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(Segunda
Parte): Ps. Juan V.
Gallardo C. Y Lic. Jaime
Yasky P.
INTRODUCCIÓN
Desde
los inicios mismos de la medicina se 'han descrito
"enfermedades" o padecimientos que se caracterizan por
cambios en la manera de pensar, sentir o actuar de un determinado
sujeto, y se ha buscado precisar el "origen" o la
"causa" de ellos, dando origen al proceso Diagnóstico
(Correo de Psicoterapia Nº 12).
De tal suerte, a lo largo de tiempo ha sido posible atribuir
fidedignamente para ciertas expresiones psicopatológicas a un
proceso fisiológico subyacente (delirio por fiebre, demencia senil,
lesiones cerebrales, etc.), lo que ha permitido un consecuente
conocimiento en cuanto a etiología, curso, pronóstico, tratamiento
y prevención. Sin
embargo también se han descrito otras constelaciones psicopatológicas
(fobias, histeria, perversiones, trastornos de carácter,
enfermedades psicosomáticas, esquizofrenia, psicosis, paranoia,
enfermedad maníaco-depresiva, etc.); que también involucran
cambios en ¡a persona afectada o formas patológicas del Ser, a los
cuales se le han atribuido diversas etiologías (psicógena, endógena,
reactiva, etc.), algunas veces por ausencia de etiología biológica
conocida y otras veces por presencia de indicadores fehacientes de
etiología no biológica (por ejemplo, psicógena), lo cual, ha
complejizado el espectro de las categorías y sistemas diagnósticos.
ESTADO
ACTUAL
Actualmente
los sistemas diagnósticos de mayor uso (DSM-III-R, ICD-9)
contienen, por un lado, categorías y cuadros clínicos (dentro del
orden neuropsiquiátrico) de impecable descripción semiológica,
con acertada información acerca de la etiología y el curso del
cuadro, y de reconocida utilidad terapéutica y profiláctico.
Pero, por otro lado, estos sistemas contienen otras
clasificaciones y cuadros clínicos, de sobresaliente precisión
descriptiva, pero que carecen de información relativa a la etiología
y al curso o evolución del cuadro clínico, lo que redunda en un
escaso valor práctico como vectores de las acciones curativas y
preventiva.
Estos
sistemas diagnósticos (ICD-9, DSM-III) contienen criterios de
clasificación que constituyen una mezcla heterogéneo de enfoques
que no se insertan en una coherencia que los abarque, lo que a pesar
de haber significado un aumento de la homogeneidad en la
nomenclatura diagnóstica y un mejoramiento de la comunicación, ha
redundado negativamente
en la eficacia de la acción diagnóstica (alta frecuencia de sus
pacientes diagnosticados en dos o más categorías disímiles;
escasa información acerca de curso, de la etiología, etc.).
Esta
situación indica un descuido o evitación de los aspectos
concernientes a la etiología y comprensión funcional de los
cuadros clínicos con manifestaciones psicológicas de etiología
fisiológica no demostrada. A la vez se han utilizado algunos criterios alejados de la búsqueda
de la naturaleza, etiología o sentido de la patología como
vectores de las clasificaciones, que más que clarificar la situación,
la han complejizado. Esto
se nota en la confusión de] "síntoma" con
"enfermedad", el equiparar complejos sindromáticos con
"enfermedades", el uso de respuestas a un factor farmacológico
como criterio diagnóstico, etcétera.
Según
Mezzlch (1988) algunos expertos han sugerido que todo lo que pode¡-nos
decir acerca de las clasificaciones psiquiátricas es que son
clasificaciones de tipos de problemas con los cuales actualmente los
psiquiatras se ven enfrentados.
Desde
otra perspectiva, en algunos casos, tales como en los desarrollos teóricos
psicoanalíticos (neurosis y patologías caractereológicas), la
aproximación a través de un modelo explicativo de orden psicológico
(funcional y estructural) ha pretendido dar cuenta de la etiología
y del "sentido" de algunas alteraciones psicopatológicas,
pero al costo de un alejamiento de los criterios nosológicos clásicos
de descripción y catalogación de signos clínicos y síntomas.
Es así
como actualmente existen, por un lado, modelos diagnósticos de
impecable precisión descriptiva y capacidad comparativa, pero que
carecen de criterios que den cuenta del sentido de lo descrito
dentro de un marco explicativo más amplio, y por otro lado, modelos
diagnósticos basados en criterios dinámico-estructurales, de
amplia capacidad explicativa pero escaso valor comparativo por
carecer de marcadores semiológicos unívocos.
En esta ocasión nos interesa referirnos a las concepciones
psiquiátricas tradicionales en relación al tema del diagnóstico.
Concepción
Psiquiátrica de Diagnóstico
El
mayor desarrollo de los sistemas nosológicos psiquiátricos se basó
en la aplicación de los principios de la nosología empírica de
Kraepelin, quien con sus abordajes clínico-descriptivo, somático y
de curso, se abocó a realizar descripciones conductuales cuidadosas
de los pacientes, buscando semejanzas y diferencias sistemáticas
para la configuración de las entidades clínicas".
Desde esta perspectiva se desarrollaron y organizaron las
principales categorías diagnosticas en uso aún hoy en día.
La investigación que ha pretendido validar estas
"entidades clínicas" se ha orientado a constatar empíricamente
el nexo existente entre los síntomas y signos clínicos que
conforman estas "entidades" y el correlato anatomo-fisiológico
que sustentaría tales manifestaciones.
La
investigación de hipótesis en torno a la etiología anatomo-fisiológica
subyacente a los cuadros clínicos descritos en la nosología psiquiátrica
tradicional (Kraepelin, Bleuler) ha reportado escasos resultados
positivos. Este fracaso
relativo puede tener que ver con la forma en que se han propuesto
las hipótesis -esperándose encontrar un sustrato o elemento
anatomo-fisiológico que de cuenta de procesos complejos en que
varios sistemas se articulan- más que con la inexistencia de un
sustrato anatomo-fisiológico.
Pero a la vez, este estado de cosas tampoco se ha
correlacionado con un aumento de la exploración de etiológico no
orgánicas, lo que ha dejado un panorama en que se ha exacerbado el
desarrollo de los aspectos descriptivos y comparativos en la
construcción de clasificaciones diagnósticas, en desmedro de una
perspectiva que enfatice lo explicativo y comprehensivo.
Es
posible entender el estado actual del diagnóstico psicopatológico,
como consecuencia de su proceso histórico -en un corte horizontal-
proceso en que primero han surgido distintas concepciones y puntos
de vista en torno a lo psicopatológico, y ante esta proliferación,
se ha hecho necesario delinear lo común, lo que entrecruza a estas
distintas concepciones, en un esfuerzo por integrar, homologar y
sistematizar los distintos aportes, enfoques y clasificaciones
existentes en este campo.
Actualmente,
tanto el capítulo para trastornos mentales del ICD-9 de la
Organización Mundial de la Salud, como el D.S.M.-III-R, de la American
Psychiatric Association (APA), con sus clasificaciones nosológicas
multiaxiales, glosarlos y reglas para el diagnóstico, representan
los mayores esfuerzos hacia la fiabilidad y concordancia del diagnóstico
entre las distintas escuelas y países.
Lo
cierto es que el modelo de diagnóstico actualmente utilizado en
psiquiatría proviene esencialmente del modelo fisiopatológico de
diagnóstico, en el cual se identifican los signos y síntomas
presentes en un enfermo para acceder, a través de su interpretación
correcta, a la determinación del agente etiológico y el mecanismo
etiopatogénico que explique la enfermedad, y en base a ello
construir un sistema clasificatorio.
"Clasificación es el proceso por el cual el hombre reduce la
complejidad de los fenómenos agrupándolos en categorías y
siguiendo unos criterios establecidos con uno o más propósitos"
(Freedman, Kaplan y Sadock, 1982, p. 924).
"Una
clasificación de las entidades de enfermedad en medicina se llama nosología,
de las palabras griegas
nosos, enfermedad, y logia, estudio.
Los términos específicos utilizados para identificar las
categorías se llama nomenclatura" (op. cit. p. 924).
Así,
el signo clínico se
refiere a cualquier dato de la observación sensorial que permita al
clínico obtener, fundamentadamente, una imagen parcial del estado
funcional o estructural en que se encuentra el enfermo en el momento
de la exploración. "Lain
Entralgo, define el signo clínico como todo dato espontáneo o
provocado que muestra al médico la existencia de una lesión
determinada o un trastorno funcional en el paciente" (Barcia y
Pozo, en Cruz Roche, Rafael et
al., 1988, p. 36), en tanto que el síntoma se refiere a
cualquier expresión de alteraciones de las funciones básicas (vómito,
ahogo, ansiedad), siendo más inciertos desde el punto de vista
diagnóstico.
"...
los síndromes son
agrupamientos recurrentes de síntomas.
El concepto de síndrome es el que incluye muchos procesos
específicos y diferentes que pueden estar implicados en la producción
del trastorno" (op. cit. p. 928).
Hasta
este punto no se distinguen mayores diferencias en cuanto al proceso
diagnóstico mismo en la fisiopatología de la psiquiatría: los
signos clínicos, los síntomas y la nosología como componentes
estructurales del proceso son los mismos, lo que varía en el ámbito
de la psicopatología son los fenómenos y el orden fenoménico
aludido.
Sin
embargo, esta diferencia es esencial para comprender las
dificultades que se han generado en la aplicación de este modelo
diagnóstico dentro de la psicopatología.
Básicamente porque el sujeto paso en el proceso diagnóstico,
cual es la interpretación correcta de los signos y síntomas,
presupone la existencia de un modelo explicativo del funcionamiento
general del individuo, dentro del cual esta interpretación cobre
sentido. Este paso es
el que pretende proporcionar una relación de significado a las
manifestaciones observadas -en el ámbito de lo fenoménico- dentro
de un marco teórico que dé cuenta de la existencia de ellas en un
orden explicativo más general de funcionamiento normal y anormal
(indicaciones de etiología, mecanismo etiopatogénico y proceso mórbido),
lo que conlleve a la identificación de una enfermedad.
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