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PARALELISMO PSICO-FÍSICO Y ENFOQUE
PSICOSOMÁTICO
Andrea Morgado Gnecco. Psicóloga Clínica.
Instituto de Desarrollo Psicológico
Si pensamos en el modo en que se ha desarrollado
el conocimiento en las distintas disciplinas afines al campo de la
Salud Mental (Psiquiatría, Farmacología y Psicología, entre
otras), encontramos que éste se ha caracterizado por la búsqueda
de distintas formas para conceptualizar lo psicopatológico, es
decir, se ha orientado a la búsqueda de modelos explicativos que
permitan la intervención eficaz en el plano del quehacer
terapéutico. Este esfuerzo, realizado en forma paralela, ha
generado en alguna medida, un espacio de conocimiento común donde
las principales similitudes pueden ser observadas en el campo del
fenómeno mismo donde se encuentran nuestros mayores acuerdos.
Sin embargo este desarrollo, al surgir de forma
paralela y no sintética, ha dificultado la existencia de un
paradigma integrador que proponga un modelo explicativo de amplia
validez inclusiva, utilidad predictiva y posibilidad de
contrastación en los distintos planos en que el fenómeno
psicopatológico puede ser entendido (fisiológico, psicológico,
social). Esta ausencia de un principio ordenador de los fenómenos
psicopatológicos, que no sólo ilumine su descripción y su
clasificación, sino también su etiología, ha tenido consecuencias
particulares tanto para el desarrollo de la Psiquiatría como de la
Psicología.
La primera de ellas es la dificultad con la que
ha topado la Psiquiatría al aplicar el modelo médico tradicional
al campo de la Salud Mental. El intento de buscar la existencia de
trastornos específicos a nivel fisiológico o anatómico, ha
terminado por reducir el fenómeno inicial a otro, de orden
fenoménico distinto (biológico), perdiendo así la posibilidad de
discriminar la propiamente psicopatológico de lo puramente médico.
La segunda por otro lado, es la dificultad de validación de los
criterios psicológicos -en su función explicativa y diagnóstica-
en un campo donde la consideración de lo orgánico ha generado un
amplio conocimiento.
Esta dualidad mente-cuerpo en la consideración
de los factores etiológicos en los trastornos psicológicos, ha
determinado al parecer que nuestra comprensión de este campo se
organice en espacios discretos. Así es como existen clasificaciones
dentro del orden neuropsiquiátrico de impecable descripción
semiología y etiología, pero con fallas en la descripción de otro
gran número de cuadros caracterizados por la ausencia de etiología
fisiológica demostrada. Del mismo modo, las descripciones dentro
del modelo explicativo psicológico (funcional y estructural) han
pretendido dar cuenta de la etiología de algunos cuadros, pero al
costo de un alejamiento de los criterios nosológicos clásicos de
descripción y clasificación de signos clínicos y síntomas.
En este contexto, aparece la necesidad de buscar
algún criterio ordenador que intente establecer los nexos que
podrían existir entre las distintas descripciones psicológicas y
el sustrato anatomofisiológico presente en los fenómenos
psicopatológicos. Un intento por crear un puente entre los procesos
psíquicos y los fisiológicos puede ser observado en muchos
trabajos de Freud, quién inicia así la investigación del
significado patologías fisiológicas y de su posible interrelación
con determinadas representaciones psíquicas.
Este intento de integración, presente en los
trabajos de S. Ferenczi, W. Reich, F. Alexander, y H. Dunbar entre
otros, abre el campo del enfoque psicosomático como una perspectiva
que intenta enfatizar la interrelación entre los aspectos
somáticos, psicológicos y etológicos en la génesis y evolución
de los procesos psicopatológicos.
Este enfoque se funda en la premisa de que es
imposible disociar los fenómenos psicológicos de los fenómenos
biológicos, lo que implica abordar las diferentes manifestaciones
desde la unidad del organismo.
El objetivo que desde sus inicios ha tenido la
medicina psicosomática, es demostrar la coincidencia entre los
factores psicológicos y las perturbaciones somáticas, y se ha
dedicado por lo tanto a la búsqueda de las conexiones entre la
aparición de los síntomas y la presencia de mecanismos
psicológicos, estados psíquicos y conductas. Sin embargo, desde
este enfoque no ha sido posible al parecer, proveer una base estable
que permita concluir algo acerca del tipo de relación entre las
características psicológicas y los síntomas somáticos.
Esto no lleva a concluir que al parecer no sólo
sería necesario reconocer la existencia de una relación
concurrente y funcional entre estos dos factores, sino que también
sería necesario orientarse a la búsqueda de un sustrato
estructural en el que estas asociaciones cobraran sentido y se
volvieran objetivables.
Los desarrollos teóricos de S. Ferenczi con el
desarrollo del modelo Bioanalítico y los trabajos posteriores de W.
Reich, apuntan en esa dirección al establecer un paralelismo entre
la función somática y la psicología. W. Reich propone la
existencia de este paralelismo entre determinadas funciones y
características físicas y psíquicas, y la determinación de
ciertas constelaciones caractereológicas (psicofísicas)
susceptibles de ser observadas a través del análisis de la
corporalidad.
El concepto de "paralelismo
psico-físico" intenta designar una relación de
correspondencia biunívoca entre dominios aparentemente distintos:
lo "somático", la materialidad física del cuerpo humano,
y el conjunto de producciones o representaciones que se engloban
bajo el concepto de "psíquico". Un segundo concepto, el
"isomorfismo funcional" distingue la coraza
caractereológica (constelación psíquica) y la coraza muscular
(constelación somática) como aspectos idénticamente funcionales
de un mismo fenómeno.
La correspondencia entre los dominios biológico
y psicológico, derivaría entonces en la noción de la existencia
de una indivisible ligazón entre la manifestación en un dominio
somático se correspondería en el psíquico, de este modo la
observación rigurosa de uno permitiría acceder al otro.
La posibilidad de distinguir, descifrar y
organizar claves y parámetros corporales específicos, equivalentes
para todos los sujetos, permitiría inferir la estructura mental de
cada sujeto. Del mismo modo, una cierta constelación psicológica
podría permitir inferir la cualidad de los fenómenos somáticos de
posible ocurrencia en ese sujeto.
En términos clínicos, la aceptación de este
paralelismo y el abandono de la concepción dual del fenómeno
psicopatológico, permite acceder a una lectura diagnóstica, no
sólo basada en la presencia de los signos y síntomas físicos y/o
psicológicos, sino a su particular interrelación y significado. En
este sentido, la observación de la presencia de trastornos
psicosomáticos en los pacientes nos permite acceder claramente a la
lectura del plano psicológico y somático en relación. Cobran
sentido, en este contexto, las manifestaciones somáticas presentes
en la demanda de atención así como aquellas que surgen a lo largo
del proceso terapéutico, en tanto nos informan acerca de la
particular cualidad de los procesos afectivos del paciente y de su
evolución.
La adscripción a un enfoque de esta naturaleza
permite entonces al parecer estrechar la brecha entre nuestros
espacios discretos de comprensión, augurando la posibilidad de
desarrollar en el futuro clasificaciones de los fenómenos
psicopatológicos que tomen en consideración la relación entre el
factor biológico, el psicológico y el sustrato en el cual éstos
se manifiestan, es decir el cuerpo y sus variadas manifestaciones.
Resulta entonces que dos vertientes se abren
desde esta perspectiva: una que alude a lo psicopatológico y que
nos refiere a entender los mecanismos subyacentes a la patología
psicosomática y las imbricaciones mente-cuerpo; en tanto la otra
vertiente dentro de la psicología normal nos enfrenta a entender
como el paralelismo psico-físico se hace presente en el acto de la
adaptación aloplástica (modificación del entorno como estrategia
adaptativa) y, en especial la adaptación autoplástica (o
modificación de la propia estructura como mecanismos de
adaptación).
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