|
EL
FUTURO DE LA FORMACIÓN DE PSICOTERAPEUTAS
Juan
V. Gallardo Cuneo; Psicólogo
Clínico INDEPSI
Director
Instituto de Desarrollo Psicológico
No
es una sorpresa para nadie que en relación a la formación de
profesionales de la Salud Mental, el panorama social ha cambiado,
por no decir revolucionado sustantivamente el escenario desde el
cual se venía respondiendo a las demandas de la población en
relación al diagnóstico y tratamiento de las vicisitudes de la
Salud Mental. En menos
de quince años, hemos transitado de un escenario en el cual contábamos
con dos universidades -situadas en la Región Metropolitana con sus
respectivas Escuelas de Psicología a una cantidad superior a
treinta Escuelas de Psicología dispersas a lo largo de todo el país;
de un egreso anual promedio de 20/30 psicólogos por generación a
la posibilidad de 400/600 colegas por promoción; del concepto de
Universidad como institución dedicada al desarrollo de la profesión,
investigación y fon-nación profesional, a un concepto de entidad
dedicada casi exclusivamente a la formación de profesionales.
Esto es, el tránsito de un concepto de "entidad"
entendida como centro productor de conocimiento a una
conceptualización de entidades reguladas por el libre mercado, y
por tanto sujetas a las reglas de la oferta y la demanda, y a las
vicisitudes de un determinado mercado.
Sin
embargo, esto que comúnmente ha servido para articular sobre esta
situación una serie de juicios peyorativos o descalificatorios del
escenario actual, en mi opinión, requeriría un análisis más de
fondo de las cuestiones implícitas en este tránsito, así como de
un análisis de los aspectos tanto sincrónicos como diacrónicos de
esta situación.
En
apariencia, y siendo un lugar común al que habitualmente se alude,
esto reflejaría una explosión crítica de la situación de la
Psicología en nuestro medio. Pues
si extrapolamos el contingente profesional de ese entonces a la
fecha, debiéramos considerar que de 800 psicólogos existentes en
1980, en la actualidad -y quince años después-, estamos bordeando
la cantidad de 2000, y es posible proyectar hacia el año 2010, un
conglomerado, no menor a los 6000 profesionales.
No
obstante un análisis más en profundidad, nos debiera permitir
considerar el crecimiento de la población nacional en su totalidad,
así como tomar en cuenta que en los últimos quince años, también
se ha casi duplicado la población de habitantes de nuestro país, y
extrapolar cual será la cantidad de habitantes que seremos en el
2010, para de esta consideración enjuiciar adecuadamente las reales
condiciones que permitan entender el fenómeno del crecimiento de la
población de psicólogos en el país.
Considerar las inconmensurables variaciones que en todos los
ámbitos de la vida social se han realizado, los significativos
cambios en los usos y costumbres de nuestra población, las
relaciones de distribución de ingresos en las distintas capas
sociales, la variación del ingreso per cápita de nuestros
habitantes, y el rol que ello juega en la calidad de vida
individual, etc.
Considerados
desde esta perspectiva, un dato más relevante pareciera tomar en
cuenta no el hecho aislado del número de psicólogos, sino más
bien la proporción de psicólogos por habitantes de nuestro país.
Tomando en cuenta este nuevo referente, paradojalmente, la
situación original deja de ser tan crítica, pues esto, nos remonta
de una relación inicial de un psicólogo por más de 10.000
habitantes, en la actualidad, un indicador de uno por
aproximadamente cada 7.500 habitantes, y entonces sería posible,
desde este indicador, poder intentar estimar la proporción de
profesionales de la Psicología para el año 2010.
Por
otro lado debiéramos, también, considerar la inserción que la
psicología en todos sus ámbitos de ejercicio poseía quince años
atrás, y referirnos a que la Psicología Clínica copaba, en ese
entonces, alrededor del 70180 por ciento del quehacer general (con
una psicología laboral emergente, y una psicología educacional y
social circunscritas a determinados espacios del ejercicio laboral),
para aproximarnos a la comprensión de lo que ha significado la
inserción del rol del psicólogo en nuestro medio nacional y al
conocimiento de las distintas etapas por la que ella ha pasado:
desde un desconocimiento masivo a nivel poblacional -alrededor de
1940-, a una etapa de emergencia hasta 1980, con una definitiva
consolidación social que en las últimas dos décadas ha definido
espacios de ejercicio profesional cada vez más crecientes y
reconocidos (lo que obviamente no invalida, los innumerables
espacios que aún quedan por desarrollar en este sentido, ni las
dificultades implicadas en este proceso).
Visto
así el problema se orienta a determinar las variables implícitas
en este acelerado crecimiento, tanto de la población de psicólogos,
como de la Psicología en tanto profesión.
Entonces, juicios ideológicos (en la dirección de la
validación o invalidación), así como augurios agoreros en relación
a la actual situación dan paso a la necesidad de un nuevo escenario
de análisis en donde se hace necesario contar con estudios
rigurosos y científicos que nos posibiliten transitar de las
afirmaciones del lugar común a un saber metodológicamente
sustentado que nos permita contar con elementos de juicio para
enfrentar adecuadamente las condiciones futuras.
Como
es la intención de esta reflexión dar una a la problemática antes
planteada, sino por el cómo abrir una invitación a la consideración
de un distinto lugar de
análisis, quisiera aportar con una distinción hecha por Charles
Darwin en su Origen de las Especies, donde plantea que "las
leyes que regulan a una especie no son necesariamente las mismas
leves que regulan a los organismos", e intentar desde aquí.
extrapolar este criterio al fenómeno del cual venimos hablando.
En
este sentido, quisiera destacar que, en mi opinión, nuestro medio
se apresta para la existencia de un numeroso conglomerado de
especialistas que incursionarán en el espacio de la Psicología y
la Psicoterapia, que se abrirán numerosos campos donde aún la
psicología no se hace presente, que al interior de cada
sub-especialidad aparecerán nuevos ámbitos de acción y que
deberemos prepararnos para los nuevos desafíos que el desarrollo
planetario traerá aparejado en los tiempos venideros, y que la
fisonomía de nuestra profesión cambiará significativamente en los
próximos años.
Desde
esta perspectiva, quisiera homologar el concepto de especie al
conglomerado de los psicólogos y, el de organismo a cada psicólogo
en particular, reflexionar sobre leyes de la especie del grupo de
los psicólogos y aludir a los parámetros que los regularán.
Entendiéndolo como una entidad, un cuerpo constituidos por
variadas unidades sujetas a reglas y leyes comunes, organizados
sobre principios generales y regulados por mecanismos superiores y
trascendentes a las leyes que rigen sus acciones particulares.
Así
considerado, el crecimiento de la población de psicólogos, aludiría
a un cambio de "leyes" en tanto especie, y por eso es que
considerar crítica esta situación en virtud de un simple aumento
numérico pareciera ser un leso error.
Necesariamente habría que considerar variables de un otro
orden; de un orden por así decirlo filogenético, en el que cabrían
nuevas cuestiones a considerar tales como; preservación,
racionalización del crecimiento, organización, sobrevivencia, áreas
de operatividad, etc. que parecerían ser las cuestiones relevantes
a proyectar como variables de análisis.
Por
otro lado, si abandonamos esta metáfora en uso, y nos ampliamos al
verdadero concepto significado de " especie" y "filogénesis
humana", podremos por tanto incluir una nueva variable en esta
reflexión, cuál es preguntarnos por el rol que este conglomerado
de profesionales jugará en los años venideros, los nuevos ámbitos
de acción donde deberá incursionar, y las propuestas que en relación
al quehacer de la Salud Mental será capaz de hacer, y en este lugar
la afirmación darwiniana, vuelve a aparecer como un interesante
referente desde el cual construir nuestras respuestas tentativas.
Quisiera
terminar este tema señalando que los logros alcanzados por la
Comisión Nacional de Acreditación, y lo que refiere a la regulación
de los actuales cursos sistemáticos de Post-título en nuestro
medio, con todo el procedimiento de acreditación que ello implica,
parecieran un testimonio concreto de esta mirada que más allá de
los procesos individuales, intenta ofrecer una respuesta a problemas
que transcendiendo lo concreto abordan algunas de las cuestiones
macros planteadas en estas líneas.
Puede
ser que el proceso iniciado, presente aciertos y desaciertos, cuestión
que estará aún por verse y que formarán parte de la historia de
este gremio. No
obstante, desde ya pareciera que el intento de poner el eje de la
atención en la regulación y ordenamiento de este proceso de
crecimiento, constituiría, a todas luces, los pioneros esfuerzos de
un cambio radical en la dirección señalada, a la vez de resultar
una propuesta inédita para nuestra profesión.
Los
nuevos retos que en esta dirección aparecerán serán, a no dudar,
la posibilidad de consolidar y materializar una respuesta concreta
que, hoy por hoy, parece ser una alternativa válida de afrontar
este reto con la altura de miras que la cuestión se merece.
De
lo que no cabe duda, es que más allá de las variadas interrogantes
y discrepancias que en este terreno surgirán, serán nuevamente
leyes reguladoras ajenas al espacio de lo individual, las que
intentarán dar cuenta de los procesos y mecanismos presentes en el
desarrollo de esta "especie", en donde sólo nos queda por
confiar que en la natural presencia de la "sobrevivencia del más
apto" y de los mecanismos reguladores de "adaptación del
más fuerte quede un lugar para que la excelencia académica y el
bien común se presentice como una de las variables relevantes a la
hora de hacer un balance definitivo de si fuimos capaces de dar las
respuestas más adecuadas a nuestro proceso de desarrollo y de haber
logrado que los valores más consustanciales a nuestro espacio de
existencia fueran elementos rectores intrínsecos de este proceso.
Volver al correo Nº
18
|