Contacto ·  Portal Indepsi  Nº 22 -1997
ENTREVISTA

Dr. Carlos Marholz. Odontólogo

¿Qué se entiende por bruxismo desde su especialidad médica?

A grandes rasgos definimos bruxismo como una parafunción, es decir, un aumento de la función del sistema mandibular, que se traduce en diferentes grados de deterioro de toda la unidad cráneo-Cerviño-mandibulo-dentaria. En general, todo órgano que no se ejercita se atrofia, pero la sobrefunción también lo daña, como en el caso del bruxismo. A nivel conductual se manifiesta como un apriete y rechinamiento de la pieza dentaria que aumenta progresivamente en intensidad y frecuencia, con consecuencias sobre la dentadura, el músculo, el hueso y las articulaciones temporo mandibulares.

¿Cuáles son las variables que intervienen en la manifestación de esta disfunción?

Desde el ámbito científico, actualmente se postulan tres teorías como factores causales. La primera lo atribuye a un déficit de neurotransmisores del tipo Dopamina que determinaría una hiperactividad muscular manifestada en descargas motoras no controladas.

La segunda teoría, centrada en la oclusión, postula como factor determinante las interferencias que se establecen en las relaciones armónicas que debieran existir entre las piezas dentarías, de modo que la desarmonía serán causante de la hiperactividad muscular y, por ende, del bruxismo.

Por último hay quienes establecen como principal causa la existencia de descargas motoras subcorticales descontroladas, particularmente en los centros hipotalámicos, que hacen que esta musculatura entre en contracción y se produzca el movimiento. Al ser descargas de origen subcortical no estarían sujetas a control conciente, y se relacionarían con vías de descarga somática de tensiones acumuladas.

¿A cuál de estas teorías adhiere Ud.?

Mi postura personal es que, si bien es cierto, en determinados casos puede haber un déficit de neurotransmisores, las descargas subcorticales hipotalámicas parecen jugar un rol fundamental. Las actuales características de la vida moderna generan en el ser humano la acumulación de grandes montos de tensión, los que necesariamente buscan una vía de descarga somática. Cada individuo utiliza una vía somática privilegiada de descarga: el sistema cardiovascular, el gastrointestinal, el músculo-esqueletal, el inmunológico o el sistema mandibular.

¿Ha observado Ud. rasgos de personalidad recurrentes en los pacientes que consultan por bruxismo?

Efectivamente en su mayoría son individuos alexitímicos, que manejan muy mal las emociones negativas, grandes acumuladores de rabia, y que poseen una autoimagen devaluada. Por otra parte son sujetos rígidos que no aceptan posturas contrarias o las propias, muy autoexigentes y perfeccionistas.

En cuanto a las características físicas hay determinados fenotipos que hacen que los individuos generen mayor fuerza mandibular: por ejemplo, los individuos de perfil cuadrado que al tener un musculatura más poderosa podrían -en caso de desarrollar una parafunción- generan mayor deterioro en su sistema.

¿Cuál es a su parecer el mejor modo de tratamiento?

Yo creo que el manejo terapéutico del bruxismo es un manejo multidisciplinario. Al odontólogo le compete controlar el daño que se ocasiona sobre las piezas dentarias, articulaciones cráneo mandibulares y musculatura asociada.

Para un manejo integral se requiere de la competencia de un kinesiólogo con formación en el manejo de las alteraciones de la unidad cráneo-cervico-mandibular. Se necesita también la intervención de un psicólogo que permita diseñar una respuesta somática individual, ya que la conducta habitual está provocando que se somatice la tensión acumulada, dañándose no solo ese sistema sino que también toda la unidad funcional.

El bruxomano no solo manifiesta daño a nivel de la unidad cráneo-cervica, también son individuos propensos a jaquecas, disfunciones sexuales, déficit inmunológicos o desórdenes gastrointestinales y cardiovasculares. Cuando el paciente realmente asume su problema y decide abordarlo en forma global, holística, los resultados son positivos.

Yo soy un convencido de que el bruxismo no se elimina, pero si se puede disminuir, atenuándose a niveles que permitan que esa demanda funcional quede inscrita en la capacidad de respuesta y de adaptación del organismo. Es decir bajar su intensidad de modo de permitir la recuperación del sistema.

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