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Salud Mental: Oferta y demanda
Con una mezcla de incertidumbre y preocupación
vemos quienes trabajamos en el ámbito de la salud mental el
incremento del interés que continúa suscitando el ingreso a la
Carrera de Psicología y la consiguiente escalada de ofertas de
formación superior n esta área. Inquietud que alcanza su punto
culmine, cuando a través de lo medios nos informamos del
ofrecimiento de 2. 000 nuevas plazas académicas, que engrosaran un
total de 9.000 estudiantes formándose como futuros psicólogos,
sólo por citar un caso.
Desde esta perspectiva surgen una serie de
interrogantes, ¿existe realmente una demanda de atención que pueda
absorber el caudal de profesionales egresados?, ¿podrán las
instituciones encargadas de velar por el adecuado ejercicio
profesional disponer de los recursos materiales que posibiliten su
tarea?, este aumento notable en la cantidad de profesionales
¿implicará un aumento correlativo en la calidad de los mismos que
sirva como mecanismo de selección natural?
El escenario de la Educación Superior en nuestro
país se perfila altamente competitivo y errático. Debido quizás a
la ilusoria creencia de ser una carrera de bajo costo financiero y
administrativo, (opinión que desconsidera destinar recursos para la
investigación y la necesaria infraestructura para una educación
profesional) estas características se ven acentuadas en el caso de
las escuelas de psicología. Sin embargo resulta a todas luces
evidente que si se pretende asegurar un desempeña profesional de
alta calidad, que se refleje tanto en el ámbito clínico, como en
el educacional, social, o laboral, es fundamental que los recursos
destinados y las exigencias curriculares de las universidades se
incrementen en forma sostenida.
Los aspectos antes enunciados nos llevan a
considerar la urgencia de una evaluación acuciosa de parte de los
planteles educacionales involucrados con respecto a las ofertas de
especialización tanto de grado como de postgrado. Además, nos
llevan a reflexionar acerca de la necesidad de afinar los criterios
de admisión utilizados en las diversas escuelas de psicología,
tanto en sus aspectos cognitivos como en las contraindicaciones
psicológicas de ingreso -más aún cuando estamos conscientes que
los instrumentos utilizados son los mismos y que existe un alto
porcentaje de aprendizaje de las respuesta esperadas en los
candidatos-, lo que si bien reduciría la cantidad de alumnos en
carrera, aseguraría una menor deserción, con el consecuente ahorro
de frustraciones para quién ingresa.
En esta dirección, es que aparece como
prioritario, para todos los estamentos participantes en el espacio
de la Salud mental, la realización de un análisis en profundidad
acerca de los logros alcanzados y los desafíos a plantearse con
miras a hacer frente en forma efectiva la avalancha de profesionales
que el área promete para el año 2000, buscando de este modo
establecer un conjunto de planes tácticos y valoricos que permitan
redefinir objetivos y crear nuevos espacios de desarrollo
profesional.
Esta iniciativa, que reflejaría una seria
preocupación desde el mercado tradicional de la educación
superior, debiera a su vez ser emulada en el ámbito privado. Sin
embargo, para que dichos esfuerzos no se constituyan en hechos
aislados y se logren reflejar a nivel nacional, pareciera ser
imprescindible, por otro lado, el promover instancias técnicas y
académicas que posibiliten una coordinación global que involucre
de este modo al universo total de planteles educacionales,
permitiendo, a través de una mirada amplia y abarcativa, diseñar
un futuro sólido para la ciencia de la conducta en nuestro país.
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