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Lenguaje
y Realidad
Uno
de los aforismos básicos en tomo al cual se sustenta el conjunto de
conocimientos y quehaceres universales es aquel que sostiene que
"las cosas son lo que son, y no lo que se dice que son ".
Esta frase apodíptica, simple y sintética, encierra, a nuestro
juicio, una afirmación llena de sentido, tras la cual variadas
ciencias, disciplinas y, tecnologías intentan delimitar los
criterios y esfuerzos que permitan acceder a la comprensión,
predicción y explicación de la Realidad.
Sin
embargo, en el ámbito de la Salud Mental y de lo Psicológico, este
aforismo aún no parece constituirse como uno de los fundamentos
primordiales en torno al cual desarrollar un discurso psicológico.
Enfrentamientos teóricos, técnicos, y más actualmente
epistemológicos, aún se debaten entre las corrientes
cognitivistas, fenomenológicas, materialistas y constructivistas
dialécticas y, subyacentemente a ello, a la recurrente polémica
entre lenguaje y realidad, entre el "mapa y el territorio
" y entre el Universo y los multiversos.
De
esta suerte que "lo que se dice que son las cosas" ha
resultado ser uno de los mayores obstáculos al momento de empezar a
vislumbrar lo que ellas realmente resulten ser, y nuestros
"imaginarios " con su carácter de realidad para-sí se
han ido lentamente convirtiendo en la negación de lo Real, bajo la
afirmación de una realidad existente sólo en el lenguaje.
Esta situación, posiblemente consecuencia de una contra
reacción a un positivismo ideologizado y estructurado en torno a
dinámicas valorizas y de poder, nos aluden necesariamente a las
complejidades que entre el tema de la Realidad y el Lenguaje bordean
el dominio de la Salud Mental y nos permiten entender, en parte, la
distancia que entre la Salud Mental y otros quehaceres podemos
encontrar, y el porqué del lugar que ella ocupa en el concierto
Social.
Pues,
a partir de esta confrontación, resulta aún incierto determinar
los puntos de contacto y los puntos de quiebre entre las relaciones
Lenguaje-Realidad, y entre el discurso de la Psicología el orden de
la transformación y operatividad Social.
A sí, uno de los objetivos a los que esta disciplina científica
aspira se ve lentificado, en tanto que los esfuerzos por dejar la
realidad del "hecho psicológico" parecen quedar
confundidos entre las distintas perspectivas que sobre el objeto se
pueden desarrollar y lo que el objeto, en definitiva, es.
Resulta
así, pues, que la conciencia por este hecho, unido a otro, cual es
la tendencia contemporánea al reconocimiento y preocupación por la
polisemia discursiva de la Salud Mental, nos ha llevado,
permanentemente, a señalar los riesgos que la ausencia de un
discurso "paradigmático y único" conlleva, a la
necesidad de que quienes operamos en el ámbito de la Salud Mental
aboguemos por una urgente toma de conciencia en relación a unificar
el saber existente en la actualidad, más que a la búsqueda de
desarrollos de nuevas formas de decir lo antes dicho, en un proceso
que permanentemente enfatiza más el ángulo de aproximación que el
objeto aproximado.
Intentar
puntos de integración entre ellos parece ser una propuesta legítima
a esta dirección de trabajo, tal como se comienza a vislumbrar en
los esfuerzos de integración de lo biológico y lo psicológico: en
la psicosomática, lo bioanalítico (S. Ferenczi), las teorías de J. Piaget y la biología del
conocimiento (H. Maturana),
en donde la búsqueda de analogías de estructuras y de funciones
entre lo psíquico y lo orgánico, la continuidad y la secuencia
evolutiva entre ambas, y los esfuerzos por señalar un dominio común
de fenómenos orgánicos y psicológicos unificados bajo esquemas
comunes de acción, intentan acercamos a una teoría que permita
establecer relaciones unívocas, si bien incompleta, entre un mapa y
su territorio, pero que aporten a vislumbrar la propuesta original
existente entre la verdad objetiva y la función de la ciencia
moderna.
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