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GEORGE GRODDECK (1866-1934)
"MI yo y mi ello felicitan
a su Ello". Sigmund Freud. 1926
Juan V. Gallardo C. Psicólogo Clínico
Referir a George Groddeck, es sin
duda alguna aludir al más heterodoxo de los clínicos del psicoanálisis
ortodoxo, a aquel que autodenominándose un "psicoanalista salvaje",
enrostró ferozmente el aburguesamiento de aquellos analistas que
reacios a trabajar consigo mismos se deniegan como eje principal
de todo cambio terapéutico. Criticado en la mayoría de los textos
psicoanalíticos, referido solo de un modo tangencial (generalmente
como precursor del concepto del Ello) y desconocido en sus propuestas
teóricas, Groddeck aparece como uno de los teóricos más criticados
del universo psicoanalítico. No obstante, es a este heterodoxo pensador,
médico, psicoanalista, literato y filósofo, a quien debemos el concepto
del Ello y una original teorización sobre el sentido de lo organísmico,
teorización que de tan sorprendente aun hoy en día no ha sido fácil
de admitir; sin embargo, y a pesar de ello la psicosomática moderna,
tanto como los enfoques sistémicos y holísticos, al igual que el
humanismo y la bioenergética aun mantienen una deuda con él, en
tanto precursor de estos tipos de enfoque e inaugurador, y -junto
a Sándor Ferenczi- de la problemática del paralelismo psicofísico.
Creador del concepto del Ello, su
comprensión de este constructo, que diferirá progresivamente del
concepto freudiano, aun en la actualidad es poco conocida. Groddeck
fue un pionero en plantear que la distinción entre cuerpo y psique
era algo artificial. Su larga experiencia clínica a cargo del Sanatorio
de Baden-Baden (Satanarium, como jocosamente ironiza M. Stanton,
1998), le permitió a través de su permanente trabajo con pacientes
aquejados de dolencias orgánicas elaborar una modalidad de tratamiento
que integraba procedimientos físicos y mecánicos de la época con
intervenciones interpretativas simbolizadoras del significado de
una determinada enfermedad. Pletórico en sus observaciones clínicas,
gradualmente fue relacionando el acaecer de lo orgánico con el devenir
de lo psíquico hasta postular la unicidad de un fenómeno que trascendía
la artificial distinción psique-soma, para acceder a un concepto
unívoco de funcionamiento organísmico, comandado por una instancia
que denominaría el Ello.
Nacido el 13 de octubre de 1866
en Bad Kosen, Groddeck fue el quinto y ultimo hijo de un familia
burguesa, caracterizada por una condición enfermiza que progresivamente
acabaría con todos sus miembros antes de que éste cumpliera sus
cuarenta años. Esta condición familiar, que podríamos llamar esquizoidea-uretral
llevaría lo psicosomático al límite último de ese espectro clínico,
en una serie de colapsos propios de sus estados terminales. Groddeck
mismo, no fue una excepción a ello, él testimonió con su vida una
serie de trastornos psicosomáticos, los que ligados a su experiencia
clínica y organizados en torno a una espíritu crítico y auto analítico
sirvieron como material fundamental para las teorizaciones por él
elaboradas.
Hijo del médico Karl Groddeck y
de una madre culta que no se prodigó mayormente en su maternidad,
Groddeck a instancias del primero, siguió de muy buen gusto, los
pasos de un padre poco ortodoxo, que no creía en los fármacos, y
que ejercitaba una medicina sui generis, basadas en ideas
personales, caracterizada por un gran tacto y mayor amabilidad.
Cuando Groddeck tiene alrededor de 18-19 años, junto con la muerte
de su padre de un cuadro de apoplejía, inicia por esa misma fecha
sus estudios de medicina en la Kaise Universitat de Berlín. Ahí
conocerá a Ernst Schweniger, personaje único, semejante a su padre,
y bajo cuyo alero una vez finalizada su formación universitaria
y después de leer una tesis sobre los nulos efectos de la hidroxilamina
en los trastorno de la piel, se convierte en sus asistente, desarrollando
sus primeros pasos profesionales. En 1900, a la edad de 34 años
instala su propio sanatorio en Baden-Baden, ubicado en la Selva
Negra adonde acudía la aristocracia alemana para hacerse tratar.
Poseedor de una fe ilimitada en
sus facultades curativas, esta se testimoniará en un notable éxito
como médico tratante primero, y como analista después, permitiéndole
con el correr de los años llegar a plantear interesantes directrices
en relación a la dirección del tratamiento y la actitud del analista
en relación a ello. De esta suerte, él se suma a una corriente humanista
que empezaba a vislumbrar: la importancia del rol del terapeuta
en el proceso de la cura; la segunda regla fundamental (ningún terapeuta
lleva a un paciente más allá de su propio nivel de desarrollo) y,
una idea propiamente de él, el rol del médico como un ser al servicio
del paciente.
Un nutrido y amplio contacto con
pacientes de sintomatología somática y diferentes trastornos orgánicos,
le obliga a elaborar mejores y mas completas alternativas de tratamiento
de aquellas dolencias: dietas, masajes e hidroterapia se ligan,
entonces, a una actitud benevolente y amable con los enfermos y,
finalmente, tierna con aquellos que estaban cerca de la muerte.
Es posible que siendo de todos los analista de su época el que,
sin duda, estuvo más cercano a la muerte de otros, tanto en lo personal
como lo profesional, Groddeck haya experimentado directamente la
destructividad última de lo psíquico cuando ligado a lo orgánico
se constituyen en una unidad indivisible.
En 1913 publica, Nasamecu,
donde desarrolla la tesis de Schweniger en relación a que la naturaleza
sana y la medicina cura, en un texto que alcanzará cierta notoriedad
no tanto por sus tesis como por contener una muy moderada y nada
desacertada critica al psicoanálisis. Para Groddeck, la enfermedad
no era atribuible a un mal funcionamiento mecánico sino que, por
el contrario, representaba un sentido, un significado, y por tanto
ella se articula como un símbolo, como una creación del organismo.
Para él un tratamiento integral debía aspirar a develar esta relación
simbólica, y consecuentemente, junto a los procedimientos terapéuticos
clásicos, inicia una profundización en la búsqueda del sentido y
significado de un determinado trastorno orgánico, fuera este agudo
o crónico, y lleva adelante sus Conferencias semanales para uso
de los enfermos, en las cuales regularmente les habla a estos de
diversos temas sensibilizándolos a una actitud más consciente sobre
la vida, el arte o la propia existencia.
Groddeck, se percata del parecido
de su propuesta con la de Sigmund Freud, trabando relación con el
sabio vienes, y pasando a formar parte del circulo de psicoanalistas.
A pesar de no haber formado nunca parte integral de esta asociación,
debido en gran medida a sus rasgos de carácter, a su propia originalidad
e ilimitada independencia, ello - si bien no le granjeo la amistad
de los psicoanalistas de la época - no impidió su amistad con Freud,
Simmel, Horney, y en particular con Sándor Ferenczi.
La búsqueda de lo curativo, lleva
a Groddeck a complementar sus métodos terapéuticos con parámetros
psicoanalíticos. Su experiencia con Fraulein G., al igual que sus
esfuerzos por simbolizar el conjunto de síntomas psicosomáticos
que le afectaban, le permite transitar hacia el estudio del análisis
del síntoma, y de ahí derivar al develamiento de los símbolos implícitos.
A partir de la intuición de que tanto las palabras como los actos
prohibidos de dichos síntomas tenían un sentido que se relacionaba
con la enfermedad, Groddeck va, uno se tentaría por decir "utraquísticamente",
estableciendo paralelos entre la expresión somática y el devenir
de lo fenomenológico, lo afectivo y lo cognitivo, o por expresarlos
en su lenguaje entre lo consciente, lo inconsciente y lo vegetativo.
Constructor de una teoría global,
que se sustenta en su particular concepción del Ello, magistralmente
sintetiza la frase "yo vivo" reemplazándola por otra "yo
soy vivido por el Ello" fundando una instancia (lo "ello",
o fuerza vital, el si mismo, el organismo) organizadora de toda
actividad humana, sea esta del desarrollo del tejido celular, los
mecanismos homeostáticos o las transformaciones de lo neurovegetativo,
en síntesis toda la vida orgánica de la persona en respuesta a ciertas
impresiones sensoriales o a ciertas asociaciones de ideas inconscientes,
incluyendo la capacidad para enfermarse. Groddeck postula que cuerpo
y mente no son dos entes independientes, que todo fenómeno humano
se expresa simultáneamente de dos formas y que para aprehenderlo
hay que abordarlo en estas dos dimensiones. Que somos personas,
organismos indivisibles y por tanto, que todo síntoma psíquico tiene
su expresión física y todo síntoma físico su expresión psíquica,
por lo que una enfermedad atañe al organismo en tanto unidad. Al
lugar donde Groddeck articula la ligazón original de lo psíquico
y lo somático, el lo llamara el Ello y será este su concepto más
original.
Por esta vía desarrollará una propuesta
clínica, interpretando la relación simbólica entre el síntoma y
su significado, psicoanálisis in organicis como lo bautizo
Ferenczi, identificando las múltiples manifestaciones del Ello del
paciente, realizando profundas relaciones entre el soma y lo discursivo,
y aplicando los principios de pensamiento primario y secundario
a la lógica de lo somático, lleva adelante lo que podría denominarse
un psicoanálisis del Ello, en el cual se permite interpretar el
curso del síntoma orgánico exactamente igual que Freud lo hará con
la interpretación de los sueños. Groddeck, cambiara la óptica de
"tratar" a un paciente por la de "servir", destacando
que es la actitud de ponerse enteramente al servicio del enfermo
lo que constituirá el eje del rol terapéutico. Para él, dado que
solo el Ello del paciente sabe realmente como se le ha de tratar,
el terapeuta no solo debe comprender el lenguaje del Ello, sino
que también debe hablarlo, para identificar tanto la voluntad de
curar, como la voluntad de enfermar del Ello.
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