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La
necesidad de regularización en salud mental
La
proliferación de nuevas Universidades privadas y el aumento de la
oferta consecuente para una demanda siempre considerable, plantean
un escenario crítico e inédito en nuestro medio nacional. El
incremento de una población interesada -y actualmente con vías de
acceso- al conocimiento, estudio sistemático y preparación formal
en los tópicos a los que alude la Salud Mental, se ha visto
reforzado por una política de apertura educacional que centró la
regularización de la enseñanza profesional en las leyes del
mercado, de la oferta y la demanda.
Por
otro lado, en el desarrollo de la Salud Mental, sus distintas
vertientes: lo psicológico, lo psiquiátrico y lo farmacológico
han incrementado sus campos de acción a un espectro cuya amplitud
sería inimaginable cincuenta años atrás. Intervenciones gruesas y
generales de la normal y lo anormal, han dado paso a espacios donde
lo social, lo comunitario, lo laboral, lo educacional, etc.,
recurren de un modo u otro a estos ámbitos en busca de recursos,
herramientas e intervenciones que faciliten la calidad de vida y
abra una respuesta a los devenires de lo Mental. De tal suerte el
aumento de los espacios sociales donde se requieren los servicios e
intervenciones, ha creado también una presión urgente por el
aumento de aquellos que operen acreditadamente en estos campos en
constante expansión.
Así,
el punto de equilibrio entre necesidades y cobertura, hoy por hoy,
nos abre a nuevos desafíos e interrogantes: ¿Qué medidas
implementar que cubran los requerimientos? ¿Cómo
regular el riesgo de una sobrepoblación de especialistas? ¿Qué
instancias reguladoras fiscalizarán dicho proceso? ¿Qué elementos
psicoiatrogénicos nuevos aparecerán?, y tantas otras que empiezan
a formar parte de la cotidianidad del quehacer en Salud Mental.
En el
último tiempo se empiezan a observar esfuerzos por atender a estas
interrogantes, y lo que resulta ser más importante respuestas por
intentar regular y ordenar dicho desarrollo. La aparición de
Centros e Institutos que propenden, en la actualidad, a dar
coherencia y rigor en la formación de postítulo, los intentos de
la Sociedad de Psicología Clínica por formalizar el ejercicio de
la clínica psicológica son esfuerzos relevantes en esta dirección,
en tanto pretensión de regular el adecuado ejercicio profesional.
Esto,
si bien comporta un serio esfuerzo por responder a las necesidades
contingentes de orden y regularización, no obstante conlleva sus
propios riesgos, pues siguen siendo el que hacer de profesionales
responsables y comprometidos, lo que lidera cada una de estas
iniciativas, lo que si bien se respalda por la legitimidad propia
que el reconocimiento gremial da a cada uno de estos líderes, no es
suficiente para insertar dichos quehaceres en una estructura legal,
que legitímese a nivel nacional e internacional los esfuerzos
realizados.
De
este modo el reconocimiento de estas instancias autorreguladoras,
aparecen como los primeros intentos serios por acotar y canalizar un
proceso que a su libre arbitrio amenazaría con degenerar en
situaciones críticas, conflictivas e incontrolables. Por esto una
llamada de atención al tema debiera sensibilizarnos a reflexionar
sobre tal situación, y a multiplicar los esfuerzos por sistematizar
y organizar vías reguladoras con características de consenso,
oficiales y legales, que auguren un futuro transparente y fluido de
desarrollo gremial abriendo un espacio de vital importancia al rol
de los Colegios Profesionales, de la formación Universitaria de
Maestrías y Doctorados, y de la participación de Organizaciones
legales, en la representación de dicha misión.
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