EL DIAGNÓSTICO Y SUS
MODALIDADES
(Primera
Parte)
Ps.
Juan V. Gallardo C., y Lic. Jaime Yasky P.
INTRODUCCIÓN
Etimológicamente
la palabra "Diagnóstico" proviene del griego Ida, a través,
y Gnossos, conocer, o sea
lo que es "capaz de conocer", o más apropiadamente
"conocer lo que atraviesa o transcurre". Así, pues, en términos generales, un diagnóstico se refiere a la formulación de un juicio, en cuanto a
la inclusión o exclusión dentro de una categoría, al cual se
accede a través de la valoración de la información obtenida a¡
analizar a un determinado sujeto.
Esta acción presupone la existencia de un conjunto de
categorías que discriminen, diferencien y delimiten la naturaleza
de un estado anómalo, a partir de la observación y la interpretación
exacta de los signos y síntomas que le son propios, y, por otro
lado, un fundamento teórico que dé cuenta del origen, naturaleza y
función de dichas categorías.
De
este modo un diagnóstico alude al ordenamiento de signos y síntomas,
a indicaciones de etiología, a posibilidades pronosticas, a terapéutica
indicada y evolución del cuadro, así como indicadores
diferenciales y criterios de alta terapéutica.
La
optimización de los juicios diagnósticos de_ pende de lo que en
definitiva consideremos "normalidades" fisiológicas o
psicológicas, lo que pasa por el difícil esfuerzo de ponerse de
acuerdo en lo concerniente a criterios de normalidad-anormalidad
(estadística, valorativa o ideal, fenoménica, etc.),
clasificaciones (nomenclatura a usar, ordenamiento lógico y/o jerárquico
de las clasificaciones, etc.), procedimientos (uniformidad o
contrastabilidad de la metodología de observación y recolección
de información), definiciones en las terminologías a usar, etc.
En resumen, responder a una serie de cuestionamientos
necesarios para el logro de un lenguaje común y consensual que
permita a clínicos e investigadores operar en pos de un ámbito
fenoménico homogéneo y claramente delimitado.
RESEÑA HISTÓRICA
La
siguiente es una reseña histórica del diagnóstico psicopatológico
elaborada a partir del Capítulo 14 (Clasificación en Psiquiatría)
del "Tratado de Psiquiatría" de Freedman, Kaplan y
Sadock.
Al
parecer, la primera- alusión específica a una enfermedad mental
ocurrió en el año 3000 a. de C., una descripción de un deterioro
senil atribuido al príncipe Ptah-hotep.
En el 2600 a. de C. se describieron síndromes de melancolía
e histeria en la literatura sumaria y egipcia.
En el papiro de Ebers (1500 a. de C.) también aparecen
descritos el deterioro senil y el alcoholismo.
Pero se considera a Hipócrates (460377 a. de
C.) como el introductor del concepto de enfermedad psiquiátrica
en medicina. En sus
escritos describe trastornos mentales agudos con fiebre (tal vez síndromes
cerebrales orgánicos agudos), trastornos mentales agudos sin fiebre
(probablemente análogos a las psicosis funcionales, pero llamadas
manía), trastornos crónicos sin fiebre (llamados melancolía),
histeria (más ampliamente utilizado que en fechas posteriores) y la
enfermedad de los escritas (semejantes al travestido).
Antes
de la época del inglés Sydenham (16241663), todas las
enfermedades, a pesar de las diferencias aparentes entre los
diferentes síndromes, eran atribuidas a un solo proceso patógeno,
tanto un trastorno del equilibrio humoral como un trastorno de las
tensiones de los tejidos sólidos.
Sydenham creyó que cada enfermedad tenía una causa específica.
Exigía el estudio de los procesos mórbidos y comparaba la
investigación de la especificidad de las enfermedades con la
investigación del botánico de las especies de plantas.
Philippe
Pinel (1745-1826), médico francés,
simplificó los complejos sistemas de diagnóstico que existían
hasta entonces, reconociendo tres tipos clínicos fundamentales: manía
(condiciones con excitación o furia aguda), melancolía (trastornos
depresivos y alucinaciones con temas limitados) y demencia (falta de
cohesión en las ideas) e idiotismo (idiotez y demencia orgánica).
Pinel reaccionó así contra la tradición de entidad nosológica
específica de Sydenham y volvió al sistema de clasificación no
complejo de Hipócrates. Todas las enfermedades mentales estaban
dentro de una categoría de enfermedades físicas llamadas
“neurosis”, que estaban definidas como “enfermedades
funcionales del sistema nerviosos”, es decir enfermedades que no
iban acompañadas de fiebre, inflamación, hemorragia o lesión anatómica.
Hacia
el siglo xix, la enfermedad mental empezó a ser considerada de
forma coherente como la manifestación de una patología física, y
los científicos investigaban las lesiones específicas
conjuntamente con la investigación de las enfermedades corporales.
Benedict-Augustin Morel (1809-1873) fue el primero en utilizar
el curso de una enfermedad como base de clasificación.
Su démence précoce no fue una entidad nosológica, sino una forma
particular del curso de la enfermedad mental.
Karl
Ludwigm Kahibaum
(1828-1899), psiquiatra descriptivo alemán, predecesor de
Kraepelin, introdujo los conceptos de complejo sintomático temporal
opuesto a la enfermedad subyacente, la distinción entre la
enfermedad mental orgánica y no orgánica, y considerando la edad
del paciente al inicio de la enfermedad y el desarrollo característico
del trastorno como bases de clasificación.
El
descubrimiento realizado por Beyle (1 822) de que la parálisis
general progresiva era una enfermedad orgánica específica del
cerebro, y el descubrimiento de Paul Broca (1861) de
que algunas formas de afasia estaban relacionadas con lesiones
precisas del córtex, aumentaron los intentos de basar todas las
clasificaciones de los trastornos mentales en lesiones cerebrales
demostradas o en un trastorno de la fisiología vascular o
nutritiva. Esto llevó
a Wilhelm Greisinger (1818-1868) a acuñar el eslogan
"las enfermedades mentales son enfermedades cerebrales".
Dado que el conocimiento de la patología cerebral era
Iimitado, comprendió la necesidad de una categoría funciona¡
provisional para las enfermedades mentales con una patología somática
todavía desconocida.
En
el censo de 1840, en EE.UU., surge por primera vez un sistema
oficial de clasificación de trastornos mentales.
Se utilizó, esa vez, una sola categoría diagnóstica: la
idiocia. En el censo de
1880 los enfermos mentales fueron clasificados en siete categorías
distintas (manía, melancolía, monomanía, parálisis, demencia,
dipsomanía y epilepsia).
En
las dos últimas décadas del siglo XIX, Emil Kraepelin
(1856-1926) sintetizó tres enfoques: el clínico-descriptivo, el
somático y la consideración del curso de la enfermedad.
Consideró las enfermedades mentales como entidades nosológicas
orgánicas que pudieran ser clasificadas sobre la base del
conocimiento de su etiología, su curso y su resultado.
Junto los trastornos maníacos y los depresivos en una sola
enfermedad, la psicosis maníaco-depresiva, y sobre la base de sus
períodos de remisión la distinguió de la enfermedad crónica
deteriorante llamada demencia precoz, que posteriormente Bleuler
rebautizó como esquizofrenia.
Kraepelin también reconoció como diferente a la paranoia de
la demencia precoz, distinguió los delirios (síndromes cerebrales
orgánicos agudos) de las demencias (síndromes cerebrales crónicos)
y, por primera vez en un sistema de clasificación de las
enfermedades mentales, incluyó los conceptos de neurosis psicógena
y personalidades psicopáticas (el criminal patológico y los
paranoicos litigantes).
Tal
como han señalado Klein y Davis (1969), el enfoque básico de
Kraepelin de la clasificación fue la investigación de la combinación
de rasgos clínicos que produjesen mejor el resultado. Por el contrario, Eugene Bleuler (1857-1937) basó su
sistema de clasificación en un proceso psicopatológico inferido,
por ejemplo, un trastorno de los procesos asociativos en la
esquizofrenia. La
ventaja del enfoque de Kraepelin es que el pronóstico es un
criterio comparable, mientras que un proceso psicopatológico
inferido, como es un trastorno asociativo, no se puede evaluar
directamente.
Los
trastornos de personalidad fueron señalados por primera vez en la
literatura psiquiátrica por J. C. Prichard ( 1835) con su
introducción de los conceptos de locura moral e imbecilidad moral.
August Koch (1891) acuñó las frases "personalidad
psicopática" e 'inferioridad constitucional psicopática".
Los conceptos dinámicos de Freud agrandaron los límites de
lo que era considerado enfermedad mental, de tal manera que incluía
las formas más leves de desviación de la personalidad.
Tal
como señalaron Akiskal y McKinney (1973), a pesar de los
avances en la comprensión de los trastornos mentales en los últimos
cincuenta años, las categorías más importantes del actual Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-II) están
basadas principalmente en los conceptos de Kraepelin (enfermedad maníaco-depresivas),
de Bleuler (esquizofrenia) y de Freud (neurosis y trastornos de la
personalidad).
En
la primera mitad del siglo XX, el diagnóstico psiquiátrico cayó
en descrédito, principalmente por el fracaso en encontrar etiologías
biológicas específicas y tratamientos eficaces para las
enfermedades mentales, como también por el auge del psicoanálisis
como alternativa que ofrecía un modelo explicativo amplio de los
desórdenes mentales con una terapéutica eficaz para lidiar con éstos.
En
1948, en su sexta revisión, la O.M.S., en su Clasificación
Internacional de Enfermedades, incluyó por primera vez una
clasificación de enfermedades mentales.
Por lo insuficientes que resultaron las categorías
diagnosticas del ICD-6 para las necesidades norteamericanas,
se decidió en ese país, en 1951, encargar a un grupo de trabajo,
con representación de la American Psychiatric Association, el desarrollo de una
alternativa a la sección de trastornos mentales del ICD-6.
Basándose para su trabajo en el sistema de clasificación de
la Veterans Administration, el
cual se había desarrollado como una adaptación de un anterior
sistema clasificatorio (utilizado para los censos de pacientes
internados crónicos) a las realidades de los veteranos de la
segunda guerra mundial, surgió en 1952 el
Diagnostic and Statistical Manual Mental Disorders, DSM-I, de la
American Psychiatric Association.
Volver al correo Nº
12 |