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Dr. Carlos Marholz. Odontólogo
¿Qué se entiende por bruxismo desde su
especialidad médica?
A grandes rasgos definimos bruxismo como una
parafunción, es decir, un aumento de la función del sistema
mandibular, que se traduce en diferentes grados de deterioro de toda
la unidad cráneo-Cerviño-mandibulo-dentaria. En general, todo
órgano que no se ejercita se atrofia, pero la sobrefunción
también lo daña, como en el caso del bruxismo. A nivel conductual
se manifiesta como un apriete y rechinamiento de la pieza dentaria
que aumenta progresivamente en intensidad y frecuencia, con
consecuencias sobre la dentadura, el músculo, el hueso y las
articulaciones temporo mandibulares.
¿Cuáles son las variables que intervienen
en la manifestación de esta disfunción?
Desde el ámbito científico, actualmente se
postulan tres teorías como factores causales. La primera lo
atribuye a un déficit de neurotransmisores del tipo Dopamina que
determinaría una hiperactividad muscular manifestada en descargas
motoras no controladas.
La segunda teoría, centrada en la oclusión,
postula como factor determinante las interferencias que se
establecen en las relaciones armónicas que debieran existir entre
las piezas dentarías, de modo que la desarmonía serán causante de
la hiperactividad muscular y, por ende, del bruxismo.
Por último hay quienes establecen como principal
causa la existencia de descargas motoras subcorticales
descontroladas, particularmente en los centros hipotalámicos, que
hacen que esta musculatura entre en contracción y se produzca el
movimiento. Al ser descargas de origen subcortical no estarían
sujetas a control conciente, y se relacionarían con vías de
descarga somática de tensiones acumuladas.
¿A cuál de estas teorías adhiere Ud.?
Mi postura personal es que, si bien es cierto, en
determinados casos puede haber un déficit de neurotransmisores, las
descargas subcorticales hipotalámicas parecen jugar un rol
fundamental. Las actuales características de la vida moderna
generan en el ser humano la acumulación de grandes montos de
tensión, los que necesariamente buscan una vía de descarga
somática. Cada individuo utiliza una vía somática privilegiada de
descarga: el sistema cardiovascular, el gastrointestinal, el
músculo-esqueletal, el inmunológico o el sistema mandibular.
¿Ha observado Ud. rasgos de personalidad
recurrentes en los pacientes que consultan por bruxismo?
Efectivamente en su mayoría son individuos
alexitímicos, que manejan muy mal las emociones negativas, grandes
acumuladores de rabia, y que poseen una autoimagen devaluada. Por
otra parte son sujetos rígidos que no aceptan posturas contrarias o
las propias, muy autoexigentes y perfeccionistas.
En cuanto a las características físicas hay
determinados fenotipos que hacen que los individuos generen mayor
fuerza mandibular: por ejemplo, los individuos de perfil cuadrado
que al tener un musculatura más poderosa podrían -en caso de
desarrollar una parafunción- generan mayor deterioro en su sistema.
¿Cuál es a su parecer el mejor modo de
tratamiento?
Yo creo que el manejo terapéutico del bruxismo
es un manejo multidisciplinario. Al odontólogo le compete controlar
el daño que se ocasiona sobre las piezas dentarias, articulaciones
cráneo mandibulares y musculatura asociada.
Para un manejo integral se requiere de la
competencia de un kinesiólogo con formación en el manejo de las
alteraciones de la unidad cráneo-cervico-mandibular. Se necesita
también la intervención de un psicólogo que permita diseñar una
respuesta somática individual, ya que la conducta habitual está
provocando que se somatice la tensión acumulada, dañándose no
solo ese sistema sino que también toda la unidad funcional.
El bruxomano no solo manifiesta daño a nivel de
la unidad cráneo-cervica, también son individuos propensos a
jaquecas, disfunciones sexuales, déficit inmunológicos o
desórdenes gastrointestinales y cardiovasculares. Cuando el
paciente realmente asume su problema y decide abordarlo en forma
global, holística, los resultados son positivos.
Yo soy un convencido de que el bruxismo no se
elimina, pero si se puede disminuir, atenuándose a niveles que
permitan que esa demanda funcional quede inscrita en la capacidad de
respuesta y de adaptación del organismo. Es decir bajar su
intensidad de modo de permitir la recuperación del sistema.
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