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Una
respuesta concreta
La incorporación de los psicólogos
al Fondo Nacional de Salud, FONASA, ha resultado ser durante el
presente año un evento inédito en la breve historia del desarrollo
de la Salud Mental en nuestro país. Este logro concreto -la
posibilidad de que un considerable número de nuestra población
tenga acceso a servicios de atención y/o tratamiento psicológico,
vía Fondos de Pensiones de Salud- ha constituido desde otra
perspectiva de análisis, un testimonio y un símbolo inédito del
desarrollo de la Salud Mental en nuestro medio. Esto, porque este
referente se erige como un signo inequívoco de la capacidad de un
grupo de “líderes”, que trabajando en equipo han sido capaz de
lograr representar un discurso colectivo susceptible de traducirse
en un hecho concreto; de cómo distintas “organizaciones” han
logrado representar los intereses de sus colectivos, y aunar
esfuerzos y voluntades disímiles puestas al servicio de un objetivo
superior -el mejoramiento de la Salud Mental de nuestra población-,
y más concretamente, de cómo, tal vez si por primera vez, el
Colegio de Psicólogos, la Sociedad Chilena de Psicología Clínica
y el Colegio Médico, integrados en una comisión de trabajo,
articulan una instancia superior desde la cual han generado los usos
y procedimientos que regularán y dinamizarán un criterio común de
prestación de servicios profesionales, y de regularizaciones de un
ejercicio profesional.
Así
ha surgido, entonces, una presencia inédita para un medio
profesional como el nuestro generalmente fragmentado y aislado.
Medio que no ha permitido otra posibilidad que la de implementar
proyectos de desarrollo individualista y, en el mejor de los casos,
proyectos de grupos minoritarios, claramente individualizados con
respecto al resto de nuestro gremio. Estos proyectos,
invariablemente, sólo han sido posible a partir de la generación
de una actitud de excesivo individualismo de parte de quienes lo han
emprendido, y que han dado origen, por otro lado, a una creciente
actitud de suspicacia y desconfianza frente al desarrollo de los
proyectos de los otros.
El
esfuerzo invertido, el logro de la gestión realizada y sobre todo
-en el fondo de la cuestión- la actitud implícita que alude a la
deposición de una conciencia privada personalista e individualista,
ha permitido en este hecho los inicios de la instauración de una
conciencia colectiva que empieza -más allá de pseudos discursos
comunitarios, humanistas o terapéuticos como constantemente hemos
observado- a transformar de un modo concreto el escenario en el cual
la Salud Mental de nuestra población se desenvuelve.
Pareciera,
pues, necesario: reconocer, resaltar y divulgar este tipo de logros;
insistir en los implícitos -no siempre tan evidentes- que hay detrás
de estos esfuerzos y luchar contra la tendencia a minimizar,
desconocer y/o devaluar
aquello que no alcanzamos a conocer con propiedad; identificarnos
con ese espíritu gremial de aunar nuestras inteligencias y recursos
por construir un ámbito integrado y unificado de la Salud Mental;
reconocernos como parte integral de un todo unitario que nos
identifica como “trabajadores de la Salud Mental”, y empezar a
visualizar la existencia de las condiciones necesarias para llevar
adelante un crecimiento continuo y sostenido de nuestros espacios
profesionales, sumándonos a una identidad que empieza a
configurarse tras los primeros indicios de una conciencia colectiva
del Ser de la Salud Mental.
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