Contacto ·  Portal Indepsi  Nº 10 -1992
EDITORIAL

Un Discurso Psicológico

Uno de los mayores desafíos en relación al dominio de la Psicología, resulta ser el intentar dar cuenta de la existencia o no de "Un Discurso Psicológico".  Pues, si bien, por un lado pareciera de pero grullo afirmar una existencia tan ampliamente manifiesta en un sinfín de expresiones y actividades humanas (ejercicio profesional, literatura, medios de comunicación, etc.), al punto que innumerables expresiones de ella han pasado a formar parte del lenguaje cotidiano y popular; por otro lado, no es menos cierto que las dificultades en la identificación, tipificación y utilización de este discurso reflejan tantas interrogantes en relación a la estructura del mismo, a su modo de composición, su variabilidad a través del tiempo, y tantos otros aspectos, que resulta legítimamente concebible, por decir lo menos, el interrogarse por la existencia o no, de "Un Discurso Psicológico" y el carácter que dicho discurso pueda tener.

Así, pues, una simple mirada a la Psicología, Psiquiatría y Psicopatología de nuestro tiempo, y a los distintos y disímiles modelos teóricos utilizados en ellas, nos retrotrae a la imagen de la "Torre de Babel" en la cual infinitos individuos intentan comunicarse entre sí toda vez que han perdido el "código" mediante el cual articular un mundo común. Esta imagen en relación al discurso psicológico, nos lleva a preguntarnos por el modo en que "un" discurso ha ido degenerando en múltiples discursos, tanto como por la factibilidad o no de revertir este estado de cosas a un lugar donde un lenguaje único, común, y consensual empiece a adquirir forma.

Pues, si partimos de la base de que el "lenguaje" alude a un esfuerzo por denominar las "cosas" de la realidad, o los modos de "existencia de esas cosas" para un observador, necesariamente debemos considerar que este Discurso Psicológico de nuestro tiempo, ha perdido parcialmente su Identidad: la legitimización de las más variadas existencias de discursos, la irreconciabilidad de un concepto en los dominios de otros marcos teóricos, la subordinación exclusiva de un concepto al marco teórico en que él es utilizado, etc., sólo han conseguido multiplicar las infinitas expresiones que sobre lo psicológico ha sido posible realizar, aludiendo a múltiples verbalizaciones de un mismo fenómeno, y parcializando el dato a la perspectiva del observador -sólo compatibilizado con otros observadores que aspiren a tener la idéntica mirada-.

Resulta, pues, que el preocuparnos sobre las relaciones entre Lenguaje, Realidad y Materialidad, el alertarnos sobre el discurso que utilizamos, el buscar una raíz común en un lugar donde exista previamente consenso, el reflexionar sobre la estructura del lenguaje matemático y del lenguaje biológico -que han logrado denominar objetos, procesos, interacciones, dinámicas, etc., con un lenguaje tal, que permite discrepar a la hora de hipotetizar e intentar explicaciones y, sin embargo, conservan el código común sobre el cual se estructuran-, y el rescatar lo escaso del discurso psicológico que ha logrado consensualidad, unido a una conciencia crítica sobre el uso y abuso del discurso psicológico que en la práctica cotidiana hacemos, parecieran ser una de las prioridades en la articulación de un lenguaje científico, riguroso y unívoco, a la vez que una de las instancias necesarias a la hora de aspirar a generar una Psicología única y paradigmático.

Tal vez si de este modo, se haga posible responder a las demandas de un tiempo que como consecuencia de un sobreexceso de información, requiere desesperadamente de una atención especial a la administración y selección de la misma.

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