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Sobre saltos, tumbos y tumbas.
En los albores del siglo XXI,
no parecería improcedente una mirada panorámica sobre parte del
desarrollo de nuestra disciplina, toda vez que el mundo se nos
ha convertido en la tan vaticinada aldea global.
Asistimos en Madrid, al Congreso
Sándor Ferenczi y el Psicoanálisis Contemporáneo, donde más de
trescientos especialistas de todo el orbe, se dieron cita y discutieron
sobre el impacto del celebre analista húngaro a setenta y cinco
años de su ilustre visita a esa ciudad. Conferencias, exposiciones
y ponencias versaron sobre los aportes de la obra de este psiquiatra
húngaro, que presente en la mayoría de los desarrollos analíticos
contemporáneos permanece aun silenciado para la gran mayoría del
concierto psicoanalítico mundial. Conocimos a Judith Dupont, Arnold
Rachmann, Pierre Sabourin, Peter Rudnystky, Andree Haynal, entre
otros, sabiéndolos nombres desconocidos para la mayoría de nosotros
en latinoamérica, a pesar de que ellos lideran uno de los movimientos
más vanguardistas del saber analítico actual. Conversamos con
Marc Paterson, poseedor de los derechos de la obra de Sigmund
Freud y Sándor Ferenczi, y nos enteramos de las vicisitudes y
complejidades de la publicación de algunos de los textos de ambos
clínicos, en particular parte de la Correspondencia aún impublicada.
En el Congreso, Otto Kernberg, adelantó la realización del 41
Congreso Psicoanalítico Internacional a realizarse en Santiago
de Chile en julio de 1999. Posteriormente, comprobamos los esfuerzos
realizados tanto en Londres como Viena, por mantener presente
la figura de Sigmund Freud, constatando los ingentes esfuerzos
realizados años tras año, por aumentar el caudal de material del
sabio vienés, incluyendo ciertos videos filmados en los últimos
años de su vida. Nos sorprendimos por las realizaciones y logros
alcanzado.
En Budapest, nos reunimos con
miembros del grupo psicoanalítico húngaro, y la directiva de la
Sándor Ferenczi Society, impresionados por las dificultades operativas
y por la mística que mantiene viva la presencia del pensamiento
psicoanalítico en estos parajes. A pesar de las precarias condiciones
profesionales en que se encuentran nuestros colegas, las mismas
en que se desarrollaron clínicos tales como Michael Balint, Sándor
Rado y el mismo Ferenczi: el entusiasmo y fervor por el desarrollo
del pensamiento analítico sorprende como algo digno de encomio.
Gyorgy Hidas, presidente de la Sociedad, nos sorprendió con su
magnifica cordialidad, evocándonos el espíritu de un estilo casi
extinguido en nuestro tiempo.
En esta misma ciudad, luego de
hurgar en la pequeña biblioteca de la Sociedad y recorrer los
lugares donde Ferenczi vivió, visitamos el cementerio de Kelepeti
Pu, donde descansan sus restos. Tras un largo periplo por el Cementerio
Judío, nos topamos con la dolorosa constatación del abandono en
que se encuentran sus restos, y después de rendir un pequeño homenaje
a su memoria, nos perdimos en una larga disquisición acerca de
lo paradojal del desarrollo de nuestra disciplina, pletórico de
iconos ocasionales, teorías de modas y usos instrumentales, y
tan renuente al estudio concienzudo de un saber que se dinamiza
entre saltos y tumbos.
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