|
CONCEPCIÓN PSICOANALÍTICA
DE DIAGNÓSTICO
Ps. Juan V. Gallardo C.;
Ps.
Jaime Yasky P.;
Ps. Juan Carlos Roldán
(Tercera Parte, final)
Por la vertiente psicoanalítica,
los criterios reseñados esquemáticamente por S. Freud, sentaron
los lineamientos dinámicos que sustentan el diagnóstico de
orientación psicoanalítica, lo que actualmente permite
diagnosticar las neurosis sintomáticas, trastornos de carácter,
perversiones, psicosis, etcétera.
Freud (1908, 1931) y Abraham
(1921, 1925) iniciaron una nosología psicoanalítica que
relacionaba cuadros clínicos con las etapas de desarrollo
psicosexual (motivaciones instintivas, libidinales y agresivas) a
través de los mecanismos de fijación-regresión. Fenichel,
posteriormente incorporando los hallazgos de W. Reich, propuso una
clasificación caractereológica que combinaba aspectos dinámicos y
estructurales, siendo la clasificación que “cuenta con la general
aceptación de la teoría psicoanalítica actual” (Prenlinger et
al., 1964, en Kernberg, 1989): neurosis traumáticas, psiconeurosis:
histeria de angustia, histeria de conversión, neurosis obsesiva,
conversiones, pregenitales, perversiones y neurosis impulsivas,
depresión y manía, esquizofrenia, y todo el capítulo de los
trastornos del Carácter: esquizoide, oral, anal, uretral, fóbico o
histéricos.
Sin embargo, el diagnóstico
psicoanalítico no se ha desarrollado como un sistema nosológico
homogéneo que permita establecer una coherencia en los criterios y
la capacidad de contrastarlos, esto debido a lo heterogéneo de las
distintas concepciones dentro del modelo psicoanalítico (psicología
de los impulsos, modelo estructural, psicología del sí-mismo) como
también por el hecho de que, en general, éste es un modelo que no
considera a las manifestaciones externas como signos unívocos, sino
que enfatiza la aprehensión de lo dinámico-estructural subyacente
en el individuo. En tal sentido cabe mencionar los esfuerzos de Otto
Kernberg por zanjar las diferencias entre los modernos sistemas
nosológicos psiquiátricos y los postulados dinámico-estructurales
del psicoanálisis en lo que se ha llamado el Diagnóstico
Estructural.
El psicoanálisis se desarrolló
construyendo modelos explicativos de la conducta. De esta manera,
desde esta perspectiva diagnóstica, los síntomas se equiparan a
contenidos manifiestos, que pueden interpretarse de distinta manera
según el funcionamiento estructural del individuo; es así como una
fobia puede ser entendida como una “enfermedad” (neurosis sintomática)
en una estructura psíquica sana o normal, o puede ser un síntoma
indicativo de una descompensación funcional en una estructura neurótica
de carácter. Por tanto, la presencia de síntomas, desde esta
perspectiva, no es indicio unívoco de normalidad o anormalidad,
localizándose el énfasis en la significación de las
manifestaciones en relación a la estructura psíquica más que en
las manifestaciones mismas (pudiendo darse procesos mórbidos con o
sin síntomas). Es así como “lo aparente” o “lo
manifiesto”, criterio central tácito tanto en la posología
psiquiátrica como en la perspectiva conductista, adquiere valores
relativos desde esta perspectiva.
En líneas generales, podría
decirse que en base al concepto de desarrollo psicosexual y las
fijaciones que podrían configurar al individuo en tal proceso, se
postula un continuo representado en un extremo por la salud, y que
transcurre hacia la patología por las neurosis sintomáticas, las
neurosis de carácter, los trastornos limítrofes de personalidad y
la psicosis. Esta visión de continuo contrasta con la perspectiva
Kraepeliana de “entidades clínicas” independientes, con
suposición de etiologías independientes, característica en la
nosología psiquiátrica.
Uno de los primeros criterios
diagnósticos que fue utilizado por el psicoanálisis es el criterio
de “analizabilidad”. Según este criterio, se distinguían las
neurosis, en las cuales se desplegaba la transferencia en la relación
con el analista (por lo tanto analizables) y las neurosis
narcisistas o psicosis, en las que no se desplegaba la transferencia
(por lo tanto no analizables). Este criterio ha cambiado a la par
que la teoría y la técnica psicoanalíticas, distinguiéndose en
la actualidad transferencias neuróticas, narcisistas, perversas,
limítrofes y psicóticas. Pero más allá de estos cambio, el
criterio que se ha mantenido es que la acción diagnóstica está
ligada a la determinación de la acción terapéutica.
Para su formulación, el diagnóstico
dinámico depende en mayor medida de la práctica y los
conocimientos técnicos de quien diagnostica, o sea, las variables
que intervienen en el proceso son más complejas en contraste con el
diagnóstico nosológico, en el cual se pretende simplificar la
operación diagnóstica, para hacerla más expedita, asequible y
uniforme.
Criterios y Clasificaciones
Diagnósticas en Psicoanálisis
El panorama general refleja la
existencia de una gran variedad de criterios y clasificaciones que
varían entre las distintas escuelas y autores existentes en la
orientación psicoanalítica. Es un espectro muy rico clínicamente,
donde se percibe la dinámica de evolución y maduración en la
comprensión y utilización del modelo teórico clásico del psicoanálisis,
pero a la vez refleja una carencia en la sistematización y
utilización unívoca del vocabulario, criterios y clasificaciones
psicopatológicos. Sin embargo, en la revisión de los trabajos de
ciertos autores modernos (Kernberg, Kohut, Hernández Espinoza, Ruiz
Ogare, Rudio Sánchez, etc.) se nota un esfuerzo hacia lo sintético
y contrastable, no sólo entre las distintas perspectivas psicoanalíticas,
sino también en relación a otras aproximaciones teóricas hacia lo
psicopatológico.
Los siguientes son algunos
criterios y clasificaciones que no agotan la variedad de
perspectivas que sobre el tema existe en la literatura psicoanalítica,
pero que -a nuestro juicio- resultan adecuadas muestras de los
aportes que de esta vertiente teórica han surgido.
En
el diagnóstico dinámico se intenta conocer:
a.- El equilibrio
entre las funciones psíquicas conscientes y los factores
inconscientes de la personalidad total, sus conflictos y
posibilidades de adaptación.
b.- Lo peculiar de las
relaciones objetales.
c.- El desarrollo de las
funciones yoicas y grado de vulnerabilidad yoica.
d.- El tipo caracterial.
e.- La frecuencia y
cualidad de las conductas regresivas.
f.- Los tipos y la
frecuencia de los mecanismos de defensa del yo contra la angustia.
g.- Las defensas
frente a la enfermedad y el médico.
Otto Kernberg (1984) propone la
existencia de tres organizaciones estructurales amplias
correspondientes a la organización neurótica, límite y psicótica
de la personalidad. Estos tipos de organización se reflejan en las
características predominantes del paciente, particularmente en:
1.- el grado de integración
de su identidad;
2.- los tipos de
operaciones defensivas que habitualmente utiliza, y
3.- su capacidad para la
prueba de realidad. Es así como, para él, la organización neurótica,
a diferencia de las otras dos, presenta una identidad integrada y
predominio de los mecanismos de defensa en torno a la represión, en
tanto que la organización limítrofe como la psicótica presentan
una deficiencia en la integración de la identidad (mayor en la psicótica
que en la limítrofe) y un predominio de los mecanismos de defensa
en torno a la escisión (también mayor en la psicótica que en la
limítrofe). Por último, la organización psicótica presenta una
ausencia de la prueba de realidad, a diferencia de las
organizaciones neuróticas y fronterizas.
Kernberg considera a estas tres
organizaciones amplias dentro de un continuo, en el cual cobran
sentido entre sí las distintas organizaciones en virtud de las
vicisitudes del desarrollo normal o patológico del aparato psíquico.
Kernberg (1987) propone la
Entrevista Estructural como método para acceder a un “Diagnóstico
Estructural”, que a través de la evaluación del grado de
integración de la identidad, mecanismos de defensa preponderante,
presencia o ausencia de juicio crítico de realidad, evaluación de
funciones cognitivas, algunos indicadores de orden sintomatológico
(ansiedad difusa, etc.) y caracterial (rasgos esquizoides, etc.),
pretenden ubicar o clasificar a un paciente dentro de un continuo
que va desde las neurosis (sintomáticas o de carácter), trastornos
límite, “psicosis funcionales” hasta síndromes cerebrales orgánicos.
Heinz Kohut, más centrado en
una psicopatología del sí-mismo, ya sea entendida como una
estructura del modelo estructural, o como una categoría más
amplia, núcleo central de su modelo, distingue los trastornos del sí-mismo:
en primarios (del sí-mismo como aspecto central) y secundarios (o
reactivos, neurosis estructurales), abocándose a los trastornos
primarios distingue cinco entidades psicopatológicas:
I.- las psicosis
(fragmentación permanente o prolongada, debilitamiento o seria
distorsión del sí-mismo);
II.- los estadios
fronterizos (fragmentación permanente del sí-mismo, recubierta por
estructuras defensivas más o menos eficaces);
III.- las personalidades
esquizoides y paranoides (organizaciones defensivas que emplean el
distanciamiento: frialdad y superficialidad u hostilidad y
suspicacia como protección a una fragmentación o debilitamiento
del sí-mismo);
IV.- los trastornos
narcisistas de la personalidad (debilitamiento temporario del sí-mismo
a través de síntomas autoplásticos), y
V.- los trastornos
narcisistas de la conducta (debilitamiento temporario del sí-mismo
a través de síntomas aloplásticos). (Ferenczi, 1930 en Kohut,
1980)
Volver al correo Nº
14 |