Contacto ·  Portal Indepsi  Nº 10 -1992
ORGANIZACION DE SALUD MENTAL

Centro de Estudios y Terapia Sistémica

Dra.  Ingeburg Fuhrmann

De la conceptualización sistémica surge una nueva forma de psicoterapia, en la que se destaca la importancia del contexto relacionar en la expresión de las características y conductas del individuo.

La teoría de sistemas y su aplicación a la psicoterapia atrajo el interés de muchos psicólogos y médicos, quienes comenzaron a agruparse, en la búsqueda de mayor profundización en el tema.  Muchos iniciamos nuestra incursión en el campo de la terapia sistémica, apoyados en la lectura de maestros, tales como G. Bateson, C. Whitacker, S. Minuchin, J. Haley, P. Watzlawick, quienes nos dieron su valiosa orientación.  En el año 1981 se organizó, a raíz del esfuerzo pionero de la psicóloga Olga Reyes, un primer encuentro de todos los interesados en el enfoque sistémico.

Después del azaroso contacto de algunos de nosotros con la epistemología sistémica, fue fortuita la creación de un grupo de estudio.  En la medida en que se fortalecieron los nexos interpersonales, este grupo se fue organizando y transformando en el "Taller de Terapia Sistémica".  La fuerza que nos unía era el interés por la psicoterapia, por las proyecciones preventivas y por la investigación en el campo de la conceptualización sistémica de los problemas humanos.  Los resultados clínicos de acciones preventivas y de investigaciones, consolidaron nuestra confianza en el enfoque sistémico y nos cohesionaron como grupo.  Después de cuatro años de un intensivo trabajo interno, surgió en nosotros el deseo de compartir nuestros conocimientos con profesionales que nos habían manifestado su interés por recibir formación en terapia sistémica: iniciamos nuestro primer curso en 1985, al que dedicamos toda nuestra energía.

Crecimos gracias a nuestro propio esfuerzo y al fructífero contacto con otros grupos.  Compartimos muchas horas de discusión y trabajo con el "Grupo de Familia" del Hospital del Salvador, guiado por Edmundo Covarrubias, establecimos contactos de diversa índole con los demás Institutos de Terapia Familiar, que se habían iniciado contemporáneamente con nosotros, y gracias al esfuerzo de ellos recibimos el aporte de numerosos profesores extranjeros.

En el año 1987 se creó nuestro grupo actual, al "Centro de Estudios y Terapia Sistémica", que integró al antiguo ITS, a algunos profesionales formados en Chile y en el extranjero, y a la mayor parte de nuestros propios alumnos que estaban por egresar.  Nació un grupo de profesionales decididos a continuar estudiando y trabajando en conjunto.  Vilma Armengol, Fernando Bertrand, Mariam Chadwich, Carlos Dávila, Caterina Forray, Inge Fuhrman, Ana María Labarca, Marlene López, Silvia Quiroga, Jacinta Scaglotti, Juanita Silva, Carlos Vélez y Blanca María Vergara, aportaron su experiencia personal, teórica y clínica a esta nueva empresa común.  Desde el momento de esta integración formal la meta compartida y las afinidades personales han configurado una identidad grupal, expresada en su nombre CENTRO DE ESTUDIOS Y TERAPIA SISTÉMICA que hace referencia a nuestra costumbre de recorrer recursivamente ciclos que van desde la vertiente teórica a la terapéutica y de ésta a la vertiente teórica, nutriéndose mutuamente.

A lo largo del tiempo hemos podido mantener el intercambio estimulante con diversas Universidades de Santiago, de Provincia y del extranjero.  La evolución del entorno y de nosotros mismos ha influenciado el devenir del Centro y modificado paulatinamente nuestra identidad grupal.  La singularidad y la diversidad han desplazado progresivamente nuestra inicial uniformidad del pensamiento y dado lugar a un trabajo más flexible y humano.  Hemos evolucionado desde un enfoque más bien dogmático y directivo, hacia las proposiciones de maestros como S. Minuchin y M. Andolfi, para continuar incursionando en parajes más propios, estimulados por filósofos y epistemólogos tales como E. Morin o H. V. Foerster o por pensadores de otras ciencias como T. Prigogine.  Con ayuda de ellos hemos abandonado algunas conceptualizaciones conocidas, para comprender que siendo inestable el cambio no tiene sentido apropiarse de él.  Este entendimiento nutre nuestra organización, guía la búsqueda teórica, impregna el actuar clínico, acepta la diferencia estimulante y la curiosidad creativa, aumentando progresivamente la confianza en la capacidad autoorganizativa de la familia, de nosotros mismos y de las organizaciones en general.

En la actualidad, ya no buscamos las causas de la enfermedad en patrones disfuncionales de la familia y al excluir la culpa de nuestros paradigmas, podemos aproximarnos a la enfermedad y al enfermo mental en forma más humana, afectiva y optimista.  Nuestra convicción, como terapeutas, de no ser ya los "agentes responsables del cambio", ha flexibilizado nuestro quehacer terapéutico, ha alejado la construcción de estrategias y técnicas, pero ha aumentado también la exigencia personal para el terapeuta, quien debe usarse a sí mismo como parte esencial del proceso terapéutico.

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