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Un
Discurso Psicológico
Uno
de los mayores desafíos en relación al dominio de la Psicología,
resulta ser el intentar dar cuenta de la existencia o no de "Un
Discurso Psicológico". Pues,
si bien, por un lado pareciera de pero grullo afirmar una existencia
tan ampliamente manifiesta en un sinfín de expresiones y
actividades humanas (ejercicio profesional, literatura, medios de
comunicación, etc.), al punto que innumerables expresiones de ella
han pasado a formar parte del lenguaje cotidiano y popular; por otro
lado, no es menos cierto que las dificultades en la identificación,
tipificación y utilización de este discurso reflejan tantas
interrogantes en relación a la estructura del mismo, a su modo de
composición, su variabilidad a través del tiempo, y tantos otros
aspectos, que resulta legítimamente concebible, por decir lo menos,
el interrogarse por la existencia o no, de "Un Discurso Psicológico"
y el carácter que dicho discurso pueda tener.
Así,
pues, una simple mirada a la Psicología, Psiquiatría y
Psicopatología de nuestro tiempo, y a los distintos y disímiles
modelos teóricos utilizados en ellas, nos retrotrae a la imagen de
la "Torre de Babel" en la cual infinitos individuos
intentan comunicarse entre sí toda vez que han perdido el "código"
mediante el cual articular un mundo común. Esta imagen en relación
al discurso psicológico, nos lleva a preguntarnos por el modo en
que "un" discurso ha ido degenerando en múltiples
discursos, tanto como por la factibilidad o no de revertir este
estado de cosas a un lugar donde un lenguaje único, común, y
consensual empiece a adquirir forma.
Pues,
si partimos de la base de que el "lenguaje" alude a un
esfuerzo por denominar las "cosas" de la realidad, o los
modos de "existencia de esas cosas" para un observador,
necesariamente debemos considerar que este Discurso Psicológico de
nuestro tiempo, ha perdido parcialmente su Identidad: la
legitimización de las más variadas existencias de discursos, la
irreconciabilidad de un concepto en los dominios de otros marcos teóricos,
la subordinación exclusiva de un concepto al marco teórico en que
él es utilizado, etc., sólo han conseguido multiplicar las
infinitas expresiones que sobre lo psicológico ha sido posible
realizar, aludiendo a múltiples verbalizaciones de un mismo fenómeno,
y parcializando el dato a la perspectiva del observador -sólo
compatibilizado con otros observadores que aspiren a tener la idéntica
mirada-.
Resulta,
pues, que el preocuparnos sobre las relaciones entre Lenguaje,
Realidad y Materialidad, el alertarnos sobre el discurso que
utilizamos, el buscar una raíz común en un lugar donde exista
previamente consenso, el reflexionar sobre la estructura del
lenguaje matemático y del lenguaje biológico -que han logrado
denominar objetos, procesos, interacciones, dinámicas, etc., con un
lenguaje tal, que permite discrepar a la hora de hipotetizar e
intentar explicaciones y, sin embargo, conservan el código común
sobre el cual se estructuran-, y el rescatar lo escaso del discurso
psicológico que ha logrado consensualidad, unido a una conciencia
crítica sobre el uso y abuso del discurso psicológico que en la práctica
cotidiana hacemos, parecieran ser una de las prioridades en la
articulación de un lenguaje científico, riguroso y unívoco, a la
vez que una de las instancias necesarias a la hora de aspirar a
generar una Psicología única y paradigmático.
Tal
vez si de este modo, se haga posible responder a las demandas de un
tiempo que como consecuencia de un sobreexceso de información,
requiere desesperadamente de una atención especial a la
administración y selección de la misma.
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