Psicoterapia de Grupo de Orientación
Analítica con pacientes Psicóticos en un marco de Comunidad
Terapéutica
Patricio Olivos, Angélica Brunei, Carlos
Cid, Susan Mailer
Revista de Psiquiatría (1988)
Vol. V pág. 127-130, Chile
INTRODUCCIÓN
La mayoría de los programas de rehabilitación
de pacientes mentales incluye: a) la organización
y el manejo del ambiente institucional; b) psicofármacoterapia;
c) terapia ocupacional, y d) terapias de grupo.
El Hospital Diurno (HD) del Hospital Psiquiátrico
de Santiago, descrito en otro trabajo ,
utiliza estos elementos para la rehabilitación de
pacientes psicóticos o limítrofes graves, habitualmente
referidos luego de un episodio psicótico agudo. Es
un HD organizado como Comunidad Terapéutica y con
una marcada orientación psicoterapéutica, no
sólo en cuanto a que se trabaja en psicoterapia con
los pacientes, sino porque se ve como muy importante la modificación
intrapsíquica que puede darse a través de todas
las actividades, también las ergoterapéuticas
y sociales, y que por lo tanto requieren también de
una comprensión psicológica y psicoterapéutica.
La psicoterapia – y especialmente en estos pacientes - puede
entenderse como un proceso que apunta a permitir la construcción
de un objeto interno bueno y un sí mismo más
integrado mediante un trabajo reparatorio. Este trabajo debe
desarrollarse en un espacio interno que en los pacientes
psicóticos es a veces inexistente, por la falta del
límite entre mundo interno y externo en los casos
más graves, o por un límite precario, fragmentado
y confuso en otros. El HD, y dentro de éste especialmente
el equipo terapéutico, acoge y contiene a los pacientes,
sirviéndoles de segunda piel sustituta ,
que les permita la contención de los aspectos fragmentados
de los objetos internos y de sí mismos y posibilitando
así ese trabajo reparatorio. La relación terapéutica
provee un espacio en que pueden además verbalizarse
las ansiedades, temores, fantasías, impulsos, etc.,
y en que el paciente recibe a su vez las verbalizaciones
de los terapeutas que le permiten esclarecer y diferenciar
su caos interno. Puede entonces comenzar a mentalizar sus
conflictos, al crearse un espacio mental por la introyección
de esta segunda piel u “Hospital Diurno madre” y por la introyección
de una comprensión que le permite ir construyendo
un mundo interno más organizado. El paciente debe
ir gradualmente funcionando desde esta nueva piel y este
nuevo espacio, así formados y ahora propios.
En el proceso así entendido una de las actividades
que ha sido central en el HD desde su creación en
1979 ha sido la psicoterapia de grupo. Presentaremos en este
trabajo la experiencia de los dos grupos de psicoterapia
de orientación analítica que funcionaron en
forma paralela, con sesiones 2 veces por semana de 75 minutos
de duración, en el período que va de marzo
a diciembre de 1982.
Cada grupo fue dirigido por 2 coterapeutas de distinto sexo
y estaba constituido además por 10 a 12 pacientes,
hombres y mujeres, en un 80% esquizofrénicos y el
20% restante pacientes con severos problemas de relación
por una estructura de personalidad limítrofe o por
alteraciones orgánico-cerebrales que no conllevaran
una deficiencia mental definida. Asistían además
2 ó 3 observadores silenciosos por grupo, como parte
de su entrenamiento profesional. Uno de ellos llevaba un
registro escrito de la sesión. Luego de cada sesión
se reunían los coterapeutas y los observadores para
el análisis de la sesión.
LA TÉCNICA DE ORIENTACIÓN PSICOANALÍTICA 3-8
El instrumento básico es la interpretación.
Se parte de la premisa de que las comunicaciones de varias
personas reunidas en el grupo permiten hacer inferencias
con respecto a los mecanismos inconscientes de interacción
del grupo. Ayuda a esto, haciendo que surjan los conflictos
encubiertos, el hecho de que en este tipo de grupos hay una
ausencia de reglas, aparte de las necesarias para el funcionamiento,
como lugar, hora, secreto grupal. Por lo general se evita
el apoyo o los consejos directos, así como las explicaciones
que tiendan a bajar el nivel de ansiedad. Decimos “por lo
general”, ya que en el trabajo con los pacientes psicóticos
en ocasiones es necesario responder a preguntas directas
o dar algún otro tipo de apoyo. Sin embargo, aún
en estos momentos se trata de comprender el significado latente
de tales manifestaciones para poder devolvérselos
al grupo.
Los mecanismos de curación en el grupo se dan a través
de:
-
1.- La posibilidad que tiene cada individuo de expresar
directa o indirectamente sus conflictos.
-
2.- Las identificaciones que se producen entre los diversos
miembros del grupo.
-
3.- Las manifestaciones de la transferencia hacia los
terapeutas.
Estos 3 elementos permiten, en palabras de Grinberg, Langer
y Rodrigué , “abrir
una brecha en las repeticiones ininterrumpidas del destino”.
Es decir, modificar las identificaciones y estructuras emocionales
primitivas. Esto mediante la interpretación y el funcionamiento
del grupo, por el insight o comprensión interna que
esta les facilita.
En un grupo –así como en la terapia individual- la
efectividad de la interpretación se expresa en un
cambio del clima emocional y por el surgimiento de nuevos
problemas y asociaciones.
Nuestras interpretaciones van dirigidas al grupo y a los
individuos, tendiendo a un equilibrio en que el individuo
no se pierda en el grupo, y con interpretaciones grupales
que recogen los sentimientos latentes comunes en el grupo
a partir de las comunicaciones individuales.
La experiencia.- Predominó en el período
inicial de ambos grupos un funcionamiento con resistencia
al trabajo, en que el grupo funcionaba como un conglomerado
de individuos egocéntricos que tenían dificultad
para escucharse entre sí y a los terapeutas, y no
lograban constituir temas. La comunicación grupal
era disgregada, con largos períodos de silencio y
mucho acting in, (actuaciones dentro del grupo), como salir,
fumar, comer, tejer, etc.
En
el grupo 1 los sentimientos prevalentes eran el temor
y la desconfianza entre los pacientes y hacia los terapeutas.
Intercambiaban diagnósticos en un intento de aproximación
entre ellos, con escepticismo acerca de los objetivos y la
utilidad de la terapia. El grupo 2 estaba deprimido, con
sentimientos de impotencia, desesperanza y confusión,
huyendo de abordar los contenidos conflictivos e incluso
bloqueando abiertamente la discusión, manifestando
que esos contenidos podían dañar. Buscaban
soluciones mágicas, hablando mucho de medicamentos
y proponiendo rituales para fortalecer la solidaridad del
grupo. Con esta actitud grupal trabaron la acción
de los terapeutas, al mismo tiempo que los acusaban de ser
pasivos o ineficientes. Los coterapeutas empezaron a tener
conflictos entre sí y con los observadores. En la
medida en que se pudieron ir analizando las resistencias
para tratar los conflictos emocionales, ambos grupos pudieron
ir avanzando en el trabajo terapéutico. Pasó entonces
a predominar una forma de funcionamiento caracterizada por
la capacidad de escuchar al otro y de empatizar e identificarse
con él, pudiendo evocar y presentar problemas personales
para ser tratados en el grupo. Todo esto dentro de un clima
emocional reflexivo y en que los pacientes lograron dar y
recibir, saliendo de su radical egocentrismo y abriéndose
a la experiencia. Fueron capaces entonces de darse cuenta
de lo que pasaba en el grupo, relacionando esto con experiencias
pasadas o actuales fuera del grupo.
Estos períodos de trabajo alternarán, sin
embargo, constantemente con momentos de resistencia al trabajo,
en la medida en que cada vez que el grupo, mediante el trabajo
terapéutico, resuelve ciertos problemas, surgen nuevos
sentimientos, fantasías grupales, que el grupo siente
como peligrosos, y que reactivan las resistencias.
En el grupo 1 el tema que comenzó a elaborarse fue
la agresión, primero dirigida hacia fuera, (potencias
extranjeras, guerra de las Malvinas), luego hacia el resto
del Hospital Psiquiátrico. Al interpretarse esto como
un poner afuera el agresor para no tocar lo interno comienza
la agresión a los terapeutas, vistos como fríos,
computadoras, frustradores, para finalmente llegar a expresiones
directas de agresión verbal entre los pacientes. Al
lograr el grupo contener –es decir, recibir con aceptación
y sin destruirse- estos sentimientos agresivos, y hacerlos
conscientes, los pacientes fueron capaces de percibirlos
como menos peligroso, y pudieron encontrar nuevos modos de
vivirlos y expresarlos. Esto posibilitó que la agresión
pasara a segundo término, y ocuparan el primer plano
sentimientos amorosos. Los afectos positivos fueron expresados
primero hacia terapeutas u otras personas fuera del Hospital
Diurno, en la misma forma disociada en que se había
puesto fuera la agresión. Al interpretarse esto como
una resistencia al vínculo con los terapeutas del
grupo, aparecen sentimientos de preocupación y afecto
hacia ellos, así como hacia los demás miembros
del grupo. Pueden identificarse y resonar afectivamente unos
con otros, y es en este clima de aceptación mutua
en el que pueden comenzar a reconocer y aceptar sus enormes
carencias, evocando y reflexionando sobre su historia personal.
En los meses siguientes abordaron y comenzaron a resolver
problemas relacionados con sus impulsos sexuales, conflictos
familiares y con las frustraciones inherentes a la reinserción
a la sociedad, especialmente en relación con el trabajo.
El grupo 2, luego del funcionamiento depresivo, confuso
y fóbico descrito anteriormente, logra mayores momentos
de trabajo, pero con un funcionamiento irregular. Si bien
el grupo intenta en algunas sesiones estructurarse, y expresa
su deseo de un grupo más dinámico e integrado,
en otras sesiones están pasivos, o afloran líderes
que conducen al grupo a sabotear el funcionamiento intensificando
la desconfianza y las agresiones hacia los terapeutas. Algunos
pacientes intentan una reparación de este estado de
cosas, pero plantean su necesidad de un guía.
Al analizar este funcionamiento del grupo se hace manifiesto
un problema dentro de los integrantes del equipo terapéutico
siendo el más evidente un conflicto entre los observadores
y los terapeutas del grupo. Vista la situación más
profundamente, aparece también un desacuerdo con respecto
al tipo de actitud que debe mantenerse hacia los pacientes
y el tipo de intervenciones dentro del grupo. Al comenzar
el equipo terapéutico a elaborar y resolver estos
conflictos, el grupo comienza a funcionar como grupo de trabajo,
con coherencia en los temas tratados, los que tienen una
continuidad de una sesión a otra, asistencia regular
de los pacientes y una mayor apertura y colaboración
hacia el trabajo terapéutico. Así como en el
otro grupo, se fue planteando primero una agresión
hacia instancias de poder externas al grupo, para luego llegar
a una agresión hacia los terapeutas. El resentimiento
por su autoridad y poder se expresa al comienzo en ataques
muy velados, por temor a perderlos. Luego aparece una agresión
muy intensa y directa hacia los terapeutas y entre los pacientes,
para llegar finalmente a una actitud más reflexiva
y ambivalente, con conflicto entre su necesidad de dependencia,
ahora consciente y reconocida, a su deseo de independencia
y autonomía.
CONCLUSIONES:
-
1.- En base a la experiencia, que
ha continuado desarrollándose
por 6 años a partir de los 2 grupos descritos en este
trabajo, podemos afinar que la terapia de grupo de orientación
analítica es aplicable a pacientes psicóticos
en remisión, dentro de un marco contenedor más
amplio como es un Hospital Diurno. Este marco permite regular
la regresión que se produce siempre en la psicoterapia
de grupo aún cuando ésta se realice con modificación
de ciertos parámetros del encuadre terapéutico,
como se ha preconizado para el tratamiento de psicóticos
y limítrofes. La posibilidad de recibir apoyo, consejo,
afecto y un contacto real en la permanencia y participación
en el resto de las actividades del Hospital Diurno permite
trabajar en una psicoterapia profunda en el paciente psicótico,
que toque aquellos aspectos más íntimos y dolorosos,
y que sin ese marco podría provocar descompensaciones
9 .
-
2.- Con una teoría y una técnica coherentes,
y un funcionamiento estable y estructurado, hemos podido
establecer una relación que permite trabajar con los
graves conflictos, los intensos sentimientos y los mecanismos
psicológicos primitivos que presentan estos pacientes.
En estas condiciones ha sido posible comprender y dirigir
un proceso terapéutico que les posibilita alcanzar
un funcionamiento menos psicótico.
-
3.- Las interpretaciones grupales
van creando una mentalidad o cultura de grupo que permite
que el grupo se constituya en una estructura transicional
de soporte para sus miembros, que posibilita el que gradualmente
vayan integrándose
mejor como personas y socialmente.
-
4.- Por último, hemos observado que en su desarrollo
ambos grupos han pasado por algunas etapas comunes, movilizados
por el trabajo de contención e interpretativo de los
terapeutas, y que podríamos caracterizar de
la siguiente manera:
-
1ª etapa: de desconfianza y resistencia, con dificultad
para integrarse al grupo, comunicación disgregada,
muchos silencios y acting in.
-
2ª etapa: de progresiva integración del grupo,
logrando momentos de trabajo terapéutico que alternan
con momentos de resistencia al trabajo. En los contenidos
predomina una agresión intensa, primeramente
dirigida hacia instancias externas a los terapeutas
y el Hospital Diurna y que luego se dirige hacia los
terapeutas.
-
3ª etapa: con un grupo más estructurado, que
colabora con el trabajo terapéutico manteniendo continuidad
en la asistencia y los temas tratados; una actitud más
reflexiva y ambivalente, logrando expresar también
afectos y sentimientos positivos hacia miembros del grupo,
terapeutas y personas externas al grupo y trabajar más
sus problemas personales en la relación con
la realidad.
Nuestra observación concuerda con la de Carlos Paz 10 ,
que agrega una 4ª etapa, “de desintegración y
regresión en los progresos logrados”, que en su experiencia
comenzó a manifestarse “al reducir la frecuencia de
las sesiones a una semanal, y se acentuó netamente
al conocerse la inminente “muerte” del grupo, por el cierre
del establecimiento”.
Esta etapa en nuestra experiencia ha sido más bien
momentos o modos de funcionamiento a los que el grupo regresa
periódicamente –y especialmente cuando ha logrado
progresos, - que la continuidad del trabajo en el Hospital
Diurno y en la psicoterapia de grupo permite superar llevando
nuevamente al grupo a un funcionamiento menos psicótico.
La psicoterapia con pacientes psicóticos requiere,
además de capacidad de contención y de interpretación
de los procesos vitales y psicológicos de los pacientes,
de perseverancia, continuidad y estructura y capacidad estructuradora
en el equipo terapéutico.
Referencias
-
P.
OLIVOS, T. HUNEEUS, V. AGUILA, C. CID, V. LARREA, O.
VELIZ, A. CARDENAS, G. ORSZAG. “Evaluación
de la efectividad del Hospital Diurno del Hospital Psiquiátrico
de Santiago”, Rev. Chil. Neuropsiquiatría (1982)
20: 119-125.
-
JORDAN
J. FCO. “El
fenómeno de la segunda piel en relación al
reencuentro de objeto”. Rev. Psiquiatría (1985)
II: 205-211 Chile.
-
3-8 S.
H. FOLKES y E. J. ANTHONY. “Psicoterapia Psicoanalítica de Grupo”.
Edit. Homé, Buenos Aires. 1964
-
BACH. “Psicoterapia Intensiva de
Grupo”. Edit. Hormé,
Buenos Aires.
-
DAVID ZIMMERMANN. “Estudios sobre Psicoterapia Analítica
de Grupo”. Edit. Hormé, Buenos Aires, 1969.
-
J. BLEGER. “Temas de Psicología” (Entrevista y Grupos).
Edit. Nueva Visión, Buenos Aires, 1978.
-
SYLVIA LIBERMANN. “Psicoterapia psicoanalítica de
grupo. Experiencia de un grupo de psicóticos”. Neurología – Neurocirugía – Psiquiatría
(México) Vol. 16, Nº 2 91-100, 1975
-
4
L. GRINBERG, M. LANCER y E. RODRIGUE. “Psicoterapia del Grupo”.
Edit. Paidos, Buenos Aires, 1977.
-
9 JUAN
DITTBORN, REINALDO BUSTOS. “Reflexiones en torno a una experiencia de psicoterapia
dinámica en psicóticos”. Revista de Psicología
Clínica, Santiago, Chile, 1986. pp. 19-26.
-
10 CARLOS
PAZ. “Psicoterapia
del grupo en esquizofrénicos crónicos” en “El
grupo psicológico en la terapéutica, enseñanza
e investigación”. Compilado por L. Grinberg, M. Langer
y E. Rodrigué pp. 96-113. Editorial Nova, Buenos
Aires, 1959.
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