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DIAGNÓSTICO BIOANALÍTICO (Tercera Parte)
Parámetros Corporales
Ps. Juan V. Gallardo C. Psicólogo Clínico;
Ps. Jaime Yasky P. Psicólogo Clínico
Esta última sección del marco teórico
diagnóstico bioanalítico, nos remite a la exposición de ciertos
parámetros corporales, que complementariamente a los aspectos
desarrollados anteriormente, nos orientan en la consideración
diagnóstica utilizada en el Instituto de Desarrollo Psicológico,
INDEPSI.
El uso de parámetros corporales en este sentido
corresponde a una variable complementaria, y coayudante, que a
medida que se sistematiza nos ofrece un soporte paralelo sólido y
atractivo (toda vez que el compartir signos y códigos corporales,
resulta más fácilmente comunicable, que las abstracciones
lingüísticas o semánticas). En este sentido cabe recordar que
estos se basan en la noción de isomorfismo funcional, que alude a
que todo fenómeno del orden de lo representacional simbólico
(psíquico) tiene su correlato isomórfico en el plano de lo
corporal-biológico (somático).
DIAGNÓSTICO CORPORAL
Esta parte del diagnóstico transcurre
simultáneamente a la interacción verbal con el paciente, e implica
la observación y evaluación sistemáticas de distintos parámetros
corporales que permiten deducir una determinada configuración
caractereológica.
A continuación presentamos los parámetros más
comunes utilizados en el diagnóstico corporal. Sin embargo, es
importante aclarar que muchos otros quedan excluidos en virtud de
ser más sutiles de distinguir o digitalizar, porque su valor como
signo no está claramente establecido o porque aun no han sido
reconocidos.
Lo expuesto a continuación, es una
simplificación de los indicadores más comunes atribuibles a un
tipo particular de carácter. En la observación clínica cotidiana,
la mayoría de los pacientes presentan variadas combinaciones de
rasgos pertenecientes a distinto tipos, por lo que la evaluación de
qué es lo preponderante y qué es lo adjetivante depende mucho de
la experiencia en la lectura de estos parámetros. Presentaremos los
parámetros más característicos según los diferentes
caractereológicos.
La clasificación corporal, distingue entre dos
niveles, los pre-edípicos y los edípicos, caracterizándose los
primeros por no presentar referencias de identidad de género o de
rol, y las segundas por poseer una cualidad que alude al carácter
sexualizado del organismo. En esta primera parte se desarrollarán
las estructuras pre-edípicas, esto es aquellas que se organizan
desde el nacimiento hasta la resolución de los aspectos diádicos
(niño-madre), que terminan con una adecuada consolidación de la
función de identidad, la aceptación de las reglas de la realidad y
la expresión de los afectos y cogniciones que se producen dentro
del organismo, y dejaremos para otra oportunidad aquellas que se
relacionan con el triángulo edípico, esto es madre-niño-padre y
que dan origen a las estructuras de interacción que posibilitan en
encuentro afectivo con el gran Otro: el poder, el placer, el amor y
la intimidad.
A) ESQUELÉTICO (PASIVO Y ACTIVO):
ESQUIZOIDE: La estatura es un signo
asociado con la distinción entre lo esquizoide y lo no esquizoide.
Se postula que a mayor estatura, menor probabilidad de presencia de
organización esquizoidea, y a la inversa, a menor estatura, mayor
posibilidad de presencia de factores esquizoides. Se observa la
presencia de rigidizaciones y quiebres articulatorios. Los quiebres
articulatorios se refieren a la existencia de una laxitud
ligamentosa a nivel de articulaciones móviles (ej. entre
vértebras, hombros, rodilla, etc.), identificable por la presencia
de un rango de movilidad en tal articulación mayor al rango normal,
o a la inversa, de un rango significativamente menor de movilidad en
determinada articulación debido a espasticidades musculares
compensatorias de la laxitud ligamentosa. Los quiebres también
pueden ser observados por la mantención constante de posturas que
presentan un ángulo anormal (ej. la cabeza de lado). También cabe
resaltar que es posible que la mantención rígida de una postura
con ángulos normales sea indicativa de una compensación muscular
de un quiebre, típicamente observado cuando la disolución de
dichas rigidizaciones ("como sí" o "as if"), de
paso a la observación corporal de dicho quiebre (irrupción de lo
esquizoide) con la conducta esquizoide propia del segmento corporal
involucrado.
Asimetrías faciales y corporales notorias, son
también indicadores de posibles rasgos esquizoides. (Ej.
pronunciada mueca facial lateralizada). La presencia de
desproporciones llamativas en el tamaño y tipo de tejido
preponderante -óseo, muscular, adiposo- entre distintos segmentos
del cuerpo, por ejemplo, piernas largas y un tronco estrecho-
también son indicadoras de posibles rasgos esquizoides.
B) ORAL (PASIVO Y ACTIVO):
ORAL (ORAL PASIVO): La contextura
preponderante delgada, con preeminencia del esqueleto, pecho plano,
sin desarrollo muscular notable y pelvis más bien angosta, son
signos que apuntan a la existencia de un carácter oral puro. En
este sentido la observación de musculatura logilínea, sin
desarrollo de masa muscular, es la característica central.
Simultáneamente, el desarrollo óseo de tipo longitudinal, en
desmedro de los transversal, constituye una característica central.
Otra versión corporal del oral, es la contextura obesa, pero sólo
en el caso de que tal obesidad está preponderantemente constituida
por tejido adiposo, encontrándose a la base, la contextura oral
clásica, en la que el tejido muscular espástico se puede palpar
por debajo del tejido adiposo (blando y desprendido de lo muscular).
Pareciera que lo oral se apoya en su esqueleto más que en la
musculatura.
PSICOPÁTICO (ORAL ACTIVO): La misma
contextura oral, pero en presencia de un acentuado desarrollo
transversal, ofrece una estructura, con hombros anchos dando al
tórax forma de "V", pero sin ser profundo (poco volumen
de caja torácica), dando como resultado un tórax ancho y plano.
Presenta además angulosidad en la cara debido a la hipertrofia del
masetero en el maxilar inferior, apuntando a un carácter
psicopático frío de ánimo. La misma contextura delgada, pero
sólo perceptible en las piernas y en la estrechez de la pelvis,
junto a un tórax inflado, hiperdesarrollado, ancho y voluminoso,
acompañada de un rostro redondeado, facciones gratas y más bien
infantiles, apunta a un carácter psicopático seductor.
C) ANAL (PASIVO Y ACTIVO)
MASOQUISTA (ANAL PASIVO): La contextura
corporal masoquista clásica se caracteriza por un desarrollo
muscular hipertrófico, grueso, que deriva en movimientos lentos y
torpes, en la línea de la contención (activación simultánea de
grupos musculares antagónicos). Se observa una rotación hacia
delante de los hombres, el desarrollo de los trapezoides (bovino) y
cuello grueso. A nivel de la pelvis, se observa un desarrollo
importante de los glúteos o la contracción de los mismos, lo que
se acompaña de un hiperdesarrollo de los muslos.
OBSESIVO (ANAL ACTIVO): Dentro de lo anal
retentivo, también aparece el carácter obsesivo, el que
corresponde a una corporalidad menos gruesa y contenida que lo
masoquista, pero en la misma línea. Sin embargo cabe destacar que
este biotipo no ha sido aún claramente tipificado en términos
corporales, pero incluiría aspectos mixtos del tipo masoquista y
del compulsivo.
Los parámetros anteriormente expuestos, acotados
en este punto a las estructuras de carácter pre-edípicas no
conforman una simple tipología fenomenológica, sino que suponen la
existencia de un plan filogenético de desarrollo
bioneuropsicológico -que en interacción con la biografía con la
biografía del sujeto- es determinante tanto de una estructura
somática dada, como de específicos correlatos a nivel del sistema
nervioso central y del aparato psíquico.
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