|
PRECURSORES; (Segunda Parte)
NOTAS SOBRE LA RELACIÓN ENTRE FREUD Y
FERENCZI.
Ps. Juan V. Gallardo Cuneo, Psic. Clínico
Instituto de Desarrollo Psicológico.
| "Y, si él relatara los acontecimientos, |
| fielmente, como sucedieron, |
| quien podría creer |
| que esta historia |
| de horror, desgraciadamente, es |
| también la nuestra |
| Se supondrá que son |
| las divagaciones sangrantes, |
| nacidas de un cerebro demente". |
(Sándor Petofi -muerto en combate en 1849-, en
"Sándor Ferenczi. Paladín y Gran Visir secreto" de Paul
Sabourin, 1985)
Para conocer, al menos en parte, la real
naturaleza de este vínculo, es necesario dar un paso mas allá de
los hechos históricos para intentar comprender la relación de
estos dos personajes -Freud y Ferenczi interrogarse por las
múltiples implicancias que subyacen a este fascinante encuentro. Un
paso que permita vislumbrar el punto donde el "psicoanálisis
clásico" y la "terapia activa", por una parte, y el
marco teórico psicoanalítico y el bioanálisis, por la otra, se
articulan ya no como dominios contrapuestos, sino como una
complementación dialéctica fundamental del conocer psicológico.
Esta aproximación necesariamente tocará, aunque sea sólo de modo
tangencial, las dimensiones humana y afectiva, política y
estratégica, teórica y psicológica, metapsicológica, clínica y
terapéutica, aludiendo a aquello abismantemente trascendental que
surge de la complejidad de este encuentro.
Así, lo humano y lo afectivo nos remite a una
amistad que duraría toda la vida, hablándonos de un profundo,
continuo e inagotable encuentro que se extiende por más de 25 años
y refleja un juego de roles dinámicos que entremezclan al padre y
al hijo, al "hermano mayor sin reproches", al testigo
sempiterno, al paciente-terapeuta. La mirada de Freud a Ferenczi nos
da cuenta del "querido hijo", de su propio deseo de que
Sándor se hubiese casado con Mathilde (su hija); del compañero
permanente de vacaciones y viajes, del sempiterno corresponsal de
más de 2.500 cartas, del paciente del encuentro más allá de todo
encuadre. Desde Ferenczi nos encontramos al padre ausente
reencarnado en Freud, al intraicionable y respetado maestro, al
salvador del atribulado mundo afectivo -terapeuta de Ferenczi, de
Gizella (su amante y luego esposa), de Elma (hija de Gizella) y de
su desgarrador conflicto transferencial-, y finalmente al hijo que
en su búsqueda de autonomía se destruye en el deseo de preservar
el vínculo con el padre.
La dimensión política del encuentro alude, por
un lado, a un Freud estratega, "conductor de almas",
decidido a intentar diversos caminos para que su saber forme parte
del "logos universal", primero en la díada Freud-Fliess,
desde la marginalidad; luego en la díada Freud-Jung, aunando los
esfuerzos del mundo "gentil" con el universo
"judío"; y finalmente en la díada Freud-Ferenczi,
"paladín y gran vlsir", a quien Freud encomendó
considerar si la Asociación Psicoanalítica Internacional
necesitaba la estricta disciplina interna propia de toda sociedad
científica, y a través de quien luego desarrolló una estrategia
para tales efectos. Pero además en esta díada encontramos a un
Ferenczi, portavoz freudiano, militante disciplinado y proselitista,
incondicional frente a los conflictos (fueran éstos con Jung,
Adler, Rank, Groddeck y todos aquellos que divergieran con la
causa" del sabio vienés), bastión del psicoanálisis en
Hungría, lugar que Freud en 1013 definiría como, la capital
europea del psicoanálisis", y que bajo el liderazgo de
Ferenczi llegaría a ser "un centro de intensa y productiva
actividad, que se distinguió por una acumulación de habilidades
tales como nunca antes se vio en otras sociedades de este
tipo". Este Ferenczi presidente de la IPA en 1918, estuvo
dispuesto a renunciar a sus intereses, en beneficios de la
"causa"- en los momentos de la divergencia prefirió
recluirse en la soledad antes que dañar la obra de aún sabiendo de
la legitimidad de su maestro; y logro central, este decir el
desarrollo de una nueva concepción de la mente, frente a la
disyuntiva, optó por el retiro y el aislamiento.
Por otra parte, la dimensión teórica se nos
presenta como un espacio de encuentro y desencuentro, como un
escenario último que verá desplegarse el conflicto del saber, de
la contención y del límite, de la discrepancia y la
reconciliación, y en fin de la profunda humanidad de estos dos
actores, incluso ahí donde la historia aún no logra desentrañar
la profunda naturaleza de esta relación. Desde esta dimensión nos
sale al encuentro un Ferenczi preanalítico, augurando la
profundidad del pensamiento que acompañaría a Freud, incluso más
allá de donde el maestro aspiró a seguir debido a sus urgentes
necesidades político-estratégicas, encontrando al Ferenczi del
Amor y de las Ciencias, de la hipnosis, de la homosexualidad y quien
a partir del encuentro con Freud en 1908, da paso al discípulo
incondicional, pensador nutritivo, al teórico de una serie de
ensayos complementarios al psicoanálisis: "Introyección y
transferencia", "Teoría de la hipnosis",
"Desarrollo del sentido de la realidad y sus estadios",
"Estudios sobre el simbolismo", etc., donde conceptos
tales como introyección, transferencia y contratransferencia,
impulso de muerte (Idea propuesta en 1913), complejo de Edipo
(incluso antes que la publicación de E. Jones de enero de 1910),
relaciones de objetos (1908), y muchos otros se van articulando
progresivamente. Revisor de los textos freudianos, y teórico que
alcanzará los más elevados elogios que Freud fuera capaz de
brindar, es testimoniado en el obituario de Abraham de 1926 "de
entre todos aquellos que me siguieron a través de los oscuros
caminos de la investigación psicoanalítico, él (Abraham) ganó un
lugar tan preeminente que sólo un nombre podría ser puesto al lado
del suyo", y en su obituario de 1933, donde Freud declaró que
los trabajos escritos de Ferenczi habían transformado a todos los
analistas en sus pupilos.
Un Ferenczi psicológico de consenso, de
comunión, que da paso a otro metapsicológico, osado, entusiasta,
vivaz y poseedor de una "excitante mente especulativa",
capaz de fecundar un texto, como "Talassa, ensayo de una
teoría de la genitalidad", que difícilmente puede ser
superado en sus alcances tanto onto como filogenéticos,
insuficientemente leído, capaz de sorprender por lo hermenéutico,
ahí en el límite de la ficción científica, pero que nadie -ni
siquiera el propio Jones- osaría calificar de delirante, y de quien
Freud dijera: "es posible que exista un bioanálisis tal como
Ferenczi lo declarara".
Teórico del lenguaje de la pasión y del
lenguaje de la ternura, defensor infatigable de la primera teoría
del trauma en su relación con la comprensión de las tempranas
relaciones de objetos, autor del "utraquismo" y del
"bioanálisis", al límite del paralelismo biológico y
somático. Lamarkiano incluso donde la comprensión de la
"autoplasticidad" del organismo, tal como él la
conceptuada, tal vez no sea reconocida sino dentro de décadas,
Ferenczi nunca se opuso ni denegó del saber psicoanalítico, sino
más bien intento expandir ese conocer exactamente en el lugar en
que su uso se hacía ideológico.
Desde esta perspectiva, y dejando pendiente
"el encuentro en lo clínico", el lugar donde tratamiento
y técnica, convergencias y divergencias, revisión e innovación,
sitúan uno de los aspectos cruciales del encuentro Freud-Ferenczi,
es que surge la radical interrogante de ¿cómo se pudo acallar esta
historia?, de ¿qué pudo haber sucedido para que generaciones de
analistas marginaran consensualmente todo un cuerpo de conocimiento,
por otro lado implícito en innumerables conceptualizaciones
contemporáneas? de ¿cómo un saber que atraviesa el pensamiento de
tantos y tantos teóricos: E. Fromm, H. Sullivan, M. Klein, Bion, F.
Alexander, W Reich, D. Wmicott, P. Heimann, sólo por citar unos
cuantos, permaneció sistemáticamente silenciado?, y sobretodo
¿qué motivaciones se cristalizaron tras la versión de Jones -no
más ni menos humano en sus pasiones que cualquier otro analista,
como Jung, como Ferenczi, como Groddeck, y como Freud mismo
encontrando el terreno propicio, a partir de "su tendenciosa
versión" al servicio del descrédito, para que encarnándose
en la estigmatización de Ferenczi fueran exorcizadas a través de
él?
Estas y muchas otras interrogantes sólo
recientemente empiezan a contestarse. Por un lado, la reciente
publicación al inglés y francés de la Correspondencia
Freud-Ferenczi 1908-1914 y 1914-1919, y por otro el próximo
Congreso Internacional: Ferenczi y el Psicoanálisis Contemporáneo,
a realizarse en Madrid en marzo de 1998, con la participación de
los más recientes estudiosos del tema (Judith Dupont, Pierre
Sabourin, André Haynal, Amold Rachmann, Judith Meszaros y otros)
nos saludarán con algunos esfuerzos explicativos por entender dicha
situación. Aunque tras ella se despliegue nuestra cuarta herida
narcisista.
Volver al correo Nº 23
|