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La Contribución de Bion a pensar sobre Grupos
Isabel Menzies Lyth
Inesperadamente para mi, me ha sido muy difícil separar
el trabajar de Bion con grupos de su trabajo en psicoanálisis.
La consistencia entre ambos es más llamativa que las diferencias:
es un desarrollo continuo, no discorde. Su relación con
el psicoanálisis se inició en 1930 y continuó a
lo largo de su trabajo con grupos en la Armada y más adelante.
Cuando entró en psicoanálisis con Melanie Klein
y encontró su teoría y práctica tan esclarecedoras,
parecería que estas dos áreas de su trabajo hubiesen
tenido una interacción aún más creativa.
Sin embargo, fue a través de su trabajo en grupos que
su pensamiento empezó a tener, por primera vez, un impacto
sobre audiencia más amplia con sus trabajos publicados
en “Human Relations” (1948-51), y vueltos a publicar más
tarde en “Experiencias en Grupos” (1961). Estos demostraban su
extraordinaria agudeza clínica. Mucha gente ha reparado
en su magnífica capacidad de observación, pero,
en alguna forma, es quedarse corto, porque su observación
estaba respaldada, además, por una capacidad igualmente
notable para darles sentido a sus observaciones. Como veremos,
es casi imposible hacer observaciones “puras”, un hecho del cual
el mismo Bion estaba muy consciente. Lo extraordinario en Bion
era la “mezcla” de estas dos capacidades.
Hay un aspecto de su trabajo que es quizás menos conocido,
pero que es muy obvio para un miembro de sus grupos: su notable
capacidad de tolerar ser observado. Sus trabajos muestran que
era consciente de estar bajo un constante escrutinio y que vivenciaba
intensamente el efecto de la proyección masiva del grupo,
sus propias dudas e incertidumbres, el dolor de esperar el desarrollo
del “insight”, el frecuente rechazo de sus interpretaciones.
Sin embargo permanecía aparentemente impasible e imperturbable.
Su colega y amigo, A. K. Rice, decía de él: “Bion
puede situarse a mayor distancia detrás de su cara que
cualquier otro hombre que yo conozca”. Esta fue una ventaja inapreciable
para él, como clínico de grupos, ya que le daba
libertad al grupo para seguir su propio camino incontaminado
por mensajes inapropiados provenientes del leader .
Aquellos de nosotros que hemos tratado de emularlo sabemos lo
difícil que es.
Voy a discutir ahora algunos puntos de la obra de Bion con grupos
que, para mí, son cruciles. Primeramente, su insistencia
en el uso del grupo per se , las dinámicas de
grupo en el aquí y ahora, el grupo como un instrumento
de la terapia y del aprendizaje. La terapia de grupo, decía,
no debería ser una forma rebajada de psicoanálisis.
Es esencialmente diferente. Esto se refleja en sus trabajos sobre
grupos donde usa un lenguaje y conceptos específicos para
los grupos, aún cuando reconoce su deuda con la teoría
Kleiniana; y el lector mismo puede establecer el vínculo,
reparando, por ejemplo, en el constante manejo de la identificación
proyectiva. Pero, únicamente en “Dinámicas de Grupos:
una revisión” (1952,1955,1961), donde hace explícita
la estrecha conexión entre sus teorías sobre grupos
y la teoría Kleiniana.
Su insistencia en el uso del grupo per se fue conflictiva
en una época en que colegas opinaban en forma diferente,
o eran menos hábiles o menos decididos al practicarlo.
Sé por experiencia que muchos tenían esa idea de
psicoanálisis rebajado. Pero, el uso del grupo per
se es el verdadero derivado del psicoanálisis. Yo
sospecho que este punto de vista no ha sido plenamente aceptado
en grupos de trabajo o en comunidades terapéuticas, que
frecuentemente fracasan en hacer un uso apropiado del grupo o
comunidad como instrumento terapéutico; enfocan al individuo
y sus perturbaciones en forma aislada y no como punto nodal en
una dinámica de grupo, tanto contribuyendo a las tensiones
del grupo como reflejándolas. Se puede comparar con esto
el uso de la comunidad que hizo Bion en el Experimento de Nothfield
(1961).
Mi segundo punto se refiere a su esclareciemiento de los elementos
psicóticos en grupos. Las referencias previas del comportamiento
psicótico de grupo habían descrito casi exclusivamente
gruesos fenómenos, semejantes diagnósticamente
a los trastornos psicóticos. La sutileza intuitiva de
Bion estuvo en señalar con precisión: el fenómeno
psicótico menos obvio, pero inmensamente poderoso, que
aparece aún en grupos que aparentemente están comportándose
en forma sana, quizás un poquito extrañamente;
grupos que están trabajando más o menos efectivamente
y cuyos miembros son clínicamente normales y neuróticos.
Describió los agrupamientos de estos fenómenos
psicóticos como los tres supuestos básico en grupos,
en cuanto a cómo obtener sus objetivos: los supuestos
básicos de dependencia, ataque-fuga y apareamiento. Los
tres tienen en común el “split-ting” e identificación
proyectiva masiva, la pérdida de la diferenciación
individual o despersonalización, la disminución
de un contacto efectivo con la realidad, la falta de creencia
en el progreso y desarrollo a través del trabajo y del
sufrimiento. Una vez que nos abrieron los ojos, no podemos dejar
de impresionarnos por estos aspectos de los grupos e instituciones
cuyos miembros, vistos individualmente, son sofisticados, inteligentes
y capaces de aprender de la experiencia. Estos aspectos de los
grupos nos recuerdan las descripciones de Melanie Klein de las
posiciones psicóticas infantiles. Bion mismo las comparó,
diciendo: “El adulto debe establecer contacto con la vida emocional
del grupo en que vive, esta tarea parecería ser tan formidable
para el adulto como la relación con el pecho para el infante,
y, el fracaso en hacer frente a las demandas de esta tarea se
manifiesta en su regresión” (1952, 1955,1961).
En tercer lugar, Bion consideraba al ser humano como un animal
esencialmente gregario o político. Dijo que el ser humano
era un animal de grupo, en guerra tanto con el grupo, como con
aquellos aspectos de su propia personalidad que constituyen su “grupismo” (group-ishness”);
pero incapaz de existir sin grupos, ni siquiera sin el grupo
al que afirma no pertenecer o al grupo interno en el cual el
individuo solitario está en una relación dinámica.
Bion consideraba la psicología individual y de grupo como
distintas maneras de enfocar un mismo fenómeno; la psicología
de grupo como capaz de aclarar aspectos del individuo que pueden
parecer ajenos a la psicología individual. Estos conceptos
demuestran claramente su benevolencia; su simpatía, tolerancia
y compasión por el ser humano en su dilema.
El último punto de mi enumeración es más
general. Se refiere a la calidad del hombre, su sabiduría
y erudición combinada con su capacidad para el pensamiento
especulativo y creativo y su capacidad de percibir que los descubrimientos
hechos en una situación son aplicables a otras. El explico
sus “insights” de grupos y del psicoanálisis a una increíble
variedad de áreas, en muchas de ellas tenía ilustración
y conocimientos, en otras capitalizaba su experiencia personal.
Estas incluían religiones, el Ejército, la Iglesia,
la aristocracia y la economía. Sus comentarios sobre los
sistemas económicos parecen proféticos actualmente
en nuestra sociedad, dominada por fenómenos primitivos
de grupo, el “contra-trabajo” de los supuestos básicos
de dependencia, lucha y apareamiento, una sociedad cuyo sistema
monetario parece estar enloqueciendo.
Esto nos lleva a otra cualidad mostrada en sus trabajos y en
el contacto personal. Su trabajo con grupos muchas veces ha sido
descrito como primordial. Es evocativo e inspirador, aunque a
menudo chocante y difícil de asimilar. Su obra ha sido
desarrollada en muchas áreas por otros pensadores creativos
y hombres de acción. Uno descubre y redescubre sus hallazgos
en nuestro propio trabajo. Esto parece surgir en, parte, por
la forma generosa en que compartía sus luchas pioneras
con grupos. Sabía lo que íbamos a sentir porque él
también lo experimentaba, y aunque él aprovechaba
su experiencia más que nosotros, sin embargo nos ayudaba
profundizar. Si uno trata de seguirlo no hay tregua posible.
Como Freud, sabía que la tarea de ser psicoanalista o leader de
grupo no es fácil, exige una formación y desvelo
constante, y la capacidad de permanecer en la ignorancia e incertidumbre “sin
ninguna irritada búsqueda de los hechos y razones” (Keats
en Bion 1970). Todo nuevo descubrimiento lleva a una mayor conciencia
de la ignorancia y de la necesidad de continuar la dolorosa búsqueda.
Lo seguimos, corriendo ese riesgo. Pero si uno logra un contacto
muy íntimo con su pensamiento, también fracasa
en seguirlo, porque desaparece el riesgo.
La gente pregunta con frecuencia por qué Bion abandonó su
trabajo con grupos para concentrarse en psicoanálisis.
El respondió en “El amanecer del olvido” (1979): “Yo tenía
más problemas que presionaban, los que podían ser
manejados adecuadamente sólo con el psicoanálisis
o con algo mejor; por ejemplo, el ahondar más y más
dentro de lo primitivo del individuo”. Parecía compelido
por estos problemas y al profundizar en ellos ha contribuido
ciertamente a hacer al psicoanálisis “algo mejor”.
Pero Bion no dejó totalmente los grupos. Continuó en
psicoanálisis algunos de sus hallazgos en grupo, especialmente
la importancia de los elementos psicóticos en individuos
normales y neuróticos y la necesidad de manejarlos en
psicoanálisis o en grupo. Hay muchas referencias a grupos
en sus trabajos psicoanalíticos que implican que queda
mucho por hacer. Cuando mucho más adelante escribió de
nuevo extensa y profundamente sobre grupos, en “Atención
e interpretación” (1970), el contínuo desarrollo
de sus teorías se vio claramente. Sin embargo, aquí su
presentación de la teoría de grupo no pretendió ser
usada básicamente como tal, sino como una “fábula,
construida en términos de grupo", para ser considerada
como “una representación de la personalidad humana dramatizada,
personificada, socializada y gratificada”. Aquí, efectivamente
acercó mucho el psicoanálisis a la teoría
de grupo. Le interesaban los procesos de cambio, la forma en
que se maneja la idea creativa y lo que puede sucederle; como
la necesitamos, si queremos mantener la vitalidad y el crecimiento,
nuestro temor a la disrupción que ella puede causar cuando
el cambio es experimentado como catastrófico.
Voy a concluir discutiendo lo que dijo sobre los grupos en este
contexto, porque demuestra el desarrollo en su pensamiento, porque
parece surgir de su experiencia personal -a ratos parece casi
autobiográfico- y porque ahora ya se relaciona a su futuro.
Voy a seleccionar sólo un aspecto, la exploración
en varios contextos de la relación entre tres entidades –el
genio, místico o mesías, el grupo y el Establishment.
El místico produce la idea creativa científica,
artística o religiosa. El grupo necesita al místico, “un
suministro constante de genio” (1970) si quiere permanecer vital
y crecer. El místico necesita al grupo para que le proporcione
las condiciones en que su genio pueda florecer y propagarse.
Pero la relación entre ellos está cargada de riesgos;
el místico es siempre potencialmente disruptivo para el
grupo, sea o no un revolucionario declarado. Inevitablemente
su contribución es un desafío a la existencia del
estado del grupo, a su cohesión y parece una amenaza de
catástrofe. Esto despierta tensiones e impulsos emocionales
propios del grupo primitivo, impulsos dirigidos a destruir al
místico y preservar la cohesión grupal a cualquier
precio, aún sacrificando el desarrollo y vitalidad.
La resolución de este dilema es crucial para el místico
y para el grupo e induce al Establishment, el sub-grupo que ejerce
poder, responsabilidad y contención por cuenta del grupo.
Con suerte, el Establishment manejará la situación
en una forma que Bion describe como “simbiótica”. Esto
implica tanto hostilidad como benevolencia; las ideas del místico
son sometidas a un escrutinio crítico que beneficia tanto
al místico como al grupo. El Establishment puede entonces
desarrollar leyes o técnicas que ayuden al miembro corriente
del grupo a usar las ideas del místico. Bion llama “parasitaria” la
relación alternativa: el místico y el grupo se
destruyen mutuamente. “Aún la amistad, es mortal”. El
Establishment puede promover al místico a una posición
que lo desvía de su rol creativo y destructivo y lo absorbe
en tareas administrativas. Bion le escribe un epitafio. “estaba
cargado de honores y se hundió sin dejar huellas” (1970).
El Establishment puede también tratar de negarle al místico
un lugar en la sociedad donde puede desplegar sus poderes.
Esta configuración es universal y Bion da ejemplos convincentes
de su aparición en grupos y en el psicoanálisis
individual, sin ir más lejos basta mirar nuestra propia
sociedad para encontrar sucesos repetidos de este patrón.
Los riesgos son descorazonadores, pero Bion tiene esperanzas.
La verdad triunfa finalmente, y aunque puede no ser muy consoladora,
ayuda al crecimiento. Las fuerzas orientadas hacia el crecimiento
y el desarrollo en el grupo finalmente triunfarán también
a través del trabajo, a pesar del obstáculo de
los fenómenos de supuestos básicos, y aún
cuando ello pueda tomar un largo tiempo.
Bion tuvo personalmente esta experiencia. Después de
seis semanas de interesante trabajo en el Experimento de Northfield,
fue retirado de su cargo. Pero la idea creativa no murió.
Continuó su trabajo en el War Office Selection Boards
y en la Tavistock Clinic e Intituto, y éste ha sido retomado
por muchas otras personas. En forma especulativa yo me he preguntado: ¿hasta
adónde el peligro de ser transformado en “respetable” influyó en
su decisión de dejar Londres?
Había sido sucesivamente Director de la London Clinic
of Psycho-analysis, Presidente de la British Psycho-Analytical
Society y miembro del Comité de Formación de ésta.
Los peligros eran quizás mayores para Bion que para otros
místicos, ya que su comprensión de los procesos
de grupo contribuyó a que tuviera una inclinación
para ese tipo de rol.
¿Y para el futuro? Las tareas y los problemas permanecen.
Con la muerte del místico no termina necesariamente su
influencia creativa y destructora, tal como lo describe vívidamente
Bion en relación tanto al místico religioso como
al científico. La necesidad de la relación simbiótica
continúa, para facilitar el escrutinio crítico
de su trabajo, para desarrollar formas en que pueda ser usado
por personas corrientes, y para fomentar condiciones para un “constante
suministro de genio” en psicoanálisis y en grupos de trabajo.
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