Contacto ·  Portal Indepsi  Nº 20 -1996
ENTREVISTA

Dr., Pedro Jiménez Cohl. Médico Neurólogo

¿Qué relevancia atribuye Ud. a los aportes de la neurología a la comprensión de los trastornos psicosomáticos?

Los aportes principales están en relación con la neuro-psicofarmacología y la psico-biología. El poder reconocer estructuras determinantes, receptores y neurotransmisores, ha sido fundamental en el desarrollo de nuevos fármacos, con acciones benéficas más específicas y menos reacciones adversas.

El reciente interés por conocer el así llamado sistema vegetativo, desde sus centros en el hipotálamo hasta sus efectos en cada órgano periférico y relaciones con el sistema endocrino, parecen fundamentales para el entendimiento del funcionamiento de un organismo normal 0 patológico, siendo principal la implementación de un tratamiento adecuado.

¿Con qué frecuencia llegan pacientes psicosomáticos a la consulta médica?

En la consulta neurológica la frecuencia de atención de enfermos psicosomáticos es muy numerosa, tal vez abarca el 60 o 70% de las consultas, ya que se deben contabilizar en este rango los pacientes con cefaleas tensional, cefaleas mixtas, jaquecosos, compromisos de conciencia, dolores de variada localización, seudo-crisis y otros numerosos síntomas difusos.

Por ejemplo, en la consulta de un policlínico de medicina interna, encontramos una gama muy variada de patologías: ulceras gástricas y duodenales, colon irritable, diarreas, hipertensión arterial, alergias, asmas bronquiales, obesidad, insomnio, etc. En cada especialidad de la medicina se encuentran afecciones psicosomáticas, por tanto el número de enfermos es muy amplio.

¿Cuáles son los principales aportes desde la psicofarmacología en el tratamiento de este tipo de pacientes?

En estos pacientes se utiliza toda gama de fármacos ansiolíticos, antidepresivos, más algunos neurolépticos. Se cuentan con fármacos que contienen benzodiazepinas en combinación con otras drogas para tratar el reflujo gástrico, la úlcera gastro duodenal y el colon irritable. Hay una gama amplia de antidepresivos con benzodiazepinas en dosis bajas utilizados principalmente en el tratamiento de las cefaleas y las contracturas musculares. Además está siempre la posibilidad de recetar una benzodiazepina asociada al tratamiento específico de cada dolencia como coadyudante para los factores emocionales que subyacen a la génesis de estos cuadros.

¿Existen riesgos al abordar el tratamiento psicofarmacológico?

Existen por supuestos riesgos inherentes al uso de fármacos que provoquen somnolencia y mareos según la dosis en que se usen. El riesgo principal es en ancianos que pueden sufrir caídas, en personas jóvenes que conducen vehículos o pueden ingerir alcohol, con el consiguiente riesgo de accidentes. Otro riesgo importante lo presenta la automedicación frecuente que se produce al ser enfermedades crónicas, cayendo el paciente en ocasiones en una adicción al fármaco. Por último está siempre la posibilidad de una intoxicación, voluntaria o no, la cuál por lo general no es fatal. Pero un riesgo fundamental, y que por lo general no se considera desde el área médica, es que al usar un tratamiento con fármacos, el paciente postergue indefinidamente el tratar su angustia de base, la que contribuye entonces a la perpetuación de las molestias.

¿Qué desafíos presenta el trabajo multidisciplinario para abordar los trastornos psicosomáticos?

Este tema representa aún un aspecto que está en ciernes. No existe creo ni a nivel privado, ni a nivel público, un servicio que realmente enfoque al paciente como una entidad global.

Los pacientes son aún tratados sólo del punto de vista médico, principalmente a través de la farrnacoterapia, perdiéndonos así la oportunidad de explorar y curar las causas profundas subyacentes en estos cuadros. Falta todavía la necesaria unión de los psicoterapeutas y de los médicos en un enfoque holístico, como podría darse en el caso que se incorporaran psicólogos en los servicios clínicos de los hospitales y se efectuaran planes de tratamiento conjuntos.

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