más al conocimiento de las complejas vicisitudes que significaron la consolidación del psicoanálisis como un saber aportativo a la comprensión del ser humano. Esta presencia, en alusión a las razones de su ausencia por años, también viene a testimoniar el juego de estigmatizaciones, de devaluaciones y descalificaciones al disidente, el uso del discurso profesional como herramienta colusiva a la hora de discrepar y disentir, y el confinamiento de aquello que amenaza un poder que se consolida.

 

Ferenczi, Rank, Reich, Groddeck, Lacan, Klein, divergentes todos, construyendo escuelas paralelas o fieles a Freud hasta el final, fueron en su momento cada uno de ellos estigmatizados, víctimas de un saber que no lograba asimilar nuevas concepciones teóricas, y que privilegiaba las estrategias de consolidación al «aire de su tiempo» frente a la revisión profunda de los preceptos hasta la fecha vigentes. Balint, bien lo sabía, tal vez por haber tenido el mismo que negociar entre estas dos aguas, por su propia necesidad de adaptación; no obstante tuvo la lucidez de saber que por estar Ferenczi adelantado mas de cincuenta años a su tiempo, solo en el tiempo preciso la Correspondencia, junto al Diario Clínico, podrían ver la luz.

 

Sin embargo estas opiniones, no denostan ni menoscaban a sus miembros. Por el contrario tanto Freud como Ferenczi, resurgen fortalecidos, el primero, liberado de una idealización que no por atractiva lo reconoce en su real estatura; el segundo, aparece retornando el lugar que la historia le había negado recuperando su genuino espacio de constructor y pionero de los más contemporáneos debates teóricos. Nosotros, tal vez podamos en una imagen especular, reconocernos en una historia que más allá de la historia del psicoanálisis, es la historia de todos, es nuestra historia, reflejada en idénticas vicisitudes, e idénticos errores, y así logremos descubrir nuestra propia correspondencia tardía.

 

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