Tratamiento Grupal y Ambulatorio de Psicóticos
Mario Campuzano
Revista Subjetividad y Cultura
Publicado en el No 1, junio 1991
RESUMEN
Se
describen las características organizativas y
el marco teórico-técnico en que se sustenta
el funcionamiento de una Comunidad Terapéutica para
la atención integral y ambulatoria de psicóticos,
a fin de evitar su internación y lograr una rehabilitación
social máxima, en oposición a la práctica
dominante que logra la simple desaparición de los
síntomas psicóticos con la secuela frecuente
de una ubicación personal y social de tipo marginal
y dependiente.
Los
casos de esquizofrenia suelen ser los más frecuentes,
dado que prevalece este trastorno y sus características
clínicas de ensimismamiento y aislamiento que requieren
de un proceso de resocialización.
Se
establece un tratamiento integral que incluye la prescripción
de medicamentos antipsicóticos (para actuar sobre
los síntomas positivos o productivos de la esquizofrenia:
alucinaciones y delirios); la atención de los pacientes
en grupos psicoterapéuticos de orientación
psicoanalítica (para actuar sobre los síntomas
negativos o no productivos: ensimismamiento, aislamiento
social, desinterés, etc.) y la atención de
los familiares, también en grupo, a fin de garantizar
su apoyo de una manera coherente con el programa de la Comunidad
Terapéutica.
I.- INTRODUCCIÓN: LOS CIEGOS Y EL ELEFANTE O QUÉ ES
LA PSICOSIS
En una famosa fábula se cuenta cómo a un grupo
de ciegos se les pedía describieran cómo era
un elefante y cada uno de ellos -tocando la parte que les
quedaba más cerca- describían al paquidermo
como la oreja, como la pata, o como la trompa. Y todos ellos
tenían razón, pero el elefante era algo más
que eso...
Y así sucede en el campo de la psicosis, especialmente
de las psicosis funcionales como la esquizofrenia y la psicosis
maniaco-depresiva. Hay distintos enfoques, probablemente
ciertos y válidos, pero parciales y frecuentemente
parcializadores. Se quiere dar a la parte, la importancia
del todo.
La psiquiatría clásica u organicista, las
busca extender y tratar desde una visión exclusivamente
biológica. La psiquiatría dinámica o
psicoanalítico, destaca sólo los aspectos psicológicos,
en especial la dinámica del desarrollo infantil temprano
(6).
Los terapeutas familiares
(especialmente los grupos de Palo Alto, en California (7)
y de Milán y Roma (13) en
Italia, establecen la existencia de alteraciones no sólo
en el individuo afectado por la psicosis, sino en todo el
sistema familiar.
La complejidad de
los fenómenos psicóticos
y nuestro insuficiente conocimiento del cerebro y la mente
humanos, tienen que ver con esta diversidad de enfoques,
pero también lo determina una cierta tendencia sectaria
de los grupos profesionales involucrados.
La definición de estos padecimientos como multicausados
o multideterminados, ha sido un avance significativo en esta
búsqueda de la integración que permita superar
las parcializaciones. Pero se requiere de un paso adicional:
el de la jerarquización de los distintos factores
causales para establecer su importancia relativa y campo
de acción terapéutica en relación al
fenómeno total.
Antes de pasar al caso de la psicosis, podemos ejemplificar
con un padecimiento bien conocido como es la diabetes mellitus.
Mi propuesta es considerar
tres niveles básicos de
influencia en los esquemas de multicausalidad. La causa eficiente
como el factor último, el nivel más elevado
en la jerarquía causal; como seria, en el caso de
la diabetes mellitus, la alteración genética
que determina alteraciones en la producción y utilización
de insulina. Después estaría el nivel de las
causas coadyuvantes, factores complementarios para la expresión
de la enfermedad y que no existen en todos los casos. Finalmente
tenemos, en el nivel más aparente y más cercano
a la aparición clínica del trastorno, las causas
desencadenantes, que son los factores últimos que
provocan la expresión de la enfermedad como tal; por
ejemplo, los factores dietéticos en el caso de la
diabetes mellitus.
Esta definición jerarquizado del esquema de multicausalidad,
permite un abordaje integrador y racional de las enfermedades
donde se pueden aprovechar los aportes venidos de distintos
enfoques, pero conservándolos en su dimensión
real de influencia. El tratamiento depende de las concepciones
que se tengan de una enfermedad y de ahí que la racionalidad
conceptual pueda llevar a una mayor racionalidad terapéutica,
lo cual es una preocupación central en nuestro programa
de tratamiento de psicóticos.
II.- UN MODELO DE
COMPRENSIÓN DE LA ESQUIZOFRENIA
A)
La causa eficiente o predisponente: La causa eficiente
en la esquizofrenia, como en la diabetes mellitus, es genética
(3,8) y da lugar a alteraciones en los neurotransmisores
cerebrales, en este caso como hiperactividad doparminérgica
en un circuito mesolímbico (1,20.)
Este es el sustrato fisiopatológico o biológico
de la enfermedad y el nivel de acción terapéutica
privilegiado por el enfoque organicista de la psiquiatría.
Los antipsicóticos han mostrado tener como mecanismo
de acción farmacológica, el bloqueo doparminérgico
de la membrana postsináptica (8) y se han convertido
en el factor terapéutico aislado más importante,
lo cual ha permitido la disminución de camas para
esquizofrénicos en los hospitales psiquiátricos
y su tratamiento en la comunidad en forma ambulatoria (1,4,9,17).
Sin embargo, el tratamiento
farmacológico es imprescindible,
pero no suficiente, para la rehabilitación integral
del psicótico. Frecuentemente sólo se alcanza
la desaparición de los síntomas productivos
(alucinaciones, ideas delirantes, etc.) pero con una disminución
sustancial de la calidad de vida que suele quedar como de
tipo marginal desde el punto de vista laboral, afectivo y
social.
B)
Las causas coadyuvantes: En la esquizofrenia, son los factores que actúan
en el desarrollo psicológico infantil. Las teorías
psicoanalíticas sobre las psicosis han variado a través
del tiempo. Las primeras explicaban el trastorno mediante
supuestas fallas tempranas en el desarrollo del yo, determinadas
por fallas en el maternaje que no lograba suficiente continencia
del bebé (2,6). Las últimas y más promisorias
desde nuestro punto de vista, son las que explican el trastorno
a partir de las dificultades de la díada madre-hijo
en el proceso de separación-individuación (11).
Sin embargo, estas
teorías tienen un error básico:
pretenden explicar el fenómeno de las psicosis siguiendo
el modelo de las neurosis que es estrictamente psicogenético,
aunque Freud hablara de las series complementarias. Por tanto,
pretende explicar las psicosis sólo mediante categorías
psicológicas dejando de lado el factor de predisposición
biológico-genético. Cuando sólo existen
los factores de alteración psicológica del
desarrollo infantil, se pueden dar trastornos neuróticos,
especialmente de tipo esquizoide o de tipo borderline, pero
no trastornos psicóticos. Y en estos casos el tratamiento
de elección será exclusivamente psicoterapéutico,
a diferencia del tratamiento del esquizofrénico que
requerirá medicamentos antipsicóticos, psicoterapia
y distintos apoyos psicosociales para lograr su rehabilitación
total. En estos pacientes, se conjuntan dos o tres factores
desfavorables: el factor genético de predisposición,
fallas en el proceso de separación-individuación
y factores desencadenantes que a continuación describiremos.
C)
Factores Desencadenantes: Son
de dos tipos, los farmacológicos y los psicológicos. Entre los primeros se encuentra el uso sostenido de estimulantes
(del tipo de la anfetamina), a veces utilizado sin saber
en productos para adelgazar. En estos casos los brotes psicóticos
se presentan en un plazo relativamente corto, lo cual permite
su clara diferenciación clínica con respecto
a la psicosis paranoide anfetamínica observable con
su uso regular a largo plazo.
Las diferencias de
umbral en la predisposición genética,
hace que unos casos evolucionen como psicosis tóxicas
de resolución breve y otros sigan el curso crónico
o de recaídas propias de la esquizofrenia. Semejante
situación puede darse con el uso de la marihuana y
de otros psicodislépticos. Su uso cada vez más
frecuente en la población actúa, sin que los
usuarios lo sepan, como una prueba farmacológica de
predisposición a las psicosis.
En cuanto a los factores
emocionales que actúan como
desencadenantes, se trata de situaciones de separación
o pérdida de una persona afectivamente muy ligada.
Debido a la mala elaboración del proceso de separación-individuación,
no se tolera la intensa ansiedad de separación generada
por momentos evolutivos normales del desarrollo (la separación
de la familia de origen, por ejemplo) o crisis vitales como
el divorcio, abandono del cónyuge o viudez. Kaplan
y Sadock (8) reportan observaciones semejantes.
"La pérdida o el rechazo tienen una portentosa
importancia en estos pacientes. El divorcio, la muerte de
un padre, hijo o cónyuge a menudo precipitan la enfermedad.
Muchos de los síntomas esquizofrénicos pueden
ser entendidos como una forma de expresar esta pérdida
y de compensarla en metáforas altamente personales.
Pero, claramente, el paciente no puede lidiar con la pérdida
o el rechazo de la manera que muchas personas lo hacen, mediante
el trabajo de duelo por lo perdido o encontrando un subrogado
para sustituir al mismo. Su manera de lidiar con la pérdida
o rechazo, es mediante la negación, la proyección,
la identificación total con la persona perdida, o
algún otro medio primitivo".
III. LA COMUNIDAD
TERAPÉUTICA DE DIA
La organización del programa terapéutico está pensada
fundamentalmente para el tratamiento de esquizofrénicos,
y será la esquizofrenia (salvo advertencia específica
en contra) el tipo de psicosis al que nos estaremos refiriendo
en el curso de esta discusión.
Se evita la internación para impedir la instalación
de esa enfermedad secundaria: la institucionalización.
En la mayor parte de los casos lo logramos y sólo
en algunos hemos tenido necesidad de realizar internación,
aunque por períodos muy cortos, habitualmente de uno
o dos semanas. Naturalmente para ello necesitamos descansar
en dos factores esenciales: una familia cooperadora y comprometida
en la recuperación de su paciente y un uso intensivo
de medicación antipsicótica. Sin estas dos
condiciones no podemos operar: sin una familia que coopere
y que garantice la administración de la medicación.
Esto suele evaluarse durante la primera entrevista donde
hay dos diagnósticos fundamentales a realizar: el
del tipo de padecimiento del paciente (y de sus necesidades
terapéuticas específicas) y el de la capacidad
de colaboración familiar. En esto hay que ser muy
realista, pues se requiere no la disposición familiar,
sino capacidad operativo real en relación a un problema
tan difícil como el del manejo de un psicótico
en su interior.
La esencia de las
Comunidades Terapéuticas es el
trabajo grupal (5) y esto es particularmente útil
en le caso del tratamiento de esquizofrénicos, ya
que una de las características de este padecimiento
es su tendencia al ensimismamiento y la disociación.
Nuestra meta terapéutica es lograr una rehabilitación
social máxima, con recuperación de autonomía
personal y de la capacidad de vinculación afectiva,
así como de desempeño escolar y/o laboral,
en oposición a la práctica psiquiátrica
frecuente, que logra la simple desaparición de los
síntomas psicóticos con las secuelas de una
posición personal dependiente y una ubicación
social de corte marginal.
Estas ambiciosas metas
sólo se pueden lograr mediante
un tratamiento integral debidamente organizado, para lo cual
contamos con cinco módulos destinados cada uno a resolver
tipos específicos de problemas, a saber:
-
1.- Prescripción farmacológica (imprescindible
para tratar psicóticos, aunque no suficiente por sí misma.
Aquí se busca actuar sobre lo que los psicofarmacólogos
llaman los síntomas positivos o productivos de la
esquizofrenia: alucinaciones, ideas delirantes, excitación
psicomotriz, agresividad y catatonia, lo cual posibilita
un abordaje psicoterapéutico de otra manera
irrealizable.
-
2.- Psicoterapia
de grupo analíticamente orientada,
con modificaciones técnicas acordes con la función
de atender a psicóticos y que incluye no sólo
técnicas verbales, sino también de psicodrama
y role-playing en sesiones dos veces a la semana. En este
módulo se busca actuar sobre los síntomas negativos
o improductivos, de pobre respuesta a la medicación,
pero del resorte especifico de la psicoterapia y las intervenciones
psicosociales, como son: afecto aplanado, autismo, aislamiento
social e iniciativa disminuida, como las expresiones más
frecuentes de los trastornos del pensamiento, los trastornos
del Yo (despersonalización y desrealización),
los trastornos afectivos, los volitivos y los de la socialización.
Queda así definida la importancia relativa de cada
uno de los dos elementos terapéuticos más importantes,
con su área específica de incidencia.
-
3.- Acompañante terapéutico, módulo
de resocialización y ortopedia del yo, para permitir
al paciente esquizofrénico "salir del encierro" en
que suele caer y acompañarlo a retomar contacto con
el mundo. Es un esfuerzo necesario para la atención
de los pacientes más regresivos en cuanto a la superación
de los síntomas negativos.
-
4.- Grupo
de orientación de familiares. Realizado
dos veces al mes y con un enfoque más de tipo psico-educativo
que de terapia familiar, para lograr su colaboración
coherente con el programa. La terapia familiar, sólo
se realiza por prescripción específica en algunos
casos que se considera necesario y como un suplemento al
programa general; la indicación no suele ser
muy frecuente; y
-
5.- Asamblea
General que reúne todos los estamentos
de la Comunidad Terapéutica: pacientes, familiares,
terapeutas, acompañante terapéutico. Cada vez
la usamos menos al no encontrarle un ámbito específico
de funciones en el contexto de nuestro programa. Seguramente
porque la función organizadora que cumple en Comunidades
Terapéuticas más complejas, sobre todo aquellas
bajo sistema de internación, no son requeridas en
una Comunidad Terapéutica tan simplificada como la
nuestra y donde los miembros que conforman el equipo de trabajo
(cinco personas), tenemos múltiples oportunidades
de contacto formal e informal.
Antes de la sesión de psicoterapia tienen una sesión
de psicodanza y expresión corporal que sirve para
facilitar el contacto de los pacientes con su cuerpo y como "calentamiento" y
movilización para la sesión psicoterapéutica.
IV.- LA PSICOTERAPIA
DEL ESQUIZOFRÉNICO
El tratamiento contemporáneo del esquizofrénico
es muy distinto al de la época heroica antes de la
aparición de los medicamentos antipsicóticos.
Normalmente, una vez medicados, se obtiene la tranquilización
a corto plazo, una gradual desaparición de las manifestaciones
psicóticas productivas, una fase de dudas sobre lo
que es realidad y lo que es fantasía y, finalmente,
un día, una claridad "como si se despertara de
un sueño", lo cual marca un cambio cualitativo
en el proceso psicoterapéutico aunque de ninguna
manera marca su terminación.
La psicoterapia de
la esquizofrenia, según nuestra
modalidad de trabajo, requiere realizarse en dos fases: la
de atención de la crisis psicótica, centrada
en la comprensión psicológica del delirio y
su disolución, como puente entre las vivencias psicóticas
y el retorno a la realidad; y la elaboración ulterior
de la crisis psicótica, con todo lo que implica de
resocialización y reajuste de vida y, cuando no existe,
de la creación de un proyecto de vida viable.
Los pocos casos de
resistencia a la medicación que
hemos tenido, nos han hecho vivir la desesperación,
impotencia y pobreza de resultados de nuestros esfuerzos
psicoterapéuticos cuando no están apoyados
por el efecto deliriolítico de la medicación.
La literatura clásica sobre la psicoterapia de las
psicosis, es por demás interesante y muy útil
para conocer los psicodinamismos de la psicosis pero, lamentablemente,
muy alejada de la realidad actual cuando se trabaja sobre
las bases de tratamiento integral y con un manejo eficaz
de la medicación. (2) (14) (15) (16)
Hay otra parte de
la literatura que es de tal vaguedad, que aún el concepto de psicosis es difícilmente
aprehensible y el tipo de pacientes tratados de dudoso diagnóstico.
Por ello, y por el mucho espacio que requerirá una
revisión de tal naturaleza, dejamos esta tarea para
un articulo ulterior.
La primera cosa que
habría que destacar, nada nueva,
es que el trabajo con psicóticos es difícil
ya veces hasta abrumador, dado el infinito número
de proyecciones que se reciben y que hay que "digerir" o
elaborar para no quedar parasitado por ellas. También
hay que tener la capacidad de ser muy activos, ya que la
clásica espera psicoanalítica no sirve con
estos pacientes con tan gran tendencia a la pasividad. Por
eso el incluir, dentro de un marco teórico psicoanalítico,
la posibilidad de usar no sólo técnicas verbales
sino también psicodramáticas, suele resultar
de gran utilidad para movilizar a los pacientes, ya que sorprendentemente
suelen conservar capacidades de identificación y representación
de personajes y situaciones. Hay reportes suficientes en
la literatura sobre la superioridad de la psicoterapia grupal
por sobre la individual en el tratamiento ambulatorio de
esquizofrénicos (8) (12) y su ventaja para resocialización
es evidente. Aunque se conserva un marco general interpretativo,
hay una necesidad de abordar de una manera explicita inusual
en el trabajo con neuróticos situaciones de apoyo
y reeducativas de repercusión inmediata; por ejemplo,
maneras de abordar y relacionarse con las personas del sexo
opuesto, con los compafleros, con las autoridades, etc.
Nuestro enfoque es
que el nivel de determinación
psicológica está dado por alteraciones en el
proceso temprano de separación-individuación
(11) que los ubica como padecimientos cercanos a los preestructurales
(21) del tipo de la organización borderline y los
trastornos narcisistas. Todos estos son trastornos donde
predomina la utilización de mecanismos defensivos
propios de la posición esquizo-paranoide organizados
alrededor del mecanismo de la disociación, con la
proyección, la negación y, más raramente,
la idealización como complementos. Son trastornos
producidos antes de la posición depresiva, o sea,
antes de que aparezcan la represión y los mecanismos
de defensa más elaborados, propios de las neurosis
(18) (19).
De ahí que los ejes principales del proceso psicoterapéutico
sean los relacionados con el pasaje de la dependencia a la
autonomía; de la capacidad de lidiar con la realidad,
incluyendo las dimensiones afectivas, escolares y laborales;
y de la capacidad de relacionarse con los demás seres
humanos, tanto en la familia como con objetos amorosos extrafamiliares.
En el "grupo de crisis psicótica" se trata
de trabajar interpretativamente sobre el delirio como metáfora
subjetiva del paciente, al predominar la realidad psíquica
por el retiro de la realidad externa. En ese sentido, el
trabajo interpretativo se sigue conservando kleiniano, ya
que busca contrastar la realidad psíquica con la realidad
externa, a fin de quitar las distorsiones dadas por la primera.
Como ya señalamos antes, esto es posible si la medicación
administrada desde el principio y a dosis eficaces, logra
el efecto deliriolítico, porque de lo contrario, si
el delirio conserva su fuerza, no hay explicación
ni contraste que sirva, ya que no hay duda de su veracidad,
ni lógica racional o irracional que lo desmantele.
El proceso simultáneo que se da es el del pasaje
de la dependencia a la autonomía y del retiro autista
a la resocialización. En este último proceso,
es de particular utilidad el módulo de "acompañante
terapéutico", ya que hay tal intensidad de ansiedad
y temores, que no suele bastar la interpretación de
los mecanismos psicológicos que actúan en el
encierro autista y en el hogar (como útero que protege
y nutre), sino que es necesario el acompañamiento
directo, la continencia en un nuevo objeto-madre que calma,
apoya y promueve niveles crecientes de autonomía.
Un mecanismo que en
el psicótico adquiere niveles
notables de intensidad en una presentación, es el
de lo que llamamos "reacción paradójica
a la mejoría", que es el hecho que a los primeros
momentos de mejoría (donde algunos de los pacientes
hasta empiezan a trabajar) sigue, en breve, una vuelta atrás
sintomática y regresiva. Esto nos lo explicamos en
función de que en el esquizofrénico los síntomas
no sólo permiten una "ganancia primaria" de
ajuste intra e intersistémico en el aparato psíquico
y con la realidad externa, sino, además, una "ganancia
secundaria" a través de su condición de
enfermo para lograr la evitación de compromisos y
responsabilidades, aún de los elementales del propio
autosostén. El retorno a la realidad implica la pérdida
de estas dos "ganancias" y el desafío difícil
de enfrentar, de moverse en el mundo externo, aquel donde
se encuentran los perseguidores tan temidos.
La estancia en el
grupo de crisis es de medio a un año
como promedio, en el caso de los esquizofrénicos;
Y de 1 a 4 meses en el de psicosis maniaco-depresivos. Se
realizan algunos tratamientos más breves en el caso
de pacientes foráneos. Naturalmente todo este tiempo
los pacientes están ambulatorios, viven con sus familias
y pasada la crisis, empiezan a estudiar o trabajar; los horarios
del grupo lo permiten. Al término, las posibilidades
son dos: o se les da de alta, con repetición de las
instrucciones para el caso de recaída; o se les pasa
a tratamiento psicoterapéutico en el programa de atención
post-crisis que contempla diversas opciones.
Por supuesto hay fracasos,
aunque suele dominar el éxito.
Los fracasos se suelen expresar mediante abandono del programa
y suelen ser por familias no cooperado ras o que no aceptan
los cambios de su paciente. En el caso de los pacientes,
los fracasos suelen darse cuando tienen personalidades narcisistas
y el beneficio secundario de la enfermedad es muy favorecido
por la familia (casi siempre la madre).
Los raros casos de
resistencia a la medicación, o
sea, la falta de capacidad deliriolítica de los medicamentos
antipsicóticos, no han presentado resistencia a todos
y, finalmente, alguno ha tenido eficacia. En el caso más
difícil se recorrieron todas las fenotiazinas, butirofenonas
y otras familias farmacológicas y fue la clozapina,
utilizada al final, la única eficaz. Estos casos ponen
a prueba la tolerancia, tanto de la familia como del equipo
terapéutico.
El trabajo en grupo
es muy bien aceptado por los pacientes, ya que se trata
de un grupo homogéneo donde se suele
dar una rápida identificación masiva porque
es "como encontrarse a un grupo de marcianos igual que
uno en la tierra, que saben bien lo que se siente en esa
condición". Los únicos pacientes que hemos
tenido dificultad para agrupar (y para tratar y lograr éxito
terapéutico) han sido los psicóticos que tienen
una personalidad narcisista de base.
V.- EL PAPEL DE LA FAMILIA EN EL TRATAMIENTO GRUPO MULTIFAMILIAR.
En el programa se
conjuntan diversos niveles teórico-técnicos:
el fármaco-biológico, el psicoterapéutico
psicoanalítico y el familiar-sistémico.
Para nosotros, la
familia es más importante en el
nivel de la causalidad. El individuo psicótico no
es capaz de bastarse a sí mismo, está en situación
de dependencia, casi siempre de la familia o el cónyuge,
y de ahí que las acciones y apoyo de ellos sean decisorio
para lograr la recuperación del paciente. La familia
suele estar en posibilidad de no iniciar el tratamiento,
o de interrumpido, o de llevado a feliz término, aún
en medio de infinitos obstáculos.
La modificación de la familia paralela a las modificaciones
del paciente, resulta esencial, ya que la familia se ha "acomodado" a
la situación particular dada por la enfermedad y requiere
una modificación, de un nuevo cambio conforme el paciente
va recuperando la salud. Después de haber aprendido
a tolerar la pasividad y la dependencia, tienen que aprender
a promover, dentro de los márgenes de la mejoría
y el sentido común, la actividad y la autonomía.
Estos cambios no son
fáciles y, sin embargo, la mayor
parte de las familias los pueden realizar. El apoyo y la
comprensión de otros familiares, en el contexto del
grupo, suelen ser de gran utilidad. Unos a otros se trasmiten
sus experiencias y se dan algunos consejos, como en los grupos
de autoayuda. La coordinación de los terapeutas es
discreta, raramente interpretativa, sino más bien
de tipo informativo, educativo y de apoyo. Sin embargo, se
hace un diagnóstico sistémico-psicodinámico
de cada familia y se trazan las estrategias específicas
de cambio. La mayor parte pueden lograrse en el seno del
grupo de familiares, pero si se requiere mayor profundidad
en la exploración, si hay dudas en el diagnóstico
familiar o se requiere una intervención más
amplia que en el grupo ocuparía demasiado tiempo,
se prescribe una terapia familiar suplementaria. La indicación
es rara y la mayor parte de los casos funcionan sólo
con el grupo de familiares.
Las dificultades que
tienen con el cambio algunas familias, usualmente se deben
a resistencias en la separación
y en el esquema de sobre protección al paciente, generalmente
debido a la presencia de una madre con fuertes características
simbióticas, o con dificultad de tolerar la situación
de soledad cuando cónyuge e hijos han partido a sus
propios hogares y sólo le ayuda el (la) enfermo(a).
Nos parece esencial
que los familiares, como los pacientes, conozcan el padecimiento
que tiene y que conozcan el programa terapéutico que se efectúa, así como
que se entrenen para detectar situaciones de recaídas
y que sepan como proceder en esos casos.
En el grupo se ventilan
muchas dudas y problemas concretos de manejo, así como se garantiza el apoyo coherente
de los familiares al programa de la Comunidad Terapéutica,
de ahí su gran importancia.
Las teorías psicológicas dominantes suelen
ser demasiado culpabilizantes sobre la madre y la familia,
de forma tal que han dado lugar al surgimiento de términos
terribles como madre o familia esquizofrenogénica.
Términos que en muchas ocasiones suelen ser no sólo
terribles, sino injustos y equivocados. Y, además,
por esa característica culpabilizante, no suelen ser
operativos para el manejo terapéutico. En términos
de la dinámica entre la familia y el paciente, es
difícil establecer qué fue lo primero, si la
gallina o el huevo; si la familia –efectivamente- ha favorecido
ciertas pautas extrañas de comportamiento, originando
un paciente; o si, como preferimos considerado nosotros,
esa familia tiene una dinámica extraña porque
es el resultado de un largo proceso adaptativo a un personaje
extraño que es el paciente psicótico.
Nuestro trabajo con
las familias de pacientes psicóticos
no nos confirma las hipótesis esquizofrenogénicas.
Hemos encontrado familias tanto funcionales como disfuncionales
previamente y que en un proceso de ajuste al paciente, desarrollan
pautas extrañas de carácter adaptativo sobre
su estructura funcional o disfuncional previa. Esto tiene
implicaciones para el manejo terapéutico, ya que hace
que nos centremos, como ya lo describimos, sobre los procesos
familiares de adaptación a la psicosis y de readaptación
a la salud, más que sobre la mítica génesis
familiar de la psicosis.
VI.- EL ACOMPAÑANTE TERAPÉUTICO
En Argentina, en los últimos años, se ha venido
utilizando y conceptualizando este nuevo integrante del equipo
de salud mental, que ha funcionado como parte del un equipo
de abordaje múltiple en distintos padecimientos y,
muy especialmente, en las psicosis. Su papel es fundamentalmente
asistencial, como agente resocializador y auxiliar ortopédico
del Yo.
En una publicación (10) sobre las actividades y funciones
propias de este profesional emergente de la salud mental,
se le establecen como suyas varias funciones importantes,
a saber: 1) contener al paciente; 2) brindarse como modelo
de identificación; 3) prestar el yo; 4) percibir,
reforzar y desarrollar la capacidad creativa del paciente;
5) informar sobre el mundo objetivo del paciente; 6) representar
al terapeuta; 7) actuar como agente resocializador; y 8)
servir como agente catalizador de las relaciones familiares.
En nuestro programa,
ha sido de gran utilidad para los pacientes de reciente
ingreso con condiciones muy regresivas y para los que tienen
cronicidad en el padecimiento. Funciona dos mañanas a la semana, en días distintos a los
de psicoterapia, con lo cual logramos una mayor capacidad
de contención sobre el paciente, ya que mantenemos
el contacto con él, en total, cuatro días a
la semana.
Cuando los pacientes
mejoran suficiente, dejan de asistir a este módulo y se quedan sólo
con la psicoterapia, que tiene horarios que no suelen interferir
cuando el paciente ya vuelve al trabajo o estudio.
VII.- TRATAMIENTO POST-CRISIS
Durante la crisis
psicótica, el tratamiento se organiza
sobre formatos grupales, tanto entre los pacientes como entre
los familiares. En cambio, el tratamiento post-crisis suele
ser dominantemente de tipo individual, tanto en el caso de
los pacientes como de las familias.
Los pacientes suelen
verse una o dos veces a la semana en sesiones individuales
de 45 minutos y los familiares el mismo tiempo una vez
al mes. Conforme los pacientes incrementan su autonomía, desaparecen las sesiones familiares,
pero su presencia suele ser necesaria un tiempo para incluir
la visión externa.
Entre más crónicos los pacientes más
necesarias las sesiones de terapia familiar que incluyen
la presencia del paciente, ya que éste está acostumbrado
a defenderse mediante la pasividad y muchos temas y problemas
sólo son abordados y promovidos por los familiares.
Por otra porte, hay
una diferencia en las características
del sistema delirante en un psicótico crónico.
En éste, aunque ya no haya producción delirante
por el efecto deliriolítico de la medicación,
queda una memoria delirante que sigue teniendo capacidad
de afectar el comportamiento del paciente y que suele requerir
de un delicado trabajo confrontativo entre los familiares
(emisarios de la realidad) y el paciente. Temores de pérdida,
de robo, de daño, celos, etc. que se expresan en conductas
extrañas como de temor a renovar los muebles y decoración
de una casa, o mediante pasividad y abandono para el trabajo,
pueden ser, así, confrontados y superados.
Bibliografía
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Referencia:http://www.plazayvaldes.com/sycl/
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