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Dr., Pedro Jiménez Cohl. Médico Neurólogo
¿Qué relevancia atribuye Ud. a los
aportes de la neurología a la comprensión de los trastornos
psicosomáticos?
Los aportes principales están en relación con
la neuro-psicofarmacología y la psico-biología. El poder reconocer
estructuras determinantes, receptores y neurotransmisores, ha sido
fundamental en el desarrollo de nuevos fármacos, con acciones
benéficas más específicas y menos reacciones adversas.
El reciente interés por conocer el así llamado
sistema vegetativo, desde sus centros en el hipotálamo hasta sus
efectos en cada órgano periférico y relaciones con el sistema
endocrino, parecen fundamentales para el entendimiento del
funcionamiento de un organismo normal 0 patológico, siendo
principal la implementación de un tratamiento adecuado.
¿Con qué frecuencia llegan pacientes
psicosomáticos a la consulta médica?
En la consulta neurológica la frecuencia de
atención de enfermos psicosomáticos es muy numerosa, tal vez
abarca el 60 o 70% de las consultas, ya que se deben contabilizar en
este rango los pacientes con cefaleas tensional, cefaleas mixtas,
jaquecosos, compromisos de conciencia, dolores de variada
localización, seudo-crisis y otros numerosos síntomas difusos.
Por ejemplo, en la consulta de un policlínico de
medicina interna, encontramos una gama muy variada de patologías:
ulceras gástricas y duodenales, colon irritable, diarreas,
hipertensión arterial, alergias, asmas bronquiales, obesidad,
insomnio, etc. En cada especialidad de la medicina se encuentran
afecciones psicosomáticas, por tanto el número de enfermos es muy
amplio.
¿Cuáles son los principales aportes desde
la psicofarmacología en el tratamiento de este tipo de pacientes?
En estos pacientes se utiliza toda gama de
fármacos ansiolíticos, antidepresivos, más algunos
neurolépticos. Se cuentan con fármacos que contienen
benzodiazepinas en combinación con otras drogas para tratar el
reflujo gástrico, la úlcera gastro duodenal y el colon irritable.
Hay una gama amplia de antidepresivos con benzodiazepinas en dosis
bajas utilizados principalmente en el tratamiento de las cefaleas y
las contracturas musculares. Además está siempre la posibilidad de
recetar una benzodiazepina asociada al tratamiento específico de
cada dolencia como coadyudante para los factores emocionales que
subyacen a la génesis de estos cuadros.
¿Existen riesgos al abordar el tratamiento
psicofarmacológico?
Existen por supuestos riesgos inherentes al uso
de fármacos que provoquen somnolencia y mareos según la dosis en
que se usen. El riesgo principal es en ancianos que pueden sufrir
caídas, en personas jóvenes que conducen vehículos o pueden
ingerir alcohol, con el consiguiente riesgo de accidentes. Otro
riesgo importante lo presenta la automedicación frecuente que se
produce al ser enfermedades crónicas, cayendo el paciente en
ocasiones en una adicción al fármaco. Por último está siempre la
posibilidad de una intoxicación, voluntaria o no, la cuál por lo
general no es fatal. Pero un riesgo fundamental, y que por lo
general no se considera desde el área médica, es que al usar un
tratamiento con fármacos, el paciente postergue indefinidamente el
tratar su angustia de base, la que contribuye entonces a la
perpetuación de las molestias.
¿Qué desafíos presenta el trabajo
multidisciplinario para abordar los trastornos psicosomáticos?
Este tema representa aún un aspecto que está en
ciernes. No existe creo ni a nivel privado, ni a nivel público, un
servicio que realmente enfoque al paciente como una entidad global.
Los pacientes son aún tratados sólo del punto
de vista médico, principalmente a través de la farrnacoterapia,
perdiéndonos así la oportunidad de explorar y curar las causas
profundas subyacentes en estos cuadros. Falta todavía la necesaria
unión de los psicoterapeutas y de los médicos en un enfoque
holístico, como podría darse en el caso que se incorporaran
psicólogos en los servicios clínicos de los hospitales y se
efectuaran planes de tratamiento conjuntos.
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