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FICHA
CLINICA Nº 3
EL
DIAGNOSTICO PSICOANALITICO
Concepción psicoanalítica del diagnóstico
Por la vertiente psicoanalítica, los
criterios reseñados esquemáticamente por S. Freud, sentaron los
lineamientos dinámicos que sustentan el diagnóstico de orientación
psicoanalítica, lo que actualmente permite diagnosticar las
neurosis sintomáticas, trastornos de carácter, perversiones,
psicosis, etcétera.
Freud (1908, 1931) y Abraham (1921, 1925)
iniciaron una nosología psicoanalítica que relacionaba cuadros
clínicos con las etapas de desarrollo psicosexual (motivaciones
instintivas, libidinales y agresivas) a través de los mecanismos
de fijación-regresión. Fenichel, posteriormente incorporando los
hallazgos de W. Reich, propuso una clasificación caractereológica
que combinaba aspectos dinámicos y estructurales, siendo la
clasificación que “cuenta con la general aceptación de la teoría
psicoanalítica actual” (Prenlinger et al., 1964, en Kernberg,
1989): neurosis traumáticas, psiconeurosis: histeria de angustia,
histeria de conversión, neurosis obsesiva, conversiones,
pregenitales, perversiones y neurosis impulsivas, depresión y manía,
esquizofrenia, y todo el capítulo de los trastornos del Carácter:
esquizoide, oral, anal, uretral, fóbico o histéricos.
Sin embargo, el diagnóstico psicoanalítico
no se ha desarrollado como un sistema nosológico homogéneo que
permita establecer una coherencia en los criterios y la capacidad
de contrastarlos, esto debido a lo heterogéneo de las distintas
concepciones dentro del modelo psicoanalítico (psicología de los
impulsos, modelo estructural, psicología del sí-mismo) como
también por el hecho de que, en general, éste es un modelo que
no considera a las manifestaciones externas como signos unívocos,
sino que enfatiza la aprehensión de lo dinámico-estructural
subyacente en el individuo. En tal sentido cabe mencionar los
esfuerzos de Otto Kernberg por zanjar las diferencias entre los
modernos sistemas nosológicos psiquiátricos y los postulados dinámico-estructurales
del psicoanálisis en lo que se ha llamado el Diagnóstico
Estructural.
El psicoanálisis se desarrolló
construyendo modelos explicativos de la conducta. De esta manera,
desde esta perspectiva diagnóstica, los síntomas se equiparan a
contenidos manifiestos, que pueden interpretarse de distinta
manera según el funcionamiento estructural del individuo; es así
como una fobia puede ser entendida como una “enfermedad”
(neurosis sintomática) en una estructura psíquica sana o normal,
o puede ser un síntoma indicativo de una descompensación
funcional en una estructura neurótica de carácter. Por tanto, la
presencia de síntomas, desde esta perspectiva, no es indicio unívoco
de normalidad o anormalidad, localizándose el énfasis en la
significación de las manifestaciones en relación a la estructura
psíquica más que en las manifestaciones mismas (pudiendo darse
procesos mórbidos con o sin síntomas). Es así como “lo
aparente” o “lo manifiesto”, criterio central tácito tanto
en la posología psiquiátrica como en la perspectiva conductista,
adquiere valores relativos desde esta perspectiva.
En líneas generales, podría decirse que
en base al concepto de desarrollo psicosexual y las fijaciones que podrían
configurar al individuo en tal proceso, se postula un continuo
representado en un extremo por la salud, y que transcurre hacia la
patología por las neurosis sintomáticas, las neurosis de carácter,
los trastornos limítrofes de personalidad y la psicosis. Esta
visión de continuo contrasta con la perspectiva Kraepeliana de
“entidades clínicas” independientes, con suposición de
etiologías independientes, característica en la nosología
psiquiátrica.
Uno de los primeros criterios diagnósticos
que fue utilizado por el psicoanálisis es el criterio de
“analizabilidad”. Según este criterio, se distinguían las
neurosis, en las cuales se desplegaba la transferencia en la
relación con el analista (por lo tanto analizables) y las
neurosis narcisistas o psicosis, en las que no se desplegaba la
transferencia (por lo tanto no analizables). Este criterio ha
cambiado a la par que la teoría y la técnica psicoanalíticas,
distinguiéndose en la actualidad transferencias neuróticas,
narcisistas, perversas, limítrofes y psicóticas. Pero más allá
de estos cambio, el criterio que se ha mantenido es que la acción
diagnóstica está ligada a la determinación de la acción terapéutica.
Para su formulación, el diagnóstico dinámico
depende en mayor medida de la práctica y los conocimientos técnicos
de quien diagnostica, o sea, las variables que intervienen en el
proceso son más complejas en contraste con el diagnóstico nosológico,
en el cual se pretende simplificar la operación diagnóstica,
para hacerla más expedita, asequible y uniforme.
Criterios y Clasificaciones Diagnósticas
en Psicoanálisis
El panorama general refleja la existencia
de una gran variedad de criterios y clasificaciones que varían
entre las distintas escuelas y autores existentes en la orientación
psicoanalítica. Es un espectro muy rico clínicamente, donde se
percibe la dinámica de evolución y maduración en la comprensión
y utilización del modelo teórico clásico del psicoanálisis,
pero a la vez refleja una carencia en la sistematización y
utilización unívoca del vocabulario, criterios y clasificaciones
psicopatológicos. Sin embargo, en la revisión de los trabajos de
ciertos autores modernos (Kernberg, Kohut, Hernández Espinoza,
Ruiz Ogare, Rudio Sánchez, etc.) se nota un esfuerzo hacia lo
sintético y contrastable, no sólo entre las distintas
perspectivas psicoanalíticas, sino también en relación a otras
aproximaciones teóricas hacia lo psicopatológico.
Los siguientes son algunos criterios y
clasificaciones que no agotan la variedad de perspectivas que
sobre el tema existe en la literatura psicoanalítica, pero que -
a nuestro juicio - resultan adecuadas muestras de los aportes que
de esta vertiente teórica han surgido.
En el diagnóstico dinámico se intenta
conocer:
a.-
El equilibrio entre las
funciones psíquicas conscientes y los factores inconscientes de
la personalidad total, sus conflictos y posibilidades de adaptación.
b.-
Lo peculiar de las relaciones
objetales.
c.-
El desarrollo de las funciones
yoicas y grado de vulnerabilidad yoica.
d.-
El tipo caracterial.
e.-
La frecuencia y cualidad de las
conductas regresivas.
f.-
Los tipos y la frecuencia de los
mecanismos de defensa del yo contra la angustia.
g.-
Las defensas frente a la
enfermedad y el médico.
Otto Kernberg (1984)
propone la
existencia de tres organizaciones estructurales amplias
correspondientes a la organización neurótica, límite y psicótica
de la personalidad. Estos tipos de organización se reflejan en
las características predominantes del paciente, particularmente
en:
1.-
el grado de integración de su
identidad;
2.-
los tipos de operaciones
defensivas que habitualmente utiliza, y
3.-
su capacidad para la prueba de
realidad.
Es así como, para él, la organización
neurótica, a diferencia de las otras dos, presenta una identidad
integrada y predominio de los mecanismos de defensa en torno a la
represión, en tanto que la organización limítrofe como la psicótica
presentan una deficiencia en la integración de la identidad
(mayor en la psicótica que en la limítrofe) y un predominio de
los mecanismos de defensa en torno a la escisión (también mayor
en la psicótica que en la limítrofe). Por último, la organización
psicótica presenta una ausencia de la prueba de realidad, a
diferencia de las organizaciones neuróticas y fronterizas.
Kernberg considera a estas tres organizaciones amplias dentro de
un continuo, en el cual cobran sentido entre sí las distintas
organizaciones en virtud de las vicisitudes del desarrollo normal
o patológico del aparato psíquico.
Kernberg (1987)
propone la
Entrevista Estructural como método para acceder a un “Diagnóstico
Estructural”, que a través de la evaluación del grado de
integración de la identidad, mecanismos de defensa preponderante,
presencia o ausencia de juicio crítico de realidad, evaluación
de funciones cognitivas, algunos indicadores de orden sintomatológico
(ansiedad difusa, etc.) y caracterial (rasgos esquizoides, etc.),
pretenden ubicar o clasificar a un paciente dentro de un continuo
que va desde las neurosis (sintomáticas o de carácter),
trastornos límite, “psicosis funcionales” hasta síndromes
cerebrales orgánicos.
Heinz Kohut, más centrado en una
psicopatología del sí-mismo, ya sea entendida como una
estructura del modelo estructural, o como una categoría más
amplia, núcleo central de su modelo, distingue los trastornos del
sí-mismo: en primarios (del sí-mismo como aspecto central) y
secundarios (o reactivos, neurosis estructurales), abocándose a
los trastornos primarios distingue cinco entidades psicopatológicas:
I.-
las psicosis (fragmentación
permanente o prolongada, debilitamiento o seria distorsión del sí-mismo);
II.-
los estadios fronterizos
(fragmentación permanente del sí-mismo, recubierta por
estructuras defensivas más o menos eficaces);
III.-
las personalidades esquizoides
y paranoides (organizaciones defensivas que emplean el
distanciamiento: frialdad y superficialidad u hostilidad y
suspicacia como protección a una fragmentación o debilitamiento
del sí-mismo);
IV.-
los trastornos narcisistas de
la personalidad (debilitamiento temporario del sí-mismo a través
de síntomas autoplásticos), y
V.-
los trastornos narcisistas de la
conducta (debilitamiento temporario del sí-mismo a través de síntomas
aloplásticos). (Ferenczi, 1930 en Kohut, 1980)
(Extraídos de los Archivos Indepsi.
Publicado en Correo de Psicoterapia nº
14, 1994)
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