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PARALELISMO PSICOFÍSICO Y TERAPIAS CORPORALES
Juan Carlos Roldán. Psicólogo Clínico.
Instituto de Desarrollo Psicológico
Un primer alcance importante a realizar con
respecto a este tema, guarda relación con el renovado interés por
la "corporalidad" surgido en los últimos tiempos en el
ojo público y en los diferentes ámbitos del que hacer científico
y académico. Por un lado, pareciera que la medicina tradicional
estuviera dando paso a una mirada más completa,
"holística", que permitiría desprenderse del énfasis
puesto en el mero acto intelectual para llegar a comprender entonces
la experiencia humana como un fenómeno complejo, en el cual lo
corporal adquiere tanta importancia como el acto de pensar o la
capacidad abstrayente del lenguaje. Por otra parte, desde los
círculos académicos tradicionales emerge la expresión
"substrato biológico" como un concepto que insiste en la
división mente - cuerpo, estando Heno de prejuicios valoricos y
teóricos, al punto de lo ideológico, puesto que no se basa en la
experimentación o validación científica, sino más bien en una
herencia teórica. Sin duda la herencia de la división de la mente
y el cuerpo se aleja en el tiempo hasta la división entre lo humano
y lo divino; decir alma, por ejemplo, es decir no-cuerpo, puesto que
este último carece de valor divino, espiritual.
Entonces, ¿desde dónde surge el renovado
interés por la "corporalidad", expresado en el aumento de
la demanda de conocer, experienciar y comunicar?
Con el advenimiento de la ciencia como ente
oficial de lo que es cierto y de lo que no lo es, la mirada
paulatinamente se ha ido localizando en la corporalidad (en un
comienzo principalmente en las enfermedades, y hoy en día además
en la prevención y desarrollo físico). Se ha hecho popular la
antiquísima frase "cuerpo sano en mente sana", debido a
la evidencia científica y médica que le entregan valor de verdad.
En los últimos años enfermedades de nuestra
forma de cultura y sociedad han adquirido valor e importancia por su
frecuencia y alcances sobre la salud del individuo promedio. Estas
enfermedades al ser resistentes a los métodos tradicionales de una
cura empujaron el nacimiento de una rama de la medicina que se ha
encargado de explicarlas y darles tratamiento.
Es así como la medicina psicosomática ha
depositado su interés en problemas a esta altura incluso sociales,
como las úlceras, alergias, colon irritable, el famoso estrés y
otros males modernos.' Esta medicina pudiera constituirse en un
punto de confluencia del caudal de conocimiento e investigación
psicológicos, los que principalmente son herencia en este siglo de
Freud y el psicoanálisis, y de la medicina tradicional. La mirada
que relaciona la mente con el cuerpo no es para nada novedosa en
Psicología, sí en cambio en medicina, cuyo modelo teórico se ha
visto en la necesidad de acercar la frontera que aún separa en su
modo de entender al ser humano la corporalidad de la mente. No es
novedosa porque ya a principio de siglo, Wilhelm Reich, desarrollaba
conceptos y encausaba su investigación experimental por la línea
de comprender la corporalidad y el carácter como expresiones
paralelas de un sólo fenómeno. Aún hoy en día sus palabras son
revolucionarias puesto que igualan en importancia y jerarquía la
"mente" y el cuerpo.
El paralelismo planteado supone una identidad
funcional, identidad que apunta a una integridad en el fenómeno:
sólo su apariencia es dual, no su naturaleza. Esto quiere decir en
palabras simples que lo que pasa en el carácter también pasa en la
corporalidad, de modo que ambos se transforman en expresión de un
mismo fenómeno: la experiencia humana.
El carácter tiene su contraparte corporal, pero
no es su efecto ni su causa.
Desde esta perspectiva, pienso que el interés
por lo "corporal" augura el fin de una concepción del
organismo como una "máquina" y el inicio de un proceso de
concebir lo organísmico desde su propia naturaleza y no desde
nuestro deseo o concepción.
En medio de este cambio está ocurriendo una
reivindicación necesaria: el reconocimiento de las emociones en el
interés popular. Si bien a nivel de sentido común e incluso a
nivel de desarrollos científicos y teóricos, las emociones han
tenido un lugar preponderante en el discurso, es sólo a través de
la vivencia a fondo que lograremos una comprensión global de su
real valor. Las emociones son la principal fuente de cambio en este
paradigma que ha disociado casi irremediablemente la psique del
cuerpo. Sin duda que al experimentar una intensa rabia, pena, miedo,
alegría o amor, se nos hace evidente lo poco cierto de afirmar
nuestra existencia consciente como algo independiente de nuestro
cuerpo. Esta ilusión y la forma en que la he expresado es
precisamente producto del vicio disociativo del lenguaje, solemos
afirmar que "tenemos un cuerpo", de modo tal que
implícitamente separamos por completo la unidad organísmica,
dejando a un lado de la división al cuerpo y al otro a la voz que
dialoga consigo misma. Producto de esto es que la alexitimia o
incapacidad de reconocer la emoción y afecto presente, es una
patología bastante más frecuente de lo que se cree. Es un
trastorno que vivimos todos en mayor o menor grado, puesto que hemos
tenido que aprender especialmente los hombres que las emociones no
son buenas y que se deben evitar. Paradojalmente resulta imposible
evitarlas ya que son inherentes a nosotros mismos, lo que nos lleva
a realizar un falseamiento de ellas, reprimirlas o a disociarlas por
completo de nuestra experiencia consciente. Esto ha acarreado
inevitablemente uno de las mayores problemáticas modernas: la
incapacidad para vincularse de una forma verdadera y profunda y, por
suerte, también la consiguiente búsqueda de alternativas que
propongan un estilo de vida diferente que tienen la vivencia de
vacío.
Frente a esta demanda surgen centros e
instituciones que se han especializado en ofrecer alternativas de
vida, cada cual usando de bandera Y de imagen promocionar palabras
como "natural", "sano", "interior",
"realización", "autodesarrollo", intentando en
su mayoría expresar el cambio hacia una forma de comprender nuestro
papel como seres vivos desde la naturaleza organísmica, pero que
también pueden ser empleadas en discursos seductores y vaciadas de
su real contenido.
Aquí surge una nueva reflexión: cómo
diferenciar una propuesta verdadera de cambio de una propuesta
basada en la seducción. Lamentablemente, nos resultan familiar los
casos de "empresas" que ofrecen el cambio a través del
mercado de lo natural y espiritual, utilizando el discurso de la
"ciencia" para embaucar a personas deseosas de encontrar
respuestas especiales a sus preguntas, y que más tarde o más
temprano resultan ser una mala experiencia para los alumnos,
desalentando e imposibilitando la búsqueda y el encuentro de reales
alternativas.
A pesar de lo anterior, muchos otros trabajan de
forma seria y responsable, entregando conocimientos de forma tal que
no prometen más de lo que efectivamente pueden cumplir.
Evidentemente esta diferencia entre unos y otros inclina la balanza
en términos de mercado hacia quienes prometen el oro y el cielo
terapéutico, puesto que mucha gente ansía soluciones rápidas y
mágicas, ojalá sin mayores esfuerzos. También es cierto que no
todo el público o alumnos de cursos y talleres pertenecen a
aquellos quienes desean soluciones mágicas y descomprometidas, pero
no son los más según mi propia experiencia. Entonces, ¿cómo
diferenciar un bando del otro?
No hay una respuesta fácil a esa pregunta por
cierto. Tal vez sea posible saberlo a través del curriculum del que
imparte el curso o taller, de la experiencia en definitiva. Pero,
sin embargo, creo que una forma acertada de elección debe
necesariamente partir de la claridad con respecto a lo que se busca.
¿Busco una respuesta externa, una especie de sabio que será capaz
de ahorrarme el largo camino del conocimiento personal, al decirme
una frase tan justa e iluminadora que cambiará el resto de mi vida
a partir de entonces., o ¿busco una especie de tratamiento
kinesiol6gico que desde fuera, a través de manipulaciones de mi
cuerpo, masajes y calores, me quiten la cruz que cargo?
Sólo el trabajo personal sistemático y serio,
el buscar en uno mismo las respuestas posibilita el cambio. A mi
parecer, no hay nada que un otro desde fuera pueda hacer
verdaderamente, sino solamente guiamos, darnos las herramientas
creando las mejores condiciones, sugiriéndonos cómo y cuándo nos
desviamos. Este camino es sin duda más largo y costoso
personalmente, pero es un camino seguro, puesto que lo que plantea
es una meta virtual, porque terminamos por descubrir que lo más
importante no es el logro del desarrollo personal, sino todo lo
aprendido en el camino hacia su consecución, lo que es, a mi
juicio, la verdadera meta a alcanzar.
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