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Centro
de Estudios y Terapia Sistémica
Dra.
Ingeburg Fuhrmann
De
la conceptualización sistémica surge una nueva forma de
psicoterapia, en la que se destaca la importancia del contexto
relacionar en la expresión de las características y conductas del
individuo.
La
teoría de sistemas y su aplicación a la psicoterapia atrajo el
interés de muchos psicólogos y médicos, quienes comenzaron a
agruparse, en la búsqueda de mayor profundización en el tema.
Muchos iniciamos nuestra incursión en el campo de la terapia
sistémica, apoyados en la lectura de maestros, tales como G.
Bateson, C. Whitacker, S. Minuchin, J. Haley, P. Watzlawick, quienes
nos dieron su valiosa orientación.
En el año 1981 se organizó, a raíz del esfuerzo pionero de
la psicóloga Olga Reyes, un primer encuentro de todos los
interesados en el enfoque sistémico.
Después
del azaroso contacto de algunos de nosotros con la epistemología
sistémica, fue fortuita la creación de un grupo de estudio.
En la medida en que se fortalecieron los nexos
interpersonales, este grupo se fue organizando y transformando en el
"Taller de Terapia Sistémica".
La fuerza que nos unía era el interés por la psicoterapia,
por las proyecciones preventivas y por la investigación en el campo
de la conceptualización sistémica de los problemas humanos.
Los resultados clínicos de acciones preventivas y de
investigaciones, consolidaron nuestra confianza en el enfoque sistémico
y nos cohesionaron como grupo.
Después de cuatro años de un intensivo trabajo interno,
surgió en nosotros el deseo de compartir nuestros conocimientos con
profesionales que nos habían manifestado su interés por recibir
formación en terapia sistémica: iniciamos nuestro primer curso en
1985, al que dedicamos toda nuestra energía.
Crecimos
gracias a nuestro propio esfuerzo y al fructífero contacto con
otros grupos. Compartimos
muchas horas de discusión y trabajo con el "Grupo de
Familia" del Hospital del Salvador, guiado por Edmundo
Covarrubias, establecimos contactos de diversa índole con los demás
Institutos de Terapia Familiar, que se habían iniciado contemporáneamente
con nosotros, y gracias al esfuerzo de ellos recibimos el aporte de
numerosos profesores extranjeros.
En
el año 1987 se creó nuestro grupo actual, al "Centro de
Estudios y Terapia Sistémica", que integró al antiguo ITS, a
algunos profesionales formados en Chile y en el extranjero, y a la
mayor parte de nuestros propios alumnos que estaban por egresar. Nació un grupo de profesionales decididos a continuar
estudiando y trabajando en conjunto.
Vilma Armengol, Fernando Bertrand, Mariam Chadwich, Carlos Dávila,
Caterina Forray, Inge Fuhrman, Ana María Labarca, Marlene López,
Silvia Quiroga, Jacinta Scaglotti, Juanita Silva, Carlos Vélez y
Blanca María Vergara, aportaron su experiencia personal, teórica y
clínica a esta nueva empresa común.
Desde el momento de esta integración formal la meta
compartida y las afinidades personales han configurado una identidad
grupal, expresada en su nombre CENTRO DE ESTUDIOS Y TERAPIA SISTÉMICA
que hace referencia a nuestra costumbre de recorrer recursivamente
ciclos que van desde la vertiente teórica a la terapéutica y de ésta
a la vertiente teórica, nutriéndose mutuamente.
A
lo largo del tiempo hemos podido mantener el intercambio estimulante
con diversas Universidades de Santiago, de Provincia y del
extranjero. La evolución
del entorno y de nosotros mismos ha influenciado el devenir del
Centro y modificado paulatinamente nuestra identidad grupal.
La singularidad y la diversidad han desplazado
progresivamente nuestra inicial uniformidad del pensamiento y dado
lugar a un trabajo más flexible y humano.
Hemos evolucionado desde un enfoque más bien dogmático y
directivo, hacia las proposiciones de maestros como S. Minuchin y M.
Andolfi, para continuar incursionando en parajes más propios,
estimulados por filósofos y epistemólogos tales como E. Morin o H.
V. Foerster o por pensadores de otras ciencias como T. Prigogine.
Con ayuda de ellos hemos abandonado algunas
conceptualizaciones conocidas, para comprender que siendo inestable
el cambio no tiene sentido apropiarse de él.
Este entendimiento nutre nuestra organización, guía la búsqueda
teórica, impregna el actuar clínico, acepta la diferencia
estimulante y la curiosidad creativa, aumentando progresivamente la
confianza en la capacidad autoorganizativa de la familia, de
nosotros mismos y de las organizaciones en general.
En
la actualidad, ya no buscamos las causas de la enfermedad en
patrones disfuncionales de la familia y al excluir la culpa de
nuestros paradigmas, podemos aproximarnos a la enfermedad y al
enfermo mental en forma más humana, afectiva y optimista.
Nuestra convicción, como terapeutas, de no ser ya los
"agentes responsables del cambio", ha flexibilizado
nuestro quehacer terapéutico, ha alejado la construcción de
estrategias y técnicas, pero ha aumentado también la exigencia
personal para el terapeuta, quien debe usarse a sí mismo como parte
esencial del proceso terapéutico.
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