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Sobre
la especialización en
Psicoterapia
De
los retos que la Psicología, enfrenta en los albores del Siglo XXI,
dos parecen surgir con mayor fuerza y hacen referencia uno, a las
respuestas que la Salud Mental será capaz de ofrecer a la creciente
demanda que gradualmente empieza a surgir desde nuestra población
por el aumento de su calidad de vida en lo referente a la Salud
Mental; y el otro, a una urgente respuesta en relación al acelerado
crecimiento de la población de especialistas en Salud Mental y a
las complejas implicancias que ello acarrea: control de la calidad
profesional, ámbitos de ejercicio de la profesión, posibilidades
de psicoiatrogenia implícita en ello, y mecanismos reguladores en
el ejercicio de la profesión, entre otros.
Frente
a ello, y junto con el hecho inédito de la incorporación de los
Psicólogos Clínicos al Fondo Nacional de Salud FONASA, es que por
primera vez en nuestra historia aparece una organicidad supra que
aspira a estructurar, coordinar e implementar una modalidad de
regularización del ejercicio de la Psicología Clínica: La Comisión
Nacional de Acreditación.
De
este modo, un grupo organizado de psicólogos ha asumido el reto de
atender a las necesidades de la población, en general, y de un
gremio en particular. Este proceso no obstante, no ha estado ni lo
estará, exento de conflictos: la reglamentación general, los
procesos mismos de acreditación, la aceptación de un segmento
acostumbrado a operar desde la individualidad de sus miembros, los
resquemores implícitos en relación a la parcialidad e
imparcialidad del proceso, etc., son algunos de los aspectos que
atraviesan permanentemente este tiempo de inicialización de este
proceso, y que amenazan con conflictuar y entrabar los objetivos
perseguidos.
Sin
embargo, lentamente empiezan a verse sus primeros logros: la
acreditación de los primeros psicoterapeutas, la acreditación de
supervisores en psicoterapia, y la acreditación de entidades como
Centros formadores en Post-título, señalan una línea de trabajo
que, gradualmente aspira a ordenar así como orientar los retos que
el futuro nos depara, a la vez que augura un escenario donde surjan
las respuestas necesarias a los tiempos que se avecinan. Ofreciendo
a nuestra población un indicador que a través del proceso de
acreditación señale los méritos de nuestros colegas para el
ejercicio de la psicoterapia, indicando sobre las condiciones
necesarias para formarse como psicoterapeuta y orientado
sobre los colegas capacitados para asumir dichas funciones,
la Comisión Nacional de Acreditación, con el concurso del Colegio
de Psicólogos AG y la Sociedad Chilena de Psicología Clínica ha
dado pasos acelerados en la dirección de ofrecer una respuesta
concreta a nuestro medio.
Es
en esta dirección, que se ha empezado a observar la aparición de
una serie de Instituciones ofreciendo formaciones de Post-título en
Psicoterapia, algunas acreditadas, otras en vías de acreditación,
algunas que no lo harán y otras que no lo lograrán. La oferta
aparece, la demanda está a expectativa, la historia está aún por
construirse y es posible que surjan una serie de dificultades en
este proceso, que causen resquemores y eventualmente conflictúen el
escenario profesional en que existimos. No obstante, nada de ello
debiera impedirnos tomar conciencia de que se está trabajando en la
dirección adecuada, que los esfuerzos presentes en esta propuesta
marcan y señalan la dirección de un gremio atento a las
necesidades que los nuevos tiempos conllevan y con una capacidad de
esfuerzo y sacrificio que tradicionalmente lo ha destacado.
Ahora
sólo queda esperar el interés colectivo y la sumación de todos
por hacer de esta propuesta una materialización concreta y real.
Este es el reto individual que nos espera a cada uno de los que
hemos hecho de la Salud Mental nuestro espacio de existencia
profesional, y es también el ejemplo que desde la Psicología Clínica
podremos ofrecer a otros ámbitos de la Salud Mental en donde los
psicólogos operamos.
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