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18. Acerca de formas de pensar y discursos. II.

 

Ps. Juan Gallardo Cuneo. Indepsi. 2010

No es fácil aproximarse a la comprensión del desarrollo de la Salud, -más allá del ejercicio empírico- tanto médico como psicológico, o cualquiera subespecialidad que se derive de ambos: El hecho de que ello este mediado por el lenguaje; y que la comprensión de este último aun sea un tema pendiente dificultan aun más el problema. La reflexión en cuanto un discurso es un conocimiento real, cuanto consensual, cuanto ilusión, cuanto delirio, es un  tema comúnmente silenciado. Cada época en si se ha caracterizado por actuar como si el conocimiento alcanzado constituyese la totalidad del mismo –incluyendo los paradojales modelos relativizantes del conocimiento- (o situándolo en torno a un percentil 95 del total), operando irrestricta e indubitativamente desde la posición del sujeto supuesto de todo saber. Una hipótesis interesante, pero también aterrante, es postular que en medicina solo se sabe alrededor de un percentil 22 del saber total, y en psicología, un percentil 14, lo que abre más todavía la pregunta de ¿que sabemos realmente?

En lo general, solo tenemos certeza de lo cauto que se debe ser en el uso del lenguaje, y que en ese terreno aun nos quedan relevantes temas por resolver, tales como: la relación mente-cuerpo y su expresión en el lenguaje; la expresión “…en un principio fue el verbo” y los distintos usos a los que el lenguaje se presta.

Sobre esto ultimo, bastante hemos avanzado, con la comprensión de la conducta humana como conducta significada, -y no siempre solo como un acto mecánico-; y reparando en la relación Forma-Significado, que inaugura “el sentido, propósito o intención de la conducta, y la atribución o interpretación de sentido, cuyas complejidades quedan magistralmente sintetizada en la clásica afirmación de Freud “…a veces un puro es solamente un puro” señalando las otras innumerables ocasiones en que “un puro era un símbolo fálico”; y con las más elegante trilogía signo-significante-significado, aun ello no siempre ello discrimine rigurosamente entre sus tres componentes, y reduzca el orden de lo biológico a un cierto determinismo mecánico. Desde una perspectiva bioanalítica, como modo de orientación nos ha sido útil entender como además el lenguaje puede ofrecer una particular combinación entre Forma-Significado y Función (signo-significante-significado-sentido), y por esa vía creamos una  primera tabla dentro de la cual distinguimos 4 categorías:

 

F(LENGUAJE)

PROCESO PRIMARIO

PROCESO SECUNDARIO

FUNCION DE COMUNICACION

SIMBOLICO

REAL

FUNCION DE CONTROL

IMAGINARIO

PERVERSO

 

Así, interrogándonos tanto por el ser de las cosas, como por su apariencia; consideramos estas cuatro categorías surgidas de las combinaciones de la Forma y el Significado, -que es una manera de decir, de la Forma como vehiculo de la realidad- en oposición a las múltiples maneras de hacer de la Forma una función de algo distinto (incluyendo la categoría Realidad-Creencia).

Entendemos pues una función de Comunicación, que llamamos lo REAL cuando una Forma -con propiedad de código, esto es de lenguaje - representa aquel grado de información, que permite comunicar con precisión aquello que se encuentra dentro de una persona, (hacer que algo que está dentro de una persona, esté en otra u otras personas; es decir que se haga común). Esto es un contenido –conciente o inconciente-, el cual mediante una abstracción con propiedad de mensajero, se hace al entendimiento de otro, a través de una identidad funcional que comparten propiedades de ese contenido, y las que pueden representarse en un sistema de códigos denotativamente.

También entendemos, otra función de Comunicación, que llamamos lo SIMBOLICO,  cuando dado lo complejo de ese acto de comunicar lo Real, existen dominios de existencia donde la Forma, -con algunas propiedades de código, esto es de lengua- representa aproximaciones a aquello que se encuentra dentro de una persona, y se pretende comunicar. En este sentido lo Simbólico es una metáfora, algo proto-real, y se acompaña de una penumbra de asociaciones dentro del cual lo Real intenta configurarse, y en ese sentido lo entendemos como un mensajero con un código secreto, y en ese sentido connotativamente.

Cuando enajenamos el Lenguaje de su función original, y lo consideramos como un instrumento al servicio de la función de Control, es decir de un recurso que permite la subordinación de un entidad a otra, sea esto de una instancia a otra (UNO MISMO) o de un  organismo a otro (RELACIONAL); y en ese sentido entendemos que la cualidad de mensajero, ha cedido su función a la de la cualidad de herramienta. En este contexto, hablamos de dos dominios: lo IMAGINARIO, si dicha herramienta se estructura en torno al principio del Placer o de la evitación del Dolor, utilizando para esos efectos contenidos saturados de sensorialidad y la utilización de un sistema de códigos defectuosos, tanto en sus signos como sus reglas y relaciones; o de lo PERVERSO, cuando la herramienta emula el orden de lo Real, utilizando las reglas del código lingüísticos, pero con un propósito distinto. (se puede llamar también Operatorio, pero ello desdibuja la Función de Control, que es lo que le da sentido a este tipo de discurso).

Para intentar comprender la complejidad del proceso comunicacional, pensamos que sigue siendo el mejor diseño, la Tabla y la Cesura de W. R. Bion (Recurso Nº 2.)

 http://www.indepsi.cl/indepsi/Servicios%20Indepsi/recursos2.html , con su eje Genético y su eje Funcional, para conceptualizar tanto el nivel del contenido representacional (y en ese sentido el mensajero) como el de la función que cumple, aunque ella demanda un análisis mas profundo. La categoría aquí presentada sirve para preguntarse, en un corte sincrónico,  cuanto respecto a las propias producciones y las ajenas, corresponden al dominio de lo Real, de lo Simbólico, de lo Imaginario y de lo Perverso, los tránsitos dentro de estos dominios, la sensorialidad asociada a cada uno, y las dinámicas relacionales que suscitan.

Por esta vía, surgen nuevas consideraciones a la hora de abordar un serie de conceptos que de ser usados tan indiscriminadamente, han ido perdiendo su capacidad denotativa, y llevado su capacidad connotativa (en tanto penumbra de asociaciones) a limites extremos: Que es conocimiento, que ideología, que colusión y que engaño, y cuales son las formas que ellos adoptan, es una tema a  indagar mediante estos cuatro conceptos. Como se relacionan con la capacidad de producir pensamientos del aparato mental y como con la instancia psíquica llamada pensador, cuya función es pensar, es otra; y finalmente como y que tipo de interacción humana permite que se desarrollen unas u otras, y cuanto de aquello que llamamos Abuso en sus múltiples forma de expresión, opera como  un pivote entre la Función de Comunicación y la función de Control.

 

 

Juan V. Gallardo Cuneo

 

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