Contacto ·  Portal Indepsi  Nº 23 -1997
REFLEXIONES SOBRE SALUD MENTAL

PROBLEMAS DE LA PRÁCTICA PSICOANALÍTICA ACTUAL*

Juan Pablo Jiménez; Psicoanalista, Asociación Psicoanalítica Chilena

La percepción de que el psicoanálisis atraviesa un período de crisis ha llegado a ser un lugar común. Aunque, naturalmente, varían el diagnóstico de la situación y la explicación de sus causas, en los últimos tiempos la percepción de crisis ha dejado de ser un asunto teórico, derivando en uno extremadamente práctico, pues a los intereses más concretos de los psicoanalistas.

Más allá de la polarización entre conservadores y liberales, entre fosilización y caos, creo firmemente que el gran desafío que el movimiento psicoanalítico enfrenta es hacer de esta situación de crisis una nueva oportunidad de un nuevo comienzo, intentando discriminar lo esencial de lo accesorio para adaptamos a los nuevos tiempos.

Quiero proponer a la discusión una tesis provisoria sobre la actual crisis, que ofrezca una visión heurística para orientamos frente a los desafíos de los tienen presentes. Los psicoanalistas hemos dado por hecho que la práctica de la profesión psicoanalítica -así como ha sido dicha durante los últimos 50 años- promueve automáticamente el desarrollo del conocimiento psicoanalítico, su difusión en la sociedad y la cultura, y su aplicación a las distintas ramas del saber.

Desde luego, pienso que esto ha sido un error y, por lo tanto, sugiero que los psicoanalistas nos hemos ido apartando inadvertidamente de los intereses propios de la ciencia psicoanalítico y de los intereses que la cultura, la sociedad, la universidad o la medicina tienen en el psicoanálisis. Nos hemos ido aislando y encapsulando en nuestra práctica y nuestras sociedades, protegidos por una particular manera de concebir la identidad psicoanalítico, identidad que pasa así a tener, cada vez más, una función ideológica, en el sentido de falsa conciencia. Esta tendencia desconoce el hecho de que el psicoanálisis, como teoría y como práctica, ya no es (si es que alguna vez lo fue) propiedad exclusiva de la IPA.

Por otra parte, el actual conflicto con las compañías de seguros en países de alto desarrollo de la profesión psicoanalítico muestra que la situación de reconocimiento del psicoanálisis ha empeorado considerablemente en el tiempo. Desde hace un par de años, con décadas de retraso, la IPA está promoviendo la 'investigación sistemática en resultados y proceso psicoanalíticos, de modo de crear puentes que contribuyan a convencer a las agencias de fínanciamiento y a los gobiernos que, también, vale la pena invertir en terapias altamente frecuentes y de larga duración. Sin embargo, aquellos que creemos en la relevancia de la investigación sistemática, no sólo para el futuro de la profesión, sino también para la ciencia psicoanalítico, nos encontramos con una apasionada resistencia en muchos colegas, que consideran que tal manera de investigar lesiona de muerte el alma del psicoanálisis.

Otro posible camino, en torno a la reflexión acerca de la actual crisis, se abre cuando consideramos el auge que los programas de training psicoanalítico paralelos han tenido en los últimos años en latinoamérica. Un número no despreciable de psicoanalistas de sociedades pertenecientes a la IPA se han dedicado a la formación de psicoterapeutas, proponiendo programas que siguen de cerca a aquellos de los Institutos de psicoanálisis. Los institutos de psicoterapia así surgidos ciertamente responden a la necesidad real de formar psicaterapeutas. Sin embargo, su nacimiento ha estado marcado por el signo del conflicto con las sociedades psicoanalíticas, ya que los efectos de esta expansión hacia la psicoterapia son ambiguos. Por un lado, se difunde en el medio psicoterapéutico la orientación psicoanalítico, pero, por el otro, los psicoanalistas estamos formando a quienes serán nuestros competidores. Y esto es así, porque, si bien la formación clínica entregada a esos psicoterapeutas es más baja que los estándares de la IPA, el modelo de psicoterapia enseñada, de alta frecuencia (2 a 3 veces por semana) y de duración ilimitada, es fuente de confusiones con el psicoanálisis en cuanto terapia. La pregunta que surge es ¿qué psicoterapeuta, así formado, va a derivar un paciente a psicoanálisis si piensa que puede tratarlo él?

Además, en nuestra experiencia, estos psicoterapeutas tienden a percibirse a sí mismos como psicoanalistas de segundo orden, lo que lleva agua al molino del resentimiento en contra de las instituciones de la IPA. Todo esto hace prever que, como ya ha pasado en Argentina y Uruguay, en el futuro tendremos un tipo de competencia desfavorable para nosotros desde ese grupo de psicoterapeutas, con el consecuente borramiento frente al público de las diferencias entre las formaciones y la práctica de la psicoterapia y aquellas del psicoanálisis. Este es un problema generalizado en Latinoamérica, y la IPA no tiene ninguna política al respecto. De la misma manera como la introducción del papel moneda desplaza de la circulación a la moneda dura, la proliferación de un tipo de psicoterapia analítica en Latinoamérica, que se acerca mucho al psicoanálisis diluido, tiene por efecto que el número de pacientes que optan por un psicoanálisis de alta frecuencia y larga duración disminuya. La IPA ha dejado que la psicoterapia analítica florezca de manera silvestre y no ha pensado suficientemente sobre las consecuencias de esto en la práctica del psicoanálisis.

De este modo hemos llegado a la absurda situación en la que psicoanalistas y psicoterapeutas psicoanalíticos nos vernos enfrentados unos a otros como competidores. Si queremos que una relación de competencia se convierta en una de colaboración, debemos primero reconocer que, rota la ilusión de la unidad del psicoanálisis, éste es una teoría multiforme de los trastornos psicológicos, psiquiátricos y psicosomáticos: Como Freud lo señaló ya en 1927, las diferentes aplicaciones del "psicoanálisis científico" deben ser investigadas de acuerdo con los requerimientos del respectivo campo de aplicación. Esto significa que las diferentes escuelas psicoanalíticas y los analistas eclécticos, así como los terapeutas analíticos dentro y fuera de la IPA, deben enfrentar los requerimientos de la investigación contemporánea de proceso y resultado.

A esto habría que agregar que los estudios epidemiológicos que, desde el punto de vista social, las aplicaciones psicoterapéuticas del psicoanálisis son más importantes y valiosas que el psicoanálisis propiamente tal y que su indicación probablemente no supera el 1% total de pacientes que consultan buscando tratamiento psicológico. Desde el punto de vista del interés de los pacientes, entonces, las formas de terapia psicoanalítico de mayor valor no son el psicoanálisis propiamente tal, sino sus aplicaciones terapéuticas. En esta incontestable verdad epidemiológica se apoyan las políticas restrictivas de financiamiento por parte de las compañías de seguros de salud. Por otro lado, las encuestas realizadas concuerdan en mostrar que los psicoanalistas tienen más pacientes en psicoterapia que en psicoanálisis, y esto desde antes de las restricciones externas.

¿Por qué entonces no aceptar esto como una realidad que está en la naturaleza de las cosas y dejar de pensar que la razón de la escasez de pacientes psicoanalíticos está principalmente en la falta de convicción de los psicoanalistas en el método? ¿Por cuanto tiempo más seguiremos escuchando decir aquello de que "para llegar a ser psicoanalistas hay que combatir al psicoterapeuta interno"?

Entonces ¿No habrá llegado el momento en que las sociedades psicoanalíticas se preocupen de investigar el campo de las aplicaciones psicoterapéuticas con el mismo ahínco con que se defienden los estándares formativos? ¿No habrá llegado el momento en que se considere fundar Institutos de Psicoterapia Psicoanalítica, junto a los Institutos de Psicoanálisis? ¿No sería así más fácil el contacto con los profesionales de la Salud Mental y sus instituciones? ¿No facilitaría esto la derivación de pacientes que tienen inclinación de análisis?

Las reflexiones que he presentado me llevan al tema de la necesidad de cambiar la manera de concebir la identidad psicoanalítico. Creo que hay que dar un espacio mucho mayor y valorar mucho más, la concepción del psicoanalista "a tiempo parcial", en mayor contacto con el mundo de la cultura y de las ciencias sociales, de la universidad, de la medicina, la psiquiatría y la psicología, y que busca enriquecer su práctica psicoanalítico también con miradas y metodologías ajenas al instrumental tradicional del psicoanálisis. Por mi parte, pienso en instituciones psicoanalíticas en contacto mucho más cercano con la sociedad, capaces de imaginar y gestar formas novedosas de asociación con la comunidad y la cultura, atentas a escuchar y asumir las críticas que vienen desde fuera del movimiento psicoanalítico. Sólo así podremos transformar esta crisis en un nuevo comienzo.

* El presente artículo es un resúmen de la ponencia que presentara el autor al panel "Desafíos actuales de la práctica psicoanalítica" en el 40º Congreso Psicoanalítico Internacional, llevado a cabo en Barcelona en julio 1997.

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