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Una
Correspondencia Tardía
En
esta última década del milenio, asistimos a una revolución en
el mundo psicoanalítico. Aquello que se afirmaba tan
vehementemente, que por décadas fue dado por cierto, se ha
convulsionado con la aparición de una serie de nuevos materiales,
materiales inéditos, materiales proscritos.
Largamente
confinados al silencio, marginados, en una historia que no alude
solo al ámbito de lo psicoanalítico, sino también al de la
psicología y psicoterapia en general; esta revolución viene a
señalar los riesgos de hacer del campo de la Salud Mental, un
terreno de «juegos de poder», de «poderes fácticos».
También, alude a la coherencia del paso del tiempo, y al retorno
del orden natural; lo que no obstante no anula los costos
implícitos, los desvaríos de la razón, ni los asesinatos de
carácter, que tan frecuentemente nos ha sido dado observar.
La
aparición de los dos volúmenes de la Correspondencia
Freud-Ferenczi 1908-1914; 1914-1919; aparecen como el bastión de
esta revolución. Cambio de perspectiva, sin duda,
resignificación de la historia, a no dudar, pero más
profundamente, testimonio de un proceso intelectual, atravesado
por juegos hegemónicos, luchas fratricidas y colusiones
estratégicas. No obstante, la lectura de estas cartas nos
permiten asistir a la real naturaleza de la relación de Freud y
Ferenczi, observar los hechos históricos desde fuentes
fidedignas, atisbar la humana cotidianeidad de sus actores y
percibir el origen de los conceptos surgidos de las mentes de
ambos, amén de los implícitos interpretativos que ellas nos
ofrecen acercándonos un poco más al conocimiento de las
complejas vicisitudes que significaron la consolidación del
psicoanálisis como un saber aportativo a la comprensión del ser
humano. Esta presencia, en alusión a las razones de su ausencia
por años, también viene a testimoniar el juego de
estigmatizaciones, de devaluaciones y descalificaciones al
disidente, el uso del discurso profesional como herramienta
colusiva a la hora de discrepar y disentir, y el confinamiento de
aquello que amenaza un poder que se consolida.
Ferenczi,
Rank, Reich, Groddeck, Lacan, Klein, divergentes todos,
construyendo escuelas paralelas o fieles a Freud hasta el final,
fueron en su momento cada uno de ellos estigmatizados, víctimas
de un saber que no lograba asimilar nuevas concepciones teóricas,
y que privilegiaba las estrategias de consolidación al «aire de
su tiempo» frente a la revisión profunda de los preceptos hasta
la fecha vigentes. Balint, bien lo sabía, tal vez por haber
tenido el mismo que negociar entre estas dos aguas, por su propia
necesidad de adaptación; no obstante tuvo la lucidez de saber que
por estar Ferenczi adelantado mas de cincuenta años a su tiempo,
solo en el tiempo preciso la Correspondencia, junto al Diario
Clínico, podrían ver la luz.
Sin
embargo estas opiniones, no denostan ni menoscaban a sus miembros.
Por el contrario tanto Freud como Ferenczi, resurgen fortalecidos,
el primero, liberado de una idealización que no por atractiva lo
reconoce en su real estatura; el segundo, aparece retornando el
lugar que la historia le había negado recuperando su genuino
espacio de constructor y pionero de los más contemporáneos
debates teóricos. Nosotros, tal vez podamos en una imagen
especular, reconocernos en una historia que más allá de la
historia del psicoanálisis, es la historia de todos, es nuestra
historia, reflejada en idénticas vicisitudes, e idénticos
errores, y así logremos descubrir nuestra propia correspondencia
tardía.
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