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Instituto Chileno de
Psicoterapia Analítica.
Plantearse el problema de la
Salud Mental en nuestra época, implica por sí mismo un riesgo. El
riesgo de diluir, a través de estas dos palabras, un problema
crucial de nuestra sociedad y de nuestros tiempos. Salud y Mente no
son eventos que aparecen en el mundo, sino atributos otorgados teóricamente
a una selección de hechos de la condición humana. En consecuencia,
“Salud” y “Mente” cubren dos niveles de abstracción.
La idea de Salud, tiene que ver
con clasificaciones, provenientes del campo de la Medicina, que
implican conceptos sobre la enfermedad, sobre la sintomatología,
sobre estados de armonía en una totalidad corporal o psíquica.
Actualmente se desarrolla una discusión filosófica entramada a
postulados teóricos y técnicos. Pero, en síntesis “Salud”
alude a la presencia de señales funcionales o disfuncionales
esperadas. Sin embargo, esta noción al no estar libre de los
cuestionamientos al modelo médico, tan frecuentes en las últimas décadas,
sufre una relativización, aunque el concepto de salud esté
estrechamente ligado a
la expectativa de observables.
El concepto de Mente, en cambio,
abarca las zonas propias de los modelos teóricos. Es decir de los
inobservables. Supone el acotamiento de manifestaciones de distinto
origen, precipitadas en un nombre: “Mente”, algo que algunos teóricos
aceptan y otros no. Implica una toma de posición respecto al ser
humano. Es un supuesto que se asume ya sea por razones filosóficas,
emocionales, políticas, ideológicas u otras. A veces se considera
obvio, simplemente por irreflexión. No puede en todo caso ser
tomada como un hecho y requiere ser concebida como un supuesto.
Salud y Mente son, por tanto en
alguna forma, hipótesis de trabajo. Bion, el psicoanalista británico,
se ha interesado en pensar respecto al lugar de las hipótesis,
Distingue entre hipótesis relacionadas con un nivel alto de
abstracción, con un nivel intermedio y con un nivel bajo de
abstracción. Plantea que, dependiendo del nivel, cada hipótesis
juega un rol de premisa o de conclusión de acuerdo a su ubicación
comparativa en esta pequeña escala. Según el nivel de abstracción
la hipótesis es premisa, para la que se ubica más abajo, y es
conclusión, para la que la supera en nivel de abstracción.
Mente por su condición de
supuesto organizador de un modelo, refiere a una hipótesis de alto
nivel de abstracción, premisa entonces, de acuerdo a Bion, de hipótesis
sucedáneas. La Salud, por su carácter de observable, se constituiría
en un rango de abstracción más bajo. La idea de Salud dependería,
en este caso, de los ámbitos de significación en que se orientaría
el supuesto de Mente. Salud y Mente no son por tanto, eventos
objetivos. Hipotetizan ambas la existencia de ciertos estados de
funcionamiento. Se puede teorizar, sin acudir a ambos conceptos, en
el campo de las ciencias humanas. No son indispensables. Algunos los
consideran útiles. Emplearlos, por tanto, incluye una identificación
con una postura.
Salud Mental, sin embargo,
adquiere en la combinación de estos términos de distinto nivel de
abstracción, una connotación propia. Salud Mental evoca la idea de
programas, de Ministerio de Salud, de jerarquías médicas en el
ejercicio de tales programas. Puede evocar también delantales
blancos, estadísticas, enfermeras, inscripciones, horarios, salas
de espera, sugestión, omnipotencia del terapeuta, habilidad,
operatividad. Algo muy distinto lo que espontáneamente se asocia
con Psicoanálisis.
Las asociaciones automáticas en
relación a las palabras, parecen ser fundamentales en el modo como
estas asumidas. Podría existir la idea global de que el Psicoanálisis
no es capaz de abarcar un problema social como el de la Salud
mental. Todo esto por aquello que el citado Bion ha denominado
“penumbra de asociaciones”. La penumbra de asociaciones conduce
a una habitual irreflexión que caracteriza muy propiamente al
habitante de los tiempos actuales. Digamos que la penumbra de
asociaciones con respecto al psicoanálisis, lo relega,
irreflexivamente, en forma exclusiva a la consulta de los
psicoanalistas. Desde esta irreflexión, la postura psicoanalítica,
ha sido identificada tradicionalmente con la técnica del psicoanálisis.
Esto es inexacto, ya que el psicoanálisis es una técnica posible
de entre diversas técnicas de tratamiento psicoanalítico, que no
se caracterizan por los rasgos propios de la técnica del psicoanálisis.
Éstas son operativas a nivel institucional como a nivel privado.
Desde este punto de vista el enfoque psicoanalítico es válido para
ejercer un programa de Salud Mental y lo ha sido y lo está siendo
en múltiples instituciones estatales y privadas en nuestro país y
en el mundo. Esta es una situación de hecho.
No obstante lo que puede
considerarse más específico del aporte psicoanalítico es la
vigencia que requiere en nuestra época un modelo que estudia y
practica la búsqueda de superación y alivio al dolor o la
perturbación psíquica, apoyado en una reflexión sobre lo que ha
dado en llamarse el Mundo Interno. Más allá de que un término
como este exige una discusión teórica, la interioridad implícita
de su denominación, aparece como una respuesta a la conflictiva del
hombre de hoy: su riesgo de alienación. El modelo psicoanalítico,
por la coherencia interna de su postura, intenta abordar este
peligro, en los distintos ámbitos de perturbación o psicopatología
que cada individuo sufre en su enfrentamiento al mundo de nuestro
tiempo, ya sea en atenciones propias de una consulta particular,
como en programas de la denominada Salud Mental.
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