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Juan V. Gallardo Cuneo,
Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta
Cualquier reflexión supone,
inevitablemente, presunciones y postulados, y si ésta pretende
abordar un fenómeno de un modo distinto, más aún. En este marco,
hablar de Salud Mental e intentar aprehender algunos aspectos
epistemológicos que la subyacen, me induce a pensar necesariamente
que, a la base de este problema, está otro que funda y da sentido a
cualquier cuestionamiento y/o reflexión humana, y esto es lo que
hace a la cuestión de: "el desarrollo del sentido de la
realidad y sus estadios". A la luz de esta segunda
interrogante, es que quisiera aproximarme a reflexionar sobre la
Salud Mental.
Porque reflexionar acerca del
Sentido de la Realidad nos remite a la necesidad de entender las
formas de actividad propias de lo psíquico, desde el reconocimiento
de un estadio psíquico "primario", tal como lo vemos
manifestado en organismos primitivos: animales, infantes, salvajes;
y en los estadios psíquicos primarios: sueño, estados alterados de
conciencia, fantasía; hasta la consolidación de un estadio
psíquico "secundario", en donde las relaciones yo-no yo,
yo-cuerpo, yo-objeto, yo-tú, yo-otro, yo-ellos, yo-espacio y
yo-tiempo, se articulen según las reglas de la
"realidad", expresadas en un lenguaje consensual, y
común, que dé cuenta de la materialidad de cada uno de estos
"existenciarios básicos".
Este proceso, que resulta ser
uno de los aspectos más relevantes para entender el desarrollo del
pensamiento humano es, también -como una extraña y circular
paradoja-, el contexto en el cual se intenta crear el pensamiento de
cada época. El salvaje pensando como salvaje, el niño pensando
como niño, el psicótico pensando como psicótico y, en esta
perspectiva, se me aparece una nueva reflexión acerca de la
relación entre el hombre y su historia: la idea de que "la
filogénesis se sigue según los estadios de la ontogénesis";
esto es, que el desarrollo de la especie humana evolucione
reproduciendo las fases de desarrollo de un organismo específico.
Del mismo modo como el desarrollo embrionario primero, y fetal
después, reproduce estadios de desarrollo de organismos inferiores
por los que el ser humano ha evolucionado. Este supuesto nos permite
considerar la idea de que los grandes grupos humanos configuran su
"realidad cultural" según el grado de evolución
alcanzado en su desarrollo como especie, lo que a su vez se
relacionaría con fases de desarrollo del aparato psíquico
individual.
A base de estos temerarios
supuestos, desearía intentar una reflexión acerca del concepto de
Salud Mental. En una primera instancia, reconociendo que
independientemente de que la Salud Mental, y junto a ella los
criterios de Normalidad y/o Anormalidad sean definidos en términos
estadísticos, valorativos o fenomenológicos, inevitablemente estos
intentos se relacionan con el "aire de tiempo" en que se
construyen, y como tal creados a la luz de un particular
"momento" evolutivo de la especie humana.
Concepciones
"etnocentristas" en la percepción de la Salud Mental,
luego un "relativismo cultural" que dio paso a
"mediciones estadísticas", que estudiaban la frecuencia
de aparición de una u otra variable psicológica, y los intentos
agudos y sagaces por definir una "fenomenología" acerca
de la manifestación de ciertas conductas humanas, han constituido
algunas de las etapas por las que la Salud Mental ha evolucionado,
hasta nuestros tiempos.
En relación con estos
supuestos, me parece que cuando de definiciones y criterios de Salud
Mental se trata, en general operamos en un doble estándar. Un
"discurso" contemporáneo, muy del "aire de nuestro
tiempo", a veces innovador, otras reiterativo, pero
generalmente transitorio y ocasional. Otro, implícito, oculto, que
se esboza como contenido latente y que, sin embargo, se consolida -a
un ritmo más lento- como "discurso" propio de un
conocimiento real; es decir, propio de un conocimiento en relación
a una acción.
Porque la Salud Mental, al
igual que muchos conceptos contemporáneos, resulta ser un
constructo en vías de definición, una idea en busca de su
identidad. Intentando definir y definirse, surge primero como un
concepto "mágico", como un deseo de Salud Mental, luego
como algo "parcial" a la luz del que define;
posteriormente, "fragmentario" y como tal relativizado, y
quizás si, recientemente, como un dato de la "realidad"
en vías de totalizarse. Este intento reflexivo apunta exactamente
en esta dirección: hacia los esfuerzo por dar una identidad al
concepto de Salud Mental. Identidad que, encontrando lo común en la
variabilidad, y lo variable en la comunidad, nos permita acceder a
un conocimiento sólido, estable y permanente.
Si retornamos, entonces, al
problema del "Juicio de Realidad y sus estadios", nos
restringe la necesidad de reflexionar sobre el objeto por conocer
-la Salud Mental- y el objeto que conoce -el ser humano y su
evolución psíquica-. Nos entrampamos, porque no podemos dilucidar
cuánto de lo cognoscible se nos aparece como "realidad" y
cuánto como representaciones variables y subjetivas de nuestro
psiquismo. En esta perspectiva, me parece, surge la
"materialidad" como el fundamento primero y último de la
realidad objetiva, haciéndose presente con sus leyes, reglas y
limitaciones inexorables.
Necesitamos, entonces, un nuevo
Criterio de Realidad; definir sus leyes y reglas; Realidad del Yo,
del Tú, del Otro, del Tiempo y del Espacio. Realidad del Cuerpo, de
los Objetos, del Mundo. Buscar la materialidad de ella y, junto a
ello, la posibilidad de dar una identidad a la noción de Salud
Mental. Materialidad que trasciende un criterio concretista de los
objetos; materialidad, que es decir leyes y reglas, principios y
constantes, unidades de medición comunes y operaciones rigurosas.
En esa orientación, quisiera
reflexionar acerca de la Corporalidad. Entendiéndola como el
fundamento material último de todo discurso, ya presente en él
"mente sana en un cuerpo sano", frase que sintetizando un
conocer popular, oculta la relación última de cualquier
manifestación o representación del mundo en lo psíquico. Lo que a
la luz de nuestra idea, de que la filogénesis se sigue según los
pasos de la ontogénesis, nos sitúa aún en un nivel de desarrollo
-en tanto especie- en el dominio de lo esquizoide; es decir, donde
lo psíquico, aún alejado de lo corporal, intenta dar cuenta de la
realidad sólo como una representación sensorial, y no como un dato
de una realidad articulada y congruente.
Por eso, una concepción de
Salud Mental, que se articule como un constructo definitivo, debiera
-a mi juicio- contemplar las variadas aproximaciones que de ellas se
han sustentado, considerar las manifestaciones cuantitativas a la
luz de un paradigma que minimice los sesgos, y que nos acerque a un
conocimiento permanente y estable.
Esta reflexión es también una
invitación a la necesidad de reconstruir el concepto de Salud
Mental, a rescatar lo común, que tras enfoques
"coyunturales" hemos intentado aprehender y, así,
acercarnos a un nuevo modo integrativo y holístico, que inserte
este concepto en un universo lingüístico común y consensual,
fundado en la "materialidad" de las cosas y precursor de
una acción eficaz y lúcida.
Un acercamos a la Salud Mental
como un estado de funcionamiento psicológico, que se caracterice
por una "identidad funcional" entre lo psíquico y lo
corporal, reflejo de un organismo en procesos de permanentes
autoequilibrios, adaptativo o transformativo según los contextos y
las necesidades de éste, capaz de logro y goce creativo y, en
definitiva, poseedor de una habilidad fundamental como lo es el
"lenguaje", organizado en términos de un "juicio de
realidad" que incluye al "proceso primario" como su
fuente inagotable de creación y situando la "acción"
como responsabilidad última de lo humano, construya un puente
indisoluble entre lo real y lo imaginado.
Porque si el pensamiento
consciente mediante signos verbales es, pues, la más importante
realización del aparato psíquico, que permite una adaptación y/o
transformación de la realidad, es posible considerar que aún nos
encontremos en vías de lograr una prueba de realidad que esté
fundada sobre un juicio objetivo. En este sentido, pienso que la
noción de Salud Mental hay que repensarla y reconstruirla.
Me gustaría terminar evocando
las palabras de Yukio Mishima, el célebre escritor japonés, cuando
nos recuerda que: Las palabras son un engaño, el hombre para
conocer la realidad debe engañar y engañarse, pero, sin embargo,
la acción nunca es engañosa. Considerando, tras esta última
reflexión, la necesidad de plantear que existe, tras la
problemática de la Salud Mental, un intento por unir el arte y la
acción, tal como se desprende de la antigua sentencia samurai, de
encontrar el sentido de las cosas a través de "la armonía de
la pluma y de la espada".
JUAN
V. GALLARDO CUNEO: Psicólogo
Clínico y Psicoterapeuta.
Psicólogo
de la Universidad de Chile, se ha dedicado a la Psicología Clínica
como psicoterapeuta. Organizador del Depto. de Ginecología
Psicosomática (1983), se formó en Terapia Sexual Y Psicoterapia
Dinámica, dedicándose al tratamiento de Neurosis Síntomáticas y
de Carácter y Disfunciones Sexuales. Posteriormente, tras largos e interrumpidos años de quehacer
clínica, su trabajo ha ido derivando hacia la psicoterapia en
Neurosis Crónicas y Cuadros Limítrofes, y a la enseñaza y
supervisión de psicoterapeutas.
Su
trabajo, más clínico que teórico, se encuadra dentro del
pensamiento de Sándor Ferenczí, e intenta integrar conceptos
psicoanalíticos con la Biología, la Neuropsicología, la Etología
y l Corporal (Psicoanálisis biológico, W. Reich, A. Lowen), y en
la actualidad se encuentra trabajando en un intento por determinar
criterios diagnósticos a base de signos corporales, Y en sentar las
bases de una sistematización del "pensamiento
bioanalítico", esbozado por S. Ferenczi.
A
lo largo de una década de trabajo exclusivo en Psicoterapia,
atendiendo pacientes, supervisando médicos y psicólogos en
tratamientos sexuales y psicológicos dirigiendo la Revista Chilena
de Sexualidad, "Psicosexualidad", y formando estudiantes
egresados de Psicología como psicoterapeutas, Juan V. Gallardo C.
ha ido perfilando su quehacer personal en el ámbito de la
Psicoterapia, del cual esta reflexión es un testimonio.
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