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Asociación
Psicoanalítica Chilena
Los
antecedentes de la asociación psicoanalítico chilena se remontan a
los primeros contactos entre el psicoanálisis europeo y el ambiente
médico latinoamericano . Ya en 19 1 0 , el Dr. Germán Greve
Schlegel presentó ante la sección de neurología del Congreso
Internacional Americano de Medicina e Higiene, realizado en Buenos
Aires, el que es considerado el primer trabajo psicoanalítico
latinoamericano. Este
trabajo, "sobre psicología y psicoterapia de ciertos estados
angustiosos", constituye una aplicación de los conceptos
psicoanalíticos de la época, y fue reseñado por el mismo Sigmund
Freud, 1911, en la revista Zentralblan
fur Psychoanalyse y citado por él como un aporte pionero en su
"contribución a la historia del movimiento psicoanalítico"
Freud, 1914. El
sacerdote jesuita Abdón Cifuentes, 1878/1960, los Drs.
Ramón Clares, 1888/1946 y Manuel Francisco Beca, 1910/1958,
junto al Dr. Fernando Allende Navarro se destacaron por su labor de
difusión del psicoanálisis en medios científicos y culturales.
El Dr. Allende Navarro se distinguió especialmente por su
calidad de primer psicoanalista chileno en propiedad.
Después de estudiar medicina en Bélgica, se doctoró y se
formó como neuropsiquiatra en Suiza. Entre los años 1922 y 1924, se formó como psicoanalista
llegando a ser miembro titular de las sociedades psicoanalíticas de
Suiza y de París. Al
volver a Chile, realizó una extensa labor de difusión, la que sin
embargo no logró penetrar en los medios académicos oficiales.
Esta labor sería realizada posteriormente por el Prof.
Ignacio Matte Blanco, quien en 1943 fundó el grupo psicoanalítico
que en 1949 sería reconocido por la Asociación Psicoanalítica
Internacional como Asociación Psicoanalítica Chilena.
El
período que se inicia en 1949 se puede considerar entonces como un
período fundacional, período que se extendió hasta 1966, fecha en
que el Prof. Ignacio
Matte emigró a Italia, junto a otro selecto grupo de psicoanalistas
que lo hicieron a los Estados Unidos y a Europa: Otto Kernberg, Ramón
Ganzarain, Ruth Riesenberg, etc.
Como todo período pionero, éste se caracterizó por el
entusiasmo y la creatividad; centrado en la Clínica Psiquiátrica
Universitaria de la Universidad de Chile, sede de la cátedra
titular Psiquiatría ejercida por el Prof.
Matte, psicoanalistas y psiquiatras se esforzaron por el
establecimiento y desarrollo de una psiquiatría dinámica.
En cierto sentido tuvo características de una edad dorada,
por la productividad y la brillantez de quienes la vivieron. Pero, como suele suceder con las edades de oro, ésta también
terminó decayendo. El
esfuerzo de integración entre Psiquiatría y Psicoanálisis,
encabezado por Matte, condujo a malentendidos y al quiebre del
grupo.
Los
psicoanalistas abandonaron el Alma Mater para funcionar
independientemente y muchos psiquiatras, que llegarían
posteriormente a tener una gran influencia en la Psiquiatría
nacional y que se habían formado parcial o totalmente como
psicoanalistas, rompieron con el psicoanálisis transformándose
algunos en francos detractores de éste.
Por su parte, el grupo de psicoanalistas que se separó de
Matte se dedicó por entero a una labor de consolidación interna.
La emigración de un grupo excepcional de analistas al
extranjero, quizás el núcleo más creativo, hizo que la Asociación
Psicoanalítica Chilena se mantuviera por más de 20 años en un
relativo aislamiento, donde la preocupación central fue la formación
de un selecto número de analistas de acuerdo con los más altos estándares
internacionales. Sin
embargo, durante este período hubo siempre miembros que mantuvieron
el nexo con las instituciones universitarias y hospitalarias.
Nombres
como los de Hernán Davanzo, Mario Gomberoff, Omar Arrue, Jaime
Coloma, Ramón Florenzano y Luis Gomberoff, se destacan por su
actividad docente en las Universidades de Chile y Católica y por el
compromiso hospitalario en servicios de psiquiatría.
En
los últimos cinco años, pareciera configurarse un nuevo período,
caracterizado por la reinserción de la Asociación Psicoanalítica
en el ámbito nacional e internacional, tanto en el campo clínico,
como en el de la cultura. Observamos
un interés creciente entre psicólogos y psiquiatras jóvenes para
formarse como psicoanalistas. Actualmente
la sociedad consta de 44 miembros, número que en los próximos 10 años
superará con creces la centena.
Hay preocupación por aumentar el espectro de intereses
dentro de los analistas. Se ha empezado con actividades sistemáticas de extensión,
como, por ejemplo, el curso de formación de terapeutas de grupo,
actividad que tuviera un gran florecimiento en la década de los 60. A nivel internacional, el Psicoanálisis está avanzando a
una profunda crisis de crecimiento y entrando de lleno a una etapa
postmoderna en la que distintas corrientes, orientaciones y escuelas
que se fecundan mutuamente.
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