Contacto - Portal Indepsi  Nº 2 -1989
REFLEXIONES SOBRE SALUD MENTAL

Juan V. Gallardo Cuneo, Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta

Cualquier reflexión supone, inevitablemente, presunciones y postulados, y si ésta pretende abordar un fenómeno de un modo distinto, más aún. En este marco, hablar de Salud Mental e intentar aprehender algunos aspectos epistemológicos que la subyacen, me induce a pensar necesariamente que, a la base de este problema, está otro que funda y da sentido a cualquier cuestionamiento y/o reflexión humana, y esto es lo que hace a la cuestión de: "el desarrollo del sentido de la realidad y sus estadios". A la luz de esta segunda interrogante, es que quisiera aproximarme a reflexionar sobre la Salud Mental.

Porque reflexionar acerca del Sentido de la Realidad nos remite a la necesidad de entender las formas de actividad propias de lo psíquico, desde el reconocimiento de un estadio psíquico "primario", tal como lo vemos manifestado en organismos primitivos: animales, infantes, salvajes; y en los estadios psíquicos primarios: sueño, estados alterados de conciencia, fantasía; hasta la consolidación de un estadio psíquico "secundario", en donde las relaciones yo-no yo, yo-cuerpo, yo-objeto, yo-tú, yo-otro, yo-ellos, yo-espacio y yo-tiempo, se articulen según las reglas de la "realidad", expresadas en un lenguaje consensual, y común, que dé cuenta de la materialidad de cada uno de estos "existenciarios básicos".

Este proceso, que resulta ser uno de los aspectos más relevantes para entender el desarrollo del pensamiento humano es, también -como una extraña y circular paradoja-, el contexto en el cual se intenta crear el pensamiento de cada época. El salvaje pensando como salvaje, el niño pensando como niño, el psicótico pensando como psicótico y, en esta perspectiva, se me aparece una nueva reflexión acerca de la relación entre el hombre y su historia: la idea de que "la filogénesis se sigue según los estadios de la ontogénesis"; esto es, que el desarrollo de la especie humana evolucione reproduciendo las fases de desarrollo de un organismo específico. Del mismo modo como el desarrollo embrionario primero, y fetal después, reproduce estadios de desarrollo de organismos inferiores por los que el ser humano ha evolucionado. Este supuesto nos permite considerar la idea de que los grandes grupos humanos configuran su "realidad cultural" según el grado de evolución alcanzado en su desarrollo como especie, lo que a su vez se relacionaría con fases de desarrollo del aparato psíquico individual.

A base de estos temerarios supuestos, desearía intentar una reflexión acerca del concepto de Salud Mental. En una primera instancia, reconociendo que independientemente de que la Salud Mental, y junto a ella los criterios de Normalidad y/o Anormalidad sean definidos en términos estadísticos, valorativos o fenomenológicos, inevitablemente estos intentos se relacionan con el "aire de tiempo" en que se construyen, y como tal creados a la luz de un particular "momento" evolutivo de la especie humana.

Concepciones "etnocentristas" en la percepción de la Salud Mental, luego un "relativismo cultural" que dio paso a "mediciones estadísticas", que estudiaban la frecuencia de aparición de una u otra variable psicológica, y los intentos agudos y sagaces por definir una "fenomenología" acerca de la manifestación de ciertas conductas humanas, han constituido algunas de las etapas por las que la Salud Mental ha evolucionado, hasta nuestros tiempos.

En relación con estos supuestos, me parece que cuando de definiciones y criterios de Salud Mental se trata, en general operamos en un doble estándar. Un "discurso" contemporáneo, muy del "aire de nuestro tiempo", a veces innovador, otras reiterativo, pero generalmente transitorio y ocasional. Otro, implícito, oculto, que se esboza como contenido latente y que, sin embargo, se consolida -a un ritmo más lento- como "discurso" propio de un conocimiento real; es decir, propio de un conocimiento en relación a una acción.

Porque la Salud Mental, al igual que muchos conceptos contemporáneos, resulta ser un constructo en vías de definición, una idea en busca de su identidad. Intentando definir y definirse, surge primero como un concepto "mágico", como un deseo de Salud Mental, luego como algo "parcial" a la luz del que define; posteriormente, "fragmentario" y como tal relativizado, y quizás si, recientemente, como un dato de la "realidad" en vías de totalizarse. Este intento reflexivo apunta exactamente en esta dirección: hacia los esfuerzo por dar una identidad al concepto de Salud Mental. Identidad que, encontrando lo común en la variabilidad, y lo variable en la comunidad, nos permita acceder a un conocimiento sólido, estable y permanente.

Si retornamos, entonces, al problema del "Juicio de Realidad y sus estadios", nos restringe la necesidad de reflexionar sobre el objeto por conocer -la Salud Mental- y el objeto que conoce -el ser humano y su evolución psíquica-. Nos entrampamos, porque no podemos dilucidar cuánto de lo cognoscible se nos aparece como "realidad" y cuánto como representaciones variables y subjetivas de nuestro psiquismo. En esta perspectiva, me parece, surge la "materialidad" como el fundamento primero y último de la realidad objetiva, haciéndose presente con sus leyes, reglas y limitaciones inexorables.

Necesitamos, entonces, un nuevo Criterio de Realidad; definir sus leyes y reglas; Realidad del Yo, del Tú, del Otro, del Tiempo y del Espacio. Realidad del Cuerpo, de los Objetos, del Mundo. Buscar la materialidad de ella y, junto a ello, la posibilidad de dar una identidad a la noción de Salud Mental. Materialidad que trasciende un criterio concretista de los objetos; materialidad, que es decir leyes y reglas, principios y constantes, unidades de medición comunes y operaciones rigurosas.

En esa orientación, quisiera reflexionar acerca de la Corporalidad. Entendiéndola como el fundamento material último de todo discurso, ya presente en él "mente sana en un cuerpo sano", frase que sintetizando un conocer popular, oculta la relación última de cualquier manifestación o representación del mundo en lo psíquico. Lo que a la luz de nuestra idea, de que la filogénesis se sigue según los pasos de la ontogénesis, nos sitúa aún en un nivel de desarrollo -en tanto especie- en el dominio de lo esquizoide; es decir, donde lo psíquico, aún alejado de lo corporal, intenta dar cuenta de la realidad sólo como una representación sensorial, y no como un dato de una realidad articulada y congruente.

Por eso, una concepción de Salud Mental, que se articule como un constructo definitivo, debiera -a mi juicio- contemplar las variadas aproximaciones que de ellas se han sustentado, considerar las manifestaciones cuantitativas a la luz de un paradigma que minimice los sesgos, y que nos acerque a un conocimiento permanente y estable.

Esta reflexión es también una invitación a la necesidad de reconstruir el concepto de Salud Mental, a rescatar lo común, que tras enfoques "coyunturales" hemos intentado aprehender y, así, acercarnos a un nuevo modo integrativo y holístico, que inserte este concepto en un universo lingüístico común y consensual, fundado en la "materialidad" de las cosas y precursor de una acción eficaz y lúcida.

Un acercamos a la Salud Mental como un estado de funcionamiento psicológico, que se caracterice por una "identidad funcional" entre lo psíquico y lo corporal, reflejo de un organismo en procesos de permanentes autoequilibrios, adaptativo o transformativo según los contextos y las necesidades de éste, capaz de logro y goce creativo y, en definitiva, poseedor de una habilidad fundamental como lo es el "lenguaje", organizado en términos de un "juicio de realidad" que incluye al "proceso primario" como su fuente inagotable de creación y situando la "acción" como responsabilidad última de lo humano, construya un puente indisoluble entre lo real y lo imaginado.

Porque si el pensamiento consciente mediante signos verbales es, pues, la más importante realización del aparato psíquico, que permite una adaptación y/o transformación de la realidad, es posible considerar que aún nos encontremos en vías de lograr una prueba de realidad que esté fundada sobre un juicio objetivo. En este sentido, pienso que la noción de Salud Mental hay que repensarla y reconstruirla.

Me gustaría terminar evocando las palabras de Yukio Mishima, el célebre escritor japonés, cuando nos recuerda que: Las palabras son un engaño, el hombre para conocer la realidad debe engañar y engañarse, pero, sin embargo, la acción nunca es engañosa. Considerando, tras esta última reflexión, la necesidad de plantear que existe, tras la problemática de la Salud Mental, un intento por unir el arte y la acción, tal como se desprende de la antigua sentencia samurai, de encontrar el sentido de las cosas a través de "la armonía de la pluma y de la espada".

JUAN V. GALLARDO CUNEO: Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta.

Psicólogo de la Universidad de Chile, se ha dedicado a la Psicología Clínica como psicoterapeuta. Organizador del Depto. de Ginecología Psicosomática (1983), se formó en Terapia Sexual Y Psicoterapia Dinámica, dedicándose al tratamiento de Neurosis Síntomáticas y de Carácter y Disfunciones Sexuales.  Posteriormente, tras largos e interrumpidos años de quehacer clínica, su trabajo ha ido derivando hacia la psicoterapia en Neurosis Crónicas y Cuadros Limítrofes, y a la enseñaza y supervisión de psicoterapeutas.

Su trabajo, más clínico que teórico, se encuadra dentro del pensamiento de Sándor Ferenczí, e intenta integrar conceptos psicoanalíticos con la Biología, la Neuropsicología, la Etología y l Corporal (Psicoanálisis biológico, W. Reich, A. Lowen), y en la actualidad se encuentra trabajando en un intento por determinar criterios diagnósticos a base de signos corporales, Y en sentar las bases de una sistematización del "pensamiento bioanalítico", esbozado por S. Ferenczi.

A lo largo de una década de trabajo exclusivo en Psicoterapia, atendiendo pacientes, supervisando médicos y psicólogos en tratamientos sexuales y psicológicos dirigiendo la Revista Chilena de Sexualidad, "Psicosexualidad", y formando estudiantes egresados de Psicología como psicoterapeutas, Juan V. Gallardo C. ha ido perfilando su quehacer personal en el ámbito de la Psicoterapia, del cual esta reflexión es un testimonio.

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